miércoles, 11 de abril de 2018

Marcos


Vino una vecina nueva medio cabreada con un papel arrugado de tanto manoseo. Se lo mostró a la mamá de Marcos a ver si ella había visto alguna vez ese símbolo. La mamá de Marcos le dijo que no, sin detallarlo mucho. El símbolo era un triángulo amarillo mal hecho que de escabroso no tenía sino lo que la muchacha decía sobre él. Según ella el símbolo estaba pegado como una etiqueta en todas las puertas de la casa y para ella que eso era pura brujería. La mamá de Marcos le dijo a la muchacha que Alcira llevaba mucho tiempo viviendo en el barrio y que ninguna de las personas que arrendó cuartos antes de usted se quejó de nada. La muchacha dijo que esa señora era rara. Lo que más me asusta es lo que pasa cada que voy a abrir la puerta, usted viera la tembladera que a mí me agarra cada que voy a meter esa llave en la chapa, es que no soy capaz de abrir, y siempre tiene que venir ella y ayudarme. La mamá de Marcos lo llamó y le mostró el papel. Marcos le dijo que él de símbolos no sabía pero que si le daba miedo pues que se cuidara y cuidara los calzones, no los deje por ahí a la mano. La muchacha miró a Marcos como si fuera un payaso de circo quebrado de barrio bajo. Pero vea vecina el problema no es el símbolo, el problema es lo poquito que le gustan a las brujas los chismes, dijo Marcos yéndose otra vez para la cocina y desde allá le dijo que era verdad que la gente se iba de esa casa no se quejaba de nada porque los muertos no se quejan. No le pare bolas que es por joderla, dijo la mamá de Marcos acompañando a la muchacha a la salida. No se preocupe niña pero si quiere le mando Marcos para que la acompañe. La muchacha se fue.

martes, 10 de abril de 2018

Marcos


Marcos no se le esconde a nadie. Marcos quiere que lo vean y lo saluden porque sabe que conocer gente sirve para conseguir cosas o para vender rifas o para vender arroz con leche. Pero a la profesora Jimena Marcos se le esconde siempre. Marcos la ve y se despeina y le sudan las manos y empieza a mirar para todas partes como si lo estuvieran persiguiendo para pedirle plata prestada. La profesora Jimena le enseñó economía y política en el colegio, él se enamoró de ella cuando la vio entrar al salón con un vestido sastre azul claro y el pelo suelto con mechones que le caían a la frente cuando hablaba y escribía en el tablero y que ella se acomodaba con una gracia que Marcos no ha vuelto a ver. Cuando Marcos oye hablar de segunda guerra mundial o del debe y haber lo que ve en su cabeza es a la profesora Jimena acomodándose el pelo. Desde que salió del colegio hasta hoy Marcos se ve como si tuviera cincuenta años más y la profesora Jimena por el contrario se ve más joven y más bonita. La mamá de Marcos no sabe que existe solo una persona capaz de poner a trabajar a su hijo y que esa es la profesora Jimena pero Marcos si lo sabe y por eso se le esconde. Le da miedo que lo juzgue porque no trabaja y que se dé cuenta que ella está más joven que él. Hablar con Jimena obligaría a Marcos a replantearse su vida y por eso cuando la ve mejor sale a correr.

Marcos


A Marcos no le gustan los motoratones porque en las noticias han estado diciendo que los están desapareciendo. Imagínese que vayan a desaparecer a un tipo de esos y uno venga con él de pasajero y pague el pato por estar en la moto equivocada y resulte desaparecido también. Qué horrible que los amigos de uno lo encuentren por ahí en un caño, le dice Marcos a su mamá. Si no hubiera empezado a llover Marcos hubiera caminado pero tenía afán y no se quería mojar porque estaba triste y cuando está triste siente que todo el día le llueve por dentro con relámpagos y rayos y casas destechadas y vacas ahogadas. El motoraton era un señor de camisa curtida y brazos quemados por el sol de otros días. Marcos no habla con los taxistas cuando va en taxi y tampoco desea hablar con los motoraones cuando va en moto pero como el motoraton empezó a contarle a Marcos que él había sido joven y Marcos lo dejó hablar y se dijo en su cabeza que claro que como ese señor ya estaba viejo seguro había envejecido y no nacido viejo porque sería muy raro eso de nacer viejo. Usted ve esa señora que va ahí, yo ande con esa cuando era joven usted hubiera visto, le pegaba unas manoseadas, pero la vieja se pinchó, montó un asadero de arepas y se pinchó con eso porque empezó a irle lo más de bien. Hay gente así, se pinchan porque les va bien. El caso es que se pinchó con esa arepa. Marcos le decía que sí, que como así, que era verdad, que había gente así, que claro. Y vea usted como es la vida ahora está dizque sola la señora, dijo el motoraton. Marcos le dijo que la buscara y le volviera hablar y el motoraton dijo que no que ya pa qué, a uno viejo ya ni se le para. Marcos se dijo en la cabeza que si hubiera nacido viejo no se acordaría que antes sí se le paraba y ahora no. Marcos le pagó al motoraton y entró a la casa pensando en lo bueno que sería que a ese señor no lo fueran a desaparecer.

