Se
comieron la mitad de los naranjos que Hugo sembró en el tajo que estaba al
frente de la casa, los dejaron sin una sola hoja. Él no podía creer lo que veía
al volver a la finca después estar tres semanas lejos acompañando a su esposa
en el hospital universitario. Lo que no haga uno no lo hace nadie que cosa tan
malparida, acaso les costaba mucho estarle dando vueltas a los tajos para
cuidar los naranjos, pendientes con el veneno les dije más de una vez y vea se
comieron todo ¿cuándo se ha visto que mientras yo este acá las arrieras se
coman las matas? Los muchachos lo escuchaban con la mirada baja. Nadie le iba a
decir algo a Hugo porque él tenía razón. Cuando no la tenía tampoco le decían
nada porque no entendía razones.
Las
casas de las arrieras estaban a doscientos metros del tajo, ocupaban más de dos
metros cuadrados y a Hugo le hacían falta dedos en las manos para contar las
bocas de las que no paraban de entrar y salir hormigas. Yo he acabado con
arrierales más grandes acá y en otras partes le decía el viejo a los muchachos.
Lo que hicieron esa misma tarde fue poner veneno en polvo en todas las bocas de
los arrierales. Esto era lo que ustedes habían tenido que hacer para que no se
propagaran les dijo Hugo.
En
menos de tres días hicieron del jardín de la esposa de Hugo un delicioso
banquete, la señora que se recuperaba poco a poco de la cirugía miraba las
maticas con pesar. Con lo difícil que es que pelechen esas rositas Hugo mijo
que pecaito del jardín con lo bonito que estaba. Hugo miraba el sendero que
iban dejando las hormigas a su paso después de una larga noche de trabajo.
Plagas hijueputas será lo único que abunda ojalá sirvieran pa algo y hay sí no
aparecía una ni pa remedio decía el viejo enojado. Los muchachos no podían
ocultar la risa que les daba ver a su papá, más cuando les había dicho que a él
no le quedaban grandes esos animales, de algún modo sentían un frescquito.
Hugo
mandó a los muchachos a buscar en la bodega donde guardaban el abono y la
herramienta unos porrones amarillos grandes donde empacaban la cachaza que
traían de las moliendas paneleras para darle a los cerdos. Llevaron lo porrones
lejos de la casa y los pusieron al pie de un yarumo. Hugo les dijo que desde
ese mismo momento toda miada que tuvieran tenían que dejarla ahí en esos
porrones y se bajó el cierre del pantalón y fue el primero. Esto queda muy
lejos de la casa pa uno venir a miar acá por la noche, dijo uno de los
muchachos. Hugo le dijo que con él todo eran complicaciones que sí le parecía
muy difícil miar en bacinilla y vaciar por la mañana los miaos en los porrones.
Los otros dos hermanos se rieron, las bacinillas son pa las mujeres dijeron.
Hugo les dijo que dejaran de joder que lo importante era llenar esos porrones
porque los miaos vinagres eran lo que había pa aburrir las arrieras.
Mientras
lo porrones se llenaban Hugo probaba venenos distintos pero las arrieras
seguían resistiéndose, no se iban no se morían. Cuando fueron a llevar los
porrones hasta el arrieral los muchachos hacían arqueadas y Hugo les decía que
no fueran flojos que se amarraran la bayetilla tapándose la nariz y la boca así
como él y que con eso había. Vaciaron el contenido de los porrones en cada una
de las entradas del arrieral. Muy verracas si se aguantan esa hulentina decían
los muchachos.
Uno
de ellos dijo que les iba a tocar hacer lo que habían hecho en la finca de los
López, allá escarbaron en el arrieral hasta que sacaron a la reina. Hugo dijo
que a veces uno estaba de buenas y encontraba fácil a la reina pero que otras
veces estaban muy enterradas y que a veces estaba muy de malas y encontraba era
otra cosa como había pasado en la finca de los García que intentando encontrar
la reina del arrieral lo que sacaron fue cinco muertos. Mucho de los
desaparecidos de Nogales fueron encontrados en varios tajos de la finca de los
García y los querían meter como cómplices de los matones esos, les tocó
conseguir abogado y todo. Uno de los muchachos dijo que en la finca de ellos no
había nadie enterrado y Hugo le respondió que él qué iba a saber, que nada se
sabía porque si no se habían dado cuenta de que las arrieras se estaban
comiendo los naranjos que se iban a dar cuenta si esos tipos habían enterrado
gente en la finca de ellos. ¿Qué hacemos si no funciona esto? Preguntó uno de
los muchachos cuando caminaban de vuelta a la casa. Hugo le señaló los porrones
y le dijo, seguir llenando esto de miaos, hay que acabarlas rápido para que su
mamá no se nos vaya ir sin ver el jardín otra vez bien florecido.
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