martes, 14 de marzo de 2017

Las reuniones de tíos son mejores que las de papás


En las reuniones de tíos hay más sinceridad que en las reuniones de papás. Los tíos dicen sin miedo y con algo de exageración lo que no quieren decir el papá o la mamá. Yo por ejemplo en las reuniones de tíos soy el arrogante que presume de lo cansones que son mis sobrinos, y digo ese huevón es un terremoto, ese verraco es un huracán, es que no se lo mama nadie, no le puede devolver el libro porque los niños lo dañaron, si no viviera con mis sobrinos leería más, y cuando digo eso evito decir que si no viviera con mis sobrino cantaría menos. En las reuniones de tíos yo disfruto convertir en relatos que no son atractivos y se quedan en el lánguido intento mío por ser gracioso aprovechándome de lo que hacen ellos teniendo en cuenta que yo no hago nada y ellos hacen mucho, y los tíos al igual que papá y mamá sabemos lo mucho que hacen cuando nos toca limpiar los desastres.

En las reuniones de papás y de mamás en cambio no hay nadie dándoselas de café con leche porque el hijo le diga gorda marrana a la profesora o porque digan delante de la visita que tienen ganas de echarse una cagada, o que hagan pataleta porque se acabaron las pilas de los juguetes, en esas reuniones entre ellos los que se las dan de dueños de los sobrinos de uno lo que ahí es puros cuentos aburridos de niños entrenando fútbol o de niñas inteligentes que son excelentes en el colegio, en esas reuniones no hay adultos gordos y fracasados o en camino al fracaso comentando los mejores capítulos de programas infantiles que dicen ver sólo porque a los sobrinos les gusta.

Las reuniones de tíos me gustan más que las de papás y mamás porque no hay mujeres comentando con exactitud y sin elipsis los momentos exactos en que iniciaron los dolores y lo traumático o no que fue el parto y lo mucho o poco que pesaron los niños. Esas mamás no dicen con tanta frecuencias que sus hijos nacieron muy feos pero uno de tío si lo dice y lo repite sin problema. Las reuniones de tíos me gustan más porque incluso se dan muy poquitas veces, las reuniones son entre papás y mamás y los tíos nos quedamos en la casa cuidando a los niños y descabezando muñecos, deseando no ser tíos, regañando con estilo en vez de con autoridad mientras los papás y mamás hablan entre ellos y se niegan a ver que sus hijos se están pareciendo mucho a los tíos treintañeros y mantenidos que siguen en la casa oyendo los ramones. 

viernes, 10 de marzo de 2017

6

Cuando uno de los vecinos de Néstor se va el administrador de Vivir Así le dice que la visita siempre llega y que las sillas están destinadas a ser ocupadas. En ese piso el inquilino más joven era Néstor. En todos los conjuntos cerrados y edificios de Vivir Así la juventud es minoría, pero los jóvenes también se van. Él no sabía si quería recibir la visita, tampoco creía de a mucho en ella, pero seguía uniéndose al ritual, seguía sentándose a esperar en medio de sillas vacías de patas que no se movían. Después de recoger las sillas y ponerlas en un rincón de la habitación Néstor continuaba leyendo. En otros pisos de los edificios se seguían yendo. No sé, sólo no aparecen más por aquí, le respondió Néstor esa mañana a la vecina nueva que se instalaba en el apartamento de al lado. 

jueves, 9 de marzo de 2017

5

El administrador de Vivir Así le dijo al alcalde cuando le otorgó el permiso para construir los bloques de edificios y los conjuntos cerrados que el proyecto de vivienda era tan bueno que un día todo Tulueño sin casa propia sería inquilino suyo. El alcalde se rió porque creyó que era un chiste pero además porque era un idiota de esos que se ríe de todo, pero el administrador hablaba enserio, él a diferencia del alcalde sí tenía claro cuál era su trabajo. El rito de las sillas había sido pensando antes de construir pero de eso no se habló con las autoridades municipales. Cuando empezaron a ocupar los apartamentos y los inquilinos acomodaban las sillas en la habitación en forma de circulo la administración municipal tampoco vio ningún problema porque sectas nuevas había cada día. Néstor hubiera preguntado por las sillas, por el grupo empresarial al que pertenecía el proyecto Vivir así, hubiera querido saber por qué era requisito para vivir ahí practicar el ritual, pero no lo hizo, no se interesó por nada porque ya no tenía trabajo ya no era periodista del tabloide Semanal. 

