Tía no se siente ahí que la acaba de partir, Le dijo
Marcos a la mujer de uno de sus tíos una tarde que estaban en la casa del
abuelo almorzando en familia. La silla estaba rajada y Marcos por reflejo quiso
proteger el culo gordo de la mujer de su tío de un buen golpe contra el suelo. La
señora no entendió muy bien que la sugerencia de Marcos era puro gesto de filantropía.
Pues es que todos no somos unos flacuchentos viciosos como usted, le dijo la
gorda, fastidiada y ofendida. Pero por qué tan grosera, si yo no le dije gorda,
le dije que no se siente ahí que la acaba de partir, no hay que tener mucho
sentido común para ver que mientras más pesado sea el que se siente más
posibilidades hay de que se parta, le dijo Marcos sonriente como si le
divirtiera la situación. El grosero es siempre usted Marcos, le dijo el tío queriendo
defender a su mujer y la señora agregó que ella hacía poco había estado sentada
en esa silla, lo dijo con sobrades como si estuviera demostrando que Marcos
estaba hablando mierda. Entonces fue usted la que la partió, si ve, es lo que
le digo, los culos grandes pasan factura. Se Pasó Marcos, ahora sí se pasó, le
dijo su tío y a las palabras las siguió un puño en el pómulo derecho de Marcos. Si ve es lo que le digo los culos grandes pasan factura, dijo marcos sobándose la cara mientras salia de la casa.
viernes, 2 de marzo de 2018
martes, 27 de febrero de 2018
Marcos 60
No le diga nada a esa señora vaya de una vez a la
secretaría de educación y se queja allá y pida que la echen, si quiere vamos
juntos que yo soy amigo del secretario y del alcalde, le dijo Marcos a su
hermana. El problema era que la profesora no le ponía nunca un 5 a su sobrino
aunque las tareas estuvieran bien hechas y además le devolvía al niño los
cuadernos llenos de tachones con marcador rojo en donde no había que poner
tachones. Esa señora se la montó al niño porque es cansón, es por eso, y lo
peor es que me lo va a desanimar al niño, le va coger pereza a estudiar si esa
señora lo sigue jodiendo así. No mija es lo que yo le digo camine y hagamos que
la echen de una vez. Marcos no estaba mintiendo, si de algo puede presumir es
de la cantidad de amigos importantes que tiene. La mamá de Marcos les dice a
las vecinas que no hay nada como ser vago para conseguir amigos. Marcos dice
que para hacer amistades hay que invertir tiempo. Yo no quiero que echen a la profe yo lo que
quiero es que no se la monte al niño, dijo la hermana de Marcos. Oiga mijo y a
usted cuantas veces es lo han echado del trabajo, preguntó la mamá de Marcos. Lo
que pasa mamá es que a mí más de una vez me la han montado, por mal trabajador
no ha sido sino por bronca de los jefes, dijo Marcos. De todos modos si quiere
hace echar a esa profesora me cuenta le dijo Marcos a su hermana. Y ese de dónde
sacó que puede ir haciendo echar a la gente así como si nada, le preguntó la
hermana a la mamá. Pues de más que él habla de lo que conoce y quién mejor que
él para hablar de despidos.
lunes, 26 de febrero de 2018
Marcos 61
Marcos no se ha ganado nuca la lotería, tampoco se ha
ganado un sueldo completo, no ganarse la lotería es algo que le molesta. Perra suerte
uno no estar hecho para ganarse nada en la vida. Marcos dijo eso el lunes por la
noche cuando estaba en el centro comercial comprando una empanada de cambray que
estaba inflada y medio vacía como un paquete de papas. Le sobraron unas monedas
de 500 pesos que echo en un dispensador lleno de pelotas de caucho muy coloridas.
Él quería una roja o una verde o una con lunares como los de Kusama, la artista
japonesa que le pone lunares a todo. Le hubiera gustado sacar una que parecía
pintada por Rothko o una que parecía un balón de baloncesto pequeñito, pero no
le salió ninguna de esas y se tuvo que conformar con una pelota blanca sin
gracia. Marcos guardó la pelota en el bolsillo de la pantaloneta y sigo
maldiciendo su suerte, ni para sacar la hijueputa pelota que quiero, con todas
las bonitas que hay y me tiene que salir la fea. Voy a seguir yendo todos los
días sacar pelotas hasta que me salga la que quiero le dijo Marcos a su mamá y
ella le preguntó que de dónde iba a sacar las monedas. Siempre la misma cosa
con usted, a toda ahora hablando de plata, uno viene a contarle que hay pelotas
de caucho bonitas y usted hablando de monedas, cómo si las monedas rebotaran,
dijo Marcos encerrándose en el cuarto a jugar con la pelota.
