martes, 20 de diciembre de 2016

Whisky


Todas las tardes José saca uno de los parlantes del equipo de sonido a la calle, abre la puerta garaje y se sienta en una mecedora al lado del parlante a tomar whisky y a escuchar salsa y bolero. Juan pasa por ahí bien vestido y perfumando rumbo a la casa de su novia y siempre saluda formalmente a José que le responde con parquedad entre dientes. José bebe solo y su esposa o su hija cada cierto tiempo traen hielo y se lo ponen en el vaso. Algunas vecinas se molestan por el volumen de la música y cada tanto se acercan a pedir que le baje un poco, a veces José las complace y otras no, le gusta decirles que si les incomoda mucho se pueden ir porque para eso él es propietario y ellas arrendatarias.

La novia de juan no sabe por qué él siempre lo saluda con tanta amabilidad sabiendo que el viejo es un amargado y en la cuadra no lo quiere nadie. Juan le dice que el señor puede ser un cliente porque él tiene un primo que va a empezar a trabajar con licor de contrabando y le ha dicho que el negocio es bueno y como el viejo toma todos los días pues hay que ofrecerle. Ella no le presta atención. Juan tiene un proyecto nuevo y distinto que lo va llenar de plata cada que se ven y nunca realiza ninguno aunque cuando los emprende es peor y siempre termina endeudado.

Juan siguió yendo a la casa de su novia y siguió saludando a José y el día que su primo le dijo que ya tenía mercancía para vender Juan se detuvo en la casa del viejo y no solo lo saludó de lejos sino que se acercó a la mecedora donde estaba sentado y taciturno y le ofreció la mano, el viejo levantó un poco la cabeza y lo miró con disgusto como si fuera un árbol que le hace mala sombra, sostuvo la mirada por unos segundos y luego apretó la mano de muchacho.

El viejo le dio un sorbo al vaso sin dejar de mirar a Juan que dé pie a su lado le decía que lo veía siempre tomando whisky y que por eso le hablaba porque él estaba vendiéndolo a buen precio y que tenía de varias marcas, Juan fue interrumpido por José que empezó a seguir la canción que sonaba en el parlante, José notó la cara de desconcierto del muchacho pero siguió cantando. A Juan sus largos días de trabajo vendiendo rifas lo prepararon para lidiar con las muchas circunstancias a las que puede acudir el posible comprador para decir “no gracias”, también aprendió que a una persona no se le ofrece nunca una sola vez, hay que ofrecerle varias, hasta el cansancio si es posible como si fuera una carrera en la que el perdedor es el que se cansa primero. Ese día viendo a su cliente potencial cantar Juan dejó de hablar del licor y empezó a contarle a José que su papá cada que había una fiesta en la casa repetía esa canción de Héctor Lavoe que él estaba cantando una y otra vez hasta que su mamá se enojaba y le decía que si no tenía música no hiciera fiestas ni comprara equipo de sonido, que con un radio de pilas era suficiente para oír emisoras. El interés de José en lo que decía Juan se notó en su silencio, dejó de cantar y le dio otro sorbo al vaso. Antes de que José hablara el muchacho le dijo que debía seguir porque su novia lo esperaba que luego seguían conversando y dio media vuelta y siguió su camino, ahí la cara de desconcierto la tuvo el viejo y a diferencia de él Juan no lo notó.

La novia de juan le dijo cuándo le abrió la puerta que si quería se podía ir, que con la hora que era seguro ya no alcanzaban a llegar a ninguna parte. Juan le dijo que no exagerara que no era tan tarde y le contó que se había quedado hablando un rato con el vecino. La novia le dijo que era el colmo que se perdiera la mitad del concierto porque a él se le había ocurrido hacerle visita a ese viejo borracho pero Juan se defendió, no eran ninguna visita, eran negocios, había tenido su primer acercamiento con el cliente. La novia preguntó por el número de botellas vendidas y Juan le respondió que de momento ninguna y la novia le dijo que entonces sí se estaban perdiendo el concierto tras de nada, que con él siempre era lo mismo.

La displicencia de José en el segundo intento de Juan por hacer negocios fue menor. No empezó por ofrecerle licor como lo había hecho antes, en lugar de eso le habló de música y José le dijo que a él más que la música le gustaba era tomar con música y luego como si ya estuvieran en confianza le preguntó que si él no tenía nada más que hacer que correr a toda hora para la casa de esa muchacha. Juan sin mostrarse afectado le dijo al viejo que sí tenía más que hacer que por lo regular corría a la casa de tres o cuatro muchachas porque teniendo una sola le quedaban mucho tiempo libre. La sonrisa cínica que acompañó las palabras de Juan no fue suficiente para convencer a José de sus dotes de casanova. Seguramente para tener la lengua tan ligera hace falta estar desocupado, él también conocía a más de uno que tenía como trabajo de tiempo completo ir por ahí hablando mierda.

Los acercamientos entre José y Juan se siguieron dando sin que la venta se definiera pero juan no se daba por vencido y venderle a José aunque fuera una sola botella de whisky se le convirtió en un reto, en la manera de demostrarle a su novia que a él no le quedaba grande nada y eso porque ella desde el principio le dijo que ese viejo no compraba nada. Juan le estrechó la mano a José y le entregó una botella de 18 años que el viejo observó atentamente como si dudara de su procedencia, juan le dijo que la abriera tranquilo que no era adulterada sino contrabandeada y el viejo soltó la carcajada. Juan creía que regalándole una botella al viejo lo iba a convencer pero el viejo no la destapó y no se quedó con ella, le dijo que él no necesitaba comprar licor que si algo necesitaba comprar era tal vez garganta porque esa botella y señaló la botella que tenía en el piso al lado de la mecedora no se agotaba nunca, era una botella sin fondo. Juan le dijo que ya estaba entiendo quién era el que hablaba mierda en tiempo completo.

José llamó a su mujer que no tardó en salir, la señora sonriente saludó a Juan que seguía de pie al lado del viejo y le preguntó a su marido qué necesitaba, el viejo le pidió le trajera otro vaso, la señora fue la cocina y rápidamente regresó, José le indico que le entregara el vaso al muchacho y él lo recibió sonriente.  José tomó la botella del piso la destapó y empezó a servirle un trago a Juan el whisky cayó rápidamente en el vaso y lo fue llenando, Juan lo sostenía firme y lo miraba inquieto como si el viejo no fuera a parar; el vaso se llenó hasta el borde y Juan empezó a mojarse los dedos con el whisky, le dijo a José que parará que viera que lo estaba votando y el viejo no hizo caso, el muchacho retiró el vaso del chorro de licor que seguía cayendo y mojaba el piso, José sostenía la botella sonriente y el licor caía y caía, Juan miraba al viejo y a la botella que ya debería estar vacía, el viejo se cansó y tapó de nuevo la botella y la puso donde estaba completamente llena.

