Sebas
les dice a los amigos que llegó tarde porque cuando venía para la cancha se
encontró a un conejo y le tocó perseguirlo para agarrarlo. Uno de ellos, el
arquero, que siempre ha querido ser delantero sin que lo dejen sus compañeros porque
es mejor tapando, le preguntó si se lo había encontrado o se lo había robado. Mientras
el equipo hacia chistes con lo que acababa de decir el arquero Sebas sacó del maletín
un conejo grande y gris. Les dijo que lo había tenido que perseguir porque era
muy arisco. El arquero lo tomó en sus manos y lo acarició, luego lo puso en el suelo
y el conejo empezó a morder el pasto, manso y tranquilo, apena si se movía en
el área chica. Vean lo arisco que es, miren no más, dijo un defensa y otra vez
volvieron las risas y los chistes. Quién sabe a qué niño habrá dejado sin
mascota este guevón, dijo otro de los muchachos. Está mansito acá seguro porque
estamos todos, dijo Sebas. Sí seguro le da pena, completó el arquero. No enserio
allá estaba arisco, casi que no lo agarró, se metió por entre unos mangones ahí
cerca de la autopista, dijo Sebas. Es más fácil encontrarse billetes o carteras
dijo un volante, no hay que perseguirlas. Y le dijeron que eso que siguiera así,
que le estaba haciendo mucho provecho la vitacerebrina que se estaba tomando. El arquero
levantó al conejo y lo siguió acariciando, le preguntó a Sebas que él para qué
una mascota y Sebas soltó una carcajada, que mascota la chimba, que no señor,
que el conejo era para comer, apenas terminaran de jugar se iba para la casa a
prepararlo. No le da pesar, preguntó el arquero. Pesar da no comérselo con lo
rico que es, dijo Sebas. No le da asco, preguntó un defensa. Sebas dijo que
asco por qué si eran animalitos muy limpios. El arquero dijo que mejor iban a
la autopista por donde se lo había encontrado a buscar al dueño. Sebas dijo que
ni por el putas que él ya se lo había encontrado.
martes, 18 de abril de 2017
lunes, 17 de abril de 2017
Viajes
El
final del viaje no es el viaje final le decía Elkin a Diana cada que regresaban,
retirándole un mechón de pelo del rostro. Guardaban la moto en el garaje y ella
le decía que no abusara de la bobada retirándole la mano. Él le decía que era
enserio. Diana entraba a la casa y saluda a su marido que estaba en la sala
viendo fútbol. Elkin encontraba a su esposa en la cocina sirviendo la comida y
a los niños en la mesa. Todo parecía fijado de antemano, libreteado. Elkin no
hablaba de Diana durante la comida y Diana no mencionaba a Elkin mientras metía
la carne en el horno. Ambas parejas se habían conocido en una fiesta del
trabajo. La esposa de Elkin le agrada a Diana y Elkin va con el esposo de Diana al
estadio, son hinchas del mismo equipo. Elkin existe en la mente del
esposo de Diana y Diana existe en la mente de la esposa Elkin. El viaje de
Diana y Elkin sucede allí.
viernes, 14 de abril de 2017
Florecer
Cada
hombre tiene en sus manos un ramo de flores. Rosas, claveles, azucenas, hortensias,
tulipanes, margaritas, anturios, begonias, dalias. Los hombres se parecen entre
ellos, altos, atléticos, peinando con abundante cera, todos de traje y
relucientes zapatos negros. Están en completo silencio uno tras otro en una
fila que apenas se mueve. La diferencia notable entre unos y otros es el tipo
de flores que llevan. La gente que pasa por allí desconoce el motivo de la fila
pero disfruta mirarlos tan quietos, elegantes e indiferentes. La fila sigue
creciendo con el pasar de las horas y no tiene razón de ser, está ahí para que
la vean para que la recuerden. Para que la disuelvan o comercialicen, lo que
pase primero.
jueves, 13 de abril de 2017
El efecto trapo
El
invitado central de la tercera convención nacional de buscadores de patentes
era Manolo Gutiérrez Plaza director del programa radial “una vida para curarse”
dedicado a promover la medicina alternativa, emitido en una emisora comunitaria
de Cali. Reconocido por sus conferencias sobre el poder de las plantas para
cuidar la vida y de cómo usar la vida cuidada haciendo parte del mejor trabajo
del mundo donde cada quién puede ser su propio jefe en varias de las empresas
multinivel que lo contrataban.
La
asistencia al coliseo Victoria Rojas donde se desarrollaba el evento contaba
con una discreta asistencia que esperaba inquieta la intervención de Manolo
Gutiérrez que según rumores expondría los casos de curación absoluta de
molestias como la migraña y los lumbagos usando correctamente el trapo de la
cocina.
