David
Senna tenía muchos cuentos malos que nadie quería publicar incluso era un
problema que alguien le ayudara a corregirlos, pero él no los botaba porque aún
tenían futuro. Ponía una fe extraña en cualquier historia llevada al papel. Antes
de sentarse a escribir una historia la pensaba mucho, la trataba y maltrataba
de distintos modos y sólo cuando creía que valía la pena se sentaba a
escribirla. También decía que un aspirante a escritor debía escribir muchos
cuentos, todos los que le fuera posible en el día y en la noche, esa era la única
manera de poder negarlos en un momento dado. Cuando alguien le pregunté por uno
de esos cuentos malos él podrá decir que no recuerda ese cuento y que seguro no
lo escribió él. Cuando el preguntón le muestre el cuento en uno de sus libros
entonces él dirá que seguramente ese cuento fue escrito por alguien más mientras
él pasaba las borracheras en una habitación de hotel barato.
lunes, 6 de junio de 2016
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