viernes, 28 de julio de 2017

Cucarachas

Julio hacía montones de cucarachas muertas que empujaba con los pies descalzos mientras las contaba. Ninguno montón tenía más de diez o menos de nueve. Todas las mañanas hacía lo mismo, se levantaba temprano a contar cucarachas como haciendo inventario. Había aprendido a contar de uno a diez con las cucarachas y una mañana hizo tres veces diez montones de cucarachas.  Por las noches su madre regaba veneno en los zócalos de las paredes, era un líquido del color de la avena y lo traía un señor alto y flaco que cargaba una maleta verde que parecía un baúl viejo. En su primer día de escuela Julio dijo que se había aprendido los números contando cucarachas y otro niño le dijo que a él le gustaba como sonaban las cucarachas cuando las aplastaba con el pie. Julio creía que las cucarachas se morían porque su madre les ponía veneno sin saber que mientras él dormía las cucarachas sostenían una guerra a muerte por el control de esa casa que para los diferentes bandos de cucarachas era el lugar más importante del pueblo. Julio contaba muertos en combate sin saber que vivía en el punto exacto en el que la cucaracha ya no pudo caminar porque le faltó una pata para caminar. Controlar ese lugar era esencial para el fortalecimiento del mito fundacional y el proyecto político de los bandos en disputa. Julio caminaba todos los días por un campo de batalla que ignoraba. 

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