lunes, 3 de julio de 2017

Co media

En la época de la cerveza fría en tienda esquinera y los grupos de hombres buenos empujando carros varados nació una exquisita forma de humor que fue olvidada y sepultada entre tanta novedad y sonrisa sincera en fotografía de celular. La comedia Bernardista tiene como principal y se podría decir que único exponente al humilde, trabajador y muy coqueto ebanista Bernardo DiCaprio cuyo apellido real es Ramírez. Esa adopción de apellido ajeno de actor famoso y el abismo existente entre su porte, figura, además de presencia y la del actor es una característica fundamentales de su propuesta original e ingenua de hacer humor.

No fue masiva la difusión del talento de Bernardo y sin embargo entre el gremio de ebanistas tulueños es común oír algunos de sus más repetidos cuentos chimbos, pero más importante que oír como los repiten es saber que los citan como si estuvieran en la academia y se vieran obligados a cumplir con una bibliografía rigurosa de investigación científica. También es frecuente ver cómo algunos son desenmascarados en público (por lo regular personas ajenas a la ebanistería) cuando comparten entre sus conocidos y amigos algunas palabras pertenecientes al imaginario Bernardista como si fuera fruto del paupérrimo ingenio de ellos y no una creación del maestro.

Además de los chistes, comentarios sueltos y originales piropos el talento de Bernardo se evidenciaba en toda su dimensión gracias a la capacidad que tenía para identificar en las personas el humor y la gracia natural, la comedia más orgánica según Bernardo que con ojo atento conseguía señalar con seguridad a las personas que encarnaban la comedia. Hace falta que alguien viva sólo para ser un chiste y ese alguien en la vida de Bernardo fue Willy el pintor de muebles con el que trabajaba. La cotidianidad de Willy transcurría entre la tragedia, el hambre y el cinismo extremo, características que devienen en carcajada gracias a las observaciones de Bernardo.

Las meteduras de pata de Willy enriquecían los apuntes de Bernardo, él sabía sacarles provecho pero la ausencia de ellas no lo empobrecía y eso lo hacía aún más grande, era capaz de convertir a un compañero de trabajo en el elemento principal de sus chistes sin recurrir a la burla fofa o grosera y también prescindir de él en cualquier momento como si pudiera asesinar a la encarnación de la comedía sin que el mundo perdiera nada, convencido de que no dejaría de reír.

La universidad de Tuluá después de 10 años de la muerte de Bernardo publica una completa investigación dedicada a la tradicional comedia de ebanistas espacio en el que se conserva viva y saludable el legado de la comedia Bernardista. En el libro se puede encontrar una entrevista de largo aliento con Willy. También una selección de sus mejores cuentos chimbos a cargo del escritor David Senna que después de varios años dedicado a liderar el movimiento mundial contra la morcilla regresa a la academia deseoso de conseguir algunos pesos.

Bernardo contaba que una vez había comprado una tilapia de más de medio metro que le recordó a una exnovia de uno de sus hermanos que le caía bien se encariño con ella y la conservó como mascota, la enseñó a andar por toda la casa, por la sala, la cocina, por los cuartos y hasta al taller iba, él la acostumbro moverse por toda la casa y un día una hermana que vino a visitarlo vio a la tilapia que se llamaba Dalila viendo televisión en la casa se asustó y la echó al tanque del lavadero y la tilapia Dalila se ahogó, es que yo le enseñe a andar por la casa pero nunca le enseñe a nadar yo creí que ya sabía, decía Bernardo. En la presentación de la selección realizada por David Senna él asegura que las historias de animales con nombres bíblicos son las mejores de Bernardo.

Para ser consecuentes con la comedia Bernardista o así lo han interpretado los ebanistas la universidad de Tuluá decidió publicar la investigación en un pequeño evento al que ningún ebanista fue invitado, además ninguno recibió el libro porque el libro no se consigue en ninguna biblioteca y menos en la universidad. En los talleres todos imaginan los chistes que hubiera hecho Bernardo sobre un libro dedicado a él que no existe.




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