Sectores
más interesados en obtener patentes que les permitieran hacer dinero no
confiaban en Gutiérrez y lo que se rumoreaba, sólo a un idiota se le ocurría
compartir gratuitamente la cura para males menores, los más rentables. Creían o
primero que el cuento del trapo de la cocina ocultaba algo más grande, algo por
lo que pensaba cobrar, o segundo que Gutiérrez era en efecto un idiota. No se
decidían por ninguna.
Manolo
se subió a la tarima micrófono en mano, sonriente y seguro. Al igual que en
todas sus conferencias inició contando detalles de su infancia, les habló de la
huerta de su abuela y de las bebidas que le daba cuando le dolía el estómago y
del barbasco con el que le lavaban la cabeza para matar los piojos. Los que lo escuchaban en radio sabían que de eso hablaba siempre. Poco después habló de lo
que todos esperaban, el trapo de la cocina.
Las
personas que usaban toallas desechables en sus cocinas se estaban privando de
las posibilidades milagrosas de curación que les podía ofrecer un trapo húmedo y
curtido, decía Manolo. Pero él no tenía mucho que decir porque los efectos
positivos del trapo de la cocina hablaban por si solos y en se momento empezó
el video con los testimonios de sus pacientes: María se había curado de la
migraña, Juana de un espolón, Pablo del dolor en la nunca que le generaba el
constante estrés, José incluso decía que el trapo de la cocina desaparecía verrugas y quitaba arrugas. Los testimonios estaban grabados por las personas
desde sus casas con el celular, eran cortos, ágiles y convincentes. Los
asistentes aplaudieron a Manolo cuando volvió a tomar la palabra.
El
trapo de la cocina se toma del aparador tal y como esté sin importar que se
haya limpiado con él y se lleva al lugar del dolor se deja puesto allí como un
emplasto o una venda por un rato, es elemental usar el trapo sin lavar. La operación
debe realizarse diariamente y si se puede hacer más de una vez al día mucho
mejor.
Cuando
Manolo terminó de hablar uno de los asistentes Edgar Herrera que en la
convención pasada había conseguido la patente de las camisetas talla L y XL
para hombres gordos y bajitos, espaldones y bajitos o mal armados y
paticorticos, camisetas disponibles en distintos materiales más cortas y más
anchas que las camisetas talla L y XL para hombres gordos y altos, espaldones y
altos y mal armados y altos, le preguntó a Manolo cual era el objetivo de
patentar algo que no se podía comercializar, algo que no se podía vender, para
qué quería curar los males menores de la gente con algo que no les iba a costar
nada.
Manolo
le dijo que no todo se hacía por plata que algunas cosas se hacían para cambiar
las vidas de la gente y ser recordados por eso, con el trapo de la cocina lo
que él quería era rendir un homenaje a su abuela, guardó silencio y bajó la
vista por un momento como si la palabra abuela incluyera la obligación
inmediata del minuto de silencio después de ser dicha.
Pasado
el minuto le dijo al asistente que para conseguir dinero y ascender en la
escala social lo mejor era ser su propio jefe y hacer parte del negocio seguro
e incluyente de las empresas multinivel, aprovechó para invitarlo a él y a los
demás a la serie de conferencias para emprendedores que iba a dictar la próxima
semana, una serie denominada “para qué soñar con el yate si lo grande es el
mar, para qué soñar con el jet si lo grande es el cielo, para qué soñar con los
otros si el grande es usted”.
Otro
asistente se preguntaba por la intensidad de los efectos del trapo, quería
saber si el trapo de la cocina era más efectivo cuando más comida se preparaba,
qué pasaba con las personas que vivían solas y cocinaban poco, servía usar el
trapo de cualquier cocina o era necesario que el trapo fuera el de la cocina de
uno. Manolo le pidió al participante tranquilidad y le recordó que la medicina
alternativa necesitaba siempre una dosis de voluntad por parte del paciente y
esa voluntad ese deseo de curarse eran tan importante como el trapo de la
cocina, ninguno de los factores que él había enumerado influían en el proceso de
curación mientras se combinaran ambos.
Manolo
les avisó que respondería solo una pregunta más. Una señora de la primera fila
le preguntó que sí los trapos con los que limpiaban las barras y las mesas de
los bares tenían un efecto similar. Manolo sonriente le dijo que le encantaba
esa pregunta, que era visionaria, ambiciosa. No podía afirmar aún cuales eran
los efectos de los trapos de los bares cantinas y discotecas pero le podía
asegurar que la investigación estaba muy adelantada.
