lunes, 5 de junio de 2017

Gaseosa fría

Se murió un sobrino de Conrado Jiménez, hijo de Elías Jiménez el que vive abajo en Barreto. Dizque estaba jugando futbol en la cancha de la escuela el viernes por la tarde después de salir de trabajar, terminó el partido y se fue para la tienda de doña Cielo que está ahí al lado y se tomó una gaseosa helada y listo ahí quedó el tipo, no se volvió a mover, dijo él. Otro muerto más para nutrir el mito. Ningún mito, es que eso es positivo no es el primero que yo he visto que se muere así, o bueno no que lo haya visto porque yo no he visto a ninguno, lo que quiero decir es que no es el primer caso del que me entero, eso es peligroso, cómo no va ser peligrosos que uno esté agitado con la sangre caliente y corriendo a mil por el cuerpo y llegarle algo así bien frío, ahí mismo se para el mango. Ya me imagino a todo el mundo comentando eso después de cada partido.

Cuál de los hijos de Elías sería, preguntó ella. Pues si no me echaron mal el cuento fue Alfredo, dizque lo entierran mañana. Ese fue yerno de Carlos García cierto que sí, dijo ella. Sí señora ese mismo, el que estuvo administrando la finca de Ramón Aristizábal por allá en el río.

Bueno y como es que hacen pues ustedes dos para saber el nombre de toda esa gente, hace cuanto que ni los ven y vea eso, nombres apellidos y todo. Yo llevo cinco semestres estudiando con gente que ni sé cómo se apellida. Es que uno toda la vida de por allá cómo no va saber quién es la gente, además ni que fueran muchos como aquí que viven millones, por allá son cincuenta o cien personas en un caserío y los mismo siempre, dijo él. También es que tiene buena memoria, eso o que la mía es muy mala.

Hay unas muertes que no se dejan ni contar, que cosa tan berraca. Imagínense a los hijos del señor ese cuando les pregunten: ¿de qué murió su papá? y ellos, no pues de tomar gaseosa fría estado muy acalorado. Es que eso no es serio, o la gente diciendo allá viene la viuda que pecao, a ella no se le puede ofrecer sino tinto o chocolate caliente no le vaya a brindar jugo o aguapanela fría que de pronto la pone a pensar en el difunto. No pues es que pónganse a pensar ustedes que Jesús se hubiera muerto de lo mismo, de tomar agua fría después de una caminata larga por el desierto. No, es que ahí hubiera quedado enterrada la historia, adiós iglesia católica. Una cosa es que uno diga no pues a él lo crucificaron, eso ya tiene peso hay todo un relato, una odisea.  Pero morirse así como ese señor si es una pendejada. Hay gente a la que le tocan muertes muy chimbas, uno por allá en ese monte debería morir de viejo, o no sé tumbado por un caballo, embestido por una vaca, rodado, o del susto después de ver un duende, o en una pelea, morir a machetazos en riñas de puteadero eso sí se deja contar.

Oigan el otro tan bobo y quién dijo pues que la muerte de la gente tiene que servir para contar historias, usted si es verdad que esa miradera de películas lo está aguevando y ponerse a hablar de Jesús viendo que usted sabe que a ella no le gusta que hable de Jesús así porque eso es pecado, dijo él. Que pena con los dos, no quería ser grosero. De todos modos nosotros ya sabemos que usted es así, uno se acostumbra a mí hasta por eso es que me cae bien, pero si le hace falta salir de la ciudad de vez en cuando, dijo ella. Por eso es también que le cae mal a todo el mundo porque no piensa para hablar, dijo él.

Pero bueno para que usted no ande así preocupado por viudas o por huérfanos, el muchacho que se murió no tenía hijos y ya estaba separado, a esta hora lo debe estar llorando la familia, el papá, la mamá y los hermanos que son como ocho y pues yo no sé si ellos están tan preocupados como usted por la falta de dramatismo de la muerte, dijo él. Usted que va saber si no ha hablado con ellos, no dirán nada ahora de aburridos pero espere y verá en un par de años se van a sorprender en la noche tomando tinto y viendo luciérnagas diciendo cosas como: uno que va a creer que se va morir por tomarse una gaseosa fría. Y lo van a decir con ese tono como de lastima en la voz, como si no estuvieran conformes con ese final, como si creyeran que ni siquiera de morir bien hubiera sido capaz. Pero cuenten qué pasó, no pues que era el yerno de alguien.

