Se
murió un sobrino de Conrado Jiménez, hijo de Elías Jiménez el que vive abajo en
Barreto. Dizque estaba jugando futbol en la cancha de la escuela el viernes por
la tarde después de salir de trabajar, terminó el partido y se fue para la
tienda de doña Cielo que está ahí al lado y se tomó una gaseosa helada y listo
ahí quedó el tipo, no se volvió a mover, dijo él. Otro muerto más para nutrir
el mito. Ningún mito, es que eso es positivo no es el primero que yo he visto
que se muere así, o bueno no que lo haya visto porque yo no he visto a ninguno,
lo que quiero decir es que no es el primer caso del que me entero, eso es
peligroso, cómo no va ser peligrosos que uno esté agitado con la sangre
caliente y corriendo a mil por el cuerpo y llegarle algo así bien frío, ahí
mismo se para el mango. Ya me imagino a todo el mundo comentando eso después de
cada partido.
Cuál
de los hijos de Elías sería, preguntó ella. Pues si no me echaron mal el cuento
fue Alfredo, dizque lo entierran mañana. Ese fue yerno de Carlos García cierto
que sí, dijo ella. Sí señora ese mismo, el que estuvo administrando la finca de
Ramón Aristizábal por allá en el río.
Bueno
y como es que hacen pues ustedes dos para saber el nombre de toda esa gente,
hace cuanto que ni los ven y vea eso, nombres apellidos y todo. Yo llevo cinco
semestres estudiando con gente que ni sé cómo se apellida. Es que uno toda la
vida de por allá cómo no va saber quién es la gente, además ni que fueran
muchos como aquí que viven millones, por allá son cincuenta o cien personas en
un caserío y los mismo siempre, dijo él. También es que tiene buena memoria,
eso o que la mía es muy mala.
Hay
unas muertes que no se dejan ni contar, que cosa tan berraca. Imagínense a los
hijos del señor ese cuando les pregunten: ¿de qué murió su papá? y ellos, no
pues de tomar gaseosa fría estado muy acalorado. Es que eso no es serio, o la
gente diciendo allá viene la viuda que pecao, a ella no se le puede ofrecer sino
tinto o chocolate caliente no le vaya a brindar jugo o aguapanela fría que de
pronto la pone a pensar en el difunto. No pues es que pónganse a pensar ustedes
que Jesús se hubiera muerto de lo mismo, de tomar agua fría después de una
caminata larga por el desierto. No, es que ahí hubiera quedado enterrada la
historia, adiós iglesia católica. Una cosa es que uno diga no pues a él lo
crucificaron, eso ya tiene peso hay todo un relato, una odisea. Pero morirse así como ese señor si es una
pendejada. Hay gente a la que le tocan muertes muy chimbas, uno por allá en ese
monte debería morir de viejo, o no sé tumbado por un caballo, embestido por una
vaca, rodado, o del susto después de ver un duende, o en una pelea, morir a
machetazos en riñas de puteadero eso sí se deja contar.
Oigan
el otro tan bobo y quién dijo pues que la muerte de la gente tiene que servir
para contar historias, usted si es verdad que esa miradera de películas lo está
aguevando y ponerse a hablar de Jesús viendo que usted sabe que a ella no le
gusta que hable de Jesús así porque eso es pecado, dijo él. Que pena con los
dos, no quería ser grosero. De todos modos nosotros ya sabemos que usted es
así, uno se acostumbra a mí hasta por eso es que me cae bien, pero si le hace falta salir de la ciudad de vez en cuando, dijo ella. Por
eso es también que le cae mal a todo el mundo porque no piensa para hablar,
dijo él.
Pero
bueno para que usted no ande así preocupado por viudas o por huérfanos, el
muchacho que se murió no tenía hijos y ya estaba separado, a esta hora lo debe
estar llorando la familia, el papá, la mamá y los hermanos que son como ocho y
pues yo no sé si ellos están tan preocupados como usted por la falta de dramatismo
de la muerte, dijo él. Usted que va saber si no ha hablado con ellos, no dirán
nada ahora de aburridos pero espere y verá en un par de años se van a
sorprender en la noche tomando tinto y viendo luciérnagas diciendo cosas como:
uno que va a creer que se va morir por tomarse una gaseosa fría. Y lo van a
decir con ese tono como de lastima en la voz, como si no estuvieran conformes
con ese final, como si creyeran que ni siquiera de morir bien hubiera sido
capaz. Pero cuenten qué pasó, no pues que era el yerno de alguien.
