A Marcos no le gustan los motoratones porque en las
noticias han estado diciendo que los están desapareciendo. Imagínese que vayan a
desaparecer a un tipo de esos y uno venga con él de pasajero y pague el pato por
estar en la moto equivocada y resulte desaparecido también. Qué horrible que los
amigos de uno lo encuentren por ahí en un caño, le dice Marcos a su mamá. Si no
hubiera empezado a llover Marcos hubiera caminado pero tenía afán y no se quería
mojar porque estaba triste y cuando está triste siente que todo el día le
llueve por dentro con relámpagos y rayos y casas destechadas y vacas ahogadas. El
motoraton era un señor de camisa curtida y brazos quemados por el sol de otros
días. Marcos no habla con los taxistas cuando va en taxi y tampoco desea hablar
con los motoraones cuando va en moto pero como el motoraton empezó a contarle a Marcos que él había sido joven y Marcos lo dejó hablar y se dijo en su cabeza
que claro que como ese señor ya estaba viejo seguro había envejecido y no
nacido viejo porque sería muy raro eso de nacer viejo. Usted ve esa señora que
va ahí, yo ande con esa cuando era joven usted hubiera visto, le pegaba unas
manoseadas, pero la vieja se pinchó, montó un asadero de arepas y se pinchó con
eso porque empezó a irle lo más de bien. Hay gente así, se pinchan porque les va
bien. El caso es que se pinchó con esa arepa. Marcos le decía que sí, que como
así, que era verdad, que había gente así, que claro. Y vea usted como es la
vida ahora está dizque sola la señora, dijo el motoraton. Marcos le dijo que la
buscara y le volviera hablar y el motoraton dijo que no que ya pa qué, a uno viejo
ya ni se le para. Marcos se dijo en la cabeza que si hubiera nacido viejo no se
acordaría que antes sí se le paraba y ahora no. Marcos le pagó al motoraton y
entró a la casa pensando en lo bueno que sería que a ese señor no lo fueran a
desaparecer.
martes, 10 de abril de 2018
lunes, 9 de abril de 2018
Marcos
Un amigo de Marcos trajo de Luisiana una docena de
cervezas que tenían una caricatura de la cara de Edgar Allan Poe en la etiqueta.
Marcos nunca ha ido a Estados Unidos porque le da miedo subirse a un avión. La
verdad es que a Marcos a duras penas ha salido de Tuluá porque más que a los
aviones le tiene miedo a los peajes. Lo importante es que Marcos tiene muchos
amigos que viajan y por eso les encarga cosas, pero no lo hace de manera
directa. Lo que él hace es insinuar que en esta o aquella ciudad venden algo
que es muy rico y sería muy bueno probar y les dice eso a sus amigos cuando
sabe a qué lugar se dirigen. Las cervezas con la cara de Poe en la etiqueta tenían
una tapa morada que dotaba las botellas de una belleza que daba ganas de
dejarlas enteritas sobre una estantería recogiendo polvo, eso dijo el amigo de
Marcos y Marcos le dijo este marica si es muy bobo, no mijo, yo coleccionista
no soy, yo pa limpiar polvo no sirvo, eso no lo tenemos es que tomar. Y Marcos
y su amigo se tomaron las cervezas que tenía la cara de Poe en la etiqueta. Marcos dijo que
eso era pura etiqueta y el amigo dijo que no se las hubiera tomado todas, debimos guardar una. Poe no guardaba licor hay que ser como Poe, dijo Marcos,
bueno le dijeron que dijo eso porque él no se acuerda sino que despertó acostado
en el baño.
jueves, 5 de abril de 2018
Marcos
Yo no sé por qué hay gente que sale a caminar en pareja y
no habla. Van por ahí por la doble calzada que son como seis kilómetros de
caminata uno al lado del otro y callados sin decir nada como si tuvieran miedo
de que los fueran a oír. Imagínese, como si de pronto los fuera a oír uno que
es el que camina por ahí sin estar interesado ni un poco en saber de qué van sus putas vidas. Y es que a mí no me
importa que ocurra con los otros pero cuando me pasan por el lado caminando y
cuando yo paso por el lado de ellos, verlos ir y no oírlos me descompone. Si es
que uno quiere caminar callado pues entonces camina solo y hasta mejor porque
si va solo no está pensando en que el que va a lado no dice nada y uno camina
hablando con uno y hasta mejor. Pero no, ellos caminan callados, seis kilómetros
callados y yo digo será que si abren la boca explotan o se les escapa esa
porquería que llevan con ellos que les da color en los ojos. No sé. Es que
caminar hablando es mejor. Marcos mira a su amigo y sabe que va a hablar los seis
kilómetros y que no le importa si él le responde o si lo está oyendo y Marcos
lo interrumpe y le dice que sí, que es mejor caminar hablando.
martes, 3 de abril de 2018
Marcos
Marcos sabe que no es lo que ve, sabe que es otra cosa,
pero no mejor. Marcos se mira otra vez en el espejo y se acuerda de la muchacha
de la vidriería donde lo compró. Trabajaba sola y estaba haciendo una división
para baño en acrílico adornado con florecitas cuando él entró. En la casa de
una de las tías de Marcos hay un baño con una división de esas mismas que quedó
mal puesta, como coja y es tan difícil de abrir que más de una vez Marcos se ha
quedado encerrado y ha tenido que esperar a que su tía lo ayude a salir. Viendo
su cara en el espejo Marcos siente que es la fiebre quien lo mira o quien se
mira, se confunde. Se toca la frente con cuidado como metiéndole del dedo a la
torta antes de la foto. Tengo fiebre dice, tengo fiebre y me voy a morir, se
agacha y vomita en el lavamanos agarrándose el pelo que le cae a la cara. Estoy
delirando claro estoy delirando, dice Marcos después de vomitar tocándose el
vientre como si estuviera tapando el roto pequeñito de un porrón lleno de agua.
Deje la bobada Marcos, salga de ese baño y se toma el remedio, eso fue que le
cayeron mal las torticas de chócolo que se comió, yo le dije que no comiera
tantas, eso es el hígado que lo tiene enfermo, salga a ver y se toma esto, dice
la mamá de Marcos parada al lado de la puerta. Marcos sale del baño y se queda
en la cocina tomándose el remedio y repitiendo que se va morir. Me voy para la
reunión y cuando vuelva quiero encontrar ese lavamos limpio dice la mamá de
Marcos. Él sigue repitiendo que se va morir.
lunes, 2 de abril de 2018
Marcos
Marcos está en la tienda, va comprar gelatinas de pata y
espera que el señor las saque del frasco donde las tiene empacadas, las agarra
con una pinza de aluminio que es muy corta para el frasco y no alcanza a llegar
al fondo, el señor acuesta el frasco para que las gelatinas queden más cerca de
la salida. El señor lleva cinco gelatinas empacadas en una bolsa de plástico pequeña,
Marcos sigue esperando porque pidió ocho. Cuando el señor va a sacar la sexta
gelatina entra una señora alta y gorda de pelo largo y mirada de no necesitar
hombres en su vida porque con sus manos pega ladrillo y pinta paredes. Marcos
le mira las manos untadas de cemento y se mira las de él que solo saben estar
untadas del polvo blanco de las gelatinas de pata y como por reflejo las guarda
en los bolsillos y sigue mirando a la señora que con voz grave le dice al señor
que le de tres y el señor va apresurado a la nevera y saca tres cervezas y se
las entrega a la señora que le paga y se va sin dar las gracias. Marcos se va
para la casa con las gelatinas repitiendo en su cabeza que mañana él tampoco le
va pedir al señor que le dé gelatinas sino que así como esa señora le va decir
que le de ocho porque el señor de la tienda ya sabe lo que la gente va a
comprar antes de que le digan, porque el señor de la tienda se acuerda de esa
gente que siempre va a comprar lo mismo. Marcos entra a la tienda y pide ocho y
el señor de la tienda le dice ocho qué, con el mismo tono de voz con el que diría,
este malparido cree que yo soy adivino o que hice curso para lidiar bobos. Marcos
cree que la pregunta del señor lo va tumbar y dice suavecito casi como susurrando,
ocho gelatinas de pata me hace el favor. Mira al señor empacar las gelatinas y
se mira las manos y le brillan los ojos como si hubiera entendido qué es un
agujero negro, claro es que hay que venir con las manos untadas de cemento.
viernes, 30 de marzo de 2018
Marcos
Dicen los que conocen a Marcos cuando les preguntan por
él que es un tipo inoportuno. Marcos saben que es así pero no tiene problema porque
disfruta ver la cara de incomodidad cuando aparece de la nada en un bar,
restaurante o centro comercial y se sienta al lado de esas parejas que conversan
a gustó y sin prisa con la excusa de no poder pasar sin saludarlos antes. La gente
saluda con una sonrisa franca que se desvanece cuando los minutos avanzan sin
que Marcos siga su camino. Para Marcos salir de casa y regresar sin haber
interrumpido un dialogo ajeno con su cordial desparpajo es una salida perdida,
la posibilidad desperdiciada de ser el punto C que le permita al punto A y B
formar un triángulo. Lo que dice Marcos en esos momentos es un canto de lucha, "pero mañana vuelvo a salir".
miércoles, 28 de marzo de 2018
Marcos
Llamó la tía Edelmira, que se murió Martha la hija mayor ahora por la tarde. Cómo así y qué le pasó. No sé, no pregunté. Marcos usted yo
no sé dónde es que tiene la cabeza, cómo así que le dicen que alguien se murió y
a usted no se le ocurre que lo más lógico es preguntar cómo murió o de qué. No le
quise preguntar porque de pronto se ponía a llorar ahí y que incomodo uno
sosteniendo un teléfono pegado a la oreja que se le va poniendo caliente de
tanto esperar y una señora llorando al otro lado y yo sin saber que decirle ni
nada. Yo ni sé cuál es la tía Edelmira. La tía Edelmira es una hermana de mi
mamá, y qué más dijo. Nada más, yo le dije que usted la llamaba apenas llegara.
Lo mismo fue la semana pasada, llamó mi prima Carmen para avisarme que ya había
nacido el bebé y usted no fue capaz de preguntar ni cuanto había pesado ni
cuanto había medido ni nada. Llama el marido de su hermana a pedir plata
prestada y usted no es capaz de preguntar para qué la necesita. Deberíamos desconectar
ese teléfono cuando usted no está. Si tuviera trabajo no se la pasaría acá
metido respondiendo llamadas. La última vez que me ofrecieron trabajo era para
eso para contestar el teléfono.
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