Cada
que estamos juntos protagonizamos la misma escena y sale impecable como si la
hubiéramos ensayado, como si estuviéramos consientes de la representación. Es
una pena que por estar metidos en ella no la podamos ver cuando ocurre. Entran abejas
al salón, pero no juntas, sino de a una y a cada tanto. La abeja rodea a
algunos que se ponen de pie y se desplazan a otro lugar del salón expresando un
temor infantil. Otros los que aseguramos no tener miedo decimos que no es para
tanto, que dejen la bulla y para rematar la misma historia, que las abejas
están en peligro de desaparecer. Entonces esperamos a que la abeja se vaya y la
normalidad vuelva y cuando otra abeja aparece volvemos hacer lo mismo.
lunes, 8 de mayo de 2017
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