Yerno
de Carlos García pero eso fue hace siete u ocho años, nosotros vivíamos por
allá todavía, Erika lo dejó dizque porque él no sabía culiar o eso fue lo que
dijeron que dijo ella, yo no sé, pero demás que sí porque esa muchacha resultó
bien arrebatada, dijo ella. En serio, no puede ser, cómo carajos se nos murió
ese Alfredo sin que yo lo hubiera conocido, cómo así que antes de que el tipo
fuera reducido al ridículo suceso de morir por tomar gaseosa fría acalorado el
tipo ya estaba reducido a mal culiador, con un tipo de esos me saco foto y le
pido autógrafo.
Lo
que dicen es que ella se volvió para la casa y le dijo a Rosa que ella no
quería vivir más con Alfredo que él no sabía culiar que se subía y ahí mismo se
bajaba que eso no pagaba ni la untada. Yo sé porque ese cuento se regó por allá
por todas partes hasta el mismo Elías decía que era muy raro que un hijo le
hubiera salido malo pal huevo viendo lo bueno que era él pa eso, y no lo digo
yo, lo dicen todas las mozas que he tenido y lo diría mi mujer también si le
preguntaran, es que de todos modos si el Alfredo salió malo pa culiar ahí sí no
hay de que culpar a la muchacha por qué diga usted uno con qué autoridad va a
tratar a una mujer a la que no monta bien, es que eso es lo primero que uno
tiene que hacer, hay que saberla montar, dejarla contenta y luego dejar
contentas a otras, porque de todos modos uno tiene que ser amplio con lo que
tiene. Aunque eso sí, a mí una vieja me sale con que no sé culiar y le sobra es
rejo el que se coma, pa que aprenda a respetar. Al marica del Alfredo le
faltaron fue huevas también. Yo mismo escuché a Elías decir eso una vez que estábamos tomando en una cantina por allá en el pueblo, Dijo él y ella lo miró y
le dijo que le creía porque como para emborracharse y aparecer el miércoles por
la tarde a la casa sin carne y con el mercado a medias si era bien bueno. Esperen
pero no se vayan a sacar los trapos al sol ahorita, terminemos el tema mejor y
luego cuando me vaya si solucionan ustedes esos inconvenientes, aunque ya no
importan, ya pasaron.
Oiga
pero lo que no sabía el Elías cuando se ponía a hablar del hijo cada que se
emborrachaba era que Erika la nuera no era ninguna tonta y buscaba quien la
contentara, aunque tampoco se demoró mucho para saber porque ese fue el otro
cuento dizque allá en la finca que administraban en el río el cuarto donde
dormían los trabajadores estaba en uno bajos y que por las noches Erika se
quitaba la ropa y bajaba y se le metía en la cama a uno de tantos, dizque se
comió a más de uno allá y luego para no arriesgarse mucho los esperaba en la
bodega donde guardaban el café, pero eso sí que ella no se metió con ninguno
pues así enserio, se los comía no más, eso dizque la veía entrar a la bodega
después de las siete u ocho de la noche y que ahí mismo al que primero entrará a la bodega. Y como esa finca era tan grande el Alfredo ni se daba cuenta
volteando por ahí con tanto que hacer, dijo ella.
En
el pueblo jodian mucho los domingos cuando uno subía a vender el café y estaban
los jornaleros por ahí buscando cuadre, eso todos buscando a Alfredo a ver si él
necesitaba trabajadores, decía entre ellos que el mejor trabadero era donde
Alfredo porque allá la comida era muy buena, dijo él. Esperen pero díganme
primero que tal estaba la Erika esa, sí era bonita, y qué pasó con Alfredo
cuando Erika se fue de la casa y él se dio cuenta que los trabajadores sí
sabían culiar.
Pues
sí, fea no era y estaba muy joven, yo creo que no llegaba a los veinte.
Nosotros la conocimos desde que nació porque éramos muy cercanos a Rosa y a
Carlos hasta íbamos a ser los padrinos de bautizo. Pero cómo le parece que la
rosa llega y me pregunta, bueno y usted cuándo es que se piensa casar pues por
la iglesia para que pueda ser la madrina de la niña y le dije yo qué cómo así
qué cuál era el afán y me dice la atrevida esta dizque era que ella no podía
dejar que la niña tuviera unos padrinos amancebados y me dio a mí esa rabia tan
horrible y le dije que bien pudiera buscará a otros padrinos porque nosotros
afán de casarnos no teníamos y claro es que apenas llevábamos como un años
viviendo juntos y yo decía que no me casaba con éste si no dejaba esa tomadera
que mantenía y vea apenas nos casamos hace como ocho años. Pero bueno el cuento
es que Rosa crió así a esa muchacha así con un montón de cuidados, que Erika no
salía, que Erika no podía ir al colegio porque por allá se metía en los malos
pasos y sí como en tercero la sacó de estudiar porque ya sabía lo que tenía
que saber y la mantenía encerrada en esa casa y la vestía con unas batas largas
hasta los tobillos y con blusas manga larga y todo que porque nada tenía que
estar mostrando. Las fincas tenían que ser a toda hora encañonadas y lejos del
camino o la carretera para que no estuviera pasando gente por ahí cerca. De los
cinco hijos que tenían ella era la única mujer y era la menor uno hasta
entiende que la consientan y la cuiden y que la mimen y todo pues por ser la
niña de la casa pero es que Rosa exageró cuidandola y vea se queda uno sin
saber qué fue lo que cuidó porque de todos modos ella sabía que para vestir
santos no se iba a quedar. Antes fue que no se le voló de la casa y se salió
así como ella quería casada por la iglesia, aunque quién sabe qué habrá pensado
Rosa cuando la vio volver, yo de eso nunca le hablé, ese tema no se tocaban,
con ella no.
