En la casa paterna, la casa materna, en caso de que esa casa exista, permanecen las fotografías de los hijos colgadas en las salas, las caras de esos que limpian el culo de una viejita a las seis de la mañana de un martes en Valladolid haciendo arcadas, pero con sus expresiones del pasado, esas tiernas e ingenuas de la infancia. No importa que ya estén viejos esos hijos, ni a donde vayan, no importa que estén de cobradores en Rondonía, de tenderos en Guayaquil, de cuidadoras en Turín, de putas en Madrid o Roma, de jíbaros en Londres o París, de ayudantes de construcción en Nueva York o Barcelona, no importa nada de eso, las fotografías siguen ahí acumulando polvo. En algunas casas, además de las fotografías, están también a la vista de cualquiera que llegue, los diplomas enmarcados de esos hijos, bachilleratos, técnicos del Sena o de institutos de garaje, cartones de licenciatura en idiomas, sicología, artes plásticas o enfermería, porque esos hijos que acomodan cajas de dientes de viejitos malolientes en Europa o cargan hierro en grandes obras en Estados Unidos, esos también estudiaron aunque no ejerzan y se dediquen a otras labores. Esas fotografías son en esas casas la celebración de la vida, una vida que nadie sabe cómo debe vivirse hoy y que nadie creía iba a ser vivida de esa forma cuando las hicieron.
jueves, 5 de octubre de 2023
miércoles, 4 de octubre de 2023
Irse, quedando -91
Irse, quedando -90
Abrí el correo electrónico para revisar asuntos del trabajo y me topé con un mensaje curioso, por no decir otra cosa, por pereza de buscar la palabra adecuada, podría decir uno de esos tantos editores que me han dicho que lo mío no se puede publicar, pero que siga intentando, y sobre todo y con urgencia, que aprenda a poner comas, eso es lo primero, antes de creer que tengo una historia o de confiar en las anécdotas o de sentir que al mundo le urge conocer mi relato, lo que vale es aprender a poner las comas, mi novela puede ser una copia del capítulo de una serie o la descripción de 30 fotografías robadas de un periódico, eso no importa, lo que importa son las comas. Y no, el correo no es sobre comas, ni tiene las comas mal puestas, porque además es un correo muy corto y muy simple, lo firma Emilio García, me dice que se encontró en un café un libro de cuentos y que en la primera página estaba escrito mi correo, decía que le habían gustado dos cuentos, el del romance entre el cazador de animales de monte y la enfermera de la vereda que se había perdido por el camino cuando regresa al puesto de salud después de terminar una jornada de vacunación infantil y el del señor que era un viejo muerto que se había ido a vivir solo lejos de la carrera y que todos podían ver sin saber que ya no estaba vivo. Ya ni me acordaba yo de la persona a la que le había dado una copia de ese primer libro mío para que la dejara por ahí abandonada en cualquier parte de México. De los varios libros regados por ahí, por fin tenía noticias de uno, una de esas copias había encontrado un lector. Respondí el correo dando las gracias por leer los cuentos y por tomarse el tiempo de escribirme. Ojalá que con la alegría que me dio leer ese correo hubiera podido pagar los recibos, pensé luego, cuando el hecho perdió su novedad.
martes, 3 de octubre de 2023
Irse, quedando -89
Las videollamadas van y vienen entre los que están en el extranjero y los que se quedaron en su suelo. Ni por asomo alguien se detiene a pensar en esas comunicaciones por carta que sostuvieron los que vivieron antes del teléfono o el internet. Ni siquiera esos que van por ahí creyéndose los últimos románticos, mantiene una relación por carta. No sé si mi mamá hablaría con la misma frecuencia con mi hermana si tuvieran que comunicarse por teléfono fijo o por correo electrónico. Eso sí, con tanto desarrollo en el campo de las comunicaciones, el contacto con los amigos y la familia es siempre multimedia y se mezclan las fotografías con las notas de voz y los videos y el texto y las llamadas y las videollamadas, el afecto vivo a través de una máquina de respiración artificial que viene a ser el internet. Luego, tal vez el afecto pueda mantearse vivo a través de la inteligencia artificial y los que están lejos puedan saludar en las mañanas y ponernos al día de su cotidianidad programando a una aplicación que pueda mantener la fluidez mientras ellos siguen con sus vidas y sus tres trabajos y su disfrute de la tranquilidad.
Irse, quedando -88
No podría irme de este país, en caso de que así lo decidiera, sin antes ir de nuevo a la vereda en la que crecí para ver por última vez a Nacho.
Muchos de los que se van visitan al señor de los milagros o al divino Eccehomo y rezan y se encomiendan, en mi caso sería volver a esa montaña para ver, aunque sea de lejos, esa choza que es casa y fue extrañeza y es ejemplo.
A veces creo que yo soy como una especie de discípulo de ese señor.
Yo no he decidido aún abandonarlo todo y concentrarme en mí alejándome de la carretera como si lo hizo él, pero cuando él lo hizo tenía tal vez 40 años y yo aún no llegó ahí, tengo tiempo todavía.