Juan se apresuró a levantar la botella para observarla con detenimiento, intentaba hablar pero las palabras se le quedaban atrapadas en la garganta, José disfrutaba de la situación sentado en su mecedora. Pasados unos minutos Juan le dijo a José que con esa maravilla podían hacer negocios. José vio en la cara del muchacho su deseo de llenar botellas y la expresión en su rostro cambió, ya no parecía divertido sino acongojado. El viejo le dijo que no era como él creía que con esa botella no se podía ganar plata, esa botella estaba vigilada por una mirada omnipotente. Juan miró al viejo con sospecha y le dijo que de todos modos él con una botella de esas mantendría de fiesta con los amigos y José le dijo que ese era uno de los tantos precios a pagar por la botella que había que tomar solo. Juan quería saber más pero José se adelantó y le dijo que no pensaba explicarle cómo la había conseguido que se sintiera afortunado con haberla visto. Juan sin salir aún de la sombró se despidió del viejo y fue a la casa de su novia pensando en José y en la botella, no le diría nada a ella la dejaría creer en su incapacidad de vender. 

martes, 13 de diciembre de 2016

Cuando ella faltó


Mejor averiguar bien a ver cómo es, a mí me han dicho que uno alquila o compra el lote y entonces la puede dejar ahí lo que uno quiera, dijo el viejo. Estaban sentados en una de las esquinas de la sala en una banca larga, había llegado poca gente pero aún era temprano.

De todos modos apa eso hay que hacerlo este año porque el tiempo ya se cumplió, no demoran en llamar a recordarnos el asunto, dijo la hija mayor que estaba sentada al lado del viejo. Fueron de los primeros en llegar.  El viejo refunfuño irritado diciendo que uno no podía ser ni el primero ni el último en llegar ni aunque se tratara de un velorio. La hija intentó tranquilizarlo diciéndole que era mejor así, ellos no se podían quedar hasta tarde porque había que madrugar, que no se le olvidara la cita a las seis de la mañana en la clínica para hacerse los exámenes que le había ordenado el médico.

El viejo empezó a quejarse de frío, es que acá deberían repartir tinto, dijo. La hija se levantó de la banca fue a la cafetería y volvió con aromática para ella y tinto para él, se lo entregó y le dijo que lo probara a ver si estaba bien de dulce, el viejo le dijo que estaba como él lo necesitaba, con poquita azúcar y caliente. La gente iba llegando y la familia no se separaba del ataúd, algunos conocidos se acercaban saludaban y se alejaban formando pequeños grupos de cuchicheo que ocupaban toda la sala de velación

Mire que a mí me han dicho que esa gente que toma tanta droga se demora mucho en descomponerse y con la cantidad de droga que tomó su mamá toda la vida, eso que pastas de esto y de lo otro, que inyecciones y eso era todos los días que ella tomaba droga y eso desde que era soltera, yo me acuerdo, cuánta plata no le gasté yo a su mamá llevándola a donde dijeran que había un medico bueno. Y ni que decir de ahora último cuando ya le dijeron que era cáncer, dijo el viejo. La hija asentía y lo miraba atenta como si esperará alguna novedad en lo que él decía. Ella sabía que su mamá había estado enferma toda la vida y que con cada parto se iba poniendo peor, lo sabía porque ella como hija mayor tuvo que cuidar a varios de sus hermanos y con la ayuda de una de sus hermanas la cuidó cuando estuvo reducida a la cama hasta que murió.

El velorio era de un vecino del viejo, un señor de ochenta años que había muerto en el hospital después de dos semanas en cuidados intensivos. Ahora el más anciano de la cuadra soy yo, dijo el viejo. Su hija sonrió tocándole un hombro, era raro verlo frágil. Si fuera solo viejo pero uno tan enfermo y con esa diabetes y ese colesterol por las nubes a toda hora sigo diciendo el viejo.

Vea que allá en el pueblo yo me acuerdo que cuando fueron a sacar los restos de la esposa de don Calisto Cárdenas la encontraron completa dizque momificada, yo no sé porque yo no la vi, pero era lo que todo el mundo decía, después de eso encontraron otros cuerpos momificados. Eso dizque ese señor casi se muere de la impresión cuando vio a la mujer así y dizque se la iba a llevar para la casa pero que los hijos no lo dejaron, pero él estaba decidido a llevársela. Al final como que la despedazaron.

Había escuchado esa historia varías veces, incluso la había contado su mamá y a ella y a sus hermanos siempre les pareció curiosa y medio macabra, lo que no se imaginó nunca era que su papá pudiera tener miedo de sacar los restos de su mamá porque creía en lo que había oído toda la vida en el pueblo.

Yo no creo que eso de los medicamentos sea verdad apa, vea la cantidad de gente que los toma y los casos de momias son curiosos precisamente por eso porque son escasos, el motivo debe ser otro, que va a saber uno cuál, de todos modos si usted quiere podemos averiguar lo que usted dice de pagar un tiempo más por el lote para evitar sacar los restos el otro año, pero también creo y me parece que lo mejor es hacerlo cuando es y no ponernos a darle alargues, yo sé que eso no es ni cómodo ni agradable pero hay que hacerlo, dijo la hija.

El viejo guardó silencio y vio cómo iba llegando más gente y la sala de la funeraria se llenaba, aunque había estado más llena cuando velaron a su mujer. La charla entre padre e hija se detuvo para dar paso a conversaciones más impersonales pero no menos transcendentales con vecinos y amigos.

Desde que ella faltó a mí me dan muy duro venir a estas cosas, le decía el viejo a los vecinos con los que hablaba, es que desde que ella faltó para mí ya nada tiene gusto. La hija lo escuchaba atenta y curiosa, le causaba gracia que su papá siempre le hubiera quitado el nombre a su mamá, cuando le hablaba le decía “ole” o “mija” y después de muerta siempre decía “ella”.

Antes de irse el viejo y la hija se acercaron a la familia del fallecido para despedirse y preguntar a qué hora sería el entierro, les dijeron que solo iba a haber una misa a las tres de la tarde y que lo iban a cremar. El viejo miró como admirado por su fortuna a la señora que le hablaba como si fuera la feliz ganadora de una lotería. Si ve lo bueno pa ella, ya no le toca ponerse a joder sacando restos ni nada sino que ya se salen, le dijo el viejo a su hija mientras esperaban taxi en la calle, él se apoyaba con una mano en su bastón y con la otra mano en el hombro de ella.  Yo siempre dije que cremáramos a su mamá pero no, como a ustedes no se les dio la gana y como uno se va volviendo viejo y ya la autoridad de uno no vale pa puta mierda entonces ustedes hicieron lo que se les antojo, como no va ser mejor uno quedarse con las cenizas del ser querido en la casa de uno, dijo el viejo agitado y molesto. Seguro ellos también le tienen miedo a las momias apa, dijo ella. Usted se lo toma todo en chiste, dijo el viejo. No papi como se le ocurre, en chiste no, yo le prometo que si mamá esta momificada como dice usted yo convenzo a los muchachos para que usted se la quede, le dijo ella. El viejo enfadado le iba a responder algo pero en se momento llegó el taxi se subió solo evitando que ella lo ayudara y cerró la puerta, hágale que ella espera otro, dijo el viejo. 

