Dicen los que conocen a Marcos cuando les preguntan por
él que es un tipo inoportuno. Marcos saben que es así pero no tiene problema porque
disfruta ver la cara de incomodidad cuando aparece de la nada en un bar,
restaurante o centro comercial y se sienta al lado de esas parejas que conversan
a gustó y sin prisa con la excusa de no poder pasar sin saludarlos antes. La gente
saluda con una sonrisa franca que se desvanece cuando los minutos avanzan sin
que Marcos siga su camino. Para Marcos salir de casa y regresar sin haber
interrumpido un dialogo ajeno con su cordial desparpajo es una salida perdida,
la posibilidad desperdiciada de ser el punto C que le permita al punto A y B
formar un triángulo. Lo que dice Marcos en esos momentos es un canto de lucha, "pero mañana vuelvo a salir".
viernes, 30 de marzo de 2018
miércoles, 28 de marzo de 2018
Marcos
Llamó la tía Edelmira, que se murió Martha la hija mayor ahora por la tarde. Cómo así y qué le pasó. No sé, no pregunté. Marcos usted yo
no sé dónde es que tiene la cabeza, cómo así que le dicen que alguien se murió y
a usted no se le ocurre que lo más lógico es preguntar cómo murió o de qué. No le
quise preguntar porque de pronto se ponía a llorar ahí y que incomodo uno
sosteniendo un teléfono pegado a la oreja que se le va poniendo caliente de
tanto esperar y una señora llorando al otro lado y yo sin saber que decirle ni
nada. Yo ni sé cuál es la tía Edelmira. La tía Edelmira es una hermana de mi
mamá, y qué más dijo. Nada más, yo le dije que usted la llamaba apenas llegara.
Lo mismo fue la semana pasada, llamó mi prima Carmen para avisarme que ya había
nacido el bebé y usted no fue capaz de preguntar ni cuanto había pesado ni
cuanto había medido ni nada. Llama el marido de su hermana a pedir plata
prestada y usted no es capaz de preguntar para qué la necesita. Deberíamos desconectar
ese teléfono cuando usted no está. Si tuviera trabajo no se la pasaría acá
metido respondiendo llamadas. La última vez que me ofrecieron trabajo era para
eso para contestar el teléfono.
Marcos
Usted no se acuerda. Usted que se va a acordar si tenía
como tres o cuatro años no más. Su hermana seguro que tampoco se acuerda. Eso fue
para una semana santa, me acuerdo patentico porque nos fuimos a pasear al
pueblo, a la casa de mi mamá. A su papá le dio dizque por hacer el negocio del
año y fue y se compró un viaje de pescado, yo ni me acuerdo cuantos kilos. Él en
su cabeza estaba seguro de que eso lo vendía todo el jueves y que pal viernes
santo no le iba a quedar sino la historia de que ya lo había vendido todo para contarla con los bolsillo llenos de plata. El viernes como a las nueve de
la mañana le tocó a su abuelo y a sus tíos ponerse a abrir un hueco ahí en la
huerta de la casa para enterrar ese pescado porque eso se pudrió y si su papá
vendió tres kilos fue mucho. Mi papá cada que hundía la pala en la tierra decía
que trabajar un viernes santo era pecado pero que de todas formas más pecado era
dejar esa carroña por ahí a destapada en cualquier parte. Desde eso no volvió a comer pescado
su papá, no lo podía ni ver. Pues le estoy contando por eso mismo porque usted
no se acuerda, así sabe que es mejor no ponerse a negociar con muerto porque
eso se pudre.
jueves, 22 de marzo de 2018
Marcos
Lo que está mal con la casa de Marcos es que en su cuarto
no hay baño. En el cuarto de su mamá tampoco hay pero ella no se queja. En este
caserón cómo es que se les ocurrió hacer un solo baño, uno no más, y además
estrecho. Tener una casa con un solo baño es tener pura vocación de miserable,
le dice Marcos a su mamá sentado en el inodoro recogiendo las rodillas para
poder abrir la puerta y recibir el rollo de papel higiénico que le entrega su
mamá. Una de las cosas que Marcos hace desde que es niño y que no deja de hacer
ahora es gritar desde el baño que no hay papel. Yo no sé para qué quiere otro
baño si con uno solo no es capaz de mantenerlo siempre con papel y toca pelear
con usted para que lo lave, cómo sería teniendo dos o tres. No mamá yo en serio
no sé usted cómo dejó que papá hiciera está casa así. Si por su papá hubiera
sido no tendríamos ni este baño, su papá lo que quería era hace una letrina atrás
al otro lado del patio. Él decía que en las fincas en las que creció nunca hubo
baño y que no hizo falta tampoco y cierre esa puerta Marcos mijo por dios que
está es podrido, debería tomar agüita con limón.
