miércoles, 22 de febrero de 2023

Ocurrencia #5 - de 100

Dicen los vecinos que él llegó primero. Ese gallo era de la gente que vivía ahí, me gritaron hace una semana. Su primer canto llega pasadas las tres de la madrugada y sigue cantando muy seguido, hasta que sale el sol y empieza la mañana. No me deja dormir. Quién tiene un gallo en su vida y lo abandona así de fácil cuando se cambia de casa. Lo veo por las ventanas dando vueltas, aturdido. Un día se va a echar a perder y será el recuerdo de un gallo perdido. Eso creo, me gusta creerlo. Quiero dormir y no saber de cacareos antimodernos. Incluso busqué en YouTube como ahuyentarlo de acá, quemarle incienso, indicaban, como si de el mal se tratara y no de un emplumado animal. Lo fácil que hubiera sido agarrarlo y reunirlo en una olla con yuca, plátano y cilantro. Un gallo inusual, me pone nerviosa mirarlo, se queda ahí quieto en el patio mientras llueve, se apara todo el aguacero, cómodo, estoico el animal.  Cuál será la relación de ese solitario gallo con la lluvia. Cómo era que lo trataban los que lo dejaron, lo habrán entrenado para eso. Me lo pregunto mientras espero y deseo que el gallo se vaya con su canto a otra parte. El gallo parece tener un secreto y no quiero conocerlo. Por eso mi desprecio. No me interesa. Me planteo algunas cuestiones al rededor de su presencia acá, pero no me despierta curiosidad, eso es lo peor, por eso no puedo con él, me despierta a mí dejando que mi curiosidad siga dormida. 





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