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Novia

Novio uno
Juan prestó el servicio militar hace poco y aún usa camisetas verde oliva muy ajustadas, volvió del batallón sin un solo peso. Es alto y lleva el cabello al rape. Sonríe cuando saluda a las mujeres y aprieta fuerte la mano cuando saluda a los hombres que lo superan en edad. Vive con su papá y su mamá y lleva días buscando trabajo.

Novio dos
Carlos no se quita nunca la camándula de cuentas de madera negra que le regaló su abuela. Tiene los ojos verdes que no se le ven muy bien porque la gorra que lleva siempre está muy bajita casi tocándole la nariz. Tiene una moto roja y la quiere cambiar porque no es tan veloz como él desea. Vive con su mamá y sus hermanos y está a nada de graduarse del colegio.

Novio tres
Jasón aprendió a reparar computadores sin darse cuenta mientras le ayudaba a un tío que es técnico del Sena y dueño de su propio negocio. Quiere entrar a la universidad pero aún no decide si quedarse o irse de la ciudad.  Tiene las pantorrillas firmes duras y lampiñas, monta en bicicleta a diario por las empinadas pendientes vecinas. Vive solo en un apartaestudio cercano a la casa de su papá.

Novia de los novios uno dos y tres
Vanesa come chicle de menta, no le gusta ningún otro. De cabello largo y piel canela la novia usa shorts muy cortos y pequeños tops. Está repitiendo once porque una profesora que es una porquería que no la quiere la puso a perder. Le gustan las selfis y chatear con amigos. Está aprendiendo inglés y le va muy bien le dicen que tiene mucha felicidad para los idiomas. Le hace ilusión irse a Estados Unidos a vivir con su papá. Vanesa vive con su hermana y con su mamá que hace poco terminó con un novio que la dejó porque iba a volver con su mujer y ahora está saliendo con otro señor más joven.

Visita
El novio dos llegó a la casa de Vanesa y se quedó en la puerta ella tenía el cabello planchado y chanclas altas de plataforma, el novio dos tenía que empinarse para besarla. Hablaban del colegio y de la entrega de boletines entre beso y beso largo con manos del novio deslizándose por las curvas de la novia. El novio dos entró a la casa para ir al baño y Vanesa se quedó en la puerta esperándolo, en ese momento llegó el novio uno. La novia no alcanzó a pensar en una excusa cuando el novio uno y el novio dos estaban cara a cara. No tuvieron que preguntar mucho ni esperar a que Vanesa tartamudeara intentando dar respuestas satisfactorias para darse cuenta de lo que estaba pasando.

Pelea
El novio dos estrujó al novio uno y el novio uno no se dejó, el dos pegó primero y el uno pegó mejor. Después de potentes y certeros puñetazos el novio uno que era más alto domino al novio dos y le apretó el cuello con su brazo derecho como si fuera un experto en llaves de lucha libre.

Vanesa gritaba asustada y hasta el chicle se le salió de la boca y se pegó en el piso, los dos muchachos estaban en la calle y Vanesa pedía a gritos un hombre que la ayudara a separarlos. Un señor que estaba en la tienda de la esquina recostado en la entrada tomándose una cerveza se movió cuando la escuchó gritar y le dijo al tendero que meterse en esas peleas por cuca era un peligro. Los gritos de la novia sirvieron para que saliera su mamá y su hermana y una vecina del frente, entre las tres lograron zafar al novio dos de la llave del novio uno que tomó aire con fuerza mientas se tocaba la garganta y recogía la gorra. El novio uno se lanzó de nuevo al novio dos para agarrarlo de nuevo pero las mujeres lo detuvieron y el novio dos se subió apresurado a su moto, había perdido un zapato en el forcejeo pero lo dejó tirado en la calle, antes de acelerar miró al novio uno y le dijo que iba ir por un fierro pa a volver a totiarlo por hijueputa.  El novio uno le dijo que trajera lo que quisiera que él lo esperaba. Vanesa entró a la casa llorando acompañada de su mamá y su hermana. La vecina también se fue pero antes le dijo al novio uno que mejor se fuera. El novio uno tocó la puerta esperando que vanesa saliera. Se sentó en anden a esperar.

En la tienda el señor que se estaba tomando la cerveza presenciando la pelea sin dejarse ver pidió otra y luego otra y luego otra más y a la quinta cerveza pagó y le dijo al tendero que mejor se iba porque el otro pelao no iba a volver con ningún fierro, está tarde muerto no hubo, dijo.

Visita dos

El novio tres llegó en bicicleta y tocó la puerta de la casa de Vanesa, el novio uno ya se había ido y el novio dos no había vuelto, el novio tres volvió a tocar y nadie le abrió. En la tienda pidió una botella de agua y le preguntó al tendero si él había visto salir Vanesa, el tendero le dijo que él no sabía.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

A mí que no me diga nada


Mercedes sirvió arvejas con arroz y carne frita llevó el plato y un vaso de jugo de lulo al comedor y se fue a ver el noticiero del medio día. Juan se sentó a la mesa y empezó a revolver con desgano la comida, tenía el rostro tan cerca del plato que apenas necesitaba levantar la cuchara. Masticaba con la boca entre abierta haciendo ruidos pegajosos que siempre terminaban irritando a Mercedes.

Cuando se acabó el noticiero ella volvió al comedor y su hermano seguía ahí, había comido muy poco y miraba el plato con los ojos vidriosos. Mercedes se sentó y empezó a leer mensajes en su celular, poco después Juan se levantó, Dios le pagué le dijo y se fue. Mercedes le respondió amén entre dientes y refunfuñando porque su hermano ni de lavar el plato había sido capaz, dejó la mesa y fue la cocina.

-¿Usted qué sabe de Juan?- Preguntó María y Mercedes le dijo que hablara más duró que no la oía.

-Qué más quiere si estoy casi gritando, si no oye cambie ese tiesto por otro, -le dijo María.

-Todas no tenemos con que estar estrenando celular cada ocho días, -dijo Mercedes.

-Ahí va empezar con los cañazos, siempre lo mismo, pero enserio qué ha sabido de Juan,- preguntó María.

-Por qué, qué pasó con Juan pues, él estuvo acá al medio día y yo le pregunté que si ya había almorzado y me dijo que no, entonces le serví almuerzo y ni siquiera comió revolcó todo eso y ahí lo dejó, pero no hablamos ni nada, pues yo como no le pregunto nada, si me habla bien y sino pues no hablamos. Es que a mí el me enoja mucho por bobo, ese es el único que tiene mujer y vive a toda hora con la comida perdida, usted le pregunta a la una de la tarde que sí ya almorzó y que no, le pregunta por la noche que si comió y que no. Que en la casa no le dejaron comida. Que lo que pasa fue que Julia no alcanzó a llegar temprano del trabajo entonces que no hizo almuerzo y así va saliendo siempre con cuentos chimbos. Como si allá no viviera también la suegra y las cuñadas. Muy berraco vivir uno en una casa manteniendo un montón de viejas donde sí se demora en llegar le rifan la comida, -dijo Mercedes con la voz agitada.

