En
la época de la cerveza fría en tienda esquinera y los grupos de hombres buenos
empujando carros varados nació una exquisita forma de humor que fue olvidada y
sepultada entre tanta novedad y sonrisa sincera en fotografía de celular. La comedia Bernardista tiene como principal y se podría decir que único exponente
al humilde, trabajador y muy coqueto ebanista Bernardo DiCaprio cuyo apellido
real es Ramírez. Esa adopción de apellido ajeno de actor famoso y el abismo
existente entre su porte, figura, además de presencia y la del actor es una
característica fundamentales de su propuesta original e ingenua de hacer humor.
No
fue masiva la difusión del talento de Bernardo y sin embargo entre el gremio de
ebanistas tulueños es común oír algunos de sus más repetidos cuentos chimbos,
pero más importante que oír como los repiten es saber que los citan como si
estuvieran en la academia y se vieran obligados a cumplir con una bibliografía
rigurosa de investigación científica. También es frecuente ver cómo algunos son
desenmascarados en público (por lo regular personas ajenas a la ebanistería)
cuando comparten entre sus conocidos y amigos algunas palabras pertenecientes
al imaginario Bernardista como si fuera fruto del paupérrimo ingenio de ellos y
no una creación del maestro.
Además
de los chistes, comentarios sueltos y originales piropos el talento de Bernardo
se evidenciaba en toda su dimensión gracias a la capacidad que tenía para
identificar en las personas el humor y la gracia natural, la comedia más orgánica
según Bernardo que con ojo atento conseguía señalar con seguridad a las
personas que encarnaban la comedia. Hace falta que alguien viva sólo para ser
un chiste y ese alguien en la vida de Bernardo fue Willy el pintor de muebles
con el que trabajaba. La cotidianidad de Willy transcurría entre la tragedia,
el hambre y el cinismo extremo, características que devienen en carcajada
gracias a las observaciones de Bernardo.
Las
meteduras de pata de Willy enriquecían los apuntes de Bernardo, él sabía
sacarles provecho pero la ausencia de ellas no lo empobrecía y eso lo hacía aún
más grande, era capaz de convertir a un compañero de trabajo en el elemento principal
de sus chistes sin recurrir a la burla fofa o grosera y también prescindir de
él en cualquier momento como si pudiera asesinar a la encarnación de la comedía
sin que el mundo perdiera nada, convencido de que no dejaría de reír.
La
universidad de Tuluá después de 10 años de la muerte de Bernardo publica una
completa investigación dedicada a la tradicional comedia de ebanistas espacio
en el que se conserva viva y saludable el legado de la comedia Bernardista. En el
libro se puede encontrar una entrevista de largo aliento con Willy. También una
selección de sus mejores cuentos chimbos a cargo del escritor David Senna que
después de varios años dedicado a liderar el movimiento mundial contra la
morcilla regresa a la academia deseoso de conseguir algunos pesos.
Bernardo
contaba que una vez había comprado una tilapia de más de medio metro que le recordó
a una exnovia de uno de sus hermanos que le caía bien se encariño con ella y la conservó como mascota, la enseñó a andar por toda la casa, por la sala, la
cocina, por los cuartos y hasta al taller iba, él la acostumbro moverse por
toda la casa y un día una hermana que vino a visitarlo vio a la tilapia que se
llamaba Dalila viendo televisión en la casa se asustó y la echó al tanque del
lavadero y la tilapia Dalila se ahogó, es que yo le enseñe a andar por la casa
pero nunca le enseñe a nadar yo creí que ya sabía, decía Bernardo. En la
presentación de la selección realizada por David Senna él asegura que las historias
de animales con nombres bíblicos son las mejores de Bernardo.
Para
ser consecuentes con la comedia Bernardista o así lo han interpretado los
ebanistas la universidad de Tuluá decidió publicar la investigación en un
pequeño evento al que ningún ebanista fue invitado, además ninguno recibió el
libro porque el libro no se consigue en ninguna biblioteca y menos en la
universidad. En los talleres todos imaginan los chistes que hubiera hecho
Bernardo sobre un libro dedicado a él que no existe.
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