Cansado
de decirlo todo de la gente sin decir nada de él se fue antes de que una mujer
entrará al almacén queriendo comprarlo y
arrugarlo en el probador y luego dejarlo por no resaltar la figura, por
no quedar bien. El vestido sabe que es lindo sabe que puede robarse miles de
miradas en las fiestas y reuniones yendo solo y vacío. Antes de salir del
almacén el vestido se quitó el gancho del que estaba colgado y lo dejó, no
quería oír a la gente decir: mira ese gancho que buen gusto tiene. Ese vestido
le queda divino a ese gancho. El gancho no es la gran cosa pero con ese vestido
mejora mucho. El vestido levitaba por los pasillos del centro comercial lento y
distraído con las vitrinas, no llevaba zapatos para que no le dijeran que los
zapatos estaban hermosos, el vestido es ancho de la mitad hacía abajo y la tela
ligera se agitada con el viento igual que en la famosa imagen de Marilyn Monroe
donde ella evita con ambas manos que se levante del todo. El vestido no sabía
que era una imitación exacta de ese vestido usado por Marilyn Monroe, no sabía
que la gente al verlo iba a decir: mira el vestido de Marilyn, el vestido se
quedó esperando que alguien dijera: que vestido despampanante, que vestido
fabuloso. El vestido siguió recorriendo el centro comercial y en una de las
plazoletas de comidas un tipo tuiteó “el fantasma de Marilyn Monroe se pasea
por el centro comercial Nogales” acompañado de una foto del vestido que se hizo
viral y nadie habló del vestido y todos hablaron de Marilyn Monroe.
miércoles, 19 de julio de 2017
viernes, 14 de julio de 2017
Domingo
Oscar
pesca todos los domingos. Hoy se fue con Pedro y con Lucho dos vecinos de la
cuadra. Nunca hay pescados grandes en el río y sale más barato comprar filete
de bagre de mar en la pesquera pero a Oscar le gusta la pesca, le gusta el río,
el monte y más que todo no quedarse en la casa.
El
camino para bajar al río es estrecho pedregoso y de sombrío escaso. Aunque
Oscar lo conoce de memoria hoy el que se cae es él y no Pedro y no Lucho que
van por primera vez y caminan inseguros enclenques como si no hubieran puesto
nunca los pies fuera del pavimento. Oscar no se levanta, está inconsciente, la sangre
baja lenta por el rostro y le mancha la camiseta, tiene la frente abierta. Pedro
y Lucho están asustados. Lucho saca del morral una botella con agua y le moja
la cara al desmayado herido.
Oscar
abre los ojos se toca la frente y dice que se dio duro, está tranquilo como si
no le doliera. Pedro tiene el celular en la mano y le dice que intentó llamar a
la casa pero que nadie contestó y Oscar le dice que en la casa no hay nadie. No
hay a quién llamar. Carmen está con los niños en la finca de la hermana en
Barragán y Catalina salió anoche de fiesta y ahora está en una cantina de la
galería peleando con un par de hijueputas que acabaron con el poquito de perico
que le quedaba.
No
hace falta avisarle a nadie tampoco, es un rasguño no más, dice Oscar. Pedro mira
la herida y no le parece tan pequeña. Ahí le cogen por ahí ocho puntos, dice
Pedro, yo creo que es mejor irnos para un hospital. Lucho asiente con la
cabeza. Oscar está de pie y dice que no que bendito que él está bien y sostiene
en su mano un pañuelo que era blanco y ya no puede absorber una gota más de
sangre.
En
el hospital está Catalina, tiene fracturado un brazo y raspones en las piernas
y el hombro derecho, se cayó de una moto yendo para la casa. Cuando Pedro la
vio le dijo a lucho que con razón no contestaba. Oscar se volvió a desmayar
metros más abajo de donde se cayó. Lucho y Pedro lo cargaron entre los dos
hasta la carretera donde habían dejado el carro. El médico les dice que no se
tienen que preocupar porque aparte de la herida en la frente Oscar está bien,
los desmayos no tenían que ver con el golpe sino con los triglicéridos.
El
hospital es pequeño y Oscar y Catalina están esperando a que les den salida en
el mismo cuarto blanco amplio lleno de camillas separadas por cortinas azules. Oscar
quiere saber si Catalina ya le avisó a su mamá, Catalina le dice que no, que no
contesta. Oscar le dice que es mejor así, no hace falta dañarle el puente ni a
ella ni a los niños, ellos no tienen la culpa de la mamá que les tocó. Catalina
sabe que su papá no va a decir nada más, no va a preguntar qué pasó, sabe que
con esas palabras le dijo todo, sabe que no importa que esté fracturada y
aporreada, podría estar en coma y su papá la va a seguir mirando como la mamá
joven y soltera de dos niños pequeños, como la borracha que es y no como la
niña con la que pescaba años antes. Catalina baja la cabeza y se mira las
sandalias, tienen las correas reventadas.
Lucho
y Pedro le preguntan a Oscar que si van a esperar a Catalina y Oscar dice que
no que ella llega sola y sale del hospital pisando firme como si no le
hubieran cogido diez puntos en la frente y no tuviera una herida abierta en el interior.
lunes, 3 de julio de 2017
Co media
En
la época de la cerveza fría en tienda esquinera y los grupos de hombres buenos
empujando carros varados nació una exquisita forma de humor que fue olvidada y
sepultada entre tanta novedad y sonrisa sincera en fotografía de celular. La comedia Bernardista tiene como principal y se podría decir que único exponente
al humilde, trabajador y muy coqueto ebanista Bernardo DiCaprio cuyo apellido
real es Ramírez. Esa adopción de apellido ajeno de actor famoso y el abismo
existente entre su porte, figura, además de presencia y la del actor es una
característica fundamentales de su propuesta original e ingenua de hacer humor.