-Pues por eso le preguntaba no ve que peleó otra vez con Julia y dizque lo echó de la casa y todo, según eso dizque le empacó la ropa y todo. Pero acá en la casa mía no está y donde papá tampoco y Carmen dice que a la casa de ella tampoco ha ido -dijo María.

-Tan boba ¿pues dónde va a estar? allá debe estar en la casa de él pidiéndole cacao a la vieja esa, rogándole como un guevón que es, además yo no sé usted porque le para tantas bolas, acaso él es un niño pequeñito que no sabe lo que hace, él está viejo, si uno sabe con qué mujer vivir a los casi cuarenta entonces que esperanzas mija por dios.

-No, yo no creo, él debe estar trabajando o algo. -dijo María

-Qué va mija, llámelo y verá que está allá rogándole a la boba esa, -dijo Mercedes.

-Yo lo he llamado pero no contesta, lo estoy llamando desde que Carmen me contó. Es que él fue y le contó a ella, -dijo María.

-Pues claro, ella es la única que todavía le para bolas, a mí no me volvió a decir nada, porque yo lo paré, a toda hora venía acá poniendo quejas de Julia, que Julia está hablando con no se quien por celular, que Julia está enredada con un tipo del gimnasio, que Julia volvió tarde del trabajo y que venía borracha, y eso por no decir más porque él quiere contar toda su vida íntima y decir que Julia es una porquería y al otro día o a los dos días está otra vez con ella como si nada y publicando en Facebook que están felices y ella es lo mejor que le ha pasado en la vida. Ella no lo quiere, no lo tiene ahí sino para que le trabaje, no más. ¿O es que usted cree que de verdad el aborto ese fue natural? Pero juan es un bobo, no le busque más. Y a mí no me diga nada porque le sabe a cacho, -dijo Mercedes.

-Yo no sé pero a mí sí me preocupa lo que pasa con él, uno no sabe que pueda pasar, acuérdese esa vez que terminó con esa novia que tuvo hace tiempo, lo mal que estuvo, mamá casi se muere de la angustia viendo lo mal que estaba. Si no fuera por esa bruja que le pagaron para que lo rezara Juan se hubiera muerto, -dijo María.

-Yo si me acuerdo, pero también me acuerdo que harto le dijo mamá que no se metiera con Julia que no le gustaba para nada y que tenía muy mala fama, desde eso ya sabíamos que ella conocía más palos que una ardilla y que el que no se la había comido era porque no vivía acá, y ahora va a venir el pendejo ese a creer que ella le iba a ser muy fiel. Y también me acuerdo que cuando mamá ya estaba reducida en la cama y hasta el día que se murió le dijo a Juan que lo único que ella deseaba era morirse viéndolo bien emparejado y que esa vieja no era buena pareja de nadie. ¿Y él le paró bolas? Nada, mientras mamá se moría él estaba como conejo con la vieja esa, es que mejor dicho a mí no se me olvida lo que sufrió mamá por culpa del él, -dijo Mercedes.

María se despidió porque tenía que ir al centro hacer una vueltas, no le gustaba cuando su hermana se ponía así, le dijo que si juan volvía a la casa de ella o si sabía algo que la llamara.

Mercedes colgó el celular y fue al patio a sacar una ropa de la lavadora cuando la alcanzó su esposo que había escuchado la conversación de su mujer.

-De todo modos mona su hermano tampoco es ninguna perita en dulce acuérdese también que su mamá decía que estando metido con Julia también seguía viendo a la chiquita esa que tenía como cinco hijos, esa tampoco le gustaba nada a su mamá aunque esa si era muy fea y peligrosa porque esa hasta chuchillo le dio una vez, yo me acuerdo que eso le cogieron varios puntos en la espalda, agradeciendo que no fueron heridas profundas y también me acuerdo que una vez le tiró agua caliente y no lo quemó de puro de buena, -dijo el esposo de Mercedes.

-A mí tampoco se me olvida, es que yo sé bien quien es Juan, por eso es que me enoja que las otras anden de preocupación en preocupación armando tragedias con cualquier pendejada que le pase a él o a cualquiera de los otros, una santa era mi mamá que les lidió tanto resabio a esos guevones, -dijo Mercedes.

El celular volvió a sonar y Mercedes miró la pantalla del aparato, era Carmen, miró a su esposo y le dijo que ahí seguían jodiendo, esperó un momento y al final respondió. Lo que le decía su otra hermana era que Juan estaba en la casa de ella y que había llegado con maleta y todo, que había dejado a Julia. –no llame a María que yo ya le conté.

-¿Bueno y qué fue lo que pasó pues con esos dos, está vez porque pelearon? –Preguntó Mercedes.

-¿Él no le contó? -preguntó Carmen.

-No, no hablamos de eso, no hablamos.

-Pues que mejor le cuente él, -le respondió Carmen, de todos modos según le entendí algo le encontró en el celular, unas conversaciones con otro tipo y unas fotografía de no sé qué cosa.
Mercedes colgó y se sirvió un tinto, le sirvió otro a su marido y se lo tomaron en la cocina, los niños ya se habían dormido.

-Qué dijo, -preguntó el marido.

-Que está en la casa de Carmen y que llevó la maleta, -dijo Mercedes.

Dos días después arrimó a la casa parqueó el taxi afuera, Mercedes le preguntó si ya había almorzado y Juan le dijo que no, que Julia no había alcanzado a llegar del trabajo, le respondió mientras la seguía a la cocina.

-Y fue que usted volvió con ella, -preguntó Mercedes.

-sí, está mañana, -respondió Juan, bajando la voz cómo si le diera vergüenza ser escuchado.


Mercedes que ya había abierto la olla a presión la volvió a cerrar, puso el cucharón y el plato de nuevo en su lugar y se fue a ver el noticiero. Juan volvió a salir de la casa de su hermana sin decir nada. 

martes, 22 de noviembre de 2016

Recomendar un libro

Me agarraron unas ganas de cagar horribles, sentí esos chuzones en la barriga, ese cólico maluco. Hice memoria y me vi en la mañana sentado en el inodoro leyendo Sin Remedio de Caballero mientras me liberaba sonriente del peso que me había dejado comer tanto el día anterior. Se me hizo raro que en ese momento estuviera así de urgido porque sólo necesito ir al baño una vez al día. Hijueputa me enferme vida hijueputa me repetí en silencio mientras me paraba del asiento que había elegido al lado de la ventanilla. Le pedí permiso a la muchacha que estaba sentada a mi lado y ella me miró molesta como si fuera mi culpa que los buses sean estrechos y que yo sea grande y no cupiera por el par de centímetros que había entre las rodillas de ella y el asiento de adelante que a veces está más atrás de lo que debe porque los reclinan hasta que parezca una cama. 

