Vino una vecina nueva medio cabreada con un papel
arrugado de tanto manoseo. Se lo mostró a la mamá de Marcos a ver si ella había
visto alguna vez ese símbolo. La mamá de Marcos le dijo que no, sin detallarlo
mucho. El símbolo era un triángulo amarillo mal hecho que de escabroso no tenía
sino lo que la muchacha decía sobre él. Según ella el símbolo estaba pegado
como una etiqueta en todas las puertas de la casa y para ella que eso era pura brujería.
La mamá de Marcos le dijo a la muchacha que Alcira llevaba mucho tiempo viviendo
en el barrio y que ninguna de las personas que arrendó cuartos antes de usted se quejó de nada. La muchacha dijo que esa señora era rara. Lo que más me asusta
es lo que pasa cada que voy a abrir la puerta, usted viera la tembladera que a mí
me agarra cada que voy a meter esa llave en la chapa, es que no soy capaz de
abrir, y siempre tiene que venir ella y ayudarme. La mamá de Marcos lo llamó y
le mostró el papel. Marcos le dijo que él de símbolos no sabía pero que si le
daba miedo pues que se cuidara y cuidara los calzones, no los deje por ahí a la
mano. La muchacha miró a Marcos como si fuera un payaso de circo quebrado de
barrio bajo. Pero vea vecina el problema no es el símbolo, el problema es lo
poquito que le gustan a las brujas los chismes, dijo Marcos yéndose otra vez
para la cocina y desde allá le dijo que era verdad que la gente se iba de esa
casa no se quejaba de nada porque los muertos no se quejan. No le pare bolas
que es por joderla, dijo la mamá de Marcos acompañando a la muchacha a la
salida. No se preocupe niña pero si quiere le mando Marcos para que la acompañe.
La muchacha se fue.
miércoles, 11 de abril de 2018
martes, 10 de abril de 2018
Marcos
Marcos no se le esconde a nadie. Marcos quiere que lo
vean y lo saluden porque sabe que conocer gente sirve para conseguir cosas o
para vender rifas o para vender arroz con leche. Pero a la profesora Jimena Marcos se le
esconde siempre. Marcos la ve y se despeina y le sudan las manos y empieza a mirar
para todas partes como si lo estuvieran persiguiendo para pedirle plata prestada. La profesora
Jimena le enseñó economía y política en el colegio, él se enamoró de ella
cuando la vio entrar al salón con un vestido sastre azul claro y el pelo suelto
con mechones que le caían a la frente cuando hablaba y escribía en el tablero y
que ella se acomodaba con una gracia que Marcos no ha vuelto a ver. Cuando Marcos
oye hablar de segunda guerra mundial o del debe y haber lo que ve en su cabeza
es a la profesora Jimena acomodándose el pelo. Desde que salió del colegio
hasta hoy Marcos se ve como si tuviera cincuenta años más y la profesora Jimena
por el contrario se ve más joven y más bonita. La mamá de Marcos no sabe que existe
solo una persona capaz de poner a trabajar a su hijo y que esa es la profesora
Jimena pero Marcos si lo sabe y por eso se le esconde. Le da miedo que lo juzgue
porque no trabaja y que se dé cuenta que ella está más joven que él. Hablar con
Jimena obligaría a Marcos a replantearse su vida y por eso cuando la ve mejor
sale a correr.
