lunes, 29 de abril de 2024

Diario de campo para un segundo periodo -29 de abril del 2024

Para llegar al trabajo debo tomar un bus que sale de Tuluá y llega hasta Sevilla y de Sevilla agarrar un jeep que llega al colegio, a ese carro que yo le digo jeep por acá le dicen la línea, en otras partes le dicen ruta o turno. El problema con el transporte es que uno termina llegando tarde al colegio porque la jornada comienza a las ocho de la mañana y cuando el reloj está indicándome justo esa hora voy a mitad de camino, colgado de las varillas del vehículo aquel que sabe tener tantos nombres. Normalmente, le dejó trabajo al grupo con el que me corresponde la clase de la primera hora, o sea, ellos ya saben que tienen que hacer. Pongo mi confianza en ellos y mal sería decir que fallan, no decepciona, la verdad es esa, se comportan a la altura.  

El día de hoy el carro nos dejó un par de kilómetros antes del colegio y tocó caminar, venía con una compañera que se iba quedando, no me constó moderar el paso para ir a su ritmo porque tampoco es que yo me muera por llegar al trabajo. Me robé un par de naranjas de un palo que está al bordo de la carretera y me estaba comiendo la segunda con poniendo mi vida entera en el disfrute de ese momento cuando nos alcanzó una compañera que venía en su moto dejando atrás el polvo, berraca resuelta e independiente, una mujer que nunca va a ir por la carretera caminando hasta el trabajo porque la línea no la dejó en la puerta del colegio. Se detuvo y pregunto que a quien llevaba y yo dije que llevará a mi compañera, yo iba a caminar más rápido solo, pensé, y así fue, mis compañeras se fueron y yo seguí el camino pensando que justo sobre eso iba a escribir hoy. Me apreté las correas del morral a la espalda y avance a buen ritmo. Para mi sorpresa la compañera de la moto volvió a bajar por mí. Me ahorro parte del camino y me dijo que ella no tenía corazón para dejarme tirado. A veces, en momentos como ese me dan ganas de creer en dios de verdad, creer en ese ser para darle la gracias por la gente de la que me rodea, porque si algo ha tenido bueno este trabajo para un tipo como yo que llega de nuevo a la región y a la profesión han sido los compañeros de trabajo y sé que, así como la naturaleza en su arbitrariedad me rodeo de estos con los que estoy agradecido me pudo haber rodeado de los peores.  

Pasaron varias cosas después en el colegio, un muchacho me habló de su frustración por no tener plata suficiente para comprarse un computador que le mueva los juegos que quiere, otro me dijo que en el puteadero del pueblo solo había gordas y otro que nunca había ido a cine. Para terminar, cuando llegó la noche me tome una botella de tequila con esos mismos compañeros de los que hablo, como si no fuera lunes, como si hubiera algún motivo para tomar. Puede que esto lo escriba bajo los efectos del alcohol y que esté prohibido escribir en dicho estado y que pierda la licencia para escribir, para machacar con mis palabras, lo que ya está machacado. En fin, que otro lunes se fue.  

