miércoles, 30 de agosto de 2023
Irse, quedando -56
martes, 29 de agosto de 2023
Irse, quedando -55
El primer libró que publiqué, tenía algunos cuentos, una docena, tal vez, como ya dije y es sabido por los que pudieron toparse con alguna copia, fueron muchas las fallas, faltó edición y eso que trabajé con una editorial, aunque en acuerdo de coedición, no está del todo mal el mecanismo, por lo menos esa es una manera fácil para que muchos bobos como yo cumplan el sueño de publicar, el problema con eso es que uno paga por el riesgo, es decir, la editorial no arriesga porque con a plata que uno pone ellos cubren sus gastos de producción y además se quedan con parte del tiraje, si venden o no los libros no importa, porque ya ganaron y tal vez por eso el resultado final este plagado de errores tontos, obvio si yo fuera menos ignorante ese primer libro hubiera salido mejor.
El caso es que yo regalé más de la mitad de las 100 copias que me tocaron a mí, no sé qué hicieron los de la editorial con los 100 de ellos, supongo que todavía están encartados y que de algún modo se avergüenzan de haber imprimido esa popo, porque en lugar de publicitarlo me da la impresión de que lo escondieron.
Con el segundo libro me fui por la autopublicación y le pagué a uno de esos señores que se dedican a corregir trabajos de grado para que me ayudara con la revisión, hubiera preferido tener a un editor que me hiciera rescribir capítulos, pero no me alcanzaba para eso.
La novela salió bien, menos errores por los que desear tener los ojos llenos de arena, por lo menos en lo correspondiente a ortografía. El problema es que tampoco conseguí que le gustará ni a mis más cercanos, así que las 100 copias imprimidas conseguí vender 20, con el segundo libro, que era a la vez mi primera novela, me di cuenta de que hasta regalarla era difícil.
Con esos dos estrellones contra la realidad habría tenido que reaccionar y abandonar el capricho de escribir para publicar, no hacían falta más señales para cualquier persona medianamente inteligente, una retirada conservando algo de dignidad que me permitiera concentrarme en mi trabajo, ya fuera hacer cualquier cosa por la que pagaran más que por asistir con resignación al colegio el resto de la vida a posar de modelo a seguir y adoctrinador solapado siempre listo para el faro y el puño en alto y el reclamo y la defensa de la educación pública. Podía ser una persona corriente que sueña con viajar y tener plata, lo de novelar y poner mi nombre en el libro era un asunto de la vanidad que yo podía trasladar a otro lugar. Pero como no soy tan inteligente, lo que hice fue escribir otra novela y embarcarme en la publicación de mi tercer libro, otra vez recurriendo a la autopublicación, pero esta vez con algo de lo aprendido en el pasado, opte por la preventa, iba a imprimir solo lo que pudiera vender, resultaba casi como vender un bono solidario o una rifa y para mi sorpresa eso funciona mejor y ya llevó 31 libros vendidos, espero llegar a los 50 para mandar a imprimir la primera tirada.
irse, quedando -54
Julia me contó que tiene novio.
Dijo muy claro cuando se marchó que ella no iba a comprometerse con nadie en ninguna parte, que ella ya no quería más desilusiones y que vivir sin compromisos era mejor.
Le dije que el sueño de toda mujer nacida en un país de economía podrida celebraba como un triunfo conseguirse un marido gringo o europeo. La teoría del neocolonialismo no aplica para la cuca, esa que la colonicen un emperador, si es posible.
Según Julia, yo me iba a morir ordinario y patán y que por eso no me salían buenos los cuentos o las novelas y que ella no sabía que hacía yo con todo lo que leía.
Como si leer novelas sirviera para algo.
Uno que otro dice que sí, que leer novelas y cuentos sirve para reflexionar sobre la condición humana y para empatizar y para mirar de otro modo la realidad y a mí me parece que todo eso es mentira y que leer novela sirve tanto como cuidar matas de esas de interior que ni dan flor y a uno le gustan por las hojas y porque son de uno.
Para mi sorpresa y como si Julia quisiera llevarme la contraría, me salió con que el novio no era ningún europeo, sino un venezolano.
Qué le vio de malo a los españoles, pues, fue lo primero que le pregunté a Julia, porque me parecía que desde las probabilidades, si uno estaba viviendo en España, la posibilidad de terminar metido con un español eran más.
Julia me explicó que lo de las probabilidades no aplicaba así, que para ella era distinto porque estaba trabajando en Puente de Vallecas y que el hostal la mayoría de sus compañeros eran latinos.