Yerno de Carlos García pero eso fue hace siete u ocho años, nosotros vivíamos por allá todavía, Erika lo dejó dizque porque él no sabía culiar o eso fue lo que dijeron que dijo ella, yo no sé, pero demás que sí porque esa muchacha resultó bien arrebatada, dijo ella. En serio, no puede ser, cómo carajos se nos murió ese Alfredo sin que yo lo hubiera conocido, cómo así que antes de que el tipo fuera reducido al ridículo suceso de morir por tomar gaseosa fría acalorado el tipo ya estaba reducido a mal culiador, con un tipo de esos me saco foto y le pido autógrafo.

Lo que dicen es que ella se volvió para la casa y le dijo a Rosa que ella no quería vivir más con Alfredo que él no sabía culiar que se subía y ahí mismo se bajaba que eso no pagaba ni la untada. Yo sé porque ese cuento se regó por allá por todas partes hasta el mismo Elías decía que era muy raro que un hijo le hubiera salido malo pal huevo viendo lo bueno que era él pa eso, y no lo digo yo, lo dicen todas las mozas que he tenido y lo diría mi mujer también si le preguntaran, es que de todos modos si el Alfredo salió malo pa culiar ahí sí no hay de que culpar a la muchacha por qué diga usted uno con qué autoridad va a tratar a una mujer a la que no monta bien, es que eso es lo primero que uno tiene que hacer, hay que saberla montar, dejarla contenta y luego dejar contentas a otras, porque de todos modos uno tiene que ser amplio con lo que tiene. Aunque eso sí, a mí una vieja me sale con que no sé culiar y le sobra es rejo el que se coma, pa que aprenda a respetar. Al marica del Alfredo le faltaron fue huevas también. Yo mismo escuché a Elías decir eso una vez que estábamos tomando en una cantina por allá en el pueblo, Dijo él y ella lo miró y le dijo que le creía porque como para emborracharse y aparecer el miércoles por la tarde a la casa sin carne y con el mercado a medias si era bien bueno. Esperen pero no se vayan a sacar los trapos al sol ahorita, terminemos el tema mejor y luego cuando me vaya si solucionan ustedes esos inconvenientes, aunque ya no importan, ya pasaron.

Oiga pero lo que no sabía el Elías cuando se ponía a hablar del hijo cada que se emborrachaba era que Erika la nuera no era ninguna tonta y buscaba quien la contentara, aunque tampoco se demoró mucho para saber porque ese fue el otro cuento dizque allá en la finca que administraban en el río el cuarto donde dormían los trabajadores estaba en uno bajos y que por las noches Erika se quitaba la ropa y bajaba y se le metía en la cama a uno de tantos, dizque se comió a más de uno allá y luego para no arriesgarse mucho los esperaba en la bodega donde guardaban el café, pero eso sí que ella no se metió con ninguno pues así enserio, se los comía no más, eso dizque la veía entrar a la bodega después de las siete u ocho de la noche y que ahí mismo al que primero entrará a la bodega. Y como esa finca era tan grande el Alfredo ni se daba cuenta volteando por ahí con tanto que hacer, dijo ella.

En el pueblo jodian mucho los domingos cuando uno subía a vender el café y estaban los jornaleros por ahí buscando cuadre, eso todos buscando a Alfredo a ver si él necesitaba trabajadores, decía entre ellos que el mejor trabadero era donde Alfredo porque allá la comida era muy buena, dijo él. Esperen pero díganme primero que tal estaba la Erika esa, sí era bonita, y qué pasó con Alfredo cuando Erika se fue de la casa y él se dio cuenta que los trabajadores sí sabían culiar.

Pues sí, fea no era y estaba muy joven, yo creo que no llegaba a los veinte. Nosotros la conocimos desde que nació porque éramos muy cercanos a Rosa y a Carlos hasta íbamos a ser los padrinos de bautizo. Pero cómo le parece que la rosa llega y me pregunta, bueno y usted cuándo es que se piensa casar pues por la iglesia para que pueda ser la madrina de la niña y le dije yo qué cómo así qué cuál era el afán y me dice la atrevida esta dizque era que ella no podía dejar que la niña tuviera unos padrinos amancebados y me dio a mí esa rabia tan horrible y le dije que bien pudiera buscará a otros padrinos porque nosotros afán de casarnos no teníamos y claro es que apenas llevábamos como un años viviendo juntos y yo decía que no me casaba con éste si no dejaba esa tomadera que mantenía y vea apenas nos casamos hace como ocho años. Pero bueno el cuento es que Rosa crió así a esa muchacha así con un montón de cuidados, que Erika no salía, que Erika no podía ir al colegio porque por allá se metía en los malos pasos y sí como en tercero la sacó de estudiar porque ya sabía lo que tenía que saber y la mantenía encerrada en esa casa y la vestía con unas batas largas hasta los tobillos y con blusas manga larga y todo que porque nada tenía que estar mostrando. Las fincas tenían que ser a toda hora encañonadas y lejos del camino o la carretera para que no estuviera pasando gente por ahí cerca. De los cinco hijos que tenían ella era la única mujer y era la menor uno hasta entiende que la consientan y la cuiden y que la mimen y todo pues por ser la niña de la casa pero es que Rosa exageró cuidandola y vea se queda uno sin saber qué fue lo que cuidó porque de todos modos ella sabía que para vestir santos no se iba a quedar. Antes fue que no se le voló de la casa y se salió así como ella quería casada por la iglesia, aunque quién sabe qué habrá pensado Rosa cuando la vio volver, yo de eso nunca le hablé, ese tema no se tocaban, con ella no.

