martes, 22 de noviembre de 2016

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Me agarraron unas ganas de cagar horribles, sentí esos chuzones en la barriga, ese cólico maluco. Hice memoria y me vi en la mañana sentado en el inodoro leyendo Sin Remedio de Caballero mientras me liberaba sonriente del peso que me había dejado comer tanto el día anterior. Se me hizo raro que en ese momento estuviera así de urgido porque sólo necesito ir al baño una vez al día. Hijueputa me enferme vida hijueputa me repetí en silencio mientras me paraba del asiento que había elegido al lado de la ventanilla. Le pedí permiso a la muchacha que estaba sentada a mi lado y ella me miró molesta como si fuera mi culpa que los buses sean estrechos y que yo sea grande y no cupiera por el par de centímetros que había entre las rodillas de ella y el asiento de adelante que a veces está más atrás de lo que debe porque los reclinan hasta que parezca una cama. 

Corrí por el pasillo del bus y por de buenas que uno es a veces el baño estaba libre y menos mal que fue así porque si no me cago en la ropa, y claro estaba yo ahí sentado directo con una diarrea que ni le digo y ahí pasó lo que siempre pasa que me fui a limpiar y no había papel. Eso pasa siempre en los programas de televisión y yo tengo tanta pinta de celebridad que claro me tocó igual que en las películas.

Ahí sin limpiarme pensaba en las empanadas y la avena que me había tomado antes de subir al bus, no sabía si era culpa de eso pero yo creía que era por eso y no podía dejar de pensar en las manos sudorosas del vendedor. Pero no era culpa de él tampoco, él no tenía nada que ver con la ansiedad mía que me quiere mantener con la boca llena a toda hora. Yo venía lleno pero no podía ver esas empanadas y no comerme una o dos o tres o como cinco que me comí. Aunque también pensaba en la novela de Caballero, sí la tuviera ahí me hubiera puesto a leer y ahí pensé que seguro tener diarrea en un bus era culpa de Escobar el personaje de la novela porque solo a él le pasaban maricadas así.

Bueno entonces empecé a buscar en el bolsillo un pañuelo que siempre cargo porque me tenía que limpiar de algún modo, no me iba a sentar al lado de la muchacha esa que hasta bonita estaba oliendo maluco, pero el pañuelo no estaba, seguro lo llevaba en el maletín que había dejado en mi asiento; y ahí buscando me miré los zapatos y me acordé de las medias y justamente eso hice me quité la media derecha y con ella me limpié y como no me iba a quedar con una media sí con una media no me quité la otra también y con la limpia envolví la sucia y las dejé ahí en el baño. La muchacha me volvió a mirar feo cuando le tocó abrir espacio para que yo pudiera sentarme de nuevo en mi asiento, me acomodé y me quedé dormido y desperté apenas acá.

Yo estaba ahí sentado esperando a mi mujer que se estaba midiendo unos pantalones y escuché toda la historia que el tipo ese le contó a la vendedora que le estaba enseñando unas medias muy cortas y él le explicaba porque le gustaba usar medias largas. Él tenía el morral al hombro y me vio mirándolo de reojo y seguro mientras hablaba notó que yo no perdía detalle de la historia porque me dijo que las largas eran mejores porque en caso de emergencia uno no se untaba. En efecto me había estado mirando mientras hablaba y me aclaraba ese detalle porque puse cara de fastidio cuando lo imagine envolviendo la media sucia en la limpia. El tipo parecía muy simpático así que le di las gracias y le dije que le haría caso. La vendedora que se había divertido mucho con la historia le preguntó después de venderle como cinco pares de medias que por qué estaba ansioso cuando se subió al bus y el tipo nos miró y dijo que era su primera vez moviendo marihuana en buses de servicio público. La muchacha se rió como si el tipo estuviera bromeando. Mi mujer salió me miró mal y dijo que el jean no le gustaba que fuéramos a otro almacén la tomé de la mano y salimos pero antes de llegar al almacén pasamos por una librería porque yo tenía que leer el libro del que había hablado el tipo de las medias. 

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