Acá también se hubiera podido conseguir un novio venezolano, fue lo que se me ocurrió decir y Julia me dijo que sí, pero que acá no quería estar más. No dije más.
lunes, 28 de agosto de 2023
Irse, quedando -53
Así como de las ciudades mucha gente se va para otros países, mucha gente quiere dejar la zona rural para llegar a las ciudades, eso es algo que me quedó claro cuando hice el trabajo de grado en la universidad.
Como cualquier mediocre que se gradúa de licenciado, lo que hice fue proponer un trabajo de investigación relacionado con la aplicación de nuevas herramientas pedagógicas en el aula, cualquier que lo quiera comprobar puede ir a la biblioteca de su universidad más cercana y preguntar por los trabajos de grado de los licenciados, todo hacemos el mismo, desde ahí dejamos claro que estamos por nada, si estuviéramos por algo hubiéramos hecho una ingeniería.
El caso es que me recorrí los colegios rurales como de tres municipios haciendo encuestas y entrevistas y desarrollando actividades variadas con los estudiantes de noveno, décimo y once, todo como trabajo de campo para poderme graduar.
Haciendo eso me di cuenta de que si esos pelaos tenía algún tipo de plan ese era irse. De cada cinco estudiantes con los que hablaba de los planes a futuro, cuatro me respondía que irse de esas fincas a trabajar en Bogotá o en Cali o en Medellín o en Tuluá si no se podía conseguir más, eso mientras les resultaba la oportunidad de cruzar el charco.
Uno que otro hablaba de estudiar, pero esa no era la prioridad, lo primero era irse de la finca, evitar las tareas agrícolas como opción de vida.
Antes mucha gente de la ciudad pegaba para las fincas en Chaqueta, Putumayo y Nariño a raspar hoja de coca, se iban seis meses y volvían con los bolsillos llenos, pero eso se acabó, ahora el monte no es una opción ni para los que lo habitan.
Irse sí, pero para una capital o para el extranjero. Oyendo a esos pelaos pensé en mí y supuse que sí, que si yo hubiera cumplido 17 o 18 años en la vereda en la que crecí seguro también hubiera considerado irme.
Irse, quedando -52
Salimos de la vereda del oriente de Caldas porque así lo decidieron mis padres. Pagaban muy poquito por una carga de café y los grupos armados con sus presiones, extorsiones y asesinatos terminaron definiendo nuestra partida.
Estando en Tuluá, yo quería estar volviendo de paseo cada seis meses a la vereda y al pueblo para visitar a la familia y a los amigos y rápidamente, tal vez en la tercera visita, me di cuenta de que no tenía sentido volver con esa frecuencia, que algo había cambiado, que ya y aunque yo quisiera no vivía allá, que la cotidianidad de ellos no era la mía. Mis amigos me parecían distintos y yo me sentía fuera de lugar.
Empecinarse en volver o mantener una cercanía con ese lugar abandonado hace parte del proceso, lidiar con eso es aceptar lentamente que el lugar que le pertenece a uno es ese en el que está.
Raúl me dijo que recién llegado a Europa volvió al radio y se dedicó solo a oír emisoras colombianas, en la casa y en el trabajo estaba con emisoras de acá y que muchas veces en las conversaciones con los locales se daba cuenta de que no estaba enterado de lo que le correspondía, no sabía ni a qué partido pertenecía el presidente del país en el que vivían o que estaban discutiendo en el congreso ni con quién se había acostado la cantante de moda y así de a poco fue abandonando a Colombia, aceptando que ya no vivía acá.
Todavía voy a Caldas y disfruto estar allá, pero me comporto como un turista, pasados más de veinte años la gente a la que veo ya no es la que recuerdo de mi niñez, muchos se fueron y otros aparecieron, mi familia me habla de algunos y ya hasta esa charla es incómoda porque me mencionan a gente de la que ya me olvidé. Todavía sé que soy de allá, pero también sé que ya no lo soy. Eso me resulta curioso y lo comentó como mi hermana que ahora será de una vereda en Caldas y será de Tuluá y será colombiana y también será un sudaca en una isla de Europa.
viernes, 25 de agosto de 2023
Irse, quedando -51
Hablar de los que se fueron es muy natural entre los que permanecemos en Tuluá. Por esa razón, los apegados, los que echamos raíces, los estancados, los resignados, los conformes, los de la zona de confort, los despojados de cualquier ambición, los cobardes, los conservadores, o para decirlo mejor, los quedados, siempre estamos al tanto de lo que va pasando con esos otros, los idos.
