domingo, 30 de octubre de 2016

La niña no respira

A Pablo José se le estranguló la ulcera un martes por la tarde y Rosa la esposa tuvo que irse con él para el hospital. Las niñas se quedaron solas hasta que Margarita fue por ellas y se las llevó para su casa. Marisela era la mayor tenía diez años y Yulí tenía cuatro años recién cumplidos. Esa noche Rosa habló por teléfono con las niñas y les dijo que se portaran bien que ella y el papá no se demoraban.

Margarita organizó una sola cama para las ambas, Marisela le decía una y otra vez que la niña no podía dormir sola que tenía que dormir con ella, que en la casa siempre dormía con el papá y con la mamá porque a la niña le daba miedo. Margarita le decía que bueno que iban a dormir juntas y Marisela volvía decirle que a la niña le daba miedo dormir sola.

El esposo de Margarita se burlaba de la situación sin moverse de la banca en la que se sentaba a ver el noticiero de las siete de la noche en un televisor de perilla que sintonizaba dos canales y medio, el noticiero que le gustaba era el medio. Marisela le dijo que en la casa de ella ese canal se veía bonito porque el papá había puesto una antena que parecía la cola de un pescado en una guadua alta pero que a veces cuando llovía muy duro la antena se movía y los canales se dañaban. Él no le dijo nada y giró la perilla para ver otro canal. La niña le dijo que en la casa de ella al papá también le gustaba ver el noticiero del canal que él acaba de quitar.

Todos habían terminado de comer pero en el comedor Yulí seguía jugando con el plato del que apenas había comido algo. Margarita le dijo que sí no comía la mamá la iba a regañar pero no le importó. Después de un rato la niña fue hasta donde Marisela que seguía hablándole a Carlos sin que este le prestara mucha atención para que ella le ayudara a terminar de comer, Marisela tomó la cuchara y le dijo que abriera grande que iba el avión y le dio lo que quedaba en el plato.

Después de las noticias daban una novela que le gustaba a la pareja y se sentaron a verla, Margarita había lavado la losa y limpiado los aparadores, también había dejado listo el maíz para las arepas en una olla grande que Carlos siempre subía a la estufa de energía que dejaban prendida en bajo toda la noche para que el maíz amaneciera cocinado.

Yuli jugaba con una muñeca de trapo de Margarita y Marisela interrumpía la novela a cada tanto para decir que le hacía falta su papá, Margarita le decía que no se preocupara que él volvería pronto, Carlos le dijo a la niña que al papá de él lo había matado una ulcera y la niña empezó a llorar, decía que no quería que se muriera su papá, Yuli se sobresaltó por momento al ver a su hermana llorar pero siguió jugando con la muñeca. Margarita intentó calmar a Marisela. Miró molesta a su marido y él le dijo que porqué se enojaba si era verdad.

Cuando se terminó la telenovela Carlos apagó el televisor y fue cepillarse los dientes. Margarita le recordó alzar el maíz. Para dejar la estufa prendida toda la noche era necesario usar un contrabando, sino la energía no la pagaba nadie decían en la vereda, los contrabandos era tan populares como los frijoles y variaban en cada casa. Carlo y margarita usaban un alambre que introducían por un pequeño orificio ubicado en la parte superior derecha del contador que frenaba el disco durante toda la noche. El alambrito era usado sólo en las noches porque en el día podían ser descubiertos por los contratistas de la empresa que recibían bonificaciones por cada contrabando reportado.

Cuando Marisela vio a Carlos subirse en una silla para alcanzar el contador y frenar el disco le dijo que en la casa de ella el papá había hecho un contrabando que era mejor que ese porque no había que estar poniéndolo y quitándolo. Carlos lo sabía porque Pablo José siempre decía que él no pagaba más de mil pesos de energía al mes. Los vecinos le decían que eso no era bueno porque despertaba mucha sospecha y la multa por robarse la luz era muy cara. Pablo fantochaba diciendo que ese trabajo estaba muy bien hecho y no lo encontraban así fácil. Carlo no le prestó atención a la niña y la dejó hablar sola tal como lo había hecho desde que había llegado del cafetal y se las había encontrado ahí en la casa.

Margarita se acercó a la cama donde estaban las niñas acostadas y les preguntó si ya podía apagar la luz. Marisela dijo que a la niña le daba miedo dormir a oscuras y que en la casa la mamá siempre dejaba una lamparita. Margarita no tenía lámparas pero les dejó prendido el televisor sin nada de volumen. Antes de que Margarita se fuera Marisela también le pidió una bacinilla porque más tarde de pronto le daban ganas de hacer chichi a ella o a la niña y a ninguna de las dos le gustaba ir al baño por la noche porque esa tasa estaba toda fría y porque la abuelita les había dicho que el sereno hacía mucho daño.

Carlos ya estaba acostado y escuchaba a su esposa yendo de un lado para otro. Margarita les llevó a las niñas un balde que les puso al lado. Marisela lo miró con desagrado, la niña ya dormía. Es lo único que hay, si le parece incomodo o no le gusta puede ir al baño que no está lejos dijo Margarita señalando el final del corredor.

Pasada la media noche los gritos de Marisela despertaron a Carlos y a margarita. La niña Margarita la niña la niña la niña no se mueve margarita gritaba Marisela. Margarita salió de la cama y corrió descalza al cuarto de las niñas. Yuli estaba al lado izquierdo de la cama cobijada y profunda, Margarita le tocó la frente y el cuello, la niña estaba fresca. Pues que se va a mover sí está dormida, dijo Margarita, deje la bulla Marisela duérmase a ver, ha jodido toda la tarde y sigue jodiendo a esta hora. Pero es que no respiraba la niña no respiraba, dijo Marisela. Como no va respirar, claro que respira, Yuli está dormida y bien, la que no da un respiro es usted con tanta joda. Margarita apagó el televisor y salió del cuarto.

De nuevo en la cama Carlos preguntó por lo que había pasado y Margarita le dijo que Marisela era una culigada llena de resabios y mimes. Carlos deslizó una mano bajo la cobija y la puso sobre la panza de su mujer. Margarita sintió el toque y se apresuró a quitar la mano de su esposo. A veces siento que no lo quiero tener, le dijo. 

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