La
vegana quiere al gemelo pero el gemelo no es vegano. No tendría que decir más
porque con eso el cuento ya está echado pero igual la vegana y el gemelo se
ennoviaron. El gemelo es vecino de mi amigo Edward, vive justo en la casa del lado.
Además de ser el vecino es un ejemplo a seguir, el hijo que la mamá de Edward
deseó tener. Mi mamá me comparó toda la vida con mi primo que era el mejor
estudiante del colegio, tocaba el trombón, era bombero voluntario y era un
excelente mediocampista con todas las posibilidades de ser futbolista
profesional y como si con eso no bastara era guapo tenía novia y le quedaba
tiempo para ser sacristán. Yo por mi parte estaba gordo, aburrido, me cansaba
cepillándome los dientes, era mal estudiante y me sabía completa las
veinticuatro horas de programación de seis canales de televisión aunque esa
capacidad no llenaba de orgullo a mi mamá. Edward era así como yo pero él se
sabía la programación completa no de seis sino de ocho canales y también jugaba
Nintendo y jugaba con una perra que siempre parecía enferma y se estaba
muriendo desde que la conocí, dizque había nacido vieja así como Benjamin Button.
A
falta de primos para hacer la comparación la mamá de Edward le decía que mirara
a los gemelos, ellos eran juiciosos, ganaban concursos de matemáticas, ortografía
y natación, además tenían pensado estudiar medicina y no andaban escuchando
música horrible. Nosotros escuchábamos Iron Maiden y Slayer, fumábamos
marihuana una que otra vez y nos burlábamos de las camisas planchadas de los
gemelos. Edward los saludaba y a veces cruzaba un par de palabras con ellos, yo
no, no eran ni mis vecinos ni mis amigos.
Pero
volviendo al cuento, los gemelos que eran el paradigma de la excelencia se
separaron cuando se terminó el colegio, uno se fue a estudiar medicina a Bogotá
y el otro se fue hacer derecho en Cali.
Era la primera vez que se separaba y parece que eso los afecto hondo y mucho
más de lo que esperaban. La vida de los gemelos se fue un poco al caño o sea
cerca de donde estaba la de Edward y la mía. Yo le dije a Edward que mientras
su mamá se la pasaba deseando que él fuera más como los gemelos ellos se la
pasaban deseando poder ser más como él. El pendejo se reía, que ni bobos que
fueran los gemelos.
El
gemelo conoció a la vegana afuera de la universidad, ella repartía volantes
contra las cabalgatas de la feria de Cali. El gemelo recibió el volante y ni lo
miró, lo dobló y lo guardó en el bolsillo de atrás del pantalón indiferente
porque su atención fue toda para la vegana que lo dejó encantado con su cara de
limón. Ese mismo día el gemelo le pidió a un compañero que le presentara a la
vegana y por primera vez el gemelo fue a una protesta animalista pero no por
amor a los animales o más bien sólo por amor a esa animal.
En
la relación del gemelo y la vegana pronto se supo quién mandaba. Mandaba la
vegana y el gemelo hacía lo que ella dijera. La opinión del gemelo no importaba
porque el puro hecho de que no fuera vegano lo convertía en una persona muy
mala, que siempre habla sin saber y sin sentir. El gemelo aspirante a medico
nos dijo a Edward a mí una tarde de vacaciones que el hermano no habla de otra
cosa que no fuera la vegana, que a él le daba risa verlo así de aguevado pero
que la mamá estaba que paraba en loca, todo lo que cocinaba estaba mal o
atentaba contra algo y se ponía roja de la ira como un pisco cuando el gemelo
empezaba andar detrás de ella en la cocina diciéndole que comprara verdura
orgánicas, que sembraran cilantro y albahaca en el patio, que cambiaran la leche
de vaca por leche de soya, y que tranquila mami que yo le voy a dejar unos
podcast en el celular con recetas vegetarianas y mi novia me va prestar un
libro también que es muy bueno sobre los efectos negativos de los plaguicidas y
los fertilizantes químicos en las verduras. Mamá le dijo que con aguantarlo a
él era suficiente y que no quería que trajera a esa muchachita a la casa pero
como la vegana también vivía en Tuluá a la mamá de los gemelos le tocó verla en
la sala una que otra tarde y pasaba por el lado de ella sin saludarla.
