viernes, 18 de noviembre de 2016

Cuidar un niño


¿Oiga mami y es que usted la conoce pues a ella? le preguntó Lorena a Deyanira. El niño brincaba con los pies descalzos en uno de los cojines del sofá de la sala. No, pues conocerla no, ella me compró arepas un par de veces y pues hablamos mientras esperaba, no más, le respondió Deyanira. Jesica llevaba dos semanas viviendo en el barrio y ese puente festivo tenía que viajar a Buenaventura porque un amigo la estaba esperando. No lo puedo llevar él es muy chismoso y es capaz de que va y le cuenta al papá lo que yo hago, dijo Jesica el viernes por la tarde sosteniendo un maletín rojo del hombre araña con la ropa del niño. El papá no lo puede cuidar porque desde que nos dejamos yo no se lo dejo ver sino a ratos. Luego le ofreció a Deyanira cien mil pesos para que se lo cuidara hasta el domingo por la tarde y Deyanira le recibió el maletín con la ropa.

El niño jugaba en la calle cerca al asadero y los clientes le preguntaban a Deyanira si había adoptado al niño, ella les decía que lo estaba cuidando no más y los clientes le decían que no sabían que además de las arepas ella también se dedicaba a cuidar niños. Mientras decía eso el niño corría de un lado para otro con los niños de la cuadra.

Pero muy mala madre me parece, muy mala madre decían las vecinas del barrio mientras esperaban las arepas, cómo se le ocurre que uno va a dejar un hijito de uno por ahí en cualquier lado, en la casa de alguien que uno ni conoce. Pues en cualquier lado tampoco decía otra vecina, lo dejó en la casa de Deyanira y menos mal que fue ahí porque son buena gente y todo, imagínese que lo hubiera dejado en otra parte por ahí en peligro de que cualquier sádico o depravado lo coja y le haga de todo, dios mío bendito por eso es que a veces pasan cosas tan horribles. Una loca esa vieja es una loca, decía una de las vecinas. Y no era para menos porque en esas dos semanas Jesica se había hecho notar en la cuadra. En la primera semana había dejado las llaves dentro de la casa y había roto los vidrios a media noche para poder abrir, pero antes de hacer eso había pateado y puteado la puerta y luego había puteado a la hijueputa calle porque no había ninguna piedra a mano. Los vidrios los quebró con un ladrillo que tomó de una obra en construcción a tres cuadras de distancia. Días después también se oyó gritar a Jesica pero en esa segunda oportunidad los gritos eran porque había ocasionado un pequeño incendio en su cuarto con una vela que había dejado encendida después de quemar un trozo de silicona para pegar un adorno roto en el trasteo, cuando se despertó se encontró con el humero y su ropa quemándose.  El asunto no pasó a mayores aunque Jesica hubiera gritado una y otra vez que llamaran a los bomberos y el niño que la mamá se iba a quedar sin ropa.

Por la noche viéndolo dormir Lorena le decía a su hermana Susana que no se sabía quién estaba más mal, quién estaba más loca si la mamá de ese niño o la mamá de ellas que sin conocer a la vieja esa de nada había aceptado quedarse cuidando a ese niño sin saber si le iban a pagar o no porque la plata no se la había dado, apenas se la había ofrecido, pero eso no era lo peor, qué tal que esa vieja no vuelva, seguía diciendo Lorena y su retahíla parecía el fragmento de un noticiero de radio popular de los que abrían diciendo: “alerta insólito”.  Susana se reía de la angustia de su hermana y para evitar que se tranquilizara le decía que también podía pasar que el niño se aporreaba y la mamá ponía una denuncia por maltrato o podía también denunciar por secuestro y quién dice que no es así. Imagínese usted el testimonio de una mamá loca enloquecida diciendo que la señora de las arepas le robó a su hijo y se lo secuestró y no se lo quiere dar. Susana seguía examinado posibilidades divertida como si descifrara los misterios de una novela negra. Lorena le pedía que se callara que no dijera más bobadas.

El niño tiraba los juguetes al piso y se paraba en ellos. No dañe los carritos, le decía Deyanira y el niño lo hacía con más gusto. Mi mamá me deja pararme en ellos y no me dice nada. Pero yo no soy su mamá y no se va parar más en ellos, si no va jugar bien entonces los recoge y los guarda, dijo Deyanira. El niño se tiró al piso y empezó a llorar y a revolcarse. Susana lo vio mientras entraba a su cuarto y dijo que el niño tenía el culo lleno de hormigas que lo estaba picando. Lorena de pie al lado de su mamá en la entrada de la casa le dijo que dejara de ser ordinaría que ser así de mal hablada no se le veía bien a una mujer, además no son ningunas hormigas, es un berrinche. Tan boba pues yo sé que es un berrinche, usted de donde culo pa las hormigas le dijo Susana a Lorena cerrando la puerta del cuarto. Sí la ve mami lo grosera que es, dijo Lorena y Deyanira no le dijo nada porque estaba apretando los dientes para no soltar la carcajada. El niño se retorció en el piso un rato y se cansó de que ninguna de las tres mujeres de la casa lo mirara.

De todos modos mal no se porta, dijo Deyanira, se come lo que uno le sirve y entre uno que otro berrinche hace hasta caso, se nota mucho que le hace falta es papá y mamá al muchachito, siguió diciéndole Deyanira a su marido que venía de la costa con el camión cargado. Él le dijo lo mismo que Lorena, que sólo a ella se le ocurría metérsele a un gallo de esos, que no quedaba sino esperar a que apareciera la mamá pero si no aparece pues nos quedamos el muchachito ese, dijo el marido y Deyanira se quedó sin saber si hablaba en serio o se estaba burlando.

Bueno y es que la mamá del muchachito no llama ni siquiera para preguntar cómo va el hijo, preguntó Susana cuando Deyanira dijo que saludes les mandaba el papá que aún estaba en la costa. Que va llamar la vieja esa, si ni un número dejó para contactarla se adelantó a responder Lorena.

El niño salió del baño, tenía jabón en las orejas y el cuello mugroso. Deyanira le dijo que se bañara bien que se metiera otra vez al chorro. Él le dijo que no quería. No se puede quedar así, no ve que uno no se mete a bañarse para salir mugroso, le dijo ella. El niño se quedó mirándola sin decir nada mientras iba mojando el piso, siguió al cuarto donde se estaba quedando y se vistió. Deyanira no le insistió más y Lorena le dijo que les iba a tocar hasta enseñarle a bañarse.

Deyanira le daba vuelta a las arepas y le gritaba al niño que no se fuera tan lejos que volviera y jugara cerquita de ella y el niño corría por la cuadra de esquina a esquina. Mientras esperaban las arepas las vecinas seguían haciendo los mismos comentarios y diciendo que esa vieja mamá de ese niño lo que estaba era encartada con él y, que tenía que ser muy triste uno estorbarle hasta a la mamá. Y cuando dijo que volvía preguntó una de las vecinas. Mañana, le respondió Deyanira sin descuidar el asadero y sin darle importancia a los comentarios de sus clientas.


Lorena terminó de plancharse el cabello mientras el niño le preguntaba una y otra vez para donde iba, ella le dijo que la iba recoger su novio para ir a bailar. Susana también había salido con sus amigas. Deyanira veía un programa en la televisión y el niño empezó a jugar a sus pies con los carros después de que ellas se fueran.  Deyanira apagó el televisor y levantó al niño que se había quedado dormido en el piso, lo llevó a la cama, lo cubrió con la cobija y se sentó a su lado lo miró por un momento y con la mano derecha le acarició la frente. 


no sean tan chimbos, compartan las entradas. 


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