Vea yo le digo qué pasó con Alfredo oiga que berracos si nos gusta el chisme, quién va a creer que estábamos hablando era de una muerte, dijo él. Alfredo decía que le había tocado echar a Erika, empacarle los chiros y mandarla para la casa de la mamá por bandida, por loca, el finado dijo eso que ella estaba loca enferma, dijo él.  Bueno y qué hizo con los trabajadores, cómo hizo para seguir trabajando con ellos después de enterarse de tan candentes aventuras. Pues qué iba hacer, no hizo nada, seguir trabajando, se fue para la casa del tío, de Conrado y de allá se trajo una prima para que le cocinara y le ayudará ahí en la casa, eso mientras terminaron de coger esa cosecha y listo él entregó esa finca y se volvió para la casa de Elías y cuando se emborrachaba pues siempre resultada yéndose a los golpes con el que se pusiera hablar del tema.

Entonces Alfredo no resultó tan aburrido porque vea si no pasa al recuerdo como el tipo que se murió por tomar gaseosa fría estando acalorado pues pasa como el tipo al que dejó la mujer por no saber culiar, pero quién sabe cuál de las dos historias va tener mayor aceptación.

Yo creo que la de la muerte porque es mejor, a uno no le importa si el tipo tenía o no problemas en la cama con la mujer en cambio morirse de tomar gaseosa fría es algo que nos interesa a todos, es como para tenerlo en cuenta, entonces uno dice yo no quiero para mí esa muerte, entonces no vuelvo a tomar gaseosa fría cuando estoy acalorado o no me acaloro para tomar gaseosa fría. La muerte de Alfredo pasa a ser algo así como un aviso, dijo él.

A mí también me parece que lo de la gaseosa es mejor, esas historias son las que sirven para meterle miedo a los niños, sin muertes de esas uno no podría decir con tranquilidad cosas como: no se moje caloroso que se tuerce, no se meta a la río después de comer, no tome nada frío cuando termine de jugar vea que el yerno de un amigo se murió por eso. Las historias hechas para meter miedo duran más y hasta son necesarias. Dijo ella.

Entonces pasamos de una muerte pendeja, carente de la intensidad de las tragedias a una muerte necesaria y pertinente para argumentar la sostenibilidad de un cuento que tiene más de mito montañero que de otra cosa.

El hecho es que el tipo se murió y lo entierran mañana y usted debería haberse ido a trabajar hace rato, dijo él. No entro a trabajar sino hasta las diez, estoy bien de tiempo. Digan mejor que se hizo Erika se quedó allá en la casa de la mamá o qué. Esa muchacha quién sabe dónde estará, ella estuvo un par de meses con Rosa y Carlos y luego se fue, empacó la ropa en un costal y se fue por la noche y listo no la volvieron a ver, por ahí los llama de vez en cuando a decirles que está bien pero no dice ni donde ni haciendo qué. Rosa quería otra vez dizque esconderla en la casa y no dejarla salir ni para ir a misa. Carlos dice que así estuvo bien que de todos modos esa muchacha no podía esperar nada quedándose por allá, dijo ella.

Si Alfredo no hubiera vivido por allá en el monte que es donde están los olvidados ya estuviéramos oyendo en radio y viendo en el noticiero un comunicado de las industrias de bebidas lamentando lo ocurrido y asegurando que el producto no tuvo nada que ver, pero cómo pasó por allá pues ni eso, ni para aparecer en un tabloide.

Mejor así, dijo ella. Sí, mejor así, no el olvido, sino que no se vuelva noticia, dijo él. Mejor si se va a trabajar, dijo ella. Sí mejor si se va, para que luego no ande pidiendo plazos para pagar el arriendo dijo él. Me voy, me voy pues, hace rato me hubiera ido pero los que alargaron el cuento fueron ustedes.

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