No
fue masiva la difusión del talento de Bernardo y sin embargo entre el gremio de
ebanistas tulueños es común oír algunos de sus más repetidos cuentos chimbos,
pero más importante que oír como los repiten es saber que los citan como si
estuvieran en la academia y se vieran obligados a cumplir con una bibliografía
rigurosa de investigación científica. También es frecuente ver cómo algunos son
desenmascarados en público (por lo regular personas ajenas a la ebanistería)
cuando comparten entre sus conocidos y amigos algunas palabras pertenecientes
al imaginario Bernardista como si fuera fruto del paupérrimo ingenio de ellos y
no una creación del maestro.
Además
de los chistes, comentarios sueltos y originales piropos el talento de Bernardo
se evidenciaba en toda su dimensión gracias a la capacidad que tenía para
identificar en las personas el humor y la gracia natural, la comedia más orgánica
según Bernardo que con ojo atento conseguía señalar con seguridad a las
personas que encarnaban la comedia. Hace falta que alguien viva sólo para ser
un chiste y ese alguien en la vida de Bernardo fue Willy el pintor de muebles
con el que trabajaba. La cotidianidad de Willy transcurría entre la tragedia,
el hambre y el cinismo extremo, características que devienen en carcajada
gracias a las observaciones de Bernardo.
Las
meteduras de pata de Willy enriquecían los apuntes de Bernardo, él sabía
sacarles provecho pero la ausencia de ellas no lo empobrecía y eso lo hacía aún
más grande, era capaz de convertir a un compañero de trabajo en el elemento principal
de sus chistes sin recurrir a la burla fofa o grosera y también prescindir de
él en cualquier momento como si pudiera asesinar a la encarnación de la comedía
sin que el mundo perdiera nada, convencido de que no dejaría de reír.
La
universidad de Tuluá después de 10 años de la muerte de Bernardo publica una
completa investigación dedicada a la tradicional comedia de ebanistas espacio
en el que se conserva viva y saludable el legado de la comedia Bernardista. En el
libro se puede encontrar una entrevista de largo aliento con Willy. También una
selección de sus mejores cuentos chimbos a cargo del escritor David Senna que
después de varios años dedicado a liderar el movimiento mundial contra la
morcilla regresa a la academia deseoso de conseguir algunos pesos.
Bernardo
contaba que una vez había comprado una tilapia de más de medio metro que le recordó
a una exnovia de uno de sus hermanos que le caía bien se encariño con ella y la conservó como mascota, la enseñó a andar por toda la casa, por la sala, la
cocina, por los cuartos y hasta al taller iba, él la acostumbro moverse por
toda la casa y un día una hermana que vino a visitarlo vio a la tilapia que se
llamaba Dalila viendo televisión en la casa se asustó y la echó al tanque del
lavadero y la tilapia Dalila se ahogó, es que yo le enseñe a andar por la casa
pero nunca le enseñe a nadar yo creí que ya sabía, decía Bernardo. En la
presentación de la selección realizada por David Senna él asegura que las historias
de animales con nombres bíblicos son las mejores de Bernardo.
Para
ser consecuentes con la comedia Bernardista o así lo han interpretado los
ebanistas la universidad de Tuluá decidió publicar la investigación en un
pequeño evento al que ningún ebanista fue invitado, además ninguno recibió el
libro porque el libro no se consigue en ninguna biblioteca y menos en la
universidad. En los talleres todos imaginan los chistes que hubiera hecho
Bernardo sobre un libro dedicado a él que no existe.
viernes, 30 de junio de 2017
Parejas
Hace
dos meses que salir a la calle es un reto a la creatividad y una puesta en
escena para la rutina más adecuada y verosímil. En el trabajo me preguntaron por
Simón querían saber qué había pasado con él y les dije que se había ido de
vacaciones. Pasados los quince días de las supuestas vacaciones dije que sus
días de turista lo habían dejado enfermo, tiene una gripa despreciable, ni se
levanta de la cama, le dieron unos días de incapacidad y pasada esa incapacidad
no supe qué más decir.
Para
cortar con ese falso interés de los compañeros confianzudos que exigen
respuestas verdaderas o por lo menos creíbles les dije que había renunciado.
Según me contó la oferta que le hicieron era imposible de despreciar y no es tanto
por la diferencia de salario que claro que es notable sino por el tiempo, tiene
más tiempo libre o mejor tiene tiempo libre. Entre la gente no falta el que
pregunta más que los otros y en este caso no hubo excepción así que a ese y a
todos los que estaban con nosotros a la hora del almuerzo les dije que no
recordaba el nombre de la empresa que lo había contratado y que dejaran de
preguntarme a mí, que si querían el chisme completo llamaran Simón que para eso
existían los celulares. Lo habían llamado muchas veces pero no respondía,
seguro había cambiado de número. Estaban en lo cierto, hacía dos meses que
Simón había cambiado de número y cuando lo hizo me pidió el favor y fue muy
enfático, no quería que le diera su número a nadie, pero como yo ya estaba aburrido de hablar por él como si fuera su relacionista público o algo parecido les di a
todos los que estaban ahí el número nuevo.
Simón
está furioso. El celular se va reventar con tantas llamadas perdidas, me dice
que respondió la primera, que era González y tuvo que hablar con él cinco
minutos, me dijo que usted les dio el número a todos en la oficina. Siguieron
llamando pero no necesitó mirar el aparato porque ya sabía de donde lo llamaban.