Corrí por el pasillo del bus y por de buenas que uno es a veces el baño estaba libre y menos mal que fue así porque si no me cago en la ropa, y claro estaba yo ahí sentado directo con una diarrea que ni le digo y ahí pasó lo que siempre pasa que me fui a limpiar y no había papel. Eso pasa siempre en los programas de televisión y yo tengo tanta pinta de celebridad que claro me tocó igual que en las películas.

Ahí sin limpiarme pensaba en las empanadas y la avena que me había tomado antes de subir al bus, no sabía si era culpa de eso pero yo creía que era por eso y no podía dejar de pensar en las manos sudorosas del vendedor. Pero no era culpa de él tampoco, él no tenía nada que ver con la ansiedad mía que me quiere mantener con la boca llena a toda hora. Yo venía lleno pero no podía ver esas empanadas y no comerme una o dos o tres o como cinco que me comí. Aunque también pensaba en la novela de Caballero, sí la tuviera ahí me hubiera puesto a leer y ahí pensé que seguro tener diarrea en un bus era culpa de Escobar el personaje de la novela porque solo a él le pasaban maricadas así.

Bueno entonces empecé a buscar en el bolsillo un pañuelo que siempre cargo porque me tenía que limpiar de algún modo, no me iba a sentar al lado de la muchacha esa que hasta bonita estaba oliendo maluco, pero el pañuelo no estaba, seguro lo llevaba en el maletín que había dejado en mi asiento; y ahí buscando me miré los zapatos y me acordé de las medias y justamente eso hice me quité la media derecha y con ella me limpié y como no me iba a quedar con una media sí con una media no me quité la otra también y con la limpia envolví la sucia y las dejé ahí en el baño. La muchacha me volvió a mirar feo cuando le tocó abrir espacio para que yo pudiera sentarme de nuevo en mi asiento, me acomodé y me quedé dormido y desperté apenas acá.

Yo estaba ahí sentado esperando a mi mujer que se estaba midiendo unos pantalones y escuché toda la historia que el tipo ese le contó a la vendedora que le estaba enseñando unas medias muy cortas y él le explicaba porque le gustaba usar medias largas. Él tenía el morral al hombro y me vio mirándolo de reojo y seguro mientras hablaba notó que yo no perdía detalle de la historia porque me dijo que las largas eran mejores porque en caso de emergencia uno no se untaba. En efecto me había estado mirando mientras hablaba y me aclaraba ese detalle porque puse cara de fastidio cuando lo imagine envolviendo la media sucia en la limpia. El tipo parecía muy simpático así que le di las gracias y le dije que le haría caso. La vendedora que se había divertido mucho con la historia le preguntó después de venderle como cinco pares de medias que por qué estaba ansioso cuando se subió al bus y el tipo nos miró y dijo que era su primera vez moviendo marihuana en buses de servicio público. La muchacha se rió como si el tipo estuviera bromeando. Mi mujer salió me miró mal y dijo que el jean no le gustaba que fuéramos a otro almacén la tomé de la mano y salimos pero antes de llegar al almacén pasamos por una librería porque yo tenía que leer el libro del que había hablado el tipo de las medias. 

viernes, 18 de noviembre de 2016

Cuidar un niño


¿Oiga mami y es que usted la conoce pues a ella? le preguntó Lorena a Deyanira. El niño brincaba con los pies descalzos en uno de los cojines del sofá de la sala. No, pues conocerla no, ella me compró arepas un par de veces y pues hablamos mientras esperaba, no más, le respondió Deyanira. Jesica llevaba dos semanas viviendo en el barrio y ese puente festivo tenía que viajar a Buenaventura porque un amigo la estaba esperando. No lo puedo llevar él es muy chismoso y es capaz de que va y le cuenta al papá lo que yo hago, dijo Jesica el viernes por la tarde sosteniendo un maletín rojo del hombre araña con la ropa del niño. El papá no lo puede cuidar porque desde que nos dejamos yo no se lo dejo ver sino a ratos. Luego le ofreció a Deyanira cien mil pesos para que se lo cuidara hasta el domingo por la tarde y Deyanira le recibió el maletín con la ropa.

El niño jugaba en la calle cerca al asadero y los clientes le preguntaban a Deyanira si había adoptado al niño, ella les decía que lo estaba cuidando no más y los clientes le decían que no sabían que además de las arepas ella también se dedicaba a cuidar niños. Mientras decía eso el niño corría de un lado para otro con los niños de la cuadra.

Pero muy mala madre me parece, muy mala madre decían las vecinas del barrio mientras esperaban las arepas, cómo se le ocurre que uno va a dejar un hijito de uno por ahí en cualquier lado, en la casa de alguien que uno ni conoce. Pues en cualquier lado tampoco decía otra vecina, lo dejó en la casa de Deyanira y menos mal que fue ahí porque son buena gente y todo, imagínese que lo hubiera dejado en otra parte por ahí en peligro de que cualquier sádico o depravado lo coja y le haga de todo, dios mío bendito por eso es que a veces pasan cosas tan horribles. Una loca esa vieja es una loca, decía una de las vecinas. Y no era para menos porque en esas dos semanas Jesica se había hecho notar en la cuadra. En la primera semana había dejado las llaves dentro de la casa y había roto los vidrios a media noche para poder abrir, pero antes de hacer eso había pateado y puteado la puerta y luego había puteado a la hijueputa calle porque no había ninguna piedra a mano. Los vidrios los quebró con un ladrillo que tomó de una obra en construcción a tres cuadras de distancia. Días después también se oyó gritar a Jesica pero en esa segunda oportunidad los gritos eran porque había ocasionado un pequeño incendio en su cuarto con una vela que había dejado encendida después de quemar un trozo de silicona para pegar un adorno roto en el trasteo, cuando se despertó se encontró con el humero y su ropa quemándose.  El asunto no pasó a mayores aunque Jesica hubiera gritado una y otra vez que llamaran a los bomberos y el niño que la mamá se iba a quedar sin ropa.

Por la noche viéndolo dormir Lorena le decía a su hermana Susana que no se sabía quién estaba más mal, quién estaba más loca si la mamá de ese niño o la mamá de ellas que sin conocer a la vieja esa de nada había aceptado quedarse cuidando a ese niño sin saber si le iban a pagar o no porque la plata no se la había dado, apenas se la había ofrecido, pero eso no era lo peor, qué tal que esa vieja no vuelva, seguía diciendo Lorena y su retahíla parecía el fragmento de un noticiero de radio popular de los que abrían diciendo: “alerta insólito”.  Susana se reía de la angustia de su hermana y para evitar que se tranquilizara le decía que también podía pasar que el niño se aporreaba y la mamá ponía una denuncia por maltrato o podía también denunciar por secuestro y quién dice que no es así. Imagínese usted el testimonio de una mamá loca enloquecida diciendo que la señora de las arepas le robó a su hijo y se lo secuestró y no se lo quiere dar. Susana seguía examinado posibilidades divertida como si descifrara los misterios de una novela negra. Lorena le pedía que se callara que no dijera más bobadas.