Marcos
A Marcos no le gustan los motoratones porque en las
noticias han estado diciendo que los están desapareciendo. Imagínese que vayan a
desaparecer a un tipo de esos y uno venga con él de pasajero y pague el pato por
estar en la moto equivocada y resulte desaparecido también. Qué horrible que los
amigos de uno lo encuentren por ahí en un caño, le dice Marcos a su mamá. Si no
hubiera empezado a llover Marcos hubiera caminado pero tenía afán y no se quería
mojar porque estaba triste y cuando está triste siente que todo el día le
llueve por dentro con relámpagos y rayos y casas destechadas y vacas ahogadas. El
motoraton era un señor de camisa curtida y brazos quemados por el sol de otros
días. Marcos no habla con los taxistas cuando va en taxi y tampoco desea hablar
con los motoraones cuando va en moto pero como el motoraton empezó a contarle a Marcos que él había sido joven y Marcos lo dejó hablar y se dijo en su cabeza
que claro que como ese señor ya estaba viejo seguro había envejecido y no
nacido viejo porque sería muy raro eso de nacer viejo. Usted ve esa señora que
va ahí, yo ande con esa cuando era joven usted hubiera visto, le pegaba unas
manoseadas, pero la vieja se pinchó, montó un asadero de arepas y se pinchó con
eso porque empezó a irle lo más de bien. Hay gente así, se pinchan porque les va
bien. El caso es que se pinchó con esa arepa. Marcos le decía que sí, que como
así, que era verdad, que había gente así, que claro. Y vea usted como es la
vida ahora está dizque sola la señora, dijo el motoraton. Marcos le dijo que la
buscara y le volviera hablar y el motoraton dijo que no que ya pa qué, a uno viejo
ya ni se le para. Marcos se dijo en la cabeza que si hubiera nacido viejo no se
acordaría que antes sí se le paraba y ahora no. Marcos le pagó al motoraton y
entró a la casa pensando en lo bueno que sería que a ese señor no lo fueran a
desaparecer.
lunes, 9 de abril de 2018
Marcos
Un amigo de Marcos trajo de Luisiana una docena de
cervezas que tenían una caricatura de la cara de Edgar Allan Poe en la etiqueta.
Marcos nunca ha ido a Estados Unidos porque le da miedo subirse a un avión. La
verdad es que a Marcos a duras penas ha salido de Tuluá porque más que a los
aviones le tiene miedo a los peajes. Lo importante es que Marcos tiene muchos
amigos que viajan y por eso les encarga cosas, pero no lo hace de manera
directa. Lo que él hace es insinuar que en esta o aquella ciudad venden algo
que es muy rico y sería muy bueno probar y les dice eso a sus amigos cuando
sabe a qué lugar se dirigen. Las cervezas con la cara de Poe en la etiqueta tenían
una tapa morada que dotaba las botellas de una belleza que daba ganas de
dejarlas enteritas sobre una estantería recogiendo polvo, eso dijo el amigo de
Marcos y Marcos le dijo este marica si es muy bobo, no mijo, yo coleccionista
no soy, yo pa limpiar polvo no sirvo, eso no lo tenemos es que tomar. Y Marcos
y su amigo se tomaron las cervezas que tenía la cara de Poe en la etiqueta. Marcos dijo que
eso era pura etiqueta y el amigo dijo que no se las hubiera tomado todas, debimos guardar una. Poe no guardaba licor hay que ser como Poe, dijo Marcos,
bueno le dijeron que dijo eso porque él no se acuerda sino que despertó acostado
en el baño.
jueves, 5 de abril de 2018
Marcos
Yo no sé por qué hay gente que sale a caminar en pareja y
no habla. Van por ahí por la doble calzada que son como seis kilómetros de
caminata uno al lado del otro y callados sin decir nada como si tuvieran miedo
de que los fueran a oír. Imagínese, como si de pronto los fuera a oír uno que
es el que camina por ahí sin estar interesado ni un poco en saber de qué van sus putas vidas. Y es que a mí no me
importa que ocurra con los otros pero cuando me pasan por el lado caminando y
cuando yo paso por el lado de ellos, verlos ir y no oírlos me descompone. Si es
que uno quiere caminar callado pues entonces camina solo y hasta mejor porque
si va solo no está pensando en que el que va a lado no dice nada y uno camina
hablando con uno y hasta mejor. Pero no, ellos caminan callados, seis kilómetros
callados y yo digo será que si abren la boca explotan o se les escapa esa
porquería que llevan con ellos que les da color en los ojos. No sé. Es que
caminar hablando es mejor. Marcos mira a su amigo y sabe que va a hablar los seis
kilómetros y que no le importa si él le responde o si lo está oyendo y Marcos
lo interrumpe y le dice que sí, que es mejor caminar hablando.