Cuando
Edward vio a la vegana me dijo: ve a chino para que yo deje de comer carne y me
vuelva vegano y me deje mandar de una vieja esa vieja tiene que ser mínimo
mínimo igualitica a Eva Green aunque si es Eva Green pues mejor. Yo le dije que
la vegana de Eva Green no tenía sino el green en la cara y aunque el chiste era
chimbo nos reímos.
Decía
que los gemelos se fueron al caño como nosotros porque en tercer semestre de
medicina el gemelo volvió de Bogotá y dijo que esa carrera no era para él, se
había tirado la mitad de las materias y fumaba mucha mariguana. La mamá le dijo
que de vago tampoco se iba a quedar y lo metió a estudiar en el Sena. Edward y
yo sabíamos lo que era pasar parciales arrastrados y como nunca habíamos
destacado en nada tampoco era que tuviéramos muchas expectativas que cumplir.
Nadie esperaba de nosotros lo que esperaban de los gemelos. Mal que bien íbamos
en cuarto semestre yo había perdido dos materias y Edward una.
El
gemelo y la vegana había durado más de los esperado, primero se había acabado
la esperanza de tener un médico en la familia que esa relación. Pero el gemelo
seguía sin ser vegano. La relación se acabó un fin de semana de diciembre, el
gemelo y la vegana estaban de paseo en Ladrilleros y el gemelo se levantó
temprano y fue a desayunar solo, tomó huevos con café y no alcanzo a terminar
antes de que llegara la vegana.
Esa
navidad por primera vez los gemelos Edward y yo nos emborrachamos juntos los
cuatro en el antejardín de la casa de Edward. Un gemelo dijo que estudiar en
el Sena era una mierda y que si la mamá lo dejaba él volvía a iniciar medicina.
El otro gemelo lloraba mucho y habla de la vegana, nos dijo que la vegana lo
había dejado y nosotros ya sabíamos pero él repetía que la vegana lo había
dejado. La vegana dejó veterinaria porque no era lo que ella se imaginaba, la
veterinaria maltrataba a los animales en lugar de salvarlos, les hacía daño y comercializaba
con ellos. La vegana había comenzado filosofía. La vegana decía que de niña
tuvo un perro que recogió en la calle y lo llamó Uno porque ella quería adoptar
a todos los perros del mundo y darles un número por nombre, pero la mamá de la
vegana le decía que no podían tener más que a Uno porque en la casa no había
espacio para más animales, siempre le dijo que la casa no era una finca y el
sueño de la vegana desde niña es tener una finca grande donde pueda tener todos
los perros y gatos del mundo. La vegana le había enseñado a cuidarse a pensar
en su salud y ser consciente de su lugar en el universo y el respeto y el amor
que le debía a la naturaleza. La vegana lo había dejado porque él seguía
desayunando huevos. Edward interrumpió el monólogo lacrimógeno del gemelo con
una carcajada feroz, por lo menos lo hubiera dejado por comer chicharon,
salchichón aunque fuera pero por comer huevos, es que a este marica lo dejaron
porque le hacían mucha falta los huevos. En ese momento el único que no se rio fue el
gemelo despechado.
Hablamos,
tomamos y caminamos por el barrio fumando mariguana y riéndonos de
nosotros de esos desastres nuestros que al final no se parecían a los de los
gemelos que la estaban pasando peor. Y eso que estos eran los de mostrar, dijo
Edward, y yo me acorde de mi primo que si seguía siendo el de mostrar y era
pastor de una iglesia cristiana que según él le iba a poner los votos
necesarios para ser concejal. Comimos en la casa de los gemelos pasada la media
noche y nos dimos cuenta que en la casa de ellos la única feliz era la mamá de
los gemelos, para ella era otra vez una navidad sin preparaciones veganas, una
celebración familiar sin la vegana, una navidad con tejidos, nervios, sangre,
una navidad de carne y hueso.
Hola Juan, quisiera saber si le llegó mi correo. Es para trabajar con una revista o para publicar algunos cuentos. La revista se llama Canéfora, es de un amigo que es periodista en El Tiempo. Solo quiero saber si recibió mi correo puede contactarse con él. Ahí lo dejo especificado.
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