Para evitar las preguntas de González el que se dedicó a preguntar fue él. ¿Cómo
va la campaña del nuevo candidato? ¿Qué cómo así que se casaba la hija mayor?
¿Cómo le salió la moto eléctrica esa que compró? Le dijo a González que yo lo
mantenía muy informado de lo que pasaba en la oficina con todos. Que lo negaba
todo el tiempo pero la verdad era que me gustaba mucho el chisme.
Como era de
esperarse el hijueputa de González estuvo
de acuerdo con Simón. Que claro que chisme que no me sepa yo no existe y luego
el dicho de siempre: si no ha pasado me lo invento. Cómo si no estuviera él
inventando logros y más logros para el fiasco de candidato con el que trabaja,
un tipo que no puede señalar una sola gestión suya ni en lo público ni en lo
privado porque no ha hecho otra cosa que gastarse la plata de la mujer y en
caso de ganar las elecciones tampoco va hacer nada distinto porque no está sino
para obedecer a la mujer.
Estoy
mamado de la gente en la oficina preguntando por usted, me aburrí de estarlo
cubriendo me aburrí de su actitud, tanta indecisión, tanta joda y melindre. Le
iba a decir otras cuantas cosas pero en ese momento apareció Odín ladrando
desesperado y mordiéndome los pies con esos ojos vidriosos y saltones como si
se le fueran a salir de hacer fuerza para aguantar. Le iba a decir que yo no
era ningún chismoso como decía él. En casi dos meses lo más fácil hubiera sido
decir en la oficina, en la tienda, en la casa de mi mamá, en el billar y a
todos lo que me preguntaran por él qué era lo que lo tenía encerrado y lejos de
la gente, decirles qué era lo que pasaba. Pero no dije nada, él quería esperar un poco, quería sentirse confiado para volver a salir, quería
mirarse en el espejo y reconocerse así y yo estuve de acuerdo, que como él
quisiera. Pero no le dije nada porque lo urgente era el perro.
¿Simón
hace cuanto que está el perro que se caga y usted no ha sido capaz ni de
sacarlo a la calle? Simón no es ningún pendejo él sabe que si se emputa yo me
emputo el doble y me dice en tono conciliador que le da miedo salir que yo sé
que a él le da miedo. Si le iba a dar miedo lucir ese par de tetas entonces
dígame para qué hijueputas se las hizo poner, debe ser el primero que se pone
tetas y se queda en la casa escondido, es que tras de marica miedoso.
Va
llorar va llorar pero no quiere y se hace el fuerte, aprieta los dientes y se
pasa el dedo anular de la mano derecha con mucha delicadeza bajo los ojos como
si le diera susto quitarse el maquillaje, maquillaje que no tiene, me mira sin
decir nada. Abro la puerta y me voy al parque con Odín y mientras espero a que
termine de hacer lo suyo me repito en la cabeza que debí decirle otra cosa a
simón. Primero se quita las tetas que olvidarse de lo que le dije.
lunes, 26 de junio de 2017
Tarea
La
pelota golpea contra la pared una y otra vez, el sonido continuo tiene sus
agudos y sus graves pero la musicalidad es lo de menos, lo importante es la
patada, la manera en que el pie y la pelota se encuentran la una con el otro;
es la perfección de ese toque la causa de la sonrisa en el rostro de Santiago cuando
juega. Elisa grita desde la cocina, le
ha dicho mil veces que no juegue con ese balón en la sala, que va quebrar los
vidrios. Sí señora, dice Santiago y un momento después le pega de nuevo a
la pelota y grita gol de Cristiano Ronaldo aunque él no sea Ronaldo. Elisa
vuelve a gritar, que no juegue con ese balón en la sala y Santiago corre a la
cocina con la pelota bajo el brazo, qué si puede salir a jugar en la calle y Elisa
le dice que no, no puede. Santiago vuelve a la sala y la pelota vuelve a pegar
contra la pared una y otra vez. Es que no tiene tareas para hacer. Santiago
responde que sí pero que no las puede hacer solo porque la profe dijo que era
con ayuda de papá y mamá. Todo es con ayuda de papá y mamá murmura Elisa en la
cocina con cierto fastidio en la voz.
Santiago
va a la cocina con el morral, saca el cuaderno de la tarea y se lo entrega a
Elisa que se seca las manos antes de recibirlo, lo abre y lee la nota. Pero
para qué los ponen hacer esto dice con desagrado, esa profesora será que no
tiene nada mejor que hacer que estar averiguando la vida de los demás. Santiago
no sabe que la mamá no necesita una respuesta y le dice que él no sabe. Elisa
le devuelve el cuaderno, ahora cuando venga su papá de trabajar la hacemos
juntos. Santiago vuelve a la sala pero ya no juega más con la pelota, riega los
colores en el piso y pinta en una cartilla dibujos de peces.
Bueno
y qué le vamos a decir al niño, que lo hicimos detrás de una puerta en la casa
de mis papás con mucho afán y susto y que aunque mi suegra no crea esa fue la
primera vez y sí usamos condón pero nadie puede contra la fertilidad porque la
naturaleza es así. Ay amor cómo le vamos a decir eso, pues obvio hay que
decirle que nos conocimos y nos enamoramos y nos amamos y estamos felices de
que sea nuestro hijo, dijo Elisa. Esa profesora cree que uno no trabaja, que
uno no llega cansado a la casa, con qué ganas va a uno hacer tareas maricas,
dijo Carlos. ¿Habla por usted o habla por los dos? porque yo también trabajo,
también anochezco cansada, dijo Elisa. Carlos la miró fatigado y con voz fría
le dijo que hablaba por los dos.