viernes, 26 de abril de 2024

Diario de campo para un segundo periodo -26 de abril del 2024

Es viernes y ya nadie tiene ganas de hacer algo por la vida académica que nos relaciona. Los estudiantes dicen que ya deberíamos dejar la actividad de la clase para la próxima semana y dedicarnos a otra cosa, a jugar fútbol, por ejemplo. Digo esto porque normalmente es lo que sucede el último día de la semana, pero hoy es diferente, hoy llegamos al colegio y descubrimos, no sé si para bien o para mal, que hay un tubo  roto y que el colegio no tiene agua. Como diría el periodista, "con la ausencia del vital líquido" no podemos permanecer en el colegio. Que sin agua cómo le van a preparar a los estudiantes el desayuno y después del almuerzo. Que sin agua como van a permanecer abiertos los baños y que no falta el que la caga. Que sin agua como van a estar los muchachos aguantando calor y con sed y sin que tomar. Los profesores abogan por despachar a los muchachos para sus casas y la rectora por solucionar la situación y conseguir agua en las casas vecinas, la necesaria para preparar los alimentos del día, por lo menos mientras llega el fontanero a reparar el tubo. La señora de la cocina, a la que llaman con frecuencia, "la manipuladora" como si fuera la protagonista de una telenovela mexicana de principios de los 2000, asegura que ella ya habló con el fontanero y que él antes del medio día no va a poder llegar hasta el colegio para realizar el trabajo. Recordemos que hablo desde un colegio rural, que los estudiantes vienen de lejos, que disponen de rutas escolares, y que el acueducto es comunitario y que el señor que ejerce el rol de fontanero es a su vez el dueño de una finca que también debe administrar. Mientras se toma la decisión de despachar a los estudiantes o permanecer en el colegio, los conductores del transporte escolar esperan y asaran, que les digan de una vez si los pelaos se van o se quedan porque ellos se tiene que ir. Los muchachos están fastidiados, ahora resulta que aunque es viernes ellos sí se quieren quedar en el colegio, que sí desean hacer las actividades de clase, que irse para la casa tan temprano es inconveniente y que muy chimbo tener que llegar a la casa a que los pongan a trabajar. Se toma la decisión, los pelaos se devuelven para sus casas después de que "la manipuladora" les dé un chocolate con galletas. Los profesores permanecemos en la institución cumpliendo con la jornada, planeando clases y organizando maricadas algunos, otros hablando mierda y otro seguro escribiendo babosadas como esta. Lo cierto es que a la rectora tampoco le gustó la decisión y sus palabras fueron: "veo con preocupación que despachen a los estudiantes".  

 

jueves, 25 de abril de 2024

Diario de campo para un segundo periodo -25 de abril del 2024

Supongo que también debo hablar de mí, de lo que pasa conmigo estando acá, en medio de la montaña, en un colegio rural, un lugar del que nunca antes había odio hablar y al que de seguro no vendría si no fuera por razones de trabajo. 

Cuando estoy en Tuluá la gente me pregunta que dónde estoy trabajando y después de oír el nombre de la vereda que tampoco conocen, pero que se imaginan muy lejos, me preguntan por la guerrilla, como si yo viniera a darle clases a los grupos armados y no a los pelados de la región. 

El tema es que resulta más simple hablar de ellos, de los estudiantes, y de los otros profesores, y de las tareas y de la dinámica particular en que sucedemos juntos cada día en la institución. 

Aunque claro que estoy hablando de mí, no necesito nombrarme ni decir si me da frío o calor, si estoy contento o aburrido, si me da diarrea el agua que no es potable o si me rayo la cara con una rama cualquier tarde de esas en las que salgo a caminar y me robo una que otra naranja. 

Tampoco tengo que hablar de lo raro que resulta estar todo el tiempo sin señal de celular y tener un internet que funciona mal, porque eso afecta más a los estudiantes en su proceso de aprendizaje que a mí.

Tal vez el ejercicio debería buscar lo contrario, intentar en lo posible no hablar de mí, sacarme de la ecuación, hacerme a un lado, ser apenas un loro que repite, no querer interpretar ni reflexionar. Podría ser interesante conocer el resultado y seguro también sería aburrido, porque ese texto se parecería mucho a las decenas de trabajos de grado de las maestrías que tantos profesores haces buscando mejorar el sueldo. 

Llevar un diario para hablar de mí de manera directa me hace pensar en el lector, si yo fuera el lector de un tipo que escribe como yo, no me leería más, renunciaría al texto y diría si este hijo de puta vive tan aburrido y frustrado porque no se mata y luego me iría a ver videos en Facebook, videos cortos de esos productores de contenido que hacen reír apelando a la capacidad que tenga el que los ve de identificarse con ellos y así ir acabando con el humor de una vez por todas. 

