Tras
dos semanas de investigación las autoridades no han podido determinar cómo
llegó la caja fuerte al separador vial de la autopista norte ni quién la dejó
allí. Fue necesaria una grúa para levantarla y trasladarla a la bodega del
ejército y un grupo de antimotines para controlar a la multitud que se oponía
al retiro de la caja.
Decían
que estaba llena de esmeraldas y otros que de lingotes de oro, otros decían que
estaba llena de escrituras de fincas ganaderas en el llano. Alguien dijo que
adentro estaba la formula química de un nuevo combustible y otro para no
quedarse atrás y hacerse el interesante dijo que dentro de la caja había algo
así como un hoyo negro y otro que un gato que no estaba ni vivo ni muerto.
Antes
de que el ejército se llevara la caja cientos de personas se habían acercado
para mirarla, tocarla o intentar abrirla. Decían que él que consiguiera abrirla
sería el dueño de su contenido y como el contenido era incierto nadie se
arriesgaba abrirla a las malas, era mejor evitar posibles daños. Un fotógrafo
dijo que estaba seguro de que esa caja fuerte era una pieza de arte moderno y
le hizo fotografías a todo el que se acercara a contemplarla.
Aún
sin saber que había adentro la multitud decía que el ejército se iba a quedar
con todo y que no era justo que siempre pasara lo mismo. La operación de
traslado de la caja apareció en todos los noticieros y periódicos. El general
dijo que la caja estaba segura pero que los expertos consideraban que no era
recomendable intentar abrirla porque era posible que adentro hubiera una bomba.
La
caja fuerte de la autopista norte es la historia que cuentan todos desde hace
más de veinte años en Tuluá, gente viene de otras partes a ver la caja y hasta
la nasa la ha estudiado o eso dicen los boletines oficiales del ejército y la
caja sigue cerrada.