Elisa
llevó los platos a la mesa, Santiago a comer, amor a comer, dijo Elisa. Carlos
le subió el volumen al televisor para oír el noticiero desde el comedor. El niño
le da vueltas a la sopa con la cuchara, Carlos y Elisa comen animados, más ella
que él.
Santiago
dice que en el entreno hizo dos goles y Carlos le sonríe, muy bien, tiene que
seguir así portándose bien en el entreno y hacerle caso al profe. Si se pone de
rebelde como la semana pasada no lo vuelvo a llevar dice Elisa. Es que la
semana pasada el profe nos hizo correr mucho, un poco de vueltas a la cancha y
ni nos dejó jugar casi, dice Santiago. Así tiene que ser, los jugadores de
verdad entrenan todos los días, dijo Carlos y coma pues vea que ni a probado la
comida, si no come cómo va a meter goles. Elisa le dice que se lo tiene que
comer todo y sin demora para que se pongan hacer las tareas.
Carlos
habla primero. La mamá no podía tener novio, su abuelito no la dejaba que
porque era muy niña, a mí me tocó ir pedirle permiso a decirle que ella me
gustaba y que yo estaba recién graduado del colegio y que estaba trabajando y
estudiando en la universidad que iba en primer semestre y bueno no me acuerdo
muy bien de todo lo que dije pero me acuerdo muy bien del susto que tenía. Su
abuelito no hablaba, ni me miraba tampoco, parecía como si no estuviera ahí y
cuando terminé de hablar me dijo que a él no le parecía que Elisa tuviera
novio, que ni siquiera había salido del colegio y que ya se iba poner a
enredarse la vida. Yo ahí creí que me iba a decir que no, pero luego me dijo
que él había hablado con su abuelita y aunque no le parecía con ella habían
acordado que le iban a dar permiso pero que no quería verme en la casa sino los
fines de semana y yo le dije que bueno y me fui muy contento.
Santiago
escuchaba al papá mientras dibuja en el cuaderno detalles de lo que le iba
diciendo, Elisa a su lado intentaba ayudarlo pero el niño se resistía, porque
yo puedo solito mami, la profe dijo que los dibujos tienen que hacerlos los
niños no papá y mamá.
Santiago
interrumpió a Carlos y le preguntó a la mamá porque el abuelito no la dejaba
tener novio. Elisa le dice que ella tenía catorce años cuando conoció al papá y
que el abuelito pensaban que era mejor
conseguir novio después de los veinte así como había hecho ellos cuando eran
jóvenes. Yo tengo una novia en la escuela se llama valentina y está en segundo
y como yo estoy en primero nos vemos en el recreo y ella me comparte la
lonchera y yo no he tenido que ir a pedirle permiso al papá, pero le dije a la
mamá que dejara venir a valentina a jugar a mí casa.
Carlos
y Elisa se divierten con lo que dice el niño. Carlos quiere saber por qué una
niña de segundo y no una niña que esté en primero como él y Santiago le dice
que Valentina ya sabe leer y que tiene una cartilla donde lee adivinanzas que
son muy chistosas y que a él le gustan las adivinanzas.
Elisa
continua donde había quedado Carlos, el papá iba a la casa todos los sábados y
nos sentábamos en la sala hablar y la abuelita se quedaba con nosotros y nos
cuidaba. Siempre estaba ahí pendiente a toda hora dice Carlos. Y ni así, dice
Elisa con cierto aire de culpa en su voz. Carlos le dice que hay cositas que no
se pueden cuidar y se acomoda cínico en la silla.
Santiago
les pregunta que cuando van a llegar a cuando se casan, que él quiere dibujar a
la mamá con vestido blanco así como Luis dibujo a la mamá de él. Elisa mira a
Carlos y en su rostro se confunde una sorpresa ingenua con una angustiosa incomodidad,
él sonríe burlón como si disfrutara la situación pero más la reacción de Elisa.
Allá
no vamos a llegar porque nosotros no nos hemos casado todavía, se apresura a
responder Carlos. La afirmación tranquilizó a Elisa que parecía esperar o mejor
deseaba que fuera Carlos el que hablara. Al mismo tiempo es Santiago quien parece asombrado. La profe dijo que los novios se casan y luego tiene hijos y
que así es como se forma la familia, dice Santiago. La profe habla de lo que no
sabe Santi, hay un montón de familias distintas así como hay un montón de
equipos y de jugadores y un montón de súper héroes con poderes distintos.
Santiago dice que el mejor es Cristiano Ronaldo y Batman. Carlos se ríe y le
dice que el hombre araña también es muy bueno. Elisa los mira confundida como
si no supiera de lo que hablan, parece dudar de Carlos y el punto al que quiere
llegar. A veces las parejas de novios se van a vivir juntas antes de casarse para
saber si se entienden porque no es fácil formar un hogar, dice Elisa con tono
ceremonial. Lo bueno es que cuando nos casemos usted va a estar ahí viendo como
pasa, le dice Carlos, así como estuvo en el grado de su mamá. Elisa mira Carlos
con ojos acusadores, como si le molestara que hubiera dicho eso.
Santiago
le dice al papá que si un grado así como cuando él se graduó del jardín y
Carlos le dice que sí, que es más o menos parecido sino que el grado de la mamá
fue del colegio y Carlos le dice a Elisa que le muestre las fotos al niño y
ella indecisa va a su cuarto a buscar el álbum de fotos que pagó su mamá, está
guardado en la mesa de noche. Elisa saca el álbum y ve unas películas porno de
Carlos que estaban bajo el álbum las saca y las guarda en la primera gaveta del
armario, está cansada de decirle a Carlos que guarde eso en otra parte donde no
las vaya a encontrar el niño porque si la encuentra y empieza a preguntar no va
a ser ella la que le explique de qué se tratan.