El niño tiraba los juguetes al piso y se paraba en ellos. No dañe los carritos, le decía Deyanira y el niño lo hacía con más gusto. Mi mamá me deja pararme en ellos y no me dice nada. Pero yo no soy su mamá y no se va parar más en ellos, si no va jugar bien entonces los recoge y los guarda, dijo Deyanira. El niño se tiró al piso y empezó a llorar y a revolcarse. Susana lo vio mientras entraba a su cuarto y dijo que el niño tenía el culo lleno de hormigas que lo estaba picando. Lorena de pie al lado de su mamá en la entrada de la casa le dijo que dejara de ser ordinaría que ser así de mal hablada no se le veía bien a una mujer, además no son ningunas hormigas, es un berrinche. Tan boba pues yo sé que es un berrinche, usted de donde culo pa las hormigas le dijo Susana a Lorena cerrando la puerta del cuarto. Sí la ve mami lo grosera que es, dijo Lorena y Deyanira no le dijo nada porque estaba apretando los dientes para no soltar la carcajada. El niño se retorció en el piso un rato y se cansó de que ninguna de las tres mujeres de la casa lo mirara.

De todos modos mal no se porta, dijo Deyanira, se come lo que uno le sirve y entre uno que otro berrinche hace hasta caso, se nota mucho que le hace falta es papá y mamá al muchachito, siguió diciéndole Deyanira a su marido que venía de la costa con el camión cargado. Él le dijo lo mismo que Lorena, que sólo a ella se le ocurría metérsele a un gallo de esos, que no quedaba sino esperar a que apareciera la mamá pero si no aparece pues nos quedamos el muchachito ese, dijo el marido y Deyanira se quedó sin saber si hablaba en serio o se estaba burlando.

Bueno y es que la mamá del muchachito no llama ni siquiera para preguntar cómo va el hijo, preguntó Susana cuando Deyanira dijo que saludes les mandaba el papá que aún estaba en la costa. Que va llamar la vieja esa, si ni un número dejó para contactarla se adelantó a responder Lorena.

El niño salió del baño, tenía jabón en las orejas y el cuello mugroso. Deyanira le dijo que se bañara bien que se metiera otra vez al chorro. Él le dijo que no quería. No se puede quedar así, no ve que uno no se mete a bañarse para salir mugroso, le dijo ella. El niño se quedó mirándola sin decir nada mientras iba mojando el piso, siguió al cuarto donde se estaba quedando y se vistió. Deyanira no le insistió más y Lorena le dijo que les iba a tocar hasta enseñarle a bañarse.

Deyanira le daba vuelta a las arepas y le gritaba al niño que no se fuera tan lejos que volviera y jugara cerquita de ella y el niño corría por la cuadra de esquina a esquina. Mientras esperaban las arepas las vecinas seguían haciendo los mismos comentarios y diciendo que esa vieja mamá de ese niño lo que estaba era encartada con él y, que tenía que ser muy triste uno estorbarle hasta a la mamá. Y cuando dijo que volvía preguntó una de las vecinas. Mañana, le respondió Deyanira sin descuidar el asadero y sin darle importancia a los comentarios de sus clientas.


Lorena terminó de plancharse el cabello mientras el niño le preguntaba una y otra vez para donde iba, ella le dijo que la iba recoger su novio para ir a bailar. Susana también había salido con sus amigas. Deyanira veía un programa en la televisión y el niño empezó a jugar a sus pies con los carros después de que ellas se fueran.  Deyanira apagó el televisor y levantó al niño que se había quedado dormido en el piso, lo llevó a la cama, lo cubrió con la cobija y se sentó a su lado lo miró por un momento y con la mano derecha le acarició la frente. 


no sean tan chimbos, compartan las entradas. 


jueves, 10 de noviembre de 2016

Monte


Como eran casi las cuatro y había dejado de llover salí de la casa con dos baldes llenos de sancocho de becerro que le daba a los cerdos para que engordaran más rápido. Caminaba despacio para no meterme en los charcos, los baldes estaban pesados y con cada movimiento brusco se iba regando la comida de los chanchos.

No pude esquivar una hoja de eucalipto que vi caer inexpresiva y serena sobre mí. Me rozó la nariz y bastó con eso para que empezara a estornudar. Con el primer estornudo los baldes quedaron en la mitad y con el segundo y el tercero que se sucedieron veloces derrame el resto, los baldes quedaron vacíos y yo caí entre el pantano. Estaba cubierto de lodo y seguía estornudando.

Me levante y mientras me limpiaba la cara vi que el gris del cielo se teñía de colores, las hojas de los arboles caían por millares, quise contarlas mientras hacían el viaje del cielo al suelo y me quede frio al ver que del fondo del camino los hombres de las motosierras se habrían paso entre la lluvia de hojas que ellos habían ocasionado. Me seguí rascando la nariz con las manos mugrosas sin dejar de mirar las hojas, lo último que vería del monte. 

lunes, 7 de noviembre de 2016

Volver al antiguo trabajo

Pacito hágale pacito que los alborota me dijo una vecina cuando me vio en la puerta con la escoba en la mano listo para barrer. La calle amanece siempre muy sucia pero esa semana por primera vez además de la basura había decenas de caracoles negros grandes que no podíamos tocar porque transmitían una enfermedad mortal según me dijo la señora. Y entonces qué, le dije a mi vecina. Pues mejor no barrer me dijo ella y entró a su casa. Pues sí, le dije yo y entré también y me volví acostar.

Por la tarde en el centro oí los gritos enloquecidos de una señora con el pelo pintado de morado que sostenía en su brazo izquierdo una cartera fina y en el derecho un perro pequeño con cara de rata y ojos brotados que según ella se iba a morir pobrecito se iba a morir su perrito Nene que era tan inquieto y había tocado con el hocico uno de esos bichos asquerosos que se estaban propagando sin control por todas partes y se va morir Nene se va morir Nene. Yo la miraba divertido, ella daba saltos sin soltar al perro ni romper los tacones bajitos que le hacían juego con la cartera.

En el noticiero de la noche vi a un funcionario público hablando de los caracoles. Le pedía a la ciudadanía que no se alarmaran por la propagación y aclaraba que el posible contagio de enfermedades por el contacto con los animales no estaba comprobado pero que para prevenir mejor que usaran guantes desechables si necesitaban tocarlos. A la pregunta sobre la erradicación de los moluscos el funcionario experto dijo que debían ser recogidos uno por uno y puestos en un balde donde se les cubría con cal y se les dejaba por unos días como en remojo y luego había que hacer un hueco que superara el metro y medio de profundidad para enterrarlos.

Antes de dormirme no pude dejar de pensar en la acidez que me torturaba y en la relación entre un pobre tipo que debe llevar puestos unos guantes para poder andar cogido de la mano con su novia caracola porque a la hora de la verdad era más sencillo formar un hogar con un caracol que ponerse hacer huecos de metro y medio de profundidad para enterrarlos.

