miércoles, 30 de noviembre de 2016

A mí que no me diga nada


Mercedes sirvió arvejas con arroz y carne frita llevó el plato y un vaso de jugo de lulo al comedor y se fue a ver el noticiero del medio día. Juan se sentó a la mesa y empezó a revolver con desgano la comida, tenía el rostro tan cerca del plato que apenas necesitaba levantar la cuchara. Masticaba con la boca entre abierta haciendo ruidos pegajosos que siempre terminaban irritando a Mercedes.

Cuando se acabó el noticiero ella volvió al comedor y su hermano seguía ahí, había comido muy poco y miraba el plato con los ojos vidriosos. Mercedes se sentó y empezó a leer mensajes en su celular, poco después Juan se levantó, Dios le pagué le dijo y se fue. Mercedes le respondió amén entre dientes y refunfuñando porque su hermano ni de lavar el plato había sido capaz, dejó la mesa y fue la cocina.

-¿Usted qué sabe de Juan?- Preguntó María y Mercedes le dijo que hablara más duró que no la oía.

-Qué más quiere si estoy casi gritando, si no oye cambie ese tiesto por otro, -le dijo María.

-Todas no tenemos con que estar estrenando celular cada ocho días, -dijo Mercedes.

-Ahí va empezar con los cañazos, siempre lo mismo, pero enserio qué ha sabido de Juan,- preguntó María.

-Por qué, qué pasó con Juan pues, él estuvo acá al medio día y yo le pregunté que si ya había almorzado y me dijo que no, entonces le serví almuerzo y ni siquiera comió revolcó todo eso y ahí lo dejó, pero no hablamos ni nada, pues yo como no le pregunto nada, si me habla bien y sino pues no hablamos. Es que a mí el me enoja mucho por bobo, ese es el único que tiene mujer y vive a toda hora con la comida perdida, usted le pregunta a la una de la tarde que sí ya almorzó y que no, le pregunta por la noche que si comió y que no. Que en la casa no le dejaron comida. Que lo que pasa fue que Julia no alcanzó a llegar temprano del trabajo entonces que no hizo almuerzo y así va saliendo siempre con cuentos chimbos. Como si allá no viviera también la suegra y las cuñadas. Muy berraco vivir uno en una casa manteniendo un montón de viejas donde sí se demora en llegar le rifan la comida, -dijo Mercedes con la voz agitada.

-Pues por eso le preguntaba no ve que peleó otra vez con Julia y dizque lo echó de la casa y todo, según eso dizque le empacó la ropa y todo. Pero acá en la casa mía no está y donde papá tampoco y Carmen dice que a la casa de ella tampoco ha ido -dijo María.

-Tan boba ¿pues dónde va a estar? allá debe estar en la casa de él pidiéndole cacao a la vieja esa, rogándole como un guevón que es, además yo no sé usted porque le para tantas bolas, acaso él es un niño pequeñito que no sabe lo que hace, él está viejo, si uno sabe con qué mujer vivir a los casi cuarenta entonces que esperanzas mija por dios.

-No, yo no creo, él debe estar trabajando o algo. -dijo María

-Qué va mija, llámelo y verá que está allá rogándole a la boba esa, -dijo Mercedes.

-Yo lo he llamado pero no contesta, lo estoy llamando desde que Carmen me contó. Es que él fue y le contó a ella, -dijo María.

-Pues claro, ella es la única que todavía le para bolas, a mí no me volvió a decir nada, porque yo lo paré, a toda hora venía acá poniendo quejas de Julia, que Julia está hablando con no se quien por celular, que Julia está enredada con un tipo del gimnasio, que Julia volvió tarde del trabajo y que venía borracha, y eso por no decir más porque él quiere contar toda su vida íntima y decir que Julia es una porquería y al otro día o a los dos días está otra vez con ella como si nada y publicando en Facebook que están felices y ella es lo mejor que le ha pasado en la vida. Ella no lo quiere, no lo tiene ahí sino para que le trabaje, no más. ¿O es que usted cree que de verdad el aborto ese fue natural? Pero juan es un bobo, no le busque más. Y a mí no me diga nada porque le sabe a cacho, -dijo Mercedes.

