Si ha visto que los tumbados por esa maquinita son puros
menores de treinta años, es que a ustedes los pelados se les van los ojos
cuando ven esos numeritos de colores titilando en una pantalla, los ven y se
orinan de a poquitos. Marcos miraba a la señora que decía eso y al pelado que
tenía al lado. Miraba las piernas de la señora y envidiaba al muchacho que
seguro era el novio. La maquinita de la que hablaba ella era una balanza
digital ubicada en el pasillo del centro comercial, cuando Marcos se sentó en
la banca que estaba al frente de la balanza vio al pelado subirse y echar una
moneda de doscientos esperando conocer su peso pero la balanza lo que le dijo
fue Hola y un par de segundos después Chao. La señora se rió al principio sin
ganas y luego en medio de las carcajadas le decía que le echara otra moneda a
ver si le decía otra cosa. Marcos miraba a la señora con ganas de perder
monedas en la balanza a ver si ella notaba su presencia. Después del pelado otros
cuantos se subieron a la balanza para recibir el mismo Hola-Chao en letras
rojas. La señora seguía sosteniendo su afirmación y los tumbados le seguían dando
la razón. Lo que le faltaba decir a la señora era que solo intentaban pesarse hombres. Marcos se fue pensando en la balanza, en el saludo y la despedida
y el evento pendiente en medio.
lunes, 13 de agosto de 2018
martes, 31 de julio de 2018
Marcos
Marcos ya no compra chocolates. La última vez que compró
una caja estuvo media hora en el supermercado mirando los estantes en un pasillo
que ese día estaba tan vacío como el pasillo donde están las cervezas sin
alcohol. Su cuñado sostiene una caja de chocolates Lindor en la mano, dice que
se la regaló el jefe porque él no se los puede comer, lo mata la diabetes si lo
hace. Marcos le dice que si fuera un jefe responsable se los hubiera comido. Seguro
el que se los regaló pensó lo mismo, dice el cuñado de Marcos. Si usted está
pensado lo mismo y por eso se los trajo a mi mamá sepa de una vez que ella no
tiene diabetes, dice Marcos, el cuñado se ríe y deja la caja sobre la mesita de
centro. La sala se ve distinta y el cuñado lo nota. Y esa foto qué, pregunta,
de dónde salió. Marcos le dice que no sabe, que la mamá estuvo un tiempo buscándola
pero no sabe dónde la encontró o quién la tenía, ayer apareció con ese cuadro y
primero dijo que lo iba a colgar en el cuarto de ella y luego que no que en la
sala quedaba mejor, que ahí arriba del sofá y listo la colgó ahí, yo no le
ayudé porque yo pa clavar puntillas no sirvo. Su papá era un man bien pinta, de
malas usted que no le sacó nada al viejo, dice el cuñado. Marcos no tiene
reacción alguna para el cometario, se sienta al lado de su cuñado y mira la
caja, la detalla con la misma atención que su mamá pasando las páginas de los álbumes
de fotos familiares. Ábralos y no los comemos mientras vemos el partido, dice
el cuñado. Marcos intenta abrir la caja y la deja caer al piso; la última vez que
Marcos compró una caja de chocolates agarró la primera del estante y se cayeron
todas las que estaban detrás, tuvo que venir un empleado del supermercado a
ayudarle a recoger. Cuando Marcos salió su papá ya no estaba esperándolo, la ambulancia ya se iba y un vigilante le dijo que el
señor se había enfermado, le dio como un infarto, le dijo. No Marcos mijo, pero
ni que abrir una caja de chocolates fuera tan complicado como clavar una
puntilla, dice el cuñado riéndose mientras agarrando la caja.