lunes, 9 de abril de 2018

Marcos


Un amigo de Marcos trajo de Luisiana una docena de cervezas que tenían una caricatura de la cara de Edgar Allan Poe en la etiqueta. Marcos nunca ha ido a Estados Unidos porque le da miedo subirse a un avión. La verdad es que a Marcos a duras penas ha salido de Tuluá porque más que a los aviones le tiene miedo a los peajes. Lo importante es que Marcos tiene muchos amigos que viajan y por eso les encarga cosas, pero no lo hace de manera directa. Lo que él hace es insinuar que en esta o aquella ciudad venden algo que es muy rico y sería muy bueno probar y les dice eso a sus amigos cuando sabe a qué lugar se dirigen. Las cervezas con la cara de Poe en la etiqueta tenían una tapa morada que dotaba las botellas de una belleza que daba ganas de dejarlas enteritas sobre una estantería recogiendo polvo, eso dijo el amigo de Marcos y Marcos le dijo este marica si es muy bobo, no mijo, yo coleccionista no soy, yo pa limpiar polvo no sirvo, eso no lo tenemos es que tomar. Y Marcos y su amigo se tomaron las cervezas que tenía la cara de Poe en la etiqueta. Marcos dijo que eso era pura etiqueta y el amigo dijo que no se las hubiera tomado todas, debimos guardar una. Poe no guardaba licor hay que ser como Poe, dijo Marcos, bueno le dijeron que dijo eso porque él no se acuerda sino que despertó acostado en el baño.  

jueves, 5 de abril de 2018

Marcos


Yo no sé por qué hay gente que sale a caminar en pareja y no habla. Van por ahí por la doble calzada que son como seis kilómetros de caminata uno al lado del otro y callados sin decir nada como si tuvieran miedo de que los fueran a oír. Imagínese, como si de pronto los fuera a oír uno que es el que camina por ahí sin estar interesado ni un poco en saber de qué  van sus putas vidas. Y es que a mí no me importa que ocurra con los otros pero cuando me pasan por el lado caminando y cuando yo paso por el lado de ellos, verlos ir y no oírlos me descompone. Si es que uno quiere caminar callado pues entonces camina solo y hasta mejor porque si va solo no está pensando en que el que va a lado no dice nada y uno camina hablando con uno y hasta mejor. Pero no, ellos caminan callados, seis kilómetros callados y yo digo será que si abren la boca explotan o se les escapa esa porquería que llevan con ellos que les da color en los ojos. No sé. Es que caminar hablando es mejor. Marcos mira a su amigo y sabe que va a hablar los seis kilómetros y que no le importa si él le responde o si lo está oyendo y Marcos lo interrumpe y le dice que sí, que es mejor caminar hablando.

martes, 3 de abril de 2018

Marcos


Marcos sabe que no es lo que ve, sabe que es otra cosa, pero no mejor. Marcos se mira otra vez en el espejo y se acuerda de la muchacha de la vidriería donde lo compró. Trabajaba sola y estaba haciendo una división para baño en acrílico adornado con florecitas cuando él entró. En la casa de una de las tías de Marcos hay un baño con una división de esas mismas que quedó mal puesta, como coja y es tan difícil de abrir que más de una vez Marcos se ha quedado encerrado y ha tenido que esperar a que su tía lo ayude a salir. Viendo su cara en el espejo Marcos siente que es la fiebre quien lo mira o quien se mira, se confunde. Se toca la frente con cuidado como metiéndole del dedo a la torta antes de la foto. Tengo fiebre dice, tengo fiebre y me voy a morir, se agacha y vomita en el lavamanos agarrándose el pelo que le cae a la cara. Estoy delirando claro estoy delirando, dice Marcos después de vomitar tocándose el vientre como si estuviera tapando el roto pequeñito de un porrón lleno de agua. Deje la bobada Marcos, salga de ese baño y se toma el remedio, eso fue que le cayeron mal las torticas de chócolo que se comió, yo le dije que no comiera tantas, eso es el hígado que lo tiene enfermo, salga a ver y se toma esto, dice la mamá de Marcos parada al lado de la puerta. Marcos sale del baño y se queda en la cocina tomándose el remedio y repitiendo que se va morir. Me voy para la reunión y cuando vuelva quiero encontrar ese lavamos limpio dice la mamá de Marcos. Él sigue repitiendo que se va morir. 

lunes, 2 de abril de 2018

Marcos


Marcos está en la tienda, va comprar gelatinas de pata y espera que el señor las saque del frasco donde las tiene empacadas, las agarra con una pinza de aluminio que es muy corta para el frasco y no alcanza a llegar al fondo, el señor acuesta el frasco para que las gelatinas queden más cerca de la salida. El señor lleva cinco gelatinas empacadas en una bolsa de plástico pequeña, Marcos sigue esperando porque pidió ocho. Cuando el señor va a sacar la sexta gelatina entra una señora alta y gorda de pelo largo y mirada de no necesitar hombres en su vida porque con sus manos pega ladrillo y pinta paredes. Marcos le mira las manos untadas de cemento y se mira las de él que solo saben estar untadas del polvo blanco de las gelatinas de pata y como por reflejo las guarda en los bolsillos y sigue mirando a la señora que con voz grave le dice al señor que le de tres y el señor va apresurado a la nevera y saca tres cervezas y se las entrega a la señora que le paga y se va sin dar las gracias. Marcos se va para la casa con las gelatinas repitiendo en su cabeza que mañana él tampoco le va pedir al señor que le dé gelatinas sino que así como esa señora le va decir que le de ocho porque el señor de la tienda ya sabe lo que la gente va a comprar antes de que le digan, porque el señor de la tienda se acuerda de esa gente que siempre va a comprar lo mismo. Marcos entra a la tienda y pide ocho y el señor de la tienda le dice ocho qué, con el mismo tono de voz con el que diría, este malparido cree que yo soy adivino o que hice curso para lidiar bobos. Marcos cree que la pregunta del señor lo va tumbar y dice suavecito casi como susurrando, ocho gelatinas de pata me hace el favor. Mira al señor empacar las gelatinas y se mira las manos y le brillan los ojos como si hubiera entendido qué es un agujero negro, claro es que hay que venir con las manos untadas de cemento.

Fragmentos 2

La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...