miércoles, 8 de marzo de 2017

4

Tres meses después de inaugurarse el primer conjunto cerrado de Vivir Así el deseo de los ciudadanos por ser inquilinos se propagó como una plaga. Con el precio de los arriendos en el resto de sectores residenciales de la ciudad era comprensible que así fuera. Pero no era fácil conseguir un apartamento en esos conjuntos, la posibilidad de ahorrar no estaba a disposición de todos. Uno de los requisitos era vivir solo, sin mascotas; había otras exigencias pero la más importante era esa. Hubo gente que regaló perros y gatos, tortugas y pájaros. Néstor no tuvo necesidad de eso, su solicitud fue aprobada con prontitud. Se instaló en un apartamento pequeño y austero como todos los otros. Se asomó a la ventana y vio la larga fila de solicitantes, se tiró a la cama y durmió sin apagar la luz. 

martes, 7 de marzo de 2017

3

El tabloide Semanal despidió a 20 de sus trabajadores. Cerró sus puertas en mayo de 2015 y Néstor fue uno de esos. Cayeron las ventas, redujeron las pautas y la competencia lo hizo mejor. Néstor quiso trabajar con el otro medio pero no fue posible, después de decirle que buscaban gente más joven le ofrecieron cubrir deportes y se negó, prefería cambiar de oficio que ser periodista deportivo, no le gustaba el fútbol y lo enfermaban los comentaristas. Sin trabajo y achantado Néstor se dedicó a vender productos por catálogo y a leer novelas de  Aghata Chirstie y John le Carré antes de entrar en el letargo de 12 horas o más del que a duras penas salía en lo que le quedaba del día, nunca antes había dormido tanto y nunca tampoco había sentido tanto sueño. Llevaba cuatro meses en esas cuando a su estado se sumó la necesidad de buscar donde vivir, lo echaron del edifico por no pagar. Así fue como Néstor llegó a Vivir Así. Era el arriendo más bajo de la ciudad y lo único que había que hacer era comprometerse con el ritual de la esperanza. “porque lo bueno llega si sabemos esperar” decía del administrador del lugar. 

lunes, 6 de marzo de 2017

2



“No hay marca por buena que sea que no tenga en su haber un producto que vendió menos de lo esperado. En el caso de Gato Plásticos S.A. el fracaso fue un balde muy ligero que se doblaba con el peso, su salida al mercado coincidió con los meses del corte, temporada en la que la gente debía cargar agua desde los parques públicos donde estaban los carros de bomberos hasta sus casas. El constante trajinar dejó rápidamente en evidencia las deficiencias de los baldes que se quedaron arrumados en las bodegas. Por fortuna para la empresa las sillas marca Gato son muy apetecidas por los compradores y se venden cantidades sin que haga falta ningún tipo de publicidad. Los compradores mayoristas son los directores de edificios y conjuntos cerrados Vivir así. En dichos lugares cada inquilino tiene derecho a más de diez sillas, suma que va acompañada por varios de los baldes ligeros que Gato Plásticos obsequia a sus mejores clientes. No hay marca que se considere buena donde un producto no cubra las perdías que deja otro”. Aparte de “la vida en burrito de parque de las empresas tulueñas de esta década” artículo de Néstor Tirado en el tabloide semanal. 

viernes, 3 de marzo de 2017

Ritual

1

Néstor terminó de organizar las sillas en un pequeño círculo, las limpió con un trapo que luego tiró a un balde con agua, se cambió de ropa y se sentó a mirar las manecillas del reloj de pared esperando que dieran las siete de la noche. Permaneció sentado y atento, a las siete y cuarto empezó a recoger las sillas, las acomodó una sobre otra y las llevó a una esquina de la habitación. Néstor y el total de los residentes hacían lo mismo todas las noches. El administrador del lugar lo llamaba el ritual de la esperanza. Néstor en secreto lo llamaba el ritual de las patas que no se movían. 

Fragmentos 2

La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...