El fin de la comicidad. El fin de la imaginación. El fin de la entrada de hoy. 

miércoles, 24 de abril de 2024

Diario de campo para un segundo periodo -24 de abril del 2024

A veces siento como motivación, no sé, por alguna razón creo que se pueden realizar algunos proyectos con los estudiantes, entonces sacó el celular con la aplicación de grabadora de voz abierta porque vamos a hacer un podcast y nadie habla, el silencio golpea fuerte en la cara, ninguno quiere que su voz quede grabada y los que quieren grabar porque les da igual que uno u otro oiga su voz no tiene nada que decir, aunque eso suena violento e incluso irrespetuoso, digamos que sí, que todos tienen algo que decir, pero no saben cómo decirlo, a Shakira se le agotaba el argumento y a estos les faltan las palabras, por eso ni van a hablar ni a escribir el guion ni a hacer entrevistas. Digamos que es así para poder seguir con el resto, lo que viene es empezar a elaborar la opinión de otro, preguntar una y otra vez, una y otra vez qué es lo que desean decir, darle vueltas a la idea de lo que el pelao cree que quiere expresar para irle dando la forma.

Se juega con esas palabras, se estiran y se encogen y se estrujan hasta que alcancen su punto exacto, como si uno estuviera tirando un alfandoque en medio de un trapiche de caña panelera.
No cuesta mucho dar una opinión sobre el entorno, o eso cree uno hasta que desea oírlas.
El otro problema es que esos proyectos que el tonto en el cumplimiento de su rol de profesor cree que son enriquecedores para la institución no significan nada para los estudiantes.

Venga deme su opinión para un podcast, digo yo, y ellos responden con una pregunta, y eso para qué, luego otra pregunta, con eso gano nota, con esa pregunta les alcanzan a brillar los ojos, convencidos de que articulando tres palabras frente a un celular que hace de micrófono están consiguiendo la nota final del periodo y entonces se puede relajar el resto de los días, cómo si no vivieran relajados en cada clase, cómo si les importara el colegio, cómo si no hubiera que tratarlos con una incómoda compasión porque pobrecitos es que trabajan en la casa y cogen café y cargan plátano.

Lo cierto es que uno empieza a darse cuenta de que con el tal podcast no se puede y entonces no se ilusiona más con ramitas secas y proyectos que nadie pide o exige y mira para otro lado y cumple con lo que le toca.

Aunque ahora no sé por qué, oyendo hablar a un par de pelados que ignoraban mi presencia en el pasillo, me dio por creer que tal vez podríamos hacer una especie de periódico escolar, un fanzine, aunque sea.

martes, 23 de abril de 2024

Diario de campo para un segundo periodo -23 de abril del 2024

Un tipo como yo que lleva años alimentando del deseo de ser un cuentista o un novelista, no pone el culo sobre una silla para intentar llevar un diario por puro capricho o antojo, no es un ejercicio inocente en el que registra sus días en un colegio rural solo para dejar que se pierda o esperar que se mantenga en el secreto y nadie lo lea, lo digo de una vez para que no nos llamemos a engaños porque ya somos viejos y en medio de las tetas de gordo tetón que soy ya es fácil encontrar el ombligo. Esto tiene ganas de ser visto, de ser leído y comentado, de ser ignorado o criticado, claro que sí, busca ser un diario de profesor que hable de su experiencia docente, un texto que en su deseo de ser público no se autocensure, una elaboración franca que pueda ser más sincera que complaciente. Digo todo eso porque hoy es 23 de abril y sabemos que se celebra el día de la lengua castellana, y como a veces leo poesía, me acordé de un poema del cubano Alberto Rodríguez tosca que se llama Aviso al lector, y entonces me dije que yo también debía de una vez al principio del diario dejar al lector avisado, no sabe uno que luego salgan con reclamos chimbos y exigiendo garantías. En ese poema, que cualquiera puede oír en YouTube leído por el mismo Rodríguez, él dice, "...las palabras que nunca significan, solo tratan de aligerar la vida, estas palabras no son la vida", y recurro a sus palabras porque le vienen bien a este proyecto de diario y porque le vienen bien a las jornadas de trabajo docente que se realizan periódicamente y en las que existe una obsesión extraña por las actas y lo que quedé en ellas registrado, las palabras ahí apuntadas, como si fuera estimulante de algún modo el proceso burocrático y las decenas de formatos asesinos de la creatividad para dejar que sean ellos los constructores de la memoria colectiva de un montón de lelos con sueños e ilusiones que cuentas las horas para que el día de reunión llegue a su fin y regresar de nuevo a casa, lejos del lenguaje técnico, lejos de la palabra muerta. Rodríguez Tosca también dice en su poema, "estas palabras no son para leer, sino para olvidar, así que no se alarmen si hasta ahora no les han dicho nada, estas palabras no dicen nada, son para olvidar", como las palabras de esas actas que tampoco son para leer y que también son para olvidar y que en últimas no dice nada. El cuento es que para finalizar la mierda escrita correspondiente a este día también dice el poeta, y no lo voy a poner en comillas, que, estamos condenados a decir, pero más bien deberíamos estar condenados solamente a escuchar, y sí, seguro así, bajo esa condena, yo no aumentaría mi huella de carbono escribiendo un diario que no importa y que no hace falta.

