miércoles, 24 de abril de 2024

Diario de campo para un segundo periodo -24 de abril del 2024

A veces siento como motivación, no sé, por alguna razón creo que se pueden realizar algunos proyectos con los estudiantes, entonces sacó el celular con la aplicación de grabadora de voz abierta porque vamos a hacer un podcast y nadie habla, el silencio golpea fuerte en la cara, ninguno quiere que su voz quede grabada y los que quieren grabar porque les da igual que uno u otro oiga su voz no tiene nada que decir, aunque eso suena violento e incluso irrespetuoso, digamos que sí, que todos tienen algo que decir, pero no saben cómo decirlo, a Shakira se le agotaba el argumento y a estos les faltan las palabras, por eso ni van a hablar ni a escribir el guion ni a hacer entrevistas. Digamos que es así para poder seguir con el resto, lo que viene es empezar a elaborar la opinión de otro, preguntar una y otra vez, una y otra vez qué es lo que desean decir, darle vueltas a la idea de lo que el pelao cree que quiere expresar para irle dando la forma.

Se juega con esas palabras, se estiran y se encogen y se estrujan hasta que alcancen su punto exacto, como si uno estuviera tirando un alfandoque en medio de un trapiche de caña panelera.
No cuesta mucho dar una opinión sobre el entorno, o eso cree uno hasta que desea oírlas.
El otro problema es que esos proyectos que el tonto en el cumplimiento de su rol de profesor cree que son enriquecedores para la institución no significan nada para los estudiantes.

Venga deme su opinión para un podcast, digo yo, y ellos responden con una pregunta, y eso para qué, luego otra pregunta, con eso gano nota, con esa pregunta les alcanzan a brillar los ojos, convencidos de que articulando tres palabras frente a un celular que hace de micrófono están consiguiendo la nota final del periodo y entonces se puede relajar el resto de los días, cómo si no vivieran relajados en cada clase, cómo si les importara el colegio, cómo si no hubiera que tratarlos con una incómoda compasión porque pobrecitos es que trabajan en la casa y cogen café y cargan plátano.

Lo cierto es que uno empieza a darse cuenta de que con el tal podcast no se puede y entonces no se ilusiona más con ramitas secas y proyectos que nadie pide o exige y mira para otro lado y cumple con lo que le toca.

Aunque ahora no sé por qué, oyendo hablar a un par de pelados que ignoraban mi presencia en el pasillo, me dio por creer que tal vez podríamos hacer una especie de periódico escolar, un fanzine, aunque sea.

martes, 23 de abril de 2024

Diario de campo para un segundo periodo -23 de abril del 2024

Un tipo como yo que lleva años alimentando del deseo de ser un cuentista o un novelista, no pone el culo sobre una silla para intentar llevar un diario por puro capricho o antojo, no es un ejercicio inocente en el que registra sus días en un colegio rural solo para dejar que se pierda o esperar que se mantenga en el secreto y nadie lo lea, lo digo de una vez para que no nos llamemos a engaños porque ya somos viejos y en medio de las tetas de gordo tetón que soy ya es fácil encontrar el ombligo. Esto tiene ganas de ser visto, de ser leído y comentado, de ser ignorado o criticado, claro que sí, busca ser un diario de profesor que hable de su experiencia docente, un texto que en su deseo de ser público no se autocensure, una elaboración franca que pueda ser más sincera que complaciente. Digo todo eso porque hoy es 23 de abril y sabemos que se celebra el día de la lengua castellana, y como a veces leo poesía, me acordé de un poema del cubano Alberto Rodríguez tosca que se llama Aviso al lector, y entonces me dije que yo también debía de una vez al principio del diario dejar al lector avisado, no sabe uno que luego salgan con reclamos chimbos y exigiendo garantías. En ese poema, que cualquiera puede oír en YouTube leído por el mismo Rodríguez, él dice, "...las palabras que nunca significan, solo tratan de