Escribo esto con algo de distancia, corresponde al pasado viernes 24 de mayo y lo estoy poniendo en palabras el martes 27, no es que ese día hubiera sucedió algo impactante como para necesitar el paso de las horas, el tiempo que me ayude a asimilar, nada eso, es mucho más simple, como tantas de las cosas que me pasan y que le pasan a otros, no tuve acceso al computador desde el viernes y hasta hoy.
Ese viernes se celebró en el colegio el día de la familia y también el día del árbol y también el día del idioma y también se entregaron boletines y también hubo una reunión entre la rectora y los padres de familia en la que se hablaron algunas cosas que cualquier incauto podría decir que sonaron a regaño, porque o era ahí en ese momento en el que se aprovechaba la asistencia de los padres para discutir esos temas o no se discutían.
Lo otro hubiera sido dejar pasar la oportunidad y planear una reunión para luego, pero ya sabemos que no vienen, así que era ahí o nunca. así la celebración tuvo el ingrediente incomodo, como si nuestra realidad fuera una película danesa del dogma 95. Profesores defendieron sus puntos, padres de familia defendieron los suyos, la rectora se tambaleo en la cuerda floja sin tener muy claro de parte de quién debía estar y al final quedaron plasmados unos compromisos que desde ya me aventuro a creer, se perderán en el olvido.
Hubo torta y gaseosa y hubo helado y la rectora cantó y los niños bailaron y cantaron y presentaron dramatizados, sonó una de esas mediocres piezas de audio a la que yo le llamó podcast y agotada la programación del día también hubo micrófono abierto y a una mamá le dio por cantar una alabanza a jesuscristo y claro, yo pensé, pero por qué eso y no un vallenato, por qué siempre la propaganda que llaman evangelización, debí haberme aventurado a sostener el micrófono y cantarme una canción satanista de esas de Hello Kitty o Pokémon o Peppa Pig, como para hacerle el contrapeso, pero bueno, lo deje pasar.
El que no dejó pasar ni media fue un perro loco que bajó desde la puta mierda detrás de una madre de familia y les pegó su zarandeada a todos los perros que se amontonan en el colegio y al resto de perros vecinos. La rectora intentaba hablar y los perros la interrumpía con la gazapera y como era de esperarse en algún momento se terminó tocando ese tema de que los perros son un problema en la institución.
Tal vez el lector crea o se imagine que asistió mucha gente, y no, no fue así, la situación sigue siendo preocupante, a los estudiantes parece importarles poco estudiar y a los padres de familia o asistentes un poco menos. Eso sí, ese día me sirvió para darme cuenta que hay estudiantes con mamás bonitas, hecho que de poco me sirve, pero que desde la frivolidad que no me puedo negar, es un punto que debo destacar.