Vea
yo le digo qué pasó con Alfredo oiga que berracos si nos gusta el chisme, quién
va a creer que estábamos hablando era de una muerte, dijo él. Alfredo decía que
le había tocado echar a Erika, empacarle los chiros y mandarla para la casa de
la mamá por bandida, por loca, el finado dijo eso que ella estaba loca enferma,
dijo él. Bueno y qué hizo con los
trabajadores, cómo hizo para seguir trabajando con ellos después de enterarse
de tan candentes aventuras. Pues qué iba hacer, no hizo nada, seguir
trabajando, se fue para la casa del tío, de Conrado y de allá se trajo una
prima para que le cocinara y le ayudará ahí en la casa, eso mientras terminaron
de coger esa cosecha y listo él entregó esa finca y se volvió para la casa de
Elías y cuando se emborrachaba pues siempre resultada yéndose a los golpes con
el que se pusiera hablar del tema.
Entonces
Alfredo no resultó tan aburrido porque vea si no pasa al recuerdo como el tipo
que se murió por tomar gaseosa fría estando acalorado pues pasa como el tipo al
que dejó la mujer por no saber culiar, pero quién sabe cuál de las dos
historias va tener mayor aceptación.
Yo
creo que la de la muerte porque es mejor, a uno no le importa si el tipo tenía
o no problemas en la cama con la mujer en cambio morirse de tomar gaseosa fría
es algo que nos interesa a todos, es como para tenerlo en cuenta, entonces uno
dice yo no quiero para mí esa muerte, entonces no vuelvo a tomar gaseosa fría
cuando estoy acalorado o no me acaloro para tomar gaseosa fría. La muerte de
Alfredo pasa a ser algo así como un aviso, dijo él.
A
mí también me parece que lo de la gaseosa es mejor, esas historias son las que
sirven para meterle miedo a los niños, sin muertes de esas uno no podría decir
con tranquilidad cosas como: no se moje caloroso que se tuerce, no se meta a la
río después de comer, no tome nada frío cuando termine de jugar vea que el
yerno de un amigo se murió por eso. Las historias hechas para meter miedo duran
más y hasta son necesarias. Dijo ella.
Entonces
pasamos de una muerte pendeja, carente de la intensidad de las tragedias a una
muerte necesaria y pertinente para argumentar la sostenibilidad de un cuento
que tiene más de mito montañero que de otra cosa.
El
hecho es que el tipo se murió y lo entierran mañana y usted debería haberse ido
a trabajar hace rato, dijo él. No entro a trabajar sino hasta las diez, estoy
bien de tiempo. Digan mejor que se hizo Erika se quedó allá en la casa de la
mamá o qué. Esa muchacha quién sabe dónde estará, ella estuvo un par de meses
con Rosa y Carlos y luego se fue, empacó la ropa en un costal y se fue por la
noche y listo no la volvieron a ver, por ahí los llama de vez en cuando a
decirles que está bien pero no dice ni donde ni haciendo qué. Rosa quería otra
vez dizque esconderla en la casa y no dejarla salir ni para ir a misa. Carlos
dice que así estuvo bien que de todos modos esa muchacha no podía esperar nada
quedándose por allá, dijo ella.
Si
Alfredo no hubiera vivido por allá en el monte que es donde están los olvidados
ya estuviéramos oyendo en radio y viendo en el noticiero un comunicado de las
industrias de bebidas lamentando lo ocurrido y asegurando que el producto no
tuvo nada que ver, pero cómo pasó por allá pues ni eso, ni para aparecer en un
tabloide.
Mejor
así, dijo ella. Sí, mejor así, no el olvido, sino que no se vuelva noticia,
dijo él. Mejor si se va a trabajar, dijo ella. Sí mejor si se va, para que
luego no ande pidiendo plazos para pagar el arriendo dijo él. Me voy, me voy
pues, hace rato me hubiera ido pero los que alargaron el cuento fueron ustedes.
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