martes, 1 de mayo de 2018

Marcos


Ella empezó a decir que tenía frío. Lo dijo una vez y cruzó los brazos acariciándose con velocidad los hombros pero sin perder la delicadeza que al parecer era la más interesada en quedarse hasta esa hora en el restaurante. Marcos notó que la muchacha quería su saco cuando por tercera vez le dijo que estaba haciendo mucho frío repitiendo el mismo movimiento con los brazos. Acá es donde deberíamos recrear ese lugar común de las películas en el que el hombre se quita la chaqueta y se la entrega a la mujer en un gesto de protección que su brío es incapaz de perdonar. Marcos le dijo eso a ella muy serio, no había estado tan serio durante la comida ni  en la conversación con los diputados. Ella le sonrió como esperando a que Marcos materializara las palabras que acaba de pronunciar, pero Marcos no se quitó el sacó. Si acá estuviéramos haciendo una película yo le prestaría la chaqueta pero viendo que no es así y que de verdad está haciendo frío mejor me quedó admirando su capacidad para tolerar las bajas temperaturas. 

Mandados


Miré con cuidado el paño blanco donde estaban dispuesta las nimiedades por las que me encontraba ahí de pie contemplando el orden. Como en esa cacharrería enorme a la que iba de niño a comprar esos carritos de plástico de color pastel con los que jugaba en el patio. Así como lucían esa vitrinas así me parecía que se veía ese paño. 

En la derecha de arriba hasta abajo 17 pinzas de diferentes colores unas simples y otras decoradas con aplicaciones de flores o mariposas. Justo al lado de las pinzas y también en fila 4 botones, 2 negros de plástico, 1 café de madera, todos redondos y el ultimo rojo y cuadrado más parecido a un arete. En ese mismo orden pelotas de plástico, un trompo que seguro habían sacado del fogón antes de que empezara a quemarse, una cuchara, gafas sin lentes, todas negras. Pilas, calendarios de bolsillo, monedas viejas de un peso, llaves largas y otras más cortas oxidadas.

Del ensimismamiento que me provocó estar mirando las chucherias me sacó la orden del tipo que frente a mí tras la mesa cuidaba del paño antes de que yo llegara. Me dijo que tenía que ir a Gualanday y quemar en el horno de la estancia panelera de Elías todas esas piezas una por una, calló y recogió el paño. Para qué se toman el tiempo de ordenar estas maricadas y que uno las vea así de coquetas si luego las van a juntar como en una piñata, me pregunté y sentí como si al mismo tiempo me estuviera respondiendo.
Hice lo que me dijeron como lo hago cada año, razón por la cuál lo puedo seguir haciendo. Me mandan a quemar lo que hay en el paño y cuando termino me dicen que me quede con la ropa nueva que llevo puesta y me vuelven a encerrar en la celda.

lunes, 30 de abril de 2018

Marcos


Marcos se sentó en la banca a menudo ubicada debajo del televisor que el abuelo tiene colgado en la pared, siempre prendido siempre con el volumen al máximo. La banca es de color naranja, la pintó el abuelo con una pintura que le sobró a un vecino después de pintar su casa, pero el abuelo no solo la pintó sino que también la hizo, el abuelo es inquieto cuando no está enfermo. Marcos guardó silencio y miró a su abuelo dormir, tenía que aplicarle una inyección, por eso estaba ahí, pero no sabía cómo despertar al abuelo, lo miró en silencio aunque en su cabeza gritaba y gritaba más, esperando perturbar el descanso del abuelo, pero si al abuelo no lo despierta el ruido del televisor entonces al abuelo no lo despierta nada, o por lo menos eso se repitió Marcos antes de apagar el televisor; ese silencio fue suficiente para que el abuelo se despertara gruñón preguntando qué había pasado con el televisor. Marcos le dijo que iba a inyectarlo y el abuelo le dijo que menos mal había ido él porque su mamá tiene esa mano muy pesada. El abuelo le preguntó a Marcos que si le gustaba la banca y Marcos dijo que sí. Ahí la tiene a la orden, dijo el abuelo como si la hubiera hecho ese mismo día. Marcos se despidió del abuelo asegurando que volvía al otro día.