Entre
los asistentes más adinerados se comentaba con cierto desprecio que sí el trapo
de la cocina era tan efectivo como decía Manolo por lo único que iba a ser
recordado era por su culpabilidad de la quiebra de un importante sector de la
industria. Antes de retirarse Manolo Gutiérrez los invitó a todos a usar el
trapo de la cocina y comprobar los beneficios por sí mismos. Luego anunció a la
siguiente ponente que además era también su esposa. Se bajó de la tarima y le
entregó el micrófono a ella que saludó efusiva y agradeció que estuvieran allí
acompañándola en la presentación de la marca “Milagro” especializada en toallas
para cocina, “tan buena que limpia hasta el dolor”.
lunes, 10 de abril de 2017
vigilante
El
plan falló, el ruido del camión chocando contra un poste despertó al vigilante.
Los tipos corrieron cuando lo vieron levantarse de la silla. Se escondieron
tras el matorral. El vigilante alumbraba por todas partes con su linterna. Los tipos
se arrastraron intentando evitar el ruido mientras buscaban salir a la carretera. El vigilante
regresó a su silla, cansado de buscar, prendió el radio y buscó el termo con el
tinto. Ojalá mañana no le dé a ningún hijueputa por chocarse justo por acá, dijo
uno de los tipos. Pensé que sabotear vigilantes era más fácil, respondió el
otro.
domingo, 9 de abril de 2017
Origami
No
consiguen ponerse de acuerdo en la separación del único bien común. Una vaca de
origami que les regaló su ahijado de bautismo. Carlos dice que Benjamín es el
hijo de su mejor amigo y que de no ser por ese lazo ella no hubiera tenido la oportunidad
de ser la madrina del niño. Natalia dice que es evidente que Benjamín la quiere
más a ella y que lo tiene sin cuidado que su padrino y su papá sean amigos
desde niños. Carlos le dice que si ella pudiera tener hijos él no tendría que
conformase con los sobrinos y los ahijados para sentirse papá por un rato.
Natalia le pregunta que sí aún cree que los abortos fueron involuntarios. Carlos
rompe la Vaca de origami.
viernes, 7 de abril de 2017
Cómo saber en qué momento matar a la mascota del vecino
En
el edificio Los eucaliptos cercano al centro el único que duerme hasta tarde es
Pablo del apartamento 42ª los demás están antes de las siete de la mañana en el
parque con sus perros, todos con bolsa lista para recoger el popo. Cuatro veces
le han ofrecido cachorros de distintas razas, un labrador, una salchicha, dos
criollos pero Pablo se ha negado a recibirlos argumentando que no tiene tiempo
para mascotas y no conoce a nadie que le cuide al animalito cuando viaje y, el
trabajo lo obliga a pasar mucho tiempo en terminales y aeropuertos.
Al
principio las disculpas de Pablo dejaban satisfechos a sus vecinos pero pasados
lo meses viéndolo todas las semana sin salir empezaron a mirarlo con cierto
desdén. Pablo trabajaba en su apartamento diseñando y actualizando páginas
webs, eso decía él, lo que hacía era mucho más complicado pero lo angustiaba
tener que explicarlo.
Cuando
notó que sus vecinos ya no lo saludaban le dijo al vigilante que en el edificio
le tenían envidia porque no tenía que madrugar. El vigilante le dijo que lo que
él había oído era que estaban recogiendo firmas para echarlo del edificio
porque su repudio por los perros era una amenaza. Pablo
escuchó incrédulo y antes de volver a su apartamento le preguntó al vigilante
cuantos de los que vivían en el edificio tenían perro y el vigilante le dijo
que todos.
Compartió
el ascensor con dos señoras que apenas había visto, ambas sujetaban las correas
coloridas de sus perros. Pablo no se fijó en ellas, intentó mantener la mirada
fija en sus tenis, las señoras muy serías dejaron de hablar cuando él entró.
Pablo sintió que los perros lo miraban, levantó un poco la vista y ahí estaban
los dos observándolo sentados quietos como si fueran de porcelana. Sin querer
hizo contacto visual con uno de ellos, el más grande, un labrador, parecía tan
triste que Pablo no pudo mirarlo más, levantó el rostro para mirar a la señoras
y salió fastidiado del ascensor.
Entró
al apartamento y se derrumbó en el sofá. En qué momento inventarse un cuento
chimbo para evitar un encarte se había convertido en un desprecio desmedido y
declarado por los perros. Cuándo sus vecinos se volvieron eso que eran, eso tan
feo, cómo no se daban cuenta que los perritos estaban tristes. Eso y más se
preguntaba Pablo con las manos inmóviles sobre su redonda panza.