Lo mío tal vez ha sido y sigue siendo la busque da la aceptación de una vida minúscula como opción, aunque ahí tal vez me pierdo porque no sé si lo de Nacho fue una aceptación o una elección, y son dos cosas muy diferentes, o no, es algo que se podría discutir.
Yo iría de nuevo hasta allá y no me importaría que saliera y se quedara de pie en la puerta sin responder ni el saludo, solo tenerlo al frente, verlo vivo y ahí, sería suficiente.
Una vida exigua, una narración exigua, eso podría ser lo mío y podría incluir la aceptación y la elección. Aceptar que talento mío es muy limitado y que como profesor puedo labrarme un porvenir y elegir escribir para mí y para los cuatro o cinco que estén dispuestos a leer, y celebrar eso sin más quejas ni frustraciones, porque eso estaría bien, porque eso sería tan honesto y limpio como lo que hizo Nacho.
lunes, 2 de octubre de 2023
Irse, quedando 87
El síndrome de Ulises es una muy buena novela, una y otra vez su lectura me ha emocionado y estremecido, aunque su lectura no consigue que las personas que tiene una idea de migrar se queden en su lugar y no emprendan ese camino, tampoco es que tenga que hacerlo, no es para eso que está escrita. Lo de otorgarle esa cualidad fue idea mía y eso hasta debería saberlo Gamboa porque han sido muchas las copias de ese libro que he comprado, nuevas, usadas, piratas. Lo presté y lo regalé en muchas ocasiones, supongo que algunos lo leyeron y que muchos otros deben tener esa copia, por ahí recogiendo polvo. Todavía lo regalo, pero ya sé que nadie va a cambiar su decisión de irse por leer una novela. No sirven para eso las novelas, no sirven para nada las novelas. No sirve para nada escribirlas y para nada leerlas. No es que sea inútil, o incensarías, solo digo que no sirven para nada y el hecho de que uno pueda decidir que una parte de su vida puede estar dedica a eso, a escribir una novela o a leerla, aunque no sirva para nada, me parece lo importante. Leo la novela por el puro gusto de saberme leyéndola y me parece que hay grandeza en eso. También debe haber grandeza en el ejercicio de escribir una novela por el gusto de escribirla, si querer publicarla sin querer lectores, si esperar ser un novelista y esa grandeza todavía me es ajena. Lo cierto es que sigo leyendo El síndrome de Ulises sin saber qué ilusiones hacerme.
Irse, quedando -86
Sabe que no se tiene que quedar, cierto, me pregunto una vez Raúl, o sea, usted es consciente de que si quiere salir de allá mañana mismo, acá estoy yo para recibirlo y darle la mano, cierto, lo tiene claro, me dijo Raúl hace un par de meses y me lo ha dicho desde ese día cada que hablamos.
Para qué se quiere quedar allá, muchos pueden quedarse porque tiene vocación y creen en eso de salvar al país y contribuir con lo que saben, pero usted no, usted no está enseñando porque crea que puede mejorar las cosas, enseña en esa escuela porque tiene que comer, es más, cada que le resulta un trabajo donde pueda ganar más abandona cualquier colegio y se dedica a cuestiones inesperadas, como esa vez que estuvo administrando un supermercado, o la otra vez en la que trabajo de secretario en esa oficina de abogados, entonces no hay razón para quedarse, usted quiere escribir y eso lo puede hacer en cualquier parte, eso me lo dijo Carmen, ella cree que debería salir de Colombia.
Mi hermana cree que sé si ya no voy a vivir con papá y mamá y tampoco he conseguido mujer, la misma cosa es que me vaya para allá, no es ningún paraíso, es como estar allá, pero mejor, hay como una carga invisible que lo aplasta a uno allá que acá no está, también toca apretar para llegar a fin de mes, pero el cuerpo y la mente están ligeros, esa carga no está, la angustia es distinta.
Lo pienso, yo lo pienso porque no sé qué hacer, porque sé que el dilema de irme o quedarme no es grave, que lo difícil es decidir, que no vale la pena dedicarle más vida a lo de ser novelista. Que así como los alcohólicos hacen un alto en el camino y se meten a un grupo de AA, yo debería hacer lo mismo, eso sí, cambiaria las cosas, yo no soy escritor, no seré novelista, esos libros autoeditados dan pena y llevar una vida minúscula como un no escritor que acepta su suerte sería más digno.
Tengo casi 40 años y las huevas descolgadas y la seguridad de que nunca podré escribir una novela de la que me pueda sentir orgulloso, por eso escribo otra cosa, esta libreta de apuntes en la que me despido de la escritura y de las novelas y los cuentos.
Así comenzaría mi nuevo libro, porque cuando pienso en dejar la escritura atrás estoy también concibiendo un nuevo párrafo de otro libro que también me avergonzará.
Fragmentos 2
La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...
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—¡Podemos ser otros aquí! —gritó el hombre, mientras se despegaba de la baranda en la que había estado recostado. Dejó caer su prótesis de...
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La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...
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Un día por completo perdido, podría decirse, en el encuentro de hoy, al que no sé si llamar asamblea y que fue en la calle, bloqueando el pa...