martes, 14 de junio de 2016

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Cuando Chucho estaba muy enojado Amparo le servía algo de comer, caliente y suficiente para sobrar. Ella lo conocía y sabía que el hambre lo enfurecía, por eso cuando lo veía haciendo mala cara o cuando pasaba mucho tiempo sin abrir la boca seguro era hambre lo que tenía. Es que uno con hambre es capaz de muchas cosas. Mire que un señor llegó a la casa después de estar todo el día desyerbando quemado de tanto aparar sol y le dijeron que la niña se había ido, que se había volado con ese novio que tenía y el señor más puto que una quema se fue de la casa machete en mano loma arriba a más de una hora de camino a buscar a la niña en la casa de la familia del muchacho. Llegó cansado, ya oscurecía, le ladraron los perros cuando entró al patio de la casa y no saludó, qué donde estaba la niña preguntó y qué donde estaba el jijuputa ese que se la había llevado y que venía a llevársela y que le daba machete al que no la quisiera dejar llevar. Y la mamá del muchacho no le respondió nada, hizo como si no lo hubiera oído y le sirvió agua de panela y el señor con la garganta seca de la rabia y del cansancio se tomó dos tasas. La señora no le dio tiempo de nada y le sirvió comida, frijoles con chicharrón y lo invitó a sentarse y no hubo que insistir mucho para convencerlo de sentarse a la mesa porque el aroma de la comida caliente ya lo tenía convencido. Después de comer el señor se olvidó de machetear a cualquiera y le dijo a la señora que le respondiera ella por el hijo y se comprometiera a que cuidara a la niña y que el muchacho ese le diera buena vida. El señor se volvió para la casa, lleno y calmado. Si esa señora no le ofrece comida al tipo él acaba con esa casa, le dijo Chucho a Amparo. Es que tener hambre da mucha putería.

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