Una carta recibió María. Era tiempo de cartas todavía. Generoso de papel el remitente le habló de la granadilla, del lulo y la sandía. Le confeso su amor por esas frutas y por el salpicón que vendían en el parque de las tres cruces las hermanas Mejía. No sabía María por qué el tipo le escribía. Lo había saludado en la notaría un día mientras hacía la fila. Por qué tenía su dirección, acaso era un espía. También hablaba de canciones y de la amabilidad de sus tías. Señoras pensionadas dueñas de un balneario que se llamaba Algarabía. La invitaba a visitarlo si no le daba pereza y si podía. María rompió la carta y siguió con la manta que tejía. No estaba convencida, si quería que fuera entonces llamaría, ya tenía su dirección, el teléfono también conseguiría. Sonaba el teléfono y corría a responder María. Nunca el tipo de la carta, siempre la vendedora de suscripciones a revistas deportivas. Ahora anda ansiosa María, una carta la dejó pensativa.
martes, 21 de febrero de 2023
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