miércoles, 22 de marzo de 2023

Ocurrencia #35 - de 100

Mi extorsionista me llamó ayer para decirme que su vida tomará otros rumbos. Que la semana pasada mientras veía en la pantalla del televisor el duelo entre Pogacar y Vingegaard en la cuarta etapa de la Paris-Niza sintió que algo no estaba bien con él y necesitaba mayores retos. 

No es que monte en bicicleta y sea un deportista frustrado, no es eso, lo que pasó es que el comentarista de la carrera dijo que Vingegaard había pasado de pescador a campeón del Tour de Francia y eso hizo eco en el extorsionista. 

Espera que le cumpla con la cuota rapidito porque se va, en México lo esperan unos negocios que ya tiene hablados y si todo sale bien se posiciona y gana nombre, ya es hora de que sepan de él, no nació para vivir en el anonimato, él también está para podio. 

Que se se vaya no me preocupa, pero me parece un mal comienzo que en lugar de perdonarme la última cuota me ponga revolotear y sudar para completarle ese billete, se puede decir que eso sí que hambre sí tiene. 








martes, 21 de marzo de 2023

Ocurrencia #34 - de 100

La muerte ajena es mi entretenimiento favorito. Esas fotografías de muertos en accidentes de transito que llegan por los grupos de Telegram todas nítidas y sin censura en las que se puede ver el rostro de esa persona que estuvo viva y ahora es un costal de sangre y vísceras y huesos y ropa molida debajo de un fierro frío o incrustada en un poste, sin alegría, esas me gustan mucho y las veo mientras cago y mientras tomo café y mientras espero en la fila y mientras me habla cualquier guevon amigo mío, que a veces se ponen aburridos y dan hasta tiempo para que uno se informe un poquito. 

Tengo también mis medios de comunicación favoritos y mis periodistas estrellas, esos hombre hábiles y veloces que están ahí al lado del cuerpo casi que antes de caer al suelo, esos que corren con su cámara y trasmiten desde el lugar del asesinato sin saber ni como se llamaba el muerto, ni cuántas puñaladas o tiros le metieron, soy su fanático de ellos y me tomaría una fotografía con esos periodistas si me los encontrara en la calle, pero si me los encontrara muertos porque vivos para qué. 

Esos videos de masacrados sin recoger y esos videos de tipos que se inmolan que todavía se encuentran por ahí en internet y esas imágenes de esa gente que cae en esos combates de bandas criminales después de enfrentarse durante horas y quemar plomo a lo loco también me gustan mucho. Ni para qué hablar de las fotografías de mujeres asesinadas en sus casas por sus maridos o novios, de esas si que hay en hartas en Telegram. 

Yo he intentando entretenerme de otra manera, consumir otros contenidos, pero es que no lo consigo, yo probé con el evangelio y con las maticas de interior que venden en los viveros, también con los influenciadores que hablan de comida y con las criptomonedas y con la marihuana, pero no, nada, la satisfacción y el entretenimiento que a mí me generan las muertes de otros, las secciones judiciales de los noticieros, eso que llaman la crónica roja, eso no consigo remplazarlo con nada. Para mí no hay un héroe más grande que ese proporciona imágenes de muertos o me cuenta como fue que mataron a alguien, tanta gente buena que debería ser reconocida por su trabajo, es que esa página de Facebook que se dedica a mostrar muertos debería recibir premios internacionales, de verdad.  Qué haría uno de buen ciudadano sin poder enterar de que otros se muere, uno no podría ni trabajar ni estar feliz ni hacer nada.  







Ocurrencia #33 de 100

Gracias por su tiempo, señor periodista y aprovecho este minuto que usted tan amablemente me regala para informarles a todos los que están escuchando su noticiero a esta hora que las orejas de Micky Mouse con las que trabajo de noche chupando dedos de pies reventados y renegridos de tanto golpear balones en canchas sintéticas se me perdieron por el sector de la terminal de transportes el día de ayer. si alguien las encuentra puede traerlas acá a los estudios de la emisora, estoy entregando una generosa recompensa. Para mí es fundamental tener esas orejas porque hay mucho señor que no paga lo mismo si no tengo las orejas puestas. De nuevo muchas gracias al noticiero por abrirme el espacio para este servicio social, ustedes si definitivamente es que son la voz de los que no tenemos voz, muchas gracias. 







 

Ocurrencia #32 -de 100

Me tocó decirlo a mí porque el resto de los que saben la verdad sobre el mito de los velocimotos se ha ido yendo de la ciudad a engañar en otras partes. Salen de noche y fuman bareta porque les gusta, no tienen plan y no defienden ideas ni propuestas de orden, son gente libre que sólo quiere ir a ochenta kilómetros mínimo por las calles de su ciudad. No se dedican al crimen como dicen, no son el mal en dos llantas, no acaban con la paz ni trasnochan a las señoras a propósito, no compraron sus motos para eso. Ellos viven a toda velocidad, sin meta desafiando al miedo. Son la materialización de su tiempo, el orgullo de los ingenieros y diseñadores de esos motores. Los velocimotos no van a acabar con el mundo, no son satanistas, no sacrifican animales ni saben como armar una bomba. Los velocimotos no son el enemigo interno de este pueblo ni de ninguno. Los velocimotos solo son culpables de su libertad y su valentía y riesgo, los velocimotos se propagan y esa es la verdad, los velocimotos son cada vez más y eso amenaza a los señores del orden, el falso oreden, esa es la verdad. 