Por la mañana la vecina me dijo que ella ya había comprado unos bultos de cal y con el esposo estaba recogiendo los animales que había cerca a la casa. Yo le dije que a esos bichos debería recogerlos la administración que para eso pagábamos impuestos, y que los huecos también debían hacerlos ellos que para eso tenía retroexcavadoras y volquetas. Mi vecina se burló y me dijo que el trabajo manual era el mejor.

Saqué la bicicleta y me fui para el taller, llevaba seis meses trabajando allá, mucho más tiempo del imaginado. Mi tío el dueño del negocio decía que un muchachito de oficina no se iba a aguantar ni un día cubierto de grasa. Me gustaba lo que hacía y no me iba mal, lo mejor era que me sentía tranquilo y esa sensación nunca la había sentido en el antiguo trabajo.

La gente estaba muy comprometida recogiendo los caracoles y la administración también se apresuró, contrató a cientos de recolectores y movilizó volquetas y maquinaria amarilla, eso fue lo que más que gustó, que los hueco ya no había que hacerlos a mano.

Yo seguía yendo del taller directo a mi casa y me sentaba a leer o a ver televisión. En uno de los noticieros me di cuenta de que después de una semana de jornadas agotadoras el pueblo estaba libre de los moluscos. La gente estaba muy contenta y mi vecina hasta hizo una torta para celebrar y me invitó a un generoso trozo que degusté agradecido.

Los animales quedaron enterrados a las afueras del pueblo en un sector que unas semanas después se llenaría de familias completas elevando cometas. Yo iba por las tardes con los hijos y los nietos de mi tío que intentaban hacer volar una cometa enorme que solo nos dejó frustración.

De los caracoles nadie volvió a hablar y de las enfermedades que posiblemente hubiera podido trasmitir tampoco se dijo nada, me quede sin saber si el perro Nene seguía vivo o de verdad había sufrido un contagio mortal. Llegada la navidad el teléfono empezó a sonar y di por hecho que era una de mis tías que siempre llamaban a desear felices fiestas.

Reconocí la voz al otro lado de la línea y me temblaron las piernas, por un tiempo yo había alcanzado a creer que todo estaba acabado y que la agencia era parte del pasado. El tipo que hablaba había sido mi último jefe de operaciones. No se tomó el tiempo de preguntarme cómo estaba o que hacía y yo sabía que no era necesario porque de la agencia nunca llaman a sus antiguos miembros sin antes saber cada detalle de sus días lejos de las peligrosas misiones secretas.

Cuando pude articular palabra sólo supe decir: qué pasa, por qué otra vez yo. Y la voz del jefe me dijo que seguro estaba al tanto de la existencia de una peligrosa especie de molusco y lo interrumpí para decirle que todos los caracoles habían sido eliminados y que el pueblo estaba tranquilo porque no había pasado nada. Escuche una carcajada y luego con tono de burla me decía que la inactividad me estaba volviendo ingenuo.  Lo moluscos no son precisamente lo que parecen, son una especie superior de la que desconocemos el origen. Según nuestros estudios el remedio no era enterrarlos, por el contrario lo peligroso era enterrarlos, les hicieron un favor dijo el jefe. 12 de horas para que este en la agencia dijo antes de colgar.

Ordené la casa, cerré la llave del gas, desconecté aparatos y saqué del closet la maleta de trabajo y la dejé en la sala. Llame a mi tío y le dije que me sentía mal que tenía gripa y no iba a trabajar hasta que me sintiera bien. Fui a la casa de mi vecina a devolverle un martillo y dos destornilladores que me había prestado. Me abrió la puerta asustada, tras ella mi vecino le probaba un par de pilas a un radio. Lo sintió mijo lo sintió me dijo la vecina. Sentir qué le pregunté. El temblor mijo el temblor fue muy fuerte. Le dije que no, le entregué las herramientas y le desee buena noche. Ella me dijo que me previniera que tuviera a mano linterna, pito y radio. Cerré la puerta de la casa con la maleta al hombro, me iba y el pueblo quedaba en medio de una nueva emergencia la tierra había empezado a temblar y la agencia lo sabía. 

domingo, 30 de octubre de 2016

La niña no respira

A Pablo José se le estranguló la ulcera un martes por la tarde y Rosa la esposa tuvo que irse con él para el hospital. Las niñas se quedaron solas hasta que Margarita fue por ellas y se las llevó para su casa. Marisela era la mayor tenía diez años y Yulí tenía cuatro años recién cumplidos. Esa noche Rosa habló por teléfono con las niñas y les dijo que se portaran bien que ella y el papá no se demoraban.

Margarita organizó una sola cama para las ambas, Marisela le decía una y otra vez que la niña no podía dormir sola que tenía que dormir con ella, que en la casa siempre dormía con el papá y con la mamá porque a la niña le daba miedo. Margarita le decía que bueno que iban a dormir juntas y Marisela volvía decirle que a la niña le daba miedo dormir sola.

El esposo de Margarita se burlaba de la situación sin moverse de la banca en la que se sentaba a ver el noticiero de las siete de la noche en un televisor de perilla que sintonizaba dos canales y medio, el noticiero que le gustaba era el medio. Marisela le dijo que en la casa de ella ese canal se veía bonito porque el papá había puesto una antena que parecía la cola de un pescado en una guadua alta pero que a veces cuando llovía muy duro la antena se movía y los canales se dañaban. Él no le dijo nada y giró la perilla para ver otro canal. La niña le dijo que en la casa de ella al papá también le gustaba ver el noticiero del canal que él acaba de quitar.

Todos habían terminado de comer pero en el comedor Yulí seguía jugando con el plato del que apenas había comido algo. Margarita le dijo que sí no comía la mamá la iba a regañar pero no le importó. Después de un rato la niña fue hasta donde Marisela que seguía hablándole a Carlos sin que este le prestara mucha atención para que ella le ayudara a terminar de comer, Marisela tomó la cuchara y le dijo que abriera grande que iba el avión y le dio lo que quedaba en el plato.

Después de las noticias daban una novela que le gustaba a la pareja y se sentaron a verla, Margarita había lavado la losa y limpiado los aparadores, también había dejado listo el maíz para las arepas en una olla grande que Carlos siempre subía a la estufa de energía que dejaban prendida en bajo toda la noche para que el maíz amaneciera cocinado.

Yuli jugaba con una muñeca de trapo de Margarita y Marisela interrumpía la novela a cada tanto para decir que le hacía falta su papá, Margarita le decía que no se preocupara que él volvería pronto, Carlos le dijo a la niña que al papá de él lo había matado una ulcera y la niña empezó a llorar, decía que no quería que se muriera su papá, Yuli se sobresaltó por momento al ver a su hermana llorar pero siguió jugando con la muñeca. Margarita intentó calmar a Marisela. Miró molesta a su marido y él le dijo que porqué se enojaba si era verdad.

