viernes, 14 de julio de 2017

Domingo


Oscar pesca todos los domingos. Hoy se fue con Pedro y con Lucho dos vecinos de la cuadra. Nunca hay pescados grandes en el río y sale más barato comprar filete de bagre de mar en la pesquera pero a Oscar le gusta la pesca, le gusta el río, el monte y más que todo no quedarse en la casa.

El camino para bajar al río es estrecho pedregoso y de sombrío escaso. Aunque Oscar lo conoce de memoria hoy el que se cae es él y no Pedro y no Lucho que van por primera vez y caminan inseguros enclenques como si no hubieran puesto nunca los pies fuera del pavimento. Oscar no se levanta, está inconsciente, la sangre baja lenta por el rostro y le mancha la camiseta, tiene la frente abierta. Pedro y Lucho están asustados. Lucho saca del morral una botella con agua y le moja la cara al desmayado herido.

Oscar abre los ojos se toca la frente y dice que se dio duro, está tranquilo como si no le doliera. Pedro tiene el celular en la mano y le dice que intentó llamar a la casa pero que nadie contestó y Oscar le dice que en la casa no hay nadie. No hay a quién llamar. Carmen está con los niños en la finca de la hermana en Barragán y Catalina salió anoche de fiesta y ahora está en una cantina de la galería peleando con un par de hijueputas que acabaron con el poquito de perico que le quedaba.

No hace falta avisarle a nadie tampoco, es un rasguño no más, dice Oscar. Pedro mira la herida y no le parece tan pequeña. Ahí le cogen por ahí ocho puntos, dice Pedro, yo creo que es mejor irnos para un hospital. Lucho asiente con la cabeza. Oscar está de pie y dice que no que bendito que él está bien y sostiene en su mano un pañuelo que era blanco y ya no puede absorber una gota más de sangre.

En el hospital está Catalina, tiene fracturado un brazo y raspones en las piernas y el hombro derecho, se cayó de una moto yendo para la casa. Cuando Pedro la vio le dijo a lucho que con razón no contestaba. Oscar se volvió a desmayar metros más abajo de donde se cayó. Lucho y Pedro lo cargaron entre los dos hasta la carretera donde habían dejado el carro. El médico les dice que no se tienen que preocupar porque aparte de la herida en la frente Oscar está bien, los desmayos no tenían que ver con el golpe sino con los triglicéridos.

El hospital es pequeño y Oscar y Catalina están esperando a que les den salida en el mismo cuarto blanco amplio lleno de camillas separadas por cortinas azules. Oscar quiere saber si Catalina ya le avisó a su mamá, Catalina le dice que no, que no contesta. Oscar le dice que es mejor así, no hace falta dañarle el puente ni a ella ni a los niños, ellos no tienen la culpa de la mamá que les tocó. Catalina sabe que su papá no va a decir nada más, no va a preguntar qué pasó, sabe que con esas palabras le dijo todo, sabe que no importa que esté fracturada y aporreada, podría estar en coma y su papá la va a seguir mirando como la mamá joven y soltera de dos niños pequeños, como la borracha que es y no como la niña con la que pescaba años antes. Catalina baja la cabeza y se mira las sandalias, tienen las correas reventadas.

Lucho y Pedro le preguntan a Oscar que si van a esperar a Catalina y Oscar dice que no que ella llega sola y sale del hospital pisando firme como si no le hubieran cogido diez puntos en la frente y no tuviera una herida abierta en el interior.



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Fragmentos 2

La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...