viernes, 5 de mayo de 2017

Pepa de aguacate

En una esquina al fondo del local hay una pila de pepas de aguacate, y en la entrada del mismo local un señor usa cuchillos y limas de diferentes tamaños para tallar las pepas. Cada cierto tiempo suelta el cuchillo y se seca el sudor. Le pregunto por su trabajó y me dice que lleva diez años dedicado a eso que le encanta y le da para vivir. Me explica que hay que darles tiempo a las pepas para que se sequen y se pongan duras y siento que me explica antes de que le pregunte porque me ve muy sorprendido tocando las pepas con la delicadeza con la que se toca un aguacate maduro.

Le pregunto por las figuras que talla y me dice que se las dicta la pepa, que él la mira y la toca un rato y empieza a tallar y hay va saliendo la figura, según él la mayoría de las pepas quieren ser una lechuza o una cara de duende o de bruja, muchas pepas quieren ser una A o una M y que casi ninguna quiere ser una Z. Me dice que los llaveros de iniciales se venden muy bien. Le pregunto que si alguna pepa ha querido ser Darth Vader y me dice que una vez le encargaron uno pero que no le salió bien.


Me habla de los tipos de lijas que usa y también de las lacas y pinturas, lo que más le cuesta es justamente pintarlas. Guardo la grabadora y la libreta en la mochila y le agradezco al señor por su tiempo y me dice que cómo así qué ya me voy a ir y que si no le voy a preguntar cómo perdió la pierna derecha. Le digo que no le pregunté por la pierna porque lo que importa es su habilidad, su talento para tallar y el señor me dice que está tallando una pierna para él. No sé qué decir, me siento muy pendejo, sacó la grabadora otra vez y él me habla de la pierna perdida sin dejar de tallar. 

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