martes, 13 de diciembre de 2016

Cuando ella faltó


Mejor averiguar bien a ver cómo es, a mí me han dicho que uno alquila o compra el lote y entonces la puede dejar ahí lo que uno quiera, dijo el viejo. Estaban sentados en una de las esquinas de la sala en una banca larga, había llegado poca gente pero aún era temprano.

De todos modos apa eso hay que hacerlo este año porque el tiempo ya se cumplió, no demoran en llamar a recordarnos el asunto, dijo la hija mayor que estaba sentada al lado del viejo. Fueron de los primeros en llegar.  El viejo refunfuño irritado diciendo que uno no podía ser ni el primero ni el último en llegar ni aunque se tratara de un velorio. La hija intentó tranquilizarlo diciéndole que era mejor así, ellos no se podían quedar hasta tarde porque había que madrugar, que no se le olvidara la cita a las seis de la mañana en la clínica para hacerse los exámenes que le había ordenado el médico.

El viejo empezó a quejarse de frío, es que acá deberían repartir tinto, dijo. La hija se levantó de la banca fue a la cafetería y volvió con aromática para ella y tinto para él, se lo entregó y le dijo que lo probara a ver si estaba bien de dulce, el viejo le dijo que estaba como él lo necesitaba, con poquita azúcar y caliente. La gente iba llegando y la familia no se separaba del ataúd, algunos conocidos se acercaban saludaban y se alejaban formando pequeños grupos de cuchicheo que ocupaban toda la sala de velación

Mire que a mí me han dicho que esa gente que toma tanta droga se demora mucho en descomponerse y con la cantidad de droga que tomó su mamá toda la vida, eso que pastas de esto y de lo otro, que inyecciones y eso era todos los días que ella tomaba droga y eso desde que era soltera, yo me acuerdo, cuánta plata no le gasté yo a su mamá llevándola a donde dijeran que había un medico bueno. Y ni que decir de ahora último cuando ya le dijeron que era cáncer, dijo el viejo. La hija asentía y lo miraba atenta como si esperará alguna novedad en lo que él decía. Ella sabía que su mamá había estado enferma toda la vida y que con cada parto se iba poniendo peor, lo sabía porque ella como hija mayor tuvo que cuidar a varios de sus hermanos y con la ayuda de una de sus hermanas la cuidó cuando estuvo reducida a la cama hasta que murió.

El velorio era de un vecino del viejo, un señor de ochenta años que había muerto en el hospital después de dos semanas en cuidados intensivos. Ahora el más anciano de la cuadra soy yo, dijo el viejo. Su hija sonrió tocándole un hombro, era raro verlo frágil. Si fuera solo viejo pero uno tan enfermo y con esa diabetes y ese colesterol por las nubes a toda hora sigo diciendo el viejo.

Vea que allá en el pueblo yo me acuerdo que cuando fueron a sacar los restos de la esposa de don Calisto Cárdenas la encontraron completa dizque momificada, yo no sé porque yo no la vi, pero era lo que todo el mundo decía, después de eso encontraron otros cuerpos momificados. Eso dizque ese señor casi se muere de la impresión cuando vio a la mujer así y dizque se la iba a llevar para la casa pero que los hijos no lo dejaron, pero él estaba decidido a llevársela. Al final como que la despedazaron.

Había escuchado esa historia varías veces, incluso la había contado su mamá y a ella y a sus hermanos siempre les pareció curiosa y medio macabra, lo que no se imaginó nunca era que su papá pudiera tener miedo de sacar los restos de su mamá porque creía en lo que había oído toda la vida en el pueblo.

Yo no creo que eso de los medicamentos sea verdad apa, vea la cantidad de gente que los toma y los casos de momias son curiosos precisamente por eso porque son escasos, el motivo debe ser otro, que va a saber uno cuál, de todos modos si usted quiere podemos averiguar lo que usted dice de pagar un tiempo más por el lote para evitar sacar los restos el otro año, pero también creo y me parece que lo mejor es hacerlo cuando es y no ponernos a darle alargues, yo sé que eso no es ni cómodo ni agradable pero hay que hacerlo, dijo la hija.

El viejo guardó silencio y vio cómo iba llegando más gente y la sala de la funeraria se llenaba, aunque había estado más llena cuando velaron a su mujer. La charla entre padre e hija se detuvo para dar paso a conversaciones más impersonales pero no menos transcendentales con vecinos y amigos.

Desde que ella faltó a mí me dan muy duro venir a estas cosas, le decía el viejo a los vecinos con los que hablaba, es que desde que ella faltó para mí ya nada tiene gusto. La hija lo escuchaba atenta y curiosa, le causaba gracia que su papá siempre le hubiera quitado el nombre a su mamá, cuando le hablaba le decía “ole” o “mija” y después de muerta siempre decía “ella”.

Antes de irse el viejo y la hija se acercaron a la familia del fallecido para despedirse y preguntar a qué hora sería el entierro, les dijeron que solo iba a haber una misa a las tres de la tarde y que lo iban a cremar. El viejo miró como admirado por su fortuna a la señora que le hablaba como si fuera la feliz ganadora de una lotería. Si ve lo bueno pa ella, ya no le toca ponerse a joder sacando restos ni nada sino que ya se salen, le dijo el viejo a su hija mientras esperaban taxi en la calle, él se apoyaba con una mano en su bastón y con la otra mano en el hombro de ella.  Yo siempre dije que cremáramos a su mamá pero no, como a ustedes no se les dio la gana y como uno se va volviendo viejo y ya la autoridad de uno no vale pa puta mierda entonces ustedes hicieron lo que se les antojo, como no va ser mejor uno quedarse con las cenizas del ser querido en la casa de uno, dijo el viejo agitado y molesto. Seguro ellos también le tienen miedo a las momias apa, dijo ella. Usted se lo toma todo en chiste, dijo el viejo. No papi como se le ocurre, en chiste no, yo le prometo que si mamá esta momificada como dice usted yo convenzo a los muchachos para que usted se la quede, le dijo ella. El viejo enfadado le iba a responder algo pero en se momento llegó el taxi se subió solo evitando que ella lo ayudara y cerró la puerta, hágale que ella espera otro, dijo el viejo. 

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