Antes
de las seis cuando Pablo volvía a su apartamento después de pasar la noche en
un bar hablando con los conocidos de barra vio en el parque a muchos de sus
vecinos paseando a sus mascotas. Tenía sueño y las cervezas le habían caído mal
pero se quedó en una banca viendo a los perros ir y venir por ese parque, lentos
como agotados, ni se olisqueaban el culo con gusto ni se veían colas arriba
moviéndose con gracia. En los ojos de cada perro veía la misma tristeza que
había visto días antes en el labrador. Pablo no sabía si los perros habían
estado siempre así y él no se había dado cuenta porque no le interesaban, si
eso era lo natural y él estaba aterrado porque apenas lo descubría, seguro los
dueños de los perros ya se habían acostumbrado de tanto verlos. Pablo le daba vueltas a sus dudas si dejar de
mirar a los perros, no entendía cómo ellos no habían hecho nada al notar esa tristeza. Le dolió la cabeza, era el sol que le empezaba quemar la frente. Se encaminó al edificio y no pudo evitar sentir la sospecha con la
que lo observaban sus vecinos, eran rostros acusadores.
Esas
señoras y esos señores que no se daban cuenta de lo que pasaban con sus perros
eran los mismos que lo querían echar del edificio. Trabajaba mal, equivocaba
los códigos, no dejaba de darle vueltas a lo mismo. Sus vecinos habían decidido
que él era el tipo que despreciaba a los perros cuando a quien de verdad
detestaba era sus vecinos, se había negado a ir a cumpleaños y a matrimonios a
reuniones comunales, había evitado navidad y año nuevo en el edificio, había
pasado por mal educado a voluntad para no relacionarse con ellos, todo para que
no volvieran a invitarlo todo para no estar en sus listas de vecino o amigo.
Deseaba pasar inadvertido y nunca aceptó un cachorro porque eso lo hubiera
comprometido de una manera familiar con quien se lo regalará y él no quería ser
el compadre de ninguno de ellos.
En
el escritorio de madera lacada y sin pintar donde estaban los equipos con los
que Pablo trabajaba había una gaveta cerrada con llave en la que guardaba la
única cosa que le había heredado su papá, un Smith Wesson calibre 38 largo sin
funda con la cacha pelada. La primera y única arma que había empuñado en sus
manos, con la que le había enseñado a disparar apuntándoles a las ardillas que
se comían el maíz en la huerta de la casa donde se crío, con el que su papá
mató al pastor alemán que se había vuelto gallinero y estaba dejándolos a ellos
y a los vecinos sin huevos. El perro estaba amarrado a un carbonero entre el
cafetal donde su papá hizo el hueco para enterrarlo, Pablo vio cuando le
disparó, vio los ojos del perro en el último momento, eran ojos brillantes,
saltones, felices.
Pablo
sintió que tocaban la puerta y corrió abrir con el revólver en la mano, de eso
se dio cuenta cuando vio las caras aterradas de sus vecinas. Se metió el
revólver en la pretina del pantalón y le preguntó a sus vecinas qué era lo que
necesitaban, lo dijo intentando poner un tono de voz intimidatoria, igual lo
iban a echar. Las señoras venían acompañadas por sus perros. Ninguna podía
ocultar la incomodidad de estar ahí, le entregaron a Pablo unas cuantas hojas y
le explicaron lo que ya le había contado el vigilante. Pablo les dijo que de
donde habían sacado ellas eso de que él despreciaba los perros y una de las
señoras muy segura de sí le dijo que eso se notaba, que era obvio que así era y
de eso todos en el edificio estaban convencidos. Pablo miró los perros y no
pudo ver nada distinto de lo que ya venía viendo, animales acongojados como si
fueran personas. Recibió la carta y no discutió con las señoras, les dio la
espalda y cerró la puerta.
Pablo
volvió al escritorio y siguió trabajando, cada cierto tiempo miraba las hojas
que le entregaron las señoras, luego buscó en el banco de imágenes de google: “perros
alegres” y las fotografías disponibles no le gustaron, lo que veía era gente
maluca deseando animales y no animales deseando gente maluca. No podían
gustarle los dueños de los perros y cuando Pablo dijo eso se asustó, en donde
se iba a meter, a donde iba a vivir un tipo como él que estaba iniciando su
enemistad con los dizque “propietarios” de los perros y con esa palabra
horrible sentía que tenía razón que el equivocado no podía ser él, que los
únicos que tenían que perderse del mundo eran los que decían sacando pecho “el
perro es mío”. Volvió a empuñar el
revólver, a sentir el peso en la mano, salió del apartamento y entró al
ascensor tenía las hojas en el bolsillo de la chaqueta y bajó al quinto piso a
buscar el apartamento del primer vecino que aparecía como firmante en las hojas,
tomó aire y tocó la puerta con la cacha.
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Fragmentos 2
La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...