Cuando
Chucho estaba muy enojado Amparo le servía algo de comer, caliente y suficiente
para sobrar. Ella lo conocía y sabía que el hambre lo enfurecía, por eso cuando
lo veía haciendo mala cara o cuando pasaba mucho tiempo sin abrir la boca
seguro era hambre lo que tenía. Es que uno con hambre es capaz de muchas cosas.
Mire que un señor llegó a la casa después de estar todo el día desyerbando quemado
de tanto aparar sol y le dijeron que la niña se había ido, que se había volado
con ese novio que tenía y el señor más puto que una quema se fue de la casa
machete en mano loma arriba a más de una hora de camino a buscar a la niña en
la casa de la familia del muchacho. Llegó cansado, ya oscurecía, le ladraron
los perros cuando entró al patio de la casa y no saludó, qué donde estaba la
niña preguntó y qué donde estaba el jijuputa ese que se la había llevado y que
venía a llevársela y que le daba machete al que no la quisiera dejar llevar. Y la
mamá del muchacho no le respondió nada, hizo como si no lo hubiera oído y le sirvió
agua de panela y el señor con la garganta seca de la rabia y del cansancio se
tomó dos tasas. La señora no le dio tiempo de nada y le sirvió comida, frijoles
con chicharrón y lo invitó a sentarse y no hubo que insistir mucho para
convencerlo de sentarse a la mesa porque el aroma de la comida caliente ya lo
tenía convencido. Después de comer el señor se olvidó de machetear a cualquiera
y le dijo a la señora que le respondiera ella por el hijo y se comprometiera a que
cuidara a la niña y que el muchacho ese le diera buena vida. El señor se volvió
para la casa, lleno y calmado. Si esa señora no le ofrece comida al tipo él
acaba con esa casa, le dijo Chucho a Amparo. Es que tener hambre da mucha
putería.
martes, 14 de junio de 2016
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