lunes, 9 de abril de 2018

Marcos


Un amigo de Marcos trajo de Luisiana una docena de cervezas que tenían una caricatura de la cara de Edgar Allan Poe en la etiqueta. Marcos nunca ha ido a Estados Unidos porque le da miedo subirse a un avión. La verdad es que a Marcos a duras penas ha salido de Tuluá porque más que a los aviones le tiene miedo a los peajes. Lo importante es que Marcos tiene muchos amigos que viajan y por eso les encarga cosas, pero no lo hace de manera directa. Lo que él hace es insinuar que en esta o aquella ciudad venden algo que es muy rico y sería muy bueno probar y les dice eso a sus amigos cuando sabe a qué lugar se dirigen. Las cervezas con la cara de Poe en la etiqueta tenían una tapa morada que dotaba las botellas de una belleza que daba ganas de dejarlas enteritas sobre una estantería recogiendo polvo, eso dijo el amigo de Marcos y Marcos le dijo este marica si es muy bobo, no mijo, yo coleccionista no soy, yo pa limpiar polvo no sirvo, eso no lo tenemos es que tomar. Y Marcos y su amigo se tomaron las cervezas que tenía la cara de Poe en la etiqueta. Marcos dijo que eso era pura etiqueta y el amigo dijo que no se las hubiera tomado todas, debimos guardar una. Poe no guardaba licor hay que ser como Poe, dijo Marcos, bueno le dijeron que dijo eso porque él no se acuerda sino que despertó acostado en el baño.  

jueves, 5 de abril de 2018

Marcos


Yo no sé por qué hay gente que sale a caminar en pareja y no habla. Van por ahí por la doble calzada que son como seis kilómetros de caminata uno al lado del otro y callados sin decir nada como si tuvieran miedo de que los fueran a oír. Imagínese, como si de pronto los fuera a oír uno que es el que camina por ahí sin estar interesado ni un poco en saber de qué  van sus putas vidas. Y es que a mí no me importa que ocurra con los otros pero cuando me pasan por el lado caminando y cuando yo paso por el lado de ellos, verlos ir y no oírlos me descompone. Si es que uno quiere caminar callado pues entonces camina solo y hasta mejor porque si va solo no está pensando en que el que va a lado no dice nada y uno camina hablando con uno y hasta mejor. Pero no, ellos caminan callados, seis kilómetros callados y yo digo será que si abren la boca explotan o se les escapa esa porquería que llevan con ellos que les da color en los ojos. No sé. Es que caminar hablando es mejor. Marcos mira a su amigo y sabe que va a hablar los seis kilómetros y que no le importa si él le responde o si lo está oyendo y Marcos lo interrumpe y le dice que sí, que es mejor caminar hablando.

martes, 3 de abril de 2018

Marcos


Marcos sabe que no es lo que ve, sabe que es otra cosa, pero no mejor. Marcos se mira otra vez en el espejo y se acuerda de la muchacha de la vidriería donde lo compró. Trabajaba sola y estaba haciendo una división para baño en acrílico adornado con florecitas cuando él entró. En la casa de una de las tías de Marcos hay un baño con una división de esas mismas que quedó mal puesta, como coja y es tan difícil de abrir que más de una vez Marcos se ha quedado encerrado y ha tenido que esperar a que su tía lo ayude a salir. Viendo su cara en el espejo Marcos siente que es la fiebre quien lo mira o quien se mira, se confunde. Se toca la frente con cuidado como metiéndole del dedo a la torta antes de la foto. Tengo fiebre dice, tengo fiebre y me voy a morir, se agacha y vomita en el lavamanos agarrándose el pelo que le cae a la cara. Estoy delirando claro estoy delirando, dice Marcos después de vomitar tocándose el vientre como si estuviera tapando el roto pequeñito de un porrón lleno de agua. Deje la bobada Marcos, salga de ese baño y se toma el remedio, eso fue que le cayeron mal las torticas de chócolo que se comió, yo le dije que no comiera tantas, eso es el hígado que lo tiene enfermo, salga a ver y se toma esto, dice la mamá de Marcos parada al lado de la puerta. Marcos sale del baño y se queda en la cocina tomándose el remedio y repitiendo que se va morir. Me voy para la reunión y cuando vuelva quiero encontrar ese lavamos limpio dice la mamá de Marcos. Él sigue repitiendo que se va morir. 