Cuando se terminó la telenovela Carlos apagó el televisor y fue cepillarse los dientes. Margarita le recordó alzar el maíz. Para dejar la estufa prendida toda la noche era necesario usar un contrabando, sino la energía no la pagaba nadie decían en la vereda, los contrabandos era tan populares como los frijoles y variaban en cada casa. Carlo y margarita usaban un alambre que introducían por un pequeño orificio ubicado en la parte superior derecha del contador que frenaba el disco durante toda la noche. El alambrito era usado sólo en las noches porque en el día podían ser descubiertos por los contratistas de la empresa que recibían bonificaciones por cada contrabando reportado.

Cuando Marisela vio a Carlos subirse en una silla para alcanzar el contador y frenar el disco le dijo que en la casa de ella el papá había hecho un contrabando que era mejor que ese porque no había que estar poniéndolo y quitándolo. Carlos lo sabía porque Pablo José siempre decía que él no pagaba más de mil pesos de energía al mes. Los vecinos le decían que eso no era bueno porque despertaba mucha sospecha y la multa por robarse la luz era muy cara. Pablo fantochaba diciendo que ese trabajo estaba muy bien hecho y no lo encontraban así fácil. Carlo no le prestó atención a la niña y la dejó hablar sola tal como lo había hecho desde que había llegado del cafetal y se las había encontrado ahí en la casa.

Margarita se acercó a la cama donde estaban las niñas acostadas y les preguntó si ya podía apagar la luz. Marisela dijo que a la niña le daba miedo dormir a oscuras y que en la casa la mamá siempre dejaba una lamparita. Margarita no tenía lámparas pero les dejó prendido el televisor sin nada de volumen. Antes de que Margarita se fuera Marisela también le pidió una bacinilla porque más tarde de pronto le daban ganas de hacer chichi a ella o a la niña y a ninguna de las dos le gustaba ir al baño por la noche porque esa tasa estaba toda fría y porque la abuelita les había dicho que el sereno hacía mucho daño.

Carlos ya estaba acostado y escuchaba a su esposa yendo de un lado para otro. Margarita les llevó a las niñas un balde que les puso al lado. Marisela lo miró con desagrado, la niña ya dormía. Es lo único que hay, si le parece incomodo o no le gusta puede ir al baño que no está lejos dijo Margarita señalando el final del corredor.

Pasada la media noche los gritos de Marisela despertaron a Carlos y a margarita. La niña Margarita la niña la niña la niña no se mueve margarita gritaba Marisela. Margarita salió de la cama y corrió descalza al cuarto de las niñas. Yuli estaba al lado izquierdo de la cama cobijada y profunda, Margarita le tocó la frente y el cuello, la niña estaba fresca. Pues que se va a mover sí está dormida, dijo Margarita, deje la bulla Marisela duérmase a ver, ha jodido toda la tarde y sigue jodiendo a esta hora. Pero es que no respiraba la niña no respiraba, dijo Marisela. Como no va respirar, claro que respira, Yuli está dormida y bien, la que no da un respiro es usted con tanta joda. Margarita apagó el televisor y salió del cuarto.

De nuevo en la cama Carlos preguntó por lo que había pasado y Margarita le dijo que Marisela era una culigada llena de resabios y mimes. Carlos deslizó una mano bajo la cobija y la puso sobre la panza de su mujer. Margarita sintió el toque y se apresuró a quitar la mano de su esposo. A veces siento que no lo quiero tener, le dijo. 

jueves, 20 de octubre de 2016

Ahora maneja Sofía

Maldije mientras caminaba al mirador no haber sacado una chaqueta. Me quede mirando la montaña con un cigarrillo en la mano. Por la carretera que coronaba la cordillera se movían las luces de los carros que iban y venían. Parecen cocuyos, me dijo un muchacho mirando a donde miraba yo, había llegado sin que me diera cuenta. Mejor que estén lejos y sólo se puedan ver, no me gusta el ruido de la carretera, le dije. De los carros en la carretera, me dijo el muchacho con entonación de profesor de escuela.

El perro chillo mucho, el golpe lo había descaderado. Yo no lo vi venir y en el asiento de atrás los niños gritaban más que el animal, Sofía no los dejó bajarse del carro, no quería que ellos lo vieran. Cuando lo vi tirado creí que podíamos salvarlo pero el golpe era más complicado de lo que parecía y el animal no alcanzó a llegar al veterinario. Los niños les cuentan a sus amigos que en la casa la que maneja es la mamá porque el papá una vez mató un perrito.

El muchacho me dice que a veces mientras mira la carretera no puede dejar de imaginar que una de esas lucecitas se sale de la vía y rueda por la empinada pendiente. Me apresuré a ofrecerle un cigarrillo para sacarlo de su reflexión o de lo fuera que lo atormentaba y quería contarle al primero que se encontrara, yo no quería ser ese primero. Miró la cajetilla y me dijo que no fumaba, yo mantuve la mano estirada sin dejar de mirarlo y el muchacho aunque vacilante tomo uno, encendí primero el mío y luego el de él.

Fumamos en silencio sin despegar la vista de la montaña. Los enamorados puede mirar el cielo estrellado pero ese tipo y yo mirábamos las luces de una carrera lejana. Seguía haciendo frío pero ya no me incomodaba. Le pregunté al muchacho con quién había venido y me dijo que su novia y su cuñada preparaban la comida en la cabaña, estaban desplumando unas gallinas y él no podía evitar la náusea que le generaba el olor de las aves muertas cuando las ponían en agua caliente para ablandar los cañutos de las plumas.

Pisó la colilla con el pie, usted qué cree, queda alguien vivo después de rodar tanto, me preguntó el muchacho. No cree que tal vez lo accidentes suceden porque en algún lugar alguien los está deseando o fantaseando con ellos, le dije al tipo. Se puso colorado, que pena, no me mal interprete, no es que yo quiera que pase eso… es simplemente algo que imagino supongo que no debo comentarlo a la ligera, luego se marchó deseándome buena noche y disculpándose de nuevo. Intente repetir en mi cabeza lo que acaba de decirle al tipo, intente escuchar mi voz, imaginar la expresión de mi rostro quería saber si era como para asustar. Me parecía que había asustado al muchacho.

Sofía decía que de todos modos ella manejaba mejor que yo, estaba más atenta, era prudente con la velocidad, no tomaba y lo más importante no se bajaba en mitad de la carretera a acariciar la cabeza de un perro moribundo llorando porque lo había golpeado.

Lo niños estaban jugando en la sala y Sofía ojeaba un libro recostada en una mesa de la cocina. Retiré del sofá algunos de los juguetes de los niños los dejé en el piso y me senté. Jugaban con unas figuras de súper héroes que les habíamos regalado en navidad y recreaban la escena de una película que había visto conmigo, no se ponía de acuerdo sobre el ganador de la batalla y buscaban que yo les ayudara decidir. Los miré por un rato y luego saqué otro cigarrillo y lo encendí. Sofía identifico el olor de inmediato, te he dicho muchas veces que no fumes delante de los niños. Habló sin moverse de la cocina. Pensé en el muchacho y seguí fumando no pensaba salir otra vez. 

Fragmentos 2

La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...