Santiago
deja el cuaderno a un lado y pasa las hojas del álbum, mira las fotos con
cuidado y pregunta por las personas que aparecen en ellas, Elisa le dice que
son compañeros de colegio que se graduaron el mismo año que ella y otros que se
graduaron después, también hay profesores y amigos que se fueron a estudiar en
universidades de otras ciudades. En ninguna de las fotografías del álbum
aparece el abuelito y Santiago lo nota curioso y pregunta angustiado por qué el
abuelito no había ido. Elisa le dice que el abuelo estaba enfermo ese día. La
enfermedad le duró como un año o más dice Carlos. Pero el abuelito ya no está
enfermo dice Santiago. No mi amor ya no, gracias a Dios no se volvió a enfermar
de eso. El remedio del abuelito fue verlo a usted aprender a caminar, dice
Carlos, Fue como una vacuna, del mismo virus que lo enfermó salió la cura. Un
día su abuelito le va contar cómo fue, dice Elisa y Carlos dice que él no cree.
Santiago
le dice a la mamá que le alcance el color azul oscuro y Elisa se lo entrega y
le pregunta qué va dibujar y el niño le dice que la foto del grado donde están
todos y que al abuelito también hay que dibujarlo.
Carlos
se va a ver los deportes del noticiero y Elisa lava los platos en la cocina,
Santiago sigue haciendo la tarea. Le dice a la mamá que el vestido de grado y
el vestido de matrimonio se parecen porque son largos. Elisa le dice que el
vestido de grado se llama Toga. El niño sigue dibujando y Elisa le dice que se
apure que ya casi es hora de irse a dormir. Elisa se sienta en la sala y
después de un rato mirando el televisor sin hablar Carlos dice que sus papás
nunca le ayudaron con las tareas. Elisa dice que a ella tampoco aunque antes no
ponían tareas en las que hubiera que preguntar eso. Carlos le dice que fue más planeado
el 5-0 de Colombia con Argentina que el nacimiento de él y Elisa se ríe, él
también lo hace.
martes, 13 de junio de 2017
Una mula roja
Destapó
la coca plástica y olió la mazamorra, empezaba avinagrarse, no había nada más
en la nevera y tenía hambre. Abrió la llave del grifo dejó caer el agua sobre
la mazamorra que después de un momento pasó a ser un puñado de maíz descolorido
y blando, le puso leche y se sentó a comer. Observó con cuidado, como cada que
se sentaba en el comedor el cuadro grande de una tractomula roja transitando por
una carretera amplia y solitaria. Lo había comprado su tío para adornar un bar
que se quebró a los dos meses de abierto. El tío le regaló el cuadro, para que
se acuerde que tener un bar no es tan fácil como parece. Él lo guardó bajo la
cama y sólo lo colgó un días después de que el tío muriera. Parecía seguro de
la visita del tío y era mejor que viera el cuadro colgado. Cómo explicarle que
no le gustaban las tractomulas en caso de que preguntara dónde estaba. El
tío no vino aunque podía venir en cualquier momento y por eso el cuadro seguía
colgado frente a la mesa.
Antes
de acostarse lavó la coca y la dejo al lado del lavaplatos, cerró las ventanas
y se echó sobre la cama sin desvestirla sin desvestirse y se respondió en voz
alta que no sabía por qué y no sabía por qué no sabía. Hacía calor en el cuarto
y en el resto de la casa pero no podía abrir las ventanas, no era fiable
dejarlas abiertas. Se había dado cuenta de eso apenas dos días atrás cuando
entraron a su cuarto sin importar que viviera en un tercer piso y se
llevaron el celular que estaba cargando
en la mesa de noche sobre un ejemplar de Moby Dick editado por Valdemar. Entendía
que se robaran el celular pero cómo putas no se había llevado el libro que
seguro valía más. Lo despertó un golpe en la ventana y cuando estiró la mano hasta
la mesa para mirar la hora el celular no estaba. Se habían metido a su cuarto,
habían caminado a su lado dando pasos delicados, lo habían visto dormir. Cómo
hacían eso, cómo violan lo único que tenía, su intimidad, se suponía que el
barrio era seguro. Había dicho eso y más mientras caminaba por el cuarto como
buscando un rastro o una prueba de algo, miraba por la ventana y volvía a
caminar por el cuarto repitiendo las mismas palabras.
Se
sumó a la fila con una carpeta gris en una mano y el libro de Moby Dick en la
otra, eran pocos y estaban en silencio, avanzaban con prisa, sus rostros
inexpresivos se reflejaban en el piso blanco impecable y en los cristales sin
mancha tras los que se escondían los encargados de atención al cliente. Expuso
su situación con un par de palabras inclinándose un poco para estar a la altura
de la ventanilla, entregó los documentos y poco después se encontró en una
oficina con un supervisor.
Con
una voz chillona el supervisor le decía que no podían devolver el dinero del
depósito, él era el único responsable de la pérdida, era quien había dejado
abiertas las ventanas. Todas las casas estaban equipada con modernos
ventiladores, el calor no era una excusa. Le dijo que no podía dormir si había
un ventilador encendido en el cuarto, el puro hecho de saber que las aspas se
estaban moviendo lo desvelaba. La última vez que encendió el ventilador se tuvo
que levantar a vomitar porque no pudo sacarse de la cabeza y de la barriga esa
sensación de giro continuo de las aspas.
