Cojeaba al alejarse patidañado sapo viejo. Una moneda de quinientos en el sombrero fue lo que vio. Los trucos que hacía con las pelotas valían más. Por su cara nadie se la iba a montar. Si le iban a gritar por la espalda que pagaran de verdad. Más careplasta será su madre, tacaño montador. El viejo se volteó y también algo le gritó. Ni 30 segundos estuvo ahí el que los observó, los oyó y su camino siguió.
martes, 21 de febrero de 2023
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