viernes, 27 de abril de 2018

Marcos


Las visitas mañaneras se las inventaron las amigas de su hermana, o son viejas sin destino o madrugan mucho y a las diez de la mañana tiene todo listo y se pueden dedicar a andareguear por ahí. No señor no es lo mismo yo voy a la casa de su hermana porque yo soy la mamá y porque yo tengo más tiempo que ellas no ve que yo no tengo hijos chiquitos ni nada, aunque usted está viejo y también es un encarte. Bueno allá estaban dos viejas con las que estudió hablando de los maridos y de esa música maluca que les gusta. No señor cuál celosa no sea bobo lo que pasa es que me chocan ellas. Por chismosas por qué más me van a chocar, allá hablaron también de una muchacha de por acá de la cuadra que dejó al marido, llevaban once años juntos y se cansó y se fue, se aburrió, que todos los días lo mismo y todos los días lo mismo y todos los días lo mismo y todos los días lo mismo y si hubiera hijos o algo pero nada solo ellos dos y la vida maluca de los dos juntos. Pues claro que puse cuidado que me choquen ellas no me impide escuchar. No señor si mañana vuelvo y me las encuentro otra vez mejor no voy más, que venga ella acá si quiere.

viernes, 13 de abril de 2018

Marcos


A Marcos le gusta un salchichón que se llama Don Juaco  y tiene dibujado un marranito con pinta de ir al gimnasio que parece hubiera estado posando para el retrato; debajo del marranito dice “salchichón de carne de res”. La gente cree que el salchichón es tan malo que ni siquiera se fijan en la falta de coherencia de la información que ponen en el empaque. Lo que Marcos cree y por eso le gusta el salchichón Don Juaco es que el marranito fornido está en el logo no porque el salchichón sea de carne de marrano sino porque el marranito es el que mata las vacas para hacer el salchichón. A Marcos le gusta creer que se come un embutido hecho con la carne de un animal cuadrúpedo que mató otro animal cuadrúpedo. 


jueves, 12 de abril de 2018

Marcos


Marcos leyó en el periódico una columna de opinión que escribió uno de sus amigos y ahí mismo lo llamó para decirle que era un pendejo. Usted porque se pone a escribir sobre corrupción y negocios chimbos en empresas públicas contando todos los detalles de cómo funciona; vea yo le leí eso a mí mamá y ella ahí mismo me dijo, ese señor sabe tanto de eso que está diciendo que parece que el negocio se lo hubiera inventado él. Yo que le iba a decir que usted lo que está es ardido porque antes el que robaba ahí era usted y ahora están robando otros que no son los suyos. No señor no tiene nada que ver con que yo sea amigo del alcalde ni nada de eso, no hable maricadas que usted mejor que nadie sabe que los próximos 20 alcaldes de este pueblo son amigos míos, es que el negocio mío es ese, tener amigos. A bueno pues por eso le estoy diciendo que piense antes de escribir, sino no le estuviera diciendo que cuando se pone a decir lo que dice creyendo que está encochinando a otros lo único que está haciendo es dando papaya para que lo jodan a usted. Dizque preguntando quién es el jefe político del gerente de esa empresa, qué tal este marica, acaso el primer jefe político de los gerentes no fue usted, no era usted el que ponía y quitaba empleados. No señor no me diga que no, conmigo no tiene que negar nada ni hacerse el inocente, yo no lo juzgo yo le digo que no sea bobo, no de papaya. Deje que en los periódicos escriban los que saben, usted siga trabajando en lo suyo. Marcos colgó el teléfono y le dijo a su mamá que si iba para la casa de la hermana ayudarle con una tarea del niño. 

Marcos


Hombre pero es que se tipo no duerme sino que entra en coma. Yo no sé quién será pero ahí lo vi en el noticiero dizque él se levantó y fue a la cocina a hacer tinto y luego salió al corredor con el pocillo en la mano y ahí vio que en el barranco del frente donde por la noche estaba la casa de Reinaldo no había casa sino un chorriadero, el señor dijo que él vio eso y se hecho la bendición y ahí mismo salió al patio y miro para abajo y allá estaban en el bordo del río entre barro y piedras las tablas y las hojas de zinc de las que estaba hecha la casa de Reinaldo. Es que cuñado diga usted que llueve toda la noche, que llueve tanto que se derrumba un barranco y se lleva una casa con él y uno ni oye ni nada y no se da cuenta sino hasta que se levanta, es que eso es morirse. Marcos miro a su cuñado que juzgaba al señor de las noticias como si dormir fuera un crimen o como si haber estado despierto le hubiera permito al señor salvar la vida de Reinaldo. Yo me duermo igual o peor, le dijo Marcos a su cuñado. No, es que de usted no me queda duda, pero es que usted es un vago que no sabe sino dormir en cambio la gente de por allá de la montaña es trabajadora. Pues si duermo yo que no trabajo según usted imagine esa gente que trabaja tanto, como se acostarán de cansados, normal que el señor no oyera nada. Marcos no dijo nada pero en su cabeza lo que se repetía era que si Reinaldo y el otro señor hubieran estado viviendo juntos en vez de ser dos viejos solitarios por allá tan lejos Reinaldo seguiría vivo. Seguro que eso les pasó por quererse de lejos. 

Fragmentos 2

La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...