El
supervisor sin despegar los ojos del computador quiso saber quién más tenía
acceso a ese espacio y él le respondió que estaba solo. A veces algunos
clientes recibían visitas inesperadas del otro lado, lo dijo con un tono de
incredulidad y desprecio por la paranoia mostrada por el cliente que denunciaba
un robo donde no había ladrones. No era posible que lo visitaran estaba solo de
este lado y del otro también ¿si hubiera alguien allí usted cree que yo pagaría
para estar acá comiendo cosas vinagres todas las noches? El supervisor se movió
un poco incómodo en su silla, se apartó del computador y mirando directamente
al cliente le dijo que respetaba su privacidad y por eso no era de su incumbencia
y tampoco de la empresa saber porqué había decidido él residir en ese espacio.
Ellos prestaban sus servicios partiendo de las elecciones de los clientes.
Entonces el celular se va quedar perdido, preguntó él. La respuesta del
supervisor fue afirmativa y agregó que de todos modos allí los celulares eran
inútiles. Él le dijo que no era por las llamadas sino por el despertador. El
supervisor abrió la primera gaveta de su escritorio y sacó un reloj despertador
con el nombre de la empresa y se lo entregó, diciéndole que lamentaba no poder
ayudarlo más. El supervisor se levantó de la silla se organizó el saco con una
mano y con la otra señaló la puerta de salida, le dijo que esa era una hermosa edición de esa
novela. Quiso sonreírle pero no ocurrió, salió de la oficina, lento, apretando
el libro.
Miró
el cuadro mientras se tomaba un tinto que no sabía bien. Llevaba un par de años
yendo de un lado al otro y aún no entendía lo que pasaba con los sabores de los
alimentos, o era su paladar o era la comida. La tractomula roja le había
gustado al tío porque iba llena de cualquier cosa, eso decía cuando la miraba,
usted puede echar el cuento que quiera con esa mula, puede llevar carne de
marrano o lápices de punta gruesa, puede estar cargada de pantalones de pana o
llena de muchachas rusas como en las películas de acción americanas, mientras
esté así cerrada puede llevar lo que sea. Él con el pocillo de tinto en la mano
creía que la mula iba cargada de bultos llenos de café sembrado entre naranjos
en una tierra fría.
Llevó
el pocillo a la cocina y mientras lo lavaba sintió sonar el celular, fue al
cuarto pero no estaba, tampoco estaba en la sala ni en la cocina, seguía
sonando y él lo seguía buscando sin verlo, volvió a mirar el cuadro con cuidado
como si estuviera viendo el celular ahí. Volvió
la cocina y abrió la nevera como por no dejar y ahí estaba el celular,
no habían llamadas perdidas, lo que sonaba era la alarma del despertador 7.37pm
hora de la muerte del tío. El tío, dijo y volvió a mirar el cuadro, lo descolgó y lo dejó
sobre la mesa.
lunes, 5 de junio de 2017
Gaseosa fría
Se
murió un sobrino de Conrado Jiménez, hijo de Elías Jiménez el que vive abajo en
Barreto. Dizque estaba jugando futbol en la cancha de la escuela el viernes por
la tarde después de salir de trabajar, terminó el partido y se fue para la
tienda de doña Cielo que está ahí al lado y se tomó una gaseosa helada y listo
ahí quedó el tipo, no se volvió a mover, dijo él. Otro muerto más para nutrir
el mito. Ningún mito, es que eso es positivo no es el primero que yo he visto
que se muere así, o bueno no que lo haya visto porque yo no he visto a ninguno,
lo que quiero decir es que no es el primer caso del que me entero, eso es
peligroso, cómo no va ser peligrosos que uno esté agitado con la sangre
caliente y corriendo a mil por el cuerpo y llegarle algo así bien frío, ahí
mismo se para el mango. Ya me imagino a todo el mundo comentando eso después de
cada partido.
Cuál
de los hijos de Elías sería, preguntó ella. Pues si no me echaron mal el cuento
fue Alfredo, dizque lo entierran mañana. Ese fue yerno de Carlos García cierto
que sí, dijo ella. Sí señora ese mismo, el que estuvo administrando la finca de
Ramón Aristizábal por allá en el río.
Bueno
y como es que hacen pues ustedes dos para saber el nombre de toda esa gente,
hace cuanto que ni los ven y vea eso, nombres apellidos y todo. Yo llevo cinco
semestres estudiando con gente que ni sé cómo se apellida. Es que uno toda la
vida de por allá cómo no va saber quién es la gente, además ni que fueran
muchos como aquí que viven millones, por allá son cincuenta o cien personas en
un caserío y los mismo siempre, dijo él. También es que tiene buena memoria,
eso o que la mía es muy mala.
Hay
unas muertes que no se dejan ni contar, que cosa tan berraca. Imagínense a los
hijos del señor ese cuando les pregunten: ¿de qué murió su papá? y ellos, no
pues de tomar gaseosa fría estado muy acalorado. Es que eso no es serio, o la
gente diciendo allá viene la viuda que pecao, a ella no se le puede ofrecer sino
tinto o chocolate caliente no le vaya a brindar jugo o aguapanela fría que de
pronto la pone a pensar en el difunto. No pues es que pónganse a pensar ustedes
que Jesús se hubiera muerto de lo mismo, de tomar agua fría después de una
caminata larga por el desierto. No, es que ahí hubiera quedado enterrada la
historia, adiós iglesia católica. Una cosa es que uno diga no pues a él lo
crucificaron, eso ya tiene peso hay todo un relato, una odisea. Pero morirse así como ese señor si es una
pendejada. Hay gente a la que le tocan muertes muy chimbas, uno por allá en ese
monte debería morir de viejo, o no sé tumbado por un caballo, embestido por una
vaca, rodado, o del susto después de ver un duende, o en una pelea, morir a
machetazos en riñas de puteadero eso sí se deja contar.