sábado, 24 de febrero de 2018
Marcos 62
Señor así no puedo llevar esto mire que no hay de dónde
agarrarlo ni nada, dice la muchacha en la tienda señalando una bolsa con tres
gajas de plátano que está sobre el mostrador. Marcos necesita comprar un
desodorante en papeleta pero el tendero no lo atiende porque sigue buscando una
bolsa con orejas que le sirva a la muchacha que no dice bolsa sino chuspa. Marcos
sabe que el tendero no tiene bolsas grandes de más de doce kilos donde quepan sin
timidez tres gajas de plátano verde, que seguro son para un sancocho que no va
hacer la muchacha porque tiene la uñas pintadas y no tiene cara de pelar
biches. Marcos le repite al tendero que necesita una papeleta de desodorante y
el tendero sigue sin prestarle atención. Saca bolsas de todos los rincones y las
mira con cuidado buscando algún roto que las imposibilite para llevar plátanos
en su interior. Que cosa tan berraca con este pendejo se dice Marcos y mira la
muchacha que espera impaciente. El tendero sigue sin encontrar en donde empacar
los plátanos y Marcos le dice que él se va a poner a venderle bolsas grandes a
los tenderos porque parece buen negocio. El tendero lo mira mal y Marcos
levanta la bolsa del mostrador y le pregunta a la muchacha para dónde va con
eso que él la acompaña y le lleva la bolsa para que no sufra. La muchacha le da
las gracias y le dice que ahí adelantico que son dos cuadras no más. Marcos camina
al lado de la muchacha y ella al lado de él pero como queriendo alejarse y tocándose
cada tanto la nariz. Marcos le dice que a veces comprar desodorante es
demorado.
jueves, 22 de febrero de 2018
Marcos 63
Marcos
le dice a la secretaría que tranquila que no importa que él puede esperar y le
muestra la broma infinita de Foster Wallace. Se sienta en la banca que está
frente al escritorio de la señora muy bien peinada que no deja de teclear en el
computador y empieza a leer. Lee el
principio de la página 599 y va a la parte de atrás del libro a buscar unas de
las tantas notas. No pierde de vista a la secretaría que lo mira con desconfianza
casi que con fastidio como si lo quisiera echar, como si le repugnara. La secretaria le vuelve a decir
que la doctora se demora. Yo es que por eso traigo siempre libros, a mí me
gusta tener que hacer mientras espero, mire que si estoy de buenas puede que
hasta termine de leer este libro acá con usted, Marcos baja la vista y
sigue leyendo. Después de unas cuantas paginas leídas Marcos le dice a la
secretaria que seguro de tanto mirarlo se antojó de leer el libro, le dice que
se esté tranquila que cuando lo termine de leer él se lo puede prestar.
martes, 20 de febrero de 2018
Marcos 64
La
mamá de Marcos no volvió a hacerse la manicura y la pedicura en los locales del
centro porque las señoras que la atendían no le tenían paciencia. Decidirse por
un decorado le tomaba el doble de tiempo que al resto de la clientela. Ella
quería flores pero no como estaban en la cartilla de decorados que le entregaba
para que eligiera. Quería mariposas y mariquitas pero no le servían cuando
finalizaban porque no quedaban bonitas y ella estaba pagando por algo bonito.
Después de pelear en varios locales y decirles que ella no era ningún moco
pegado en la pared ni ningún monigote mal pintado en una uña lo que hizo fue
convertir la manicura y la pedicura en algo parecido a un paseo de olla.
Consiguió el número de teléfono de una amiga que trabajaba a domicilio y llamó
a sus hermanas y su consuegra y a su hija y se reunían todas un día por la
tarde para que le arreglaran las uñas a todas una tras otra, y entre uñas y
talones masajeados se iban poniendo al días en chismes nuevos.
Marcos
veía pasar a los hijos de su hermana y a los hijos de la vieja que arreglaba
las uñas corriendo unos para alcanzar a los otros por todos los pasillos de la
casa y oía a su mamá y sus tías reír a carcajadas o azuzarse entre ellas porque
la una o la otra no había dicho lo que debía decir en una situación hostil
cualquiera. Marcos maldecía los martes y a las viejas de los locales del centro
por no tener paciencia por trabajar de afán por no consentir al cliente por no
pintar bien en una puta uña una flor. Marcos se quería volver fósil y estar
enterrado bien profundo para no oírlas, para no sentir el olor a removedor.
Pero como la tarde era larga y Marcos no tenía para donde irse porque ser
mantenido también tiene sus desventajas, el terminaba haciendo tinto y
llevándole a su mamá y las demás. A veces Marcos se miraba los pies después de
tomar tinto y maldecir a las señoras y a las viejas de los locales y a los
esmaltes y a los niños y se sentaba para que la vieja que arreglaba las uñas se
las arreglará un poquito a él porque cuando se es vago queda mucho tiempo para
andar en chanclas.
lunes, 19 de febrero de 2018
Marcos 65
Marcos no sabía que la carne que estaba en un plato
pequeño tapada con otro plato pequeño sobre el aparador de la cocina era para
el primo que había dicho que venía almorzar después de las cuatro de la tarde porque no
podía salir antes de la conferencia. Marcos se comió la carne, estaba dura,
gustosa pero dura. El primo tuvo que comerse los frijoles pelados y aunque la
tía le dijo que Marcos se había comido la carne el primo le escribió un mensaje a su
mamá diciéndole que en la casa de la tía la estaban pasando mal, estaban casi
casi que aguantando hambre. A Marcos lo despetaron los gritos de su mamá que no dejaba de
repetirle enfurecida a su hermana que en la casa todo estaba bien y que comida
había. Cuando vio a Marcos le entregó el celular y le dijo que le explicara a
la tía que él que parecía un muerto de hambre que se había comido la carne del
primo. Marcos le dijo a la tía que la carne estaba dura, gustosa pero dura, y
que todo había sido un mal entendido. Acabó la llamada y le entregó de nuevo el
celular a su mamá, le sonrió y ella lo miró mal. Volvió al cuarto y se envolvió
en la cobija, y así se fue otro lunes en la vida de Marcos.
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Fragmentos 2
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