martes, 3 de abril de 2018
Marcos
Marcos sabe que no es lo que ve, sabe que es otra cosa,
pero no mejor. Marcos se mira otra vez en el espejo y se acuerda de la muchacha
de la vidriería donde lo compró. Trabajaba sola y estaba haciendo una división
para baño en acrílico adornado con florecitas cuando él entró. En la casa de
una de las tías de Marcos hay un baño con una división de esas mismas que quedó
mal puesta, como coja y es tan difícil de abrir que más de una vez Marcos se ha
quedado encerrado y ha tenido que esperar a que su tía lo ayude a salir. Viendo
su cara en el espejo Marcos siente que es la fiebre quien lo mira o quien se
mira, se confunde. Se toca la frente con cuidado como metiéndole del dedo a la
torta antes de la foto. Tengo fiebre dice, tengo fiebre y me voy a morir, se
agacha y vomita en el lavamanos agarrándose el pelo que le cae a la cara. Estoy
delirando claro estoy delirando, dice Marcos después de vomitar tocándose el
vientre como si estuviera tapando el roto pequeñito de un porrón lleno de agua.
Deje la bobada Marcos, salga de ese baño y se toma el remedio, eso fue que le
cayeron mal las torticas de chócolo que se comió, yo le dije que no comiera
tantas, eso es el hígado que lo tiene enfermo, salga a ver y se toma esto, dice
la mamá de Marcos parada al lado de la puerta. Marcos sale del baño y se queda
en la cocina tomándose el remedio y repitiendo que se va morir. Me voy para la
reunión y cuando vuelva quiero encontrar ese lavamos limpio dice la mamá de
Marcos. Él sigue repitiendo que se va morir.
lunes, 2 de abril de 2018
Marcos
Marcos está en la tienda, va comprar gelatinas de pata y
espera que el señor las saque del frasco donde las tiene empacadas, las agarra
con una pinza de aluminio que es muy corta para el frasco y no alcanza a llegar
al fondo, el señor acuesta el frasco para que las gelatinas queden más cerca de
la salida. El señor lleva cinco gelatinas empacadas en una bolsa de plástico pequeña,
Marcos sigue esperando porque pidió ocho. Cuando el señor va a sacar la sexta
gelatina entra una señora alta y gorda de pelo largo y mirada de no necesitar
hombres en su vida porque con sus manos pega ladrillo y pinta paredes. Marcos
le mira las manos untadas de cemento y se mira las de él que solo saben estar
untadas del polvo blanco de las gelatinas de pata y como por reflejo las guarda
en los bolsillos y sigue mirando a la señora que con voz grave le dice al señor
que le de tres y el señor va apresurado a la nevera y saca tres cervezas y se
las entrega a la señora que le paga y se va sin dar las gracias. Marcos se va
para la casa con las gelatinas repitiendo en su cabeza que mañana él tampoco le
va pedir al señor que le dé gelatinas sino que así como esa señora le va decir
que le de ocho porque el señor de la tienda ya sabe lo que la gente va a
comprar antes de que le digan, porque el señor de la tienda se acuerda de esa
gente que siempre va a comprar lo mismo. Marcos entra a la tienda y pide ocho y
el señor de la tienda le dice ocho qué, con el mismo tono de voz con el que diría,
este malparido cree que yo soy adivino o que hice curso para lidiar bobos. Marcos
cree que la pregunta del señor lo va tumbar y dice suavecito casi como susurrando,
ocho gelatinas de pata me hace el favor. Mira al señor empacar las gelatinas y
se mira las manos y le brillan los ojos como si hubiera entendido qué es un
agujero negro, claro es que hay que venir con las manos untadas de cemento.
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