lunes, 30 de julio de 2018
Marcos
Pero a usted qué le pasó mi señora, le pregunta Marcos a
la señora del apartamento del cuarto piso cuando se la encuentra subiendo las
escaleras. Ella tiene la mano izquierda enyesada y apenas se le alcanzan a ver
dos dedos con las uñas pintadas de un rojo que combina perfecto con el blanco
del yeso que es el mismo de las baldosas siempre bien barridas de las escaleras
del edificio. La señora lleva dos semanas respondiéndole a Marcos la misma
pregunta; le ha dicho que se cayó por las escaleras, que la tumbó un caballo,
que le robaron la cartera, que la atropelló una moto, que se enredó cogiendo
zapotes porque la rama estaba muy alta. Marcos va al edificio a regar las matas
y a darle de comer al gato de un amigo que tuvo que hacer un viaje de trabajo. La
señora le dice a Marcos que no es una fractura sino una operación que se hizo
para tener por fin un brazo robótico. Marcos la mira dudoso y con la voz de
estupefacto que no tiene le dice a la señora que le parece buenísimo, yo con
plata también me haría poner una cosa de esas también. La señora le sonríe como le sonríe
a los descarados y sigue bajando. En el apartamento Marcos le cuenta al gato que
hoy la señora casi lo convence, pero mañana le vuelvo a preguntar porque de
pronto sale con una mejor.
viernes, 27 de julio de 2018
Marcos
El vecino pregunta por la hermana de Marcos cuando lo ve
venir con su sobrino de la mano. El niño dice que la mamá salió a montar en
bicicleta con unas amigas y que el tío lo llevó a comer helado. El vecino dice
que él también va a empezar a montar en bicicleta pero el año entrante, porque
uno se tiene que mover, hacer ejercicio es bueno; el vecino habla rascándose la
barriga como si fuera un raspa y gana. Pero
por qué se va a esperar hasta el otro año vecino, le pregunta Marcos. Pues mijo
porque yo no sé si usted sabe pero como a mí la mujer se me fue y me dejó y se
llevó todas las cosas, entonces yo no puedo sacar tiempo ahora pa el ejercicio
porque me toca es trabajar pa comprar otra vez el televisorcito y la neverita y
la camita y las poltronitas y luego si pues ya se puede uno relajar. De todos
modos hay que tener todas las cositas pa cuando uno se consiga otra mujer; que
llegué a la casa y encuentre todo ahí listo que no sea sino llegar a cocinar y
voliar clavo así como hice con la que se fue. Oiga vecino y por qué se fue pues
su mujer, preguntó Marcos. Hombre vecino, como que se aburrió la vieja, yo no sé,
eso terminó unos cursos que le pagué y se fue, se fue hermano. Marcos le grita a
su sobrino que vuelva que ya se van a entrar y el niño se despide de los otros
niños de la cuadra y vuelve corriendo. Bueno vecino pues ahí se le puede unir
entonces a mi hermana y a las amigas de ella, varias son solteras, le dice
Marcos, el problema es que les aguante el ritmo. Un aguanta mucha cosa vecino,
mucha cosa.
lunes, 23 de julio de 2018
Marcos
Le voy a contar lo que pasó anoche pero no todo porque no
me acuerdo. Primero el vecino se asomó por la ventana y espantó al perro y
luego le tiró un baldado de agua; no me acuerdo del color del balde y no le
puedo decir si el agua estaba fría o muy fría y el perro chilló pero el agua no
lo mojó todo aunque no me acuerdo si le mojó la cabeza o el culo.
La segunda fue la vecina de al lado que salió en pijama
con la escoba en la mano y le acomodó su golpe al perro. De lo que no me
acuerdo es de la escoba, no le puedo decir sí era nueva o vieja si era la de
barrer adentro o la de barrer la calle y el perro chilló pero no se fue; pero
eso sí, la señora estaba muy bien peinada, como si no hubiera podido dormir
nada.
