Me
desperté a las dos de la mañana y me quedé dando vueltas, a las tres me levanté
me puse los tenis y salí a la calle a caminar. Cuando sueño con eso no vuelvo a
dormir por miedo a retomar el sueño en donde quedó.
Llevaba
media hora caminando y en una casa de dos pisos vi a un tipo gordo y despeinado
sentado frente a un computador. Seguro
que hago ruido y el tipo se asoma por la ventana pensé y así lo hice. En efecto
el tipo se asomó y me sonrió. Si no me hubiera sonreído fijo que me hago el
loco el que no había silbado y sigo caminando pero como sonrió entonces lo
saludé.
Le
dije que me daba miedo quedarme dormido y el tipo me dijo que algunos sueños
dan mucho temor. Me sonreí porque el tipo entendía, no me había preguntado por
qué. Hablamos a las tres de la mañana yo
en la calle y él en el segundo piso. Le pregunté que hacía y me dijo que
escribía cuentos sobre nombres para subir a un blog que leían unos cuantos
amigos pero que llevaba horas sin poder escribir nada, entonces le dije que
escribiera sobre mí y él me dijo que si me llamaba Anselmo sí y yo le dije que
no y él me preguntó mi nombre y yo le dije que no sabía, en ese momento me di
cuenta que no sabía cómo me llamaba, yo esa madrugada no me llamaba.
El
gordo asomado por la ventana se puso serio y pensé que me iba a dejar hablando
solo que se iba a entrar, yo seguro parecería un loco a esa hora solo en la
calle y sin nombre. El gordo me dijo que necesitaba un nombre porque así como
estaba un cuento sobre mí contaría eso que estaba pasando allí y finalizaría con
un despertar donde me acordaba de mi nombre y entendía que todo había sido
sueño. Me dio asco ese final, le dije al gordo que las historias que terminaban
así era mediocres eran historias que no se arriesgaban a perder o a ganar. El
gordo me dijo que si yo quería que escribiera un cuento sobre mí me hacía falta
un nombre y mejor si era Anselmo.
Le
pregunté al gordo cómo se llamaba y el tipo me dijo que después de las tres de
la mañana él no le decía su nombre real a ningún desconocido pero que como yo
no me llamaba Anselmo y él estaba necesitando un Anselmo pues que lo llamara
así para que me sintiera en confianza y yo le dije que para sentirme en
confianza necesitaba dejar de hablar con él así desde la calle y el gordo
Anselmo se rió y me dijo que ya me abría.
Sentados
en la sala seguimos hablando del cuento que Anselmo estaba escribiendo. Teniéndolo
cerca me di cuenta que era mucho más gordo de lo que parecía. Él se sentó en el
sofá sólo ahí le entraba cómodo el culo. Yo me senté en una silla de madera al
frente. La sala era modesta y sencilla muy parecida a la mía.
Que
más se le perdió a parte del nombre me preguntó el gordo y yo le dije que nada
más que sólo no sabía cómo me llamaba y Anselmo me dijo que sí estaba seguro de
tener verga y me cague del susto y antes de que el tipo terminara yo ya tenía
las dos manos en la bragueta buscándomelo y respiré tranquilo cuando lo sentí
ahí. Le dije que era un pendejo por preguntarme eso y él se rió y me dijo que
entre perder el nombre y perder la verga él prefería perder el nombre, es mejor
ser un anónimo que un tipo sin verga. Y ahí el que se rió fui yo. El gordo se
puso serio y quiso saber por qué me reía. Yo pensé en decirle que para qué
quería verga un gordo como él que los gordos no necesitaban verga para ser
buenos amigos y tampoco necesitan nombre porque los iban a llamar gordos pero
no le dije nada, estábamos en su casa y no nos conocíamos aunque sentí que el
tipo sabía lo que yo pensaba.
Le
pregunté a Anselmo que sí era normal en él abrir la puerta de su casa en la
madrugada a cualquier desconocido, usted es muy confiado. Me dijo que sí que no
podía desperdiciar oportunidades cuando estaba buscando historias y que de
pronto yo le daba un relato o le servía para uno. Yo soy confiado y todos somos confiados usted
también porque también se mete así como si nada la casa de un desconocido. Pero
yo sí conozco un tipo desconfiado muy desconfiado que no duerme no puede
quedarse dormido porque dice que uno tiene que confiar mucho en todo para
acostarse a dormir creyendo que se va a despertar, imagínese que uno no se
despierte, dice el tipo. Le dije que no
existe nadie así y el gordo me dijo que sí, que existe y es un personaje de un
cuento que él está escribiendo. Nos quedamos callados.
El
silencio entre los dos empezó a ser incomodo entonces le pregunté a Anselmo
desde cuando era escritor. El gordo me dijo que no era escritor, que lo único que
hacía era subir cosas a un blog. Si no es escritor entonces por qué tanta joda
con los relatos y las historias le dije. El tipo me dijo que escribía porque le
gustaba. No le dije nada porque no entendía pero tampoco quería molestar al
tipo en mi afán de entender. Entonces si no trabaja como escritor en que
trabaja. El gordo me dijo que engordaba por los otros que ese era su trabajo y
no dijo nada más. Me quedé mirándolo. Explíqueme, le dije. Desde hace unos años
recibo gente gorda en un consultorio y la escucho hablar y le digo que sólo
hace falta que deseen que yo engorde pon ellos para que así pase y listo no les
digo nada más y ellos pagan por eso. Yo me rió, y se lo creen le dije. Claro
que se lo creen me dijo el gordo además no cobró mucho y sigo gordo, cada vez
más, cuando vienen a reclamar yo les digo que me miren que yo estoy haciendo mi
parte. Le dije que era un estafador y el tipo me dijo que me estaba contando en
que consistía su trabajo que yo lo había preguntado.
No
supe si quería preguntarle algo más al tipo, me entraron ganas de irme. El tipo
me parecía un puto genio era un gordo que se aprovechaba de los gordos para
conseguir plata sin esforzarse. Me puse de pie y el dije que ya me iba y el
gordo me acompañó a la puerta. Entonces no me va a decir cómo se llama me dijo
y yo le dije que no. Pero lo de no saber cómo se llama es una mentira me dijo
el gordo y yo le dije que me parecía que el mentiroso era él. Le
voy a decir porque no podía dormir y el gordo me dijo que no quería saber, yo
ya tengo claro eso, me dijo, en mi cuento se va llamar Aldemar y no puede dormir
porque dos horas antes de acostarse por primera vez compró en internet pornografía infantil. Cerró la puerta y me dejó en la calle.
Jodeeer, me gustó mucho. Supongo que ya se imaginará por qué.
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