La
mamá de Marcos no volvió a hacerse la manicura y la pedicura en los locales del
centro porque las señoras que la atendían no le tenían paciencia. Decidirse por
un decorado le tomaba el doble de tiempo que al resto de la clientela. Ella
quería flores pero no como estaban en la cartilla de decorados que le entregaba
para que eligiera. Quería mariposas y mariquitas pero no le servían cuando
finalizaban porque no quedaban bonitas y ella estaba pagando por algo bonito.
Después de pelear en varios locales y decirles que ella no era ningún moco
pegado en la pared ni ningún monigote mal pintado en una uña lo que hizo fue
convertir la manicura y la pedicura en algo parecido a un paseo de olla.
Consiguió el número de teléfono de una amiga que trabajaba a domicilio y llamó
a sus hermanas y su consuegra y a su hija y se reunían todas un día por la
tarde para que le arreglaran las uñas a todas una tras otra, y entre uñas y
talones masajeados se iban poniendo al días en chismes nuevos.
Marcos
veía pasar a los hijos de su hermana y a los hijos de la vieja que arreglaba
las uñas corriendo unos para alcanzar a los otros por todos los pasillos de la
casa y oía a su mamá y sus tías reír a carcajadas o azuzarse entre ellas porque
la una o la otra no había dicho lo que debía decir en una situación hostil
cualquiera. Marcos maldecía los martes y a las viejas de los locales del centro
por no tener paciencia por trabajar de afán por no consentir al cliente por no
pintar bien en una puta uña una flor. Marcos se quería volver fósil y estar
enterrado bien profundo para no oírlas, para no sentir el olor a removedor.
Pero como la tarde era larga y Marcos no tenía para donde irse porque ser
mantenido también tiene sus desventajas, el terminaba haciendo tinto y
llevándole a su mamá y las demás. A veces Marcos se miraba los pies después de
tomar tinto y maldecir a las señoras y a las viejas de los locales y a los
esmaltes y a los niños y se sentaba para que la vieja que arreglaba las uñas se
las arreglará un poquito a él porque cuando se es vago queda mucho tiempo para
andar en chanclas.
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