Ocurrencia #31 -de 100

El hombre más triste del mundo llegó a vivir en el oriente de Caldas, se compró una casita cerca al río La Miel, ahí más abajó de la vereda La Tebaida. Los vecinos no se percataron de la presencia del recién llegado hasta que empezaron las procesiones de visitantes de todas partes del mundo. Para el viejo de las canchas de tejo del pueblo, la presencia del hombre más triste del mundo en esas tierras le permitió por primera vez estrecharle la mano a un gordo alemán y a un vegano francés y hasta a una señora de Turquía que no hablaba nada de español. 

El hombre más triste del mundo dedicado a sembrar yuca y criar pescados en estanques artificiales que llenaban con agua que sacaba del río y que luego al río devolvía no se había propuesto convertir su finca en lugar de peregrinación, el negocio del turismo no le importaba, él sólo quería vivir allá, pero tampoco echó ni plantó, ni devolvió a nadie, si lo visitaban era por algo y a todos les dedicaba sus minutos. 

Las visitas eran cortas, el hombre más triste del mundo cruzaba un par de palabras con sus no invitados y luego atendía a otros o seguía con sus estanques y sus pescados. La mayoría de las veces hacía las dos cosas al tiempo. El propósito de los visitantes era demostrarle al hombre más triste del mundo que nadie podía ser el hombre más triste del mundo. 

El hombre más triste del mundo no contradecía, escuchaba sin interrumpir, atento. Todos los días el hombre más triste del mundo escuchaba historias tristes de gente que se negaba a estar triste, gente que le ponía ganas a la vida. Otros solo querían saber porque el hombre más triste del mundo era el hombre más triste del mundo y el hombre más triste del mundo se quitaba el sombrero y dejaba ver su cabeza calva y el tatuaje en la frente que decía "el hombre más triste del mundo" como si ese tatuaje que para ninguno de sus visitantes era un secreto pudiera responder esa pregunta. 

El hombre más triste del mundo se volvió viral y una figura reconocible en internet justo por haberse hecho ese tatuaje. Y esa era la pregunta más frecuente que sus visitantes le hacían, por qué se había tatuado esa frase en la frente. El hombre más triste del mundo entregaba a cada uno de los que preguntaba una respuesta diferente, existían cientos de versiones, una de ellas era que el hombre más triste del mundo llevaba más de veinte años intentando olvidarse de algo y no lo conseguía, una muchacha de ojos claros, decían, una mascota de la infancia, decían otros,  un abuso brutal, un crimen. No se sabía por que el hombre más triste del mundo era el hombre más triste del mundo, pero otra vez sabíamos en dónde vivía y lo seguiríamos visitando y comprándole pescado si hacía falta. 










lunes, 20 de marzo de 2023

Ocurrencia #30 de 100

El hombre es consciente de la fuerza que posee. Entendió hace tiempo que no es mucha. No se compara con la de otros hombres de su tamaño y edad. El hombre sabe también que en ese punto y lugar no importa si es poca, lo que de verdad importa es su disposición, debe dejar de mirar y actuar, debe aprovechar el sentido de la oportunidad. 

Se acerca al carro como lo han hecho otros y agarra la cuerda, se acomoda y empieza a jalar sin importarle que los tenis se hundan en el barro. Cuentan: uno dos y tres y jalan, cuentan: uno dos y tres y jalan. Mientras tanto en la parte trasera del carro otros empujan, algunas mujeres y niños y viejos esperan a un lado de la carretera. 

Con fuerza escasa el hombre sabe que su ayuda importa poco, pero no va a ser el único que llegue a ese pueblo con los zapatos limpios, no permitirá que la primera impresión que se lleven de él sea la de que es un flojo. 

El conductor acelera y dice que ya casi, que ya casi sale. Cuando por fin consiguen sacar al carro de ese paso malo todos vuelven a subirse para seguir el camino. 

En la plaza del pueblo el hombre observa como la gente se cambia los zapatos embarrados por zapatos limpios que llevaban en sus bolsos, alguien le dice que sí fue que nadie le informó que necesitaba zapatos de cambio. El hombre responde que no y le dicen los que lo oyen que muy mal, muy envolatado. El hombre tranquilo se aleja de la gente, una vez más lo consiguió, prefiere que crean de él que es un hombre envolatado y no un hombre sin fuerza. 








Ocurrencia #29 de 100

No se cuida una casa para prevenir el robo, eso es mentira, se cuida una casa para atestiguar el robo, para estar ahí y contar cómo fue, tener un relato, proporcionar un dato, entregar una pista. 

El que cuida la casa puede estar armado, puede estar dispuesto, puede ser resuelto, aguerrido, valiente, impertinente si es el caso y aún así sus posibilidades son reducidas si se comparan con las de los ladrones. 

Está el factor sorpresa que en la balanza de ventajas y desventajas le pesa más al que cuida la casa, pero también está la propuesta solidad de los ladrones de entrar al campo a jugar a la ofensiva, mientras tanto el que cuida juega a la defensiva y en caso de que no pierda terminará empatando y qué es un empate sino otra forma de perder, de quedar en las mismas o peor porque el que evita el robo si lo logra queda asustado y si iba armado de un momento a otro se pudo convertir en asesino. 

Tal vez por eso el cuidandero de casas va siendo remplazado poco a poco por un avanzado y costoso sistema de cámaras que como decíamos, puede garantizar un relato. Luego estamos los tipos con miedo, los que cerramos con tranca puertas y ventanas y rezamos el rosario, los pasmados cerramos que los ojos y al final ni testigos somos. 




Fragmentos 2

La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...