-Yo no sé pero a mí sí me preocupa lo que pasa con él, uno no sabe que pueda pasar, acuérdese esa vez que terminó con esa novia que tuvo hace tiempo, lo mal que estuvo, mamá casi se muere de la angustia viendo lo mal que estaba. Si no fuera por esa bruja que le pagaron para que lo rezara Juan se hubiera muerto, -dijo María.

-Yo si me acuerdo, pero también me acuerdo que harto le dijo mamá que no se metiera con Julia que no le gustaba para nada y que tenía muy mala fama, desde eso ya sabíamos que ella conocía más palos que una ardilla y que el que no se la había comido era porque no vivía acá, y ahora va a venir el pendejo ese a creer que ella le iba a ser muy fiel. Y también me acuerdo que cuando mamá ya estaba reducida en la cama y hasta el día que se murió le dijo a Juan que lo único que ella deseaba era morirse viéndolo bien emparejado y que esa vieja no era buena pareja de nadie. ¿Y él le paró bolas? Nada, mientras mamá se moría él estaba como conejo con la vieja esa, es que mejor dicho a mí no se me olvida lo que sufrió mamá por culpa del él, -dijo Mercedes.

María se despidió porque tenía que ir al centro hacer una vueltas, no le gustaba cuando su hermana se ponía así, le dijo que si juan volvía a la casa de ella o si sabía algo que la llamara.

Mercedes colgó el celular y fue al patio a sacar una ropa de la lavadora cuando la alcanzó su esposo que había escuchado la conversación de su mujer.

-De todo modos mona su hermano tampoco es ninguna perita en dulce acuérdese también que su mamá decía que estando metido con Julia también seguía viendo a la chiquita esa que tenía como cinco hijos, esa tampoco le gustaba nada a su mamá aunque esa si era muy fea y peligrosa porque esa hasta chuchillo le dio una vez, yo me acuerdo que eso le cogieron varios puntos en la espalda, agradeciendo que no fueron heridas profundas y también me acuerdo que una vez le tiró agua caliente y no lo quemó de puro de buena, -dijo el esposo de Mercedes.

-A mí tampoco se me olvida, es que yo sé bien quien es Juan, por eso es que me enoja que las otras anden de preocupación en preocupación armando tragedias con cualquier pendejada que le pase a él o a cualquiera de los otros, una santa era mi mamá que les lidió tanto resabio a esos guevones, -dijo Mercedes.

El celular volvió a sonar y Mercedes miró la pantalla del aparato, era Carmen, miró a su esposo y le dijo que ahí seguían jodiendo, esperó un momento y al final respondió. Lo que le decía su otra hermana era que Juan estaba en la casa de ella y que había llegado con maleta y todo, que había dejado a Julia. –no llame a María que yo ya le conté.

-¿Bueno y qué fue lo que pasó pues con esos dos, está vez porque pelearon? –Preguntó Mercedes.

-¿Él no le contó? -preguntó Carmen.

-No, no hablamos de eso, no hablamos.

-Pues que mejor le cuente él, -le respondió Carmen, de todos modos según le entendí algo le encontró en el celular, unas conversaciones con otro tipo y unas fotografía de no sé qué cosa.
Mercedes colgó y se sirvió un tinto, le sirvió otro a su marido y se lo tomaron en la cocina, los niños ya se habían dormido.

-Qué dijo, -preguntó el marido.

-Que está en la casa de Carmen y que llevó la maleta, -dijo Mercedes.

Dos días después arrimó a la casa parqueó el taxi afuera, Mercedes le preguntó si ya había almorzado y Juan le dijo que no, que Julia no había alcanzado a llegar del trabajo, le respondió mientras la seguía a la cocina.

-Y fue que usted volvió con ella, -preguntó Mercedes.

-sí, está mañana, -respondió Juan, bajando la voz cómo si le diera vergüenza ser escuchado.


Mercedes que ya había abierto la olla a presión la volvió a cerrar, puso el cucharón y el plato de nuevo en su lugar y se fue a ver el noticiero. Juan volvió a salir de la casa de su hermana sin decir nada. 

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