Diario de campo para un segundo periodo -22 de abril del 2024

Profe, es que todos los días se inventan una mierda para celebrar o cómo es qué hacen, pues, me dijo un estudiante a media mañana. Cómo así, papi, qué están celebrando hoy, le pregunté como si no estuviera enterado. Que es 22 de abril, profe, día de la tierra y que tenemos que hacer una cartelera y una sopa de letras y otras cosas ahí, pero yo no sé para qué celebrar un día de la tierra, si eso no sirve de nada, nadie quiere cuidar nada. Entonces yo pará dármelas de interesante, le dije que justo para eso se celebraba ese día, y el del agua y el del árbol y de la bicicleta y bueno, todas las fechas que tuvieran que ver con la necesidad de tomar conciencia sobre la crisis climática y el calentamiento global y lo necesario que es comprometerse y cuidar lo que tenemos. Sabe qué profesor, yo no me voy a comprometer con nada, acá dice que tengo que escribir que prometo o me comprometo a cuidar el medio ambiente y la chimba, que cuiden los otros, los que no cuidan, pero yo no, yo ya suficiente le aporto al planeta viviendo entre las montañas. El pelao estaba fastidiado y yo estaba agradecido porque por lo menos ese argumento me resultaba más convincente que el de cualquiera de mis conocidos marihuanos que no toman Coca Cola y se cepilla con cepillos de bambú de cerdas suaves y repiten que la culpa de todos la tienen los gringos y los chinos, pero pegan mara Miami cada que pueden y comprar cuanta maricada made in china puedan. Le dije al estudiante que no se enredara con eso, que escribiera procurar, que él iba a procurar por el cuidado del planeta y listo, fin del asunto. Cómo así y es que eso se puede, me preguntó. Claro que se puede pana, ponga eso y listo, esta lengua ofrece muchas posibilidades, le dije, por eso es que mañana celebramos el día del idioma. Otra marica celebración, si pilla profe, lo que yo le digo. Me reí y le dije que igual no iba a haber clase, y el estudiante dijo que así celebraran eso, a él no lo iba a poner a escribir poemas ni a leer. Luego pasaron más cosas, pero me parece que hasta acá está bueno. 

 

lunes, 22 de abril de 2024

Diario de campo para un segundo periodo -19 de abril del 2024

Nunca en la vida he llevado un diario, desconozco los por menores de dicho ejercicio, por eso no sé si debería escribirlo a mano durante la jornada laboral, es decir, ir tomando pequeñas notas durante los espacios de tiempo que se puedan ir presentando durante las clases o si, por el contrario, debería esperar hasta que sea de noche para elaborar el texto que registra el recuerdo del día transcurrido directamente en el computador. Supongo también que el diario podría ser secreto y solo para mí, pero en ese caso qué motivación tendría, acá en un blog público y abierto, por lo menos puede ser leído y comportarse más como un texto vivo, o no sé, eso creo. Aunque el problema de un texto vivo sería que se puede morir en cualquier momento, tendría necesidades y habría que alimentarlo y cuidarlo, un texto vivo en la práctica vendría a ser lo mismo que el animalito del tamagochi, animalito al que varias veces deje morir. Ojalá esto fuera una reflexión que explora el dilema moderno del deseo de introspección y privacidad versus la necesidad de conexión y reconocimiento y no una mera habladera de mierda que sirve para disimular la ausencia del poco estímulo que me produjo darle clases a uno pelaos que no quieren estar dentro de un salón de colegio. 

Fragmentos 2

La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...