Oscar
pesca todos los domingos. Hoy se fue con Pedro y con Lucho dos vecinos de la
cuadra. Nunca hay pescados grandes en el río y sale más barato comprar filete
de bagre de mar en la pesquera pero a Oscar le gusta la pesca, le gusta el río,
el monte y más que todo no quedarse en la casa.
El
camino para bajar al río es estrecho pedregoso y de sombrío escaso. Aunque
Oscar lo conoce de memoria hoy el que se cae es él y no Pedro y no Lucho que
van por primera vez y caminan inseguros enclenques como si no hubieran puesto
nunca los pies fuera del pavimento. Oscar no se levanta, está inconsciente, la sangre
baja lenta por el rostro y le mancha la camiseta, tiene la frente abierta. Pedro
y Lucho están asustados. Lucho saca del morral una botella con agua y le moja
la cara al desmayado herido.
Oscar
abre los ojos se toca la frente y dice que se dio duro, está tranquilo como si
no le doliera. Pedro tiene el celular en la mano y le dice que intentó llamar a
la casa pero que nadie contestó y Oscar le dice que en la casa no hay nadie. No
hay a quién llamar. Carmen está con los niños en la finca de la hermana en
Barragán y Catalina salió anoche de fiesta y ahora está en una cantina de la
galería peleando con un par de hijueputas que acabaron con el poquito de perico
que le quedaba.
No
hace falta avisarle a nadie tampoco, es un rasguño no más, dice Oscar. Pedro mira
la herida y no le parece tan pequeña. Ahí le cogen por ahí ocho puntos, dice
Pedro, yo creo que es mejor irnos para un hospital. Lucho asiente con la
cabeza. Oscar está de pie y dice que no que bendito que él está bien y sostiene
en su mano un pañuelo que era blanco y ya no puede absorber una gota más de
sangre.
En
el hospital está Catalina, tiene fracturado un brazo y raspones en las piernas
y el hombro derecho, se cayó de una moto yendo para la casa. Cuando Pedro la
vio le dijo a lucho que con razón no contestaba. Oscar se volvió a desmayar
metros más abajo de donde se cayó. Lucho y Pedro lo cargaron entre los dos
hasta la carretera donde habían dejado el carro. El médico les dice que no se
tienen que preocupar porque aparte de la herida en la frente Oscar está bien,
los desmayos no tenían que ver con el golpe sino con los triglicéridos.
El
hospital es pequeño y Oscar y Catalina están esperando a que les den salida en
el mismo cuarto blanco amplio lleno de camillas separadas por cortinas azules. Oscar
quiere saber si Catalina ya le avisó a su mamá, Catalina le dice que no, que no
contesta. Oscar le dice que es mejor así, no hace falta dañarle el puente ni a
ella ni a los niños, ellos no tienen la culpa de la mamá que les tocó. Catalina
sabe que su papá no va a decir nada más, no va a preguntar qué pasó, sabe que
con esas palabras le dijo todo, sabe que no importa que esté fracturada y
aporreada, podría estar en coma y su papá la va a seguir mirando como la mamá
joven y soltera de dos niños pequeños, como la borracha que es y no como la
niña con la que pescaba años antes. Catalina baja la cabeza y se mira las
sandalias, tienen las correas reventadas.
Lucho
y Pedro le preguntan a Oscar que si van a esperar a Catalina y Oscar dice que
no que ella llega sola y sale del hospital pisando firme como si no le
hubieran cogido diez puntos en la frente y no tuviera una herida abierta en el interior.
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