Es como si existiera una especie de red comunicativa que se extendiese a lo largo y ancho de este pueblo para mantener presente el nombre de tanto inmigrante.
Andrea ya compró camioneta, en Estados Unidos, dice una señora orgullosa. Pablo ya consiguió mujer por allá, una peruana, dice apenado el señor que esperaba tener una nuera europea. Jazmín ya está pagando su apartamento y el otro año espero y a conocerlo, dice un cuarentón con ínfulas que se siente mejor que el resto porque su hermana está en Montreux, Suiza.
Como muchos de los que hablamos de los que se fueron no hemos salido del país y solo sabemos del extranjero, lo que nos cuentan los que están por allá, es muy normal que también digamos cosas como las siguientes: acá está haciendo calor, pero no como allá en España, allá están dizque a 40 grados, me contó mi hermano. Acá está haciendo frío, pero no como en Nueva York, allá están a ocho grados bajo cero, imagínese, eso me dijo mi hija. Acá uno se demora mucho para ir de un lugar a otro, no como en Europa que se mueven en esos trenes rápidos, un amigo mío va de Francia a Alemania en esos trenes y es barato el pasaje. No es que acá no respetamos nada, acá no es como en Estados Unidos, allá no le puede uno hablar duro a un policía, mi hermano me contó que allá la cosa es hijueputa.
Y así los que nos quedamos nos las vamos dando de conocedores y expertos internacionalistas de a poquitos y pelamos con los otros porque allá no es así como él dice por qué es distinto porque a mí también me contaron hasta que aparece el que fue de vacaciones quince días y se gana todas las pelas porque como él fue entonces cree que sabe de lo que habla como si hubiera vivió allá una década o más.
También hablamos de lo que mandan los que están por fuera, plata o ropa y en esas se nos van los días también con la atención un poco acá y un poco allá como los que se van.
jueves, 24 de agosto de 2023
Irse, quedando -50
Rubén me dejó muy claro desde que escribí mi primer cuento que él era mi amigo y que todo bien conmigo, pero que él no me iba a leer, no le interesaba lo que yo pudiera escribir, estaba para leer lo necesario y prefería los libros de historia, para leer cuentos mejor se veía La rosa de Guadalupe, eso sí, mientras pudiera me iba a comprar cualquier libro que sacará, pero solo porque éramos amigos y todo bien conmigo.
Rúben me dijo que mejor no molestara a mis amigos con lo que escribía, usted no puede ir detrás de sus parceros o su familia con los borradores de esos cuentos pidiendo que los lean y le den opiniones, ninguno de los que lo quiere está para eso, compa, es que muchas veces no tenemos ni tiempo. Usted tiene que pensarse bien el cuento y cuando salgamos por ahí a tomar cerveza con los otros, entonces aprovecha y los cuenta, si usted nota que a la gente le gustan, que se ríe o se emocionan, entonces el cuento sirve y usted va y lo escribe, así no se hace coger pereza de nadie. Varios más pensaban eso, pero el único que lo dijo claro fue Rubén.
Uno de esos problemas de escribir es que hacen falta ese tipo de lectores, esos que se enfrentan al texto cuando está en proceso de construcción y sugieren, cuestionan, aclaran lo que hay. A mí me hacen falta porque después de que escriba algo puedo pasar por encima de la falla veinte veces y no la veo. Dicen que lo importante de escribir es releer y corregir, el problema es ver lo que puede ser un error, por lo regular son los otros los que lo ven con facilidad.
Como en algún momento me di cuenta de que no tenía quien me leyera, empecé a escribir novelas compuestas por capítulos muy cortos, buscando que esa brevedad le permitiera a los amigos que sí quisieran ayudarme con la lectura, llegar hasta en final de cada texto y compartirme sus opiniones, porque eso también pasó, lo que si querían leer no llegaban hasta el final, hecho que también me puso a pensar más en lo que escribía.
Así conseguir un par de cuentos muy fragmentados y una novela que todos los editores a los que les envíe el manuscrito me respondieron que no era un mal texto, tampoco uno bueno, pero sobre todo no era ni de cerca una novela.
Fragmentos 2
La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...
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—¡Podemos ser otros aquí! —gritó el hombre, mientras se despegaba de la baranda en la que había estado recostado. Dejó caer su prótesis de...
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Un día por completo perdido, podría decirse, en el encuentro de hoy, al que no sé si llamar asamblea y que fue en la calle, bloqueando el pa...