martes, 20 de marzo de 2018
Marcos
Había un gentío aterrador en el centro comercial, que
cosa tan impresionante. Casi que no salgo de allá, y yo que venía encartada con
esas bolsas bien pesadas que estaban y eso ni por donde pasar. Dizque la
réplica del señor de los milagros que la tenían ahí en el parqueadero, con misa
campal y toda la cosa. No y usted hubiera visto, un montón de señoras con
veladora en mano haciendo fila para mirar de cerquita al milagroso y rogarle
que por favor les abra camino a los hijos para que consigan trabajo. Había gente
llorando porque el milagroso les había
hecho muchos milagros y yo me decía, pues claro por eso es que se llama el
milagroso. Tan boba mija y yo que me iba a poner hacer fila ahí, tras de qué,
es que Marcos no es un vago porque no tenga oportunidades él está de vago
porque quiere. Si él con esos amigo que tiene no es sino abrir la boca y de una
lo ubican, pero no, él prefiere ayudarle a otros a conseguir trabajo y seguir
ahí en la casa como si nada como si se fuera morir mañana. Yo más bien debería
pedirle al milagroso es pa que ese guevaleto se vaya de la casa, pero uno que
va andar poniendo a prueba al milagroso para que después quede mal por no
cumplir.
lunes, 19 de marzo de 2018
Marcos
Marcos está al lado de un grupo de señoras que hablan de
los dolores del parto y de lo horrible que fue conseguir que las atendieran
cuando por primera vez tuvieron que ir al médico por emergencias con sus hijos
enfermos. Una de las señoras dice, el muy hijueputa me dice, es que la niña es
muy mimada señora y yo lo vi chiquitico al perro ese dizque mimada y la niña
con cuarenta grados de fiebre.
Al otro lado de Marcos hay tres señores que no despegan
la mirada de la cancha donde juegan sus hijos, o mejor entrenan, siguen atentos
las indicaciones del entrenador. Marcos también mira a su sobrino pero no dice
nada porque nunca estuvo de acuerdo con que lo llevaran a entrenar, está muy
pequeñito para escuelas de fútbol y tanta competitividad en la vida es mala,
dijo Marcos, dejen que el niño juegue libre, solo porque el gusto de jugar y
ya. Marcos está convencido de lo que dijo pero el marido de su hermana no le
presta mucha atención porque Marcos es un vago y qué autoridad va a tener un
vago como él para hablar de fútbol o de competitividad.
Las señoras interrumpen sus relatos de madres para animar
a sus hijos. Los señores hace pequeñas pausas para comentar jugadas o habilidades
especiales que desde el margen de la cancha notan como si fueran casa talentos
de los talentos de sus propios hijos, que creen vanidosos, se deben a que ellos
son sus padres. Marcos mira a las señoras y quiere oír lo que dicen, también
mira a los señores pero de ellos le interesa más lo que ve, los gestos, los
movimientos del cuerpo, parecen jugadores en el banco ansiado la llamada del técnico
para entrar al partido. Marcos también mira a su sobrino, se ve contento. Su hermana
es la que va a los entrenos, ya se la imagina él siendo parte activa de la conversación
de mujeres madres. Ese día no pudo ir porque tenía reunión de padres de familia
en el colegio y él que según su cuñado no hace nada tenía todo el tiempo del
mundo para llevar su sobrino al entreno y fijarse más en los acompañantes que
en los niños. Si este muchachito resulta bueno yo tengo amigos que lo pueden
meter en un equipo profesional, lo susurra mirando a su sobrino y de reojo a
las señoras y a los señores, pero a quien de verdad le gustaría ver es a su
cuñado que fue el que quiso jugar y no pudo.
viernes, 16 de marzo de 2018
Marcos
Por acá no es lo mismo de antes. La gente no se sienta ya
en las aceras afuera de las casas a esperar que el viento les dé en la cara y
les mueva el pelo y les refresque las tetas o las huevas dependiendo del que
sea. Hay mucho zancudo, aunque lo malo no es eso, lo malo era esa gente tan fea
que pasaba mientras uno estaba ahí sentado. Pasaban y pasan porque todavía pasan
pero la gente ya no se sienta afuera para no verlos para no oírlos, porque se
les arrimaban y todo, a pedir. Pedían plata, comida, ropa vieja. Gente fea que
huele maluco. Gente que yo no sé de donde viene. Por eso le digo que ya no es
lo mismo, la gente ya no se sienta ahí afuera. Es que estar encerrado es mejor
porque cuando ellos tocan la puerta, y es que tocan la puerta y todo para
pedir, pues se hacen los locos y no les abren. Ya no es lo mismo mija, no es lo mismo. Y dónde
está marquitos, ese pelao si vive bueno, él debería hablar con los amigos que
tiene a ver si arreglan eso porque él si tiene con quién hablar, no como uno
que no conoce a nadie. Marcos le dice a su mamá que los vecinos son muy fastidiosos
pero a ella le gusta hablar con ellos así sea para oírlos quejarse.
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