viernes, 30 de junio de 2017

Parejas

Hace dos meses que salir a la calle es un reto a la creatividad y una puesta en escena para la rutina más adecuada y verosímil. En el trabajo me preguntaron por Simón querían saber qué había pasado con él y les dije que se había ido de vacaciones. Pasados los quince días de las supuestas vacaciones dije que sus días de turista lo habían dejado enfermo, tiene una gripa despreciable, ni se levanta de la cama, le dieron unos días de incapacidad y pasada esa incapacidad no supe qué más decir.

Para cortar con ese falso interés de los compañeros confianzudos que exigen respuestas verdaderas o por lo menos creíbles les dije que había renunciado. Según me contó la oferta que le hicieron era imposible de despreciar y no es tanto por la diferencia de salario que claro que es notable sino por el tiempo, tiene más tiempo libre o mejor tiene tiempo libre. Entre la gente no falta el que pregunta más que los otros y en este caso no hubo excepción así que a ese y a todos los que estaban con nosotros a la hora del almuerzo les dije que no recordaba el nombre de la empresa que lo había contratado y que dejaran de preguntarme a mí, que si querían el chisme completo llamaran Simón que para eso existían los celulares. Lo habían llamado muchas veces pero no respondía, seguro había cambiado de número. Estaban en lo cierto, hacía dos meses que Simón había cambiado de número y cuando lo hizo me pidió el favor y fue muy enfático, no quería que le diera su número a nadie, pero como yo ya estaba aburrido de hablar por él como si fuera su relacionista público o algo parecido les di a todos los que estaban ahí el número nuevo.

Simón está furioso. El celular se va reventar con tantas llamadas perdidas, me dice que respondió la primera, que era González y tuvo que hablar con él cinco minutos, me dijo que usted les dio el número a todos en la oficina. Siguieron llamando pero no necesitó mirar el aparato porque ya sabía de donde lo llamaban. Para evitar las preguntas de González el que se dedicó a preguntar fue él. ¿Cómo va la campaña del nuevo candidato? ¿Qué cómo así que se casaba la hija mayor? ¿Cómo le salió la moto eléctrica esa que compró? Le dijo a González que yo lo mantenía muy informado de lo que pasaba en la oficina con todos. Que lo negaba todo el tiempo pero la verdad era que me gustaba mucho el chisme. 

Como era de esperarse el  hijueputa de González estuvo de acuerdo con Simón. Que claro que chisme que no me sepa yo no existe y luego el dicho de siempre: si no ha pasado me lo invento. Cómo si no estuviera él inventando logros y más logros para el fiasco de candidato con el que trabaja, un tipo que no puede señalar una sola gestión suya ni en lo público ni en lo privado porque no ha hecho otra cosa que gastarse la plata de la mujer y en caso de ganar las elecciones tampoco va hacer nada distinto porque no está sino para obedecer a la mujer.

Estoy mamado de la gente en la oficina preguntando por usted, me aburrí de estarlo cubriendo me aburrí de su actitud, tanta indecisión, tanta joda y melindre. Le iba a decir otras cuantas cosas pero en ese momento apareció Odín ladrando desesperado y mordiéndome los pies con esos ojos vidriosos y saltones como si se le fueran a salir de hacer fuerza para aguantar. Le iba a decir que yo no era ningún chismoso como decía él. En casi dos meses lo más fácil hubiera sido decir en la oficina, en la tienda, en la casa de mi mamá, en el billar y a todos lo que me preguntaran por él qué era lo que lo tenía encerrado y lejos de la gente, decirles qué era lo que pasaba. Pero no dije nada, él quería esperar un poco, quería sentirse confiado para volver a salir, quería mirarse en el espejo y reconocerse así y yo estuve de acuerdo, que como él quisiera. Pero no le dije nada porque lo urgente era el perro.

¿Simón hace cuanto que está el perro que se caga y usted no ha sido capaz ni de sacarlo a la calle? Simón no es ningún pendejo él sabe que si se emputa yo me emputo el doble y me dice en tono conciliador que le da miedo salir que yo sé que a él le da miedo. Si le iba a dar miedo lucir ese par de tetas entonces dígame para qué hijueputas se las hizo poner, debe ser el primero que se pone tetas y se queda en la casa escondido, es que tras de marica miedoso.


Va llorar va llorar pero no quiere y se hace el fuerte, aprieta los dientes y se pasa el dedo anular de la mano derecha con mucha delicadeza bajo los ojos como si le diera susto quitarse el maquillaje, maquillaje que no tiene, me mira sin decir nada. Abro la puerta y me voy al parque con Odín y mientras espero a que termine de hacer lo suyo me repito en la cabeza que debí decirle otra cosa a simón. Primero se quita las tetas que olvidarse de lo que le dije. 

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