Es
que no lo pueden despertar, no pueden, si lo despiertan no saben a lo que se
atienen, él puede levantar dos o tres carros de esos y arrojarlos lejos con la
misma facilidad con la que usted escupe. El uniformado escupe a los pies de la
señora y le dice que sople y a continuación mientras espera le dice que si da
positivo él mismo se encarga de que le quiten la licencia y también de que le
quiten al niño. La señora parece asustada, sopla y da negativo, el uniformado
la mira con sospecha y le dice que las viejas aprendieron a hacerle trampa al alcoholímetro.
En
el asiento de atrás del carro el niño duerme profundo. La señora le pide a los
uniformados que la dejen ir, que le hagan el comparendo pero que la dejen ir. Uno
de los uniformados le dice que ese no es espacio para parquear y que cómo se le
ocurrió dejar a un niño solo en un carro. La señora insiste en que no lo podía
despertar, que a él hay que dejarlo despertar solito, que la última vez que lo despertaron
a las malas hubo un terremoto en Chile. El uniformado escupe al piso y le dice a
su compañero que o es loca o les está viendo la cara de pendejos y que él cree
que es lo segundo, eso le da 72 horas de detención.
La
señora se mueve de un lado a otro y les repite que no podía despertar al niño,
que por eso lo dejó ahí, que ella no se demoró nada. Uno de los uniformados dice que
entre mentiras y plata él prefiere que le ofrezcan plata, que por lo menos
ahorra tiempo y nadie lo está creyendo bobo. La señora le dice que en serio es
peligroso despertar al niño pero el uniformado no la quiere oir y empieza a
golpear el techo del carro, deja caer la mano abierta grande y pesada con
fuerza. La puerta de carro se abre y la señora que mira al uniformado temblando
sin saber porqué hizo eso sale corriendo.
Del
carro se baja el niño de no más de cuatro años, tiene la cabeza agachada y se limpia
los ojos con las manos, el uniformado lo mira con cariño y escupe, el niño
levanta la mirada y baja las manos, los uniformados ven sus ojos y retroceden,
no es normal lo que ven. La saliva del uniformado no alcanza a caer al piso.
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