El que no salió nunca fue Juvenal que era el dueño de la
bolsa de basura que el perro estaba despedazando y regando por toda la cuadra y
vea yo no me acuerdo bien pero ahí dentro de esa bolsa había un muerto mal
picado porque ese perro arrastraba una cosa larga parecida a un brazo como de
un pastor alemán o bueno un perro así grande, lo que no le puedo decir es si
era un perro o varios yo como le digo no me acuerdo sino del perro al que
espantaban era como amarillo.
El otro vecino, el del final de la cuadra fue el último
que salió y ese sí ni agua ni escoba ni nada, ese de una sacó un revólver y le
pegó dos tiros al animal. No le puedo es decir en dónde le pegó porque como le
digo no me acuerdo y eso del revolver pues es un decir también porque yo de
armas no sé nada. Después de eso yo me fui a dormir y ahí quedó ese perro
tirado en medio de ese basurero. No le puedo decir más Marcos. Pero usted por
qué es así Marcos por qué no me cree nada, yo que voy a saber cómo ladraba el perro, no le digo pues que no me acuerdo de todo.
miércoles, 18 de julio de 2018
Marcos
Marcos se quita las gafas oscuras que se pone cuando sale
por la tarde con rumbo al concejo municipal a visitar a sus amigos que le
gustan tanto cuando se están negando a atender a las personas que los buscan
pidiendo favores y exponiendo problemas chimbos de relevancia insoportable como
la de los vecinos ruidosos o los huecos en las vías dejados por contratistas
borrachos del acueducto que no necesitan reunirse para planear los pasos a seguir para
conseguir que una obra de dos días de demores tres semanas en finalizar. Saber excusarse
es un arte que no conocen los concejales. La señora mira a Marcos como encandilada
y Marcos se ríe con ella porque sabe lo que le va decir. Marcos mijo pero que
ojos tan lindos los suyos, yo no sabía que los tenía de ese color tan claro,
son como verdes, pero como que también amarillos. Marcos no entiende cómo
relaciona ella los colores pero se sigue riendo; él ya sabe cómo reaccionar
cuando la señora le habla del color de sus ojos, debe notarse entre halagado y tímido
y también dudoso. Marcos lo sabe desde que empezó a visitar el concejo hace
cuatro años cuando la señora le dijo por primera vez que no se había fijado
antes en el color de sus ojos. Marcos va al concejo dos o tres veces a la
semana y la señora le dice lo mismo cada que puede y finaliza siempre diciendo,
vea usted cuatro años viéndolo por acá y apenas lo reparo.
lunes, 16 de julio de 2018
Marcos
Uno de los vecinos de Marcos le dice don Marcos y Marcos
no sabe por qué, cuando él le habla siempre le dice Reynaldo así sin más, sin
formalismo. El vecino trabaja en la galería, vende plátanos y bananos y guineos;
todos los días a las tres de la mañana saca la camioneta del garaje intentando
hacer el menor ruido posible y se va para su local, son más ruidosos los
ronquidos de Marcos que el vecino. Reynaldo le pide a Marcos que le consiga una
de esas pancartas o pasacalles de esos que ponen los políticos en campaña
porque el material es muy fino y le sirve para tapar los racimos del sol. Usted
que es amigo de todos esos candidatos don Marcos la tiene fácil y eso de más
que lo desmontan y lo botan por ahí en cualquier parte. Oiga Reynaldo pero esa
caras de esos candidatos no espantan a la gente cuando vaya a comprar, preguntó
Marcos. De más que no don Marcos pero yo los pongo al revés y eso con una
semana de sol se destiñe y ya ni se queda viendo. Listo Reynaldo cuente con
eso, le dijo Marcos; a usted lo van a envidiar un montón, dándose el lujo de
mancharle la cara a esos personajes. No don Marcos pero no es por eso, no es
por nada político ni nada, es no más por el material de las pancartas esas. Fresco
Reynaldo que a nadie le importa que hacen con eso, las de la campaña pasada las
mandamos pal gallinero de un amigo para que tapara la gallinaza.
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