Oigan
el otro tan bobo y quién dijo pues que la muerte de la gente tiene que servir
para contar historias, usted si es verdad que esa miradera de películas lo está
aguevando y ponerse a hablar de Jesús viendo que usted sabe que a ella no le
gusta que hable de Jesús así porque eso es pecado, dijo él. Que pena con los
dos, no quería ser grosero. De todos modos nosotros ya sabemos que usted es
así, uno se acostumbra a mí hasta por eso es que me cae bien, pero si le hace falta salir de la ciudad de vez en cuando, dijo ella. Por
eso es también que le cae mal a todo el mundo porque no piensa para hablar,
dijo él.
Pero
bueno para que usted no ande así preocupado por viudas o por huérfanos, el
muchacho que se murió no tenía hijos y ya estaba separado, a esta hora lo debe
estar llorando la familia, el papá, la mamá y los hermanos que son como ocho y
pues yo no sé si ellos están tan preocupados como usted por la falta de dramatismo
de la muerte, dijo él. Usted que va saber si no ha hablado con ellos, no dirán
nada ahora de aburridos pero espere y verá en un par de años se van a
sorprender en la noche tomando tinto y viendo luciérnagas diciendo cosas como:
uno que va a creer que se va morir por tomarse una gaseosa fría. Y lo van a
decir con ese tono como de lastima en la voz, como si no estuvieran conformes
con ese final, como si creyeran que ni siquiera de morir bien hubiera sido
capaz. Pero cuenten qué pasó, no pues que era el yerno de alguien.
Yerno
de Carlos García pero eso fue hace siete u ocho años, nosotros vivíamos por
allá todavía, Erika lo dejó dizque porque él no sabía culiar o eso fue lo que
dijeron que dijo ella, yo no sé, pero demás que sí porque esa muchacha resultó
bien arrebatada, dijo ella. En serio, no puede ser, cómo carajos se nos murió
ese Alfredo sin que yo lo hubiera conocido, cómo así que antes de que el tipo
fuera reducido al ridículo suceso de morir por tomar gaseosa fría acalorado el
tipo ya estaba reducido a mal culiador, con un tipo de esos me saco foto y le
pido autógrafo.
Lo
que dicen es que ella se volvió para la casa y le dijo a Rosa que ella no
quería vivir más con Alfredo que él no sabía culiar que se subía y ahí mismo se
bajaba que eso no pagaba ni la untada. Yo sé porque ese cuento se regó por allá
por todas partes hasta el mismo Elías decía que era muy raro que un hijo le
hubiera salido malo pal huevo viendo lo bueno que era él pa eso, y no lo digo
yo, lo dicen todas las mozas que he tenido y lo diría mi mujer también si le
preguntaran, es que de todos modos si el Alfredo salió malo pa culiar ahí sí no
hay de que culpar a la muchacha por qué diga usted uno con qué autoridad va a
tratar a una mujer a la que no monta bien, es que eso es lo primero que uno
tiene que hacer, hay que saberla montar, dejarla contenta y luego dejar
contentas a otras, porque de todos modos uno tiene que ser amplio con lo que
tiene. Aunque eso sí, a mí una vieja me sale con que no sé culiar y le sobra es
rejo el que se coma, pa que aprenda a respetar. Al marica del Alfredo le
faltaron fue huevas también. Yo mismo escuché a Elías decir eso una vez que estábamos tomando en una cantina por allá en el pueblo, Dijo él y ella lo miró y
le dijo que le creía porque como para emborracharse y aparecer el miércoles por
la tarde a la casa sin carne y con el mercado a medias si era bien bueno. Esperen
pero no se vayan a sacar los trapos al sol ahorita, terminemos el tema mejor y
luego cuando me vaya si solucionan ustedes esos inconvenientes, aunque ya no
importan, ya pasaron.
Oiga
pero lo que no sabía el Elías cuando se ponía a hablar del hijo cada que se
emborrachaba era que Erika la nuera no era ninguna tonta y buscaba quien la
contentara, aunque tampoco se demoró mucho para saber porque ese fue el otro
cuento dizque allá en la finca que administraban en el río el cuarto donde
dormían los trabajadores estaba en uno bajos y que por las noches Erika se
quitaba la ropa y bajaba y se le metía en la cama a uno de tantos, dizque se
comió a más de uno allá y luego para no arriesgarse mucho los esperaba en la
bodega donde guardaban el café, pero eso sí que ella no se metió con ninguno
pues así enserio, se los comía no más, eso dizque la veía entrar a la bodega
después de las siete u ocho de la noche y que ahí mismo al que primero entrará a la bodega. Y como esa finca era tan grande el Alfredo ni se daba cuenta
volteando por ahí con tanto que hacer, dijo ella.
En
el pueblo jodian mucho los domingos cuando uno subía a vender el café y estaban
los jornaleros por ahí buscando cuadre, eso todos buscando a Alfredo a ver si él
necesitaba trabajadores, decía entre ellos que el mejor trabadero era donde
Alfredo porque allá la comida era muy buena, dijo él. Esperen pero díganme
primero que tal estaba la Erika esa, sí era bonita, y qué pasó con Alfredo
cuando Erika se fue de la casa y él se dio cuenta que los trabajadores sí
sabían culiar.
Pues
sí, fea no era y estaba muy joven, yo creo que no llegaba a los veinte.
Nosotros la conocimos desde que nació porque éramos muy cercanos a Rosa y a
Carlos hasta íbamos a ser los padrinos de bautizo. Pero cómo le parece que la
rosa llega y me pregunta, bueno y usted cuándo es que se piensa casar pues por
la iglesia para que pueda ser la madrina de la niña y le dije yo qué cómo así
qué cuál era el afán y me dice la atrevida esta dizque era que ella no podía
dejar que la niña tuviera unos padrinos amancebados y me dio a mí esa rabia tan
horrible y le dije que bien pudiera buscará a otros padrinos porque nosotros
afán de casarnos no teníamos y claro es que apenas llevábamos como un años
viviendo juntos y yo decía que no me casaba con éste si no dejaba esa tomadera
que mantenía y vea apenas nos casamos hace como ocho años. Pero bueno el cuento
es que Rosa crió así a esa muchacha así con un montón de cuidados, que Erika no
salía, que Erika no podía ir al colegio porque por allá se metía en los malos
pasos y sí como en tercero la sacó de estudiar porque ya sabía lo que tenía
que saber y la mantenía encerrada en esa casa y la vestía con unas batas largas
hasta los tobillos y con blusas manga larga y todo que porque nada tenía que
estar mostrando. Las fincas tenían que ser a toda hora encañonadas y lejos del
camino o la carretera para que no estuviera pasando gente por ahí cerca. De los
cinco hijos que tenían ella era la única mujer y era la menor uno hasta
entiende que la consientan y la cuiden y que la mimen y todo pues por ser la
niña de la casa pero es que Rosa exageró cuidandola y vea se queda uno sin
saber qué fue lo que cuidó porque de todos modos ella sabía que para vestir
santos no se iba a quedar. Antes fue que no se le voló de la casa y se salió
así como ella quería casada por la iglesia, aunque quién sabe qué habrá pensado
Rosa cuando la vio volver, yo de eso nunca le hablé, ese tema no se tocaban,
con ella no.
Vea
yo le digo qué pasó con Alfredo oiga que berracos si nos gusta el chisme, quién
va a creer que estábamos hablando era de una muerte, dijo él. Alfredo decía que
le había tocado echar a Erika, empacarle los chiros y mandarla para la casa de
la mamá por bandida, por loca, el finado dijo eso que ella estaba loca enferma,
dijo él. Bueno y qué hizo con los
trabajadores, cómo hizo para seguir trabajando con ellos después de enterarse
de tan candentes aventuras. Pues qué iba hacer, no hizo nada, seguir
trabajando, se fue para la casa del tío, de Conrado y de allá se trajo una
prima para que le cocinara y le ayudará ahí en la casa, eso mientras terminaron
de coger esa cosecha y listo él entregó esa finca y se volvió para la casa de
Elías y cuando se emborrachaba pues siempre resultada yéndose a los golpes con
el que se pusiera hablar del tema.
Entonces
Alfredo no resultó tan aburrido porque vea si no pasa al recuerdo como el tipo
que se murió por tomar gaseosa fría estando acalorado pues pasa como el tipo al
que dejó la mujer por no saber culiar, pero quién sabe cuál de las dos
historias va tener mayor aceptación.
Yo
creo que la de la muerte porque es mejor, a uno no le importa si el tipo tenía
o no problemas en la cama con la mujer en cambio morirse de tomar gaseosa fría
es algo que nos interesa a todos, es como para tenerlo en cuenta, entonces uno
dice yo no quiero para mí esa muerte, entonces no vuelvo a tomar gaseosa fría
cuando estoy acalorado o no me acaloro para tomar gaseosa fría. La muerte de
Alfredo pasa a ser algo así como un aviso, dijo él.
A
mí también me parece que lo de la gaseosa es mejor, esas historias son las que
sirven para meterle miedo a los niños, sin muertes de esas uno no podría decir
con tranquilidad cosas como: no se moje caloroso que se tuerce, no se meta a la
río después de comer, no tome nada frío cuando termine de jugar vea que el
yerno de un amigo se murió por eso. Las historias hechas para meter miedo duran
más y hasta son necesarias. Dijo ella.
Entonces
pasamos de una muerte pendeja, carente de la intensidad de las tragedias a una
muerte necesaria y pertinente para argumentar la sostenibilidad de un cuento
que tiene más de mito montañero que de otra cosa.
El
hecho es que el tipo se murió y lo entierran mañana y usted debería haberse ido
a trabajar hace rato, dijo él. No entro a trabajar sino hasta las diez, estoy
bien de tiempo. Digan mejor que se hizo Erika se quedó allá en la casa de la
mamá o qué. Esa muchacha quién sabe dónde estará, ella estuvo un par de meses
con Rosa y Carlos y luego se fue, empacó la ropa en un costal y se fue por la
noche y listo no la volvieron a ver, por ahí los llama de vez en cuando a
decirles que está bien pero no dice ni donde ni haciendo qué. Rosa quería otra
vez dizque esconderla en la casa y no dejarla salir ni para ir a misa. Carlos
dice que así estuvo bien que de todos modos esa muchacha no podía esperar nada
quedándose por allá, dijo ella.
Si
Alfredo no hubiera vivido por allá en el monte que es donde están los olvidados
ya estuviéramos oyendo en radio y viendo en el noticiero un comunicado de las
industrias de bebidas lamentando lo ocurrido y asegurando que el producto no
tuvo nada que ver, pero cómo pasó por allá pues ni eso, ni para aparecer en un
tabloide.
Mejor
así, dijo ella. Sí, mejor así, no el olvido, sino que no se vuelva noticia,
dijo él. Mejor si se va a trabajar, dijo ella. Sí mejor si se va, para que
luego no ande pidiendo plazos para pagar el arriendo dijo él. Me voy, me voy
pues, hace rato me hubiera ido pero los que alargaron el cuento fueron ustedes.
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