lunes, 2 de abril de 2018

Marcos


Marcos está en la tienda, va comprar gelatinas de pata y espera que el señor las saque del frasco donde las tiene empacadas, las agarra con una pinza de aluminio que es muy corta para el frasco y no alcanza a llegar al fondo, el señor acuesta el frasco para que las gelatinas queden más cerca de la salida. El señor lleva cinco gelatinas empacadas en una bolsa de plástico pequeña, Marcos sigue esperando porque pidió ocho. Cuando el señor va a sacar la sexta gelatina entra una señora alta y gorda de pelo largo y mirada de no necesitar hombres en su vida porque con sus manos pega ladrillo y pinta paredes. Marcos le mira las manos untadas de cemento y se mira las de él que solo saben estar untadas del polvo blanco de las gelatinas de pata y como por reflejo las guarda en los bolsillos y sigue mirando a la señora que con voz grave le dice al señor que le de tres y el señor va apresurado a la nevera y saca tres cervezas y se las entrega a la señora que le paga y se va sin dar las gracias. Marcos se va para la casa con las gelatinas repitiendo en su cabeza que mañana él tampoco le va pedir al señor que le dé gelatinas sino que así como esa señora le va decir que le de ocho porque el señor de la tienda ya sabe lo que la gente va a comprar antes de que le digan, porque el señor de la tienda se acuerda de esa gente que siempre va a comprar lo mismo. Marcos entra a la tienda y pide ocho y el señor de la tienda le dice ocho qué, con el mismo tono de voz con el que diría, este malparido cree que yo soy adivino o que hice curso para lidiar bobos. Marcos cree que la pregunta del señor lo va tumbar y dice suavecito casi como susurrando, ocho gelatinas de pata me hace el favor. Mira al señor empacar las gelatinas y se mira las manos y le brillan los ojos como si hubiera entendido qué es un agujero negro, claro es que hay que venir con las manos untadas de cemento.

viernes, 30 de marzo de 2018

Marcos


Dicen los que conocen a Marcos cuando les preguntan por él que es un tipo inoportuno. Marcos saben que es así pero no tiene problema porque disfruta ver la cara de incomodidad cuando aparece de la nada en un bar, restaurante o centro comercial y se sienta al lado de esas parejas que conversan a gustó y sin prisa con la excusa de no poder pasar sin saludarlos antes. La gente saluda con una sonrisa franca que se desvanece cuando los minutos avanzan sin que Marcos siga su camino. Para Marcos salir de casa y regresar sin haber interrumpido un dialogo ajeno con su cordial desparpajo es una salida perdida, la posibilidad desperdiciada de ser el punto C que le permita al punto A y B formar un triángulo. Lo que dice Marcos en esos momentos es un canto de lucha, "pero mañana vuelvo a salir". 



miércoles, 28 de marzo de 2018

Marcos


Llamó la tía Edelmira, que se murió Martha la hija mayor ahora por la tarde. Cómo así y qué le pasó. No sé, no pregunté. Marcos usted yo no sé dónde es que tiene la cabeza, cómo así que le dicen que alguien se murió y a usted no se le ocurre que lo más lógico es preguntar cómo murió o de qué. No le quise preguntar porque de pronto se ponía a llorar ahí y que incomodo uno sosteniendo un teléfono pegado a la oreja que se le va poniendo caliente de tanto esperar y una señora llorando al otro lado y yo sin saber que decirle ni nada. Yo ni sé cuál es la tía Edelmira. La tía Edelmira es una hermana de mi mamá, y qué más dijo. Nada más, yo le dije que usted la llamaba apenas llegara. Lo mismo fue la semana pasada, llamó mi prima Carmen para avisarme que ya había nacido el bebé y usted no fue capaz de preguntar ni cuanto había pesado ni cuanto había medido ni nada. Llama el marido de su hermana a pedir plata prestada y usted no es capaz de preguntar para qué la necesita. Deberíamos desconectar ese teléfono cuando usted no está. Si tuviera trabajo no se la pasaría acá metido respondiendo llamadas. La última vez que me ofrecieron trabajo era para eso para contestar el teléfono.

Marcos


Usted no se acuerda. Usted que se va a acordar si tenía como tres o cuatro años no más. Su hermana seguro que tampoco se acuerda. Eso fue para una semana santa, me acuerdo patentico porque nos fuimos a pasear al pueblo, a la casa de mi mamá. A su papá le dio dizque por hacer el negocio del año y fue y se compró un viaje de pescado, yo ni me acuerdo cuantos kilos. Él en su cabeza estaba seguro de que eso lo vendía todo el jueves y que pal viernes santo no le iba a quedar sino la historia de que ya lo había vendido todo para contarla con los bolsillo llenos de plata. El viernes como a las nueve de la mañana le tocó a su abuelo y a sus tíos ponerse a abrir un hueco ahí en la huerta de la casa para enterrar ese pescado porque eso se pudrió y si su papá vendió tres kilos fue mucho. Mi papá cada que hundía la pala en la tierra decía que trabajar un viernes santo era pecado pero que de todas formas más pecado era dejar esa carroña por ahí a destapada en cualquier parte. Desde eso no volvió a comer pescado su papá, no lo podía ni ver. Pues le estoy contando por eso mismo porque usted no se acuerda, así sabe que es mejor no ponerse a negociar con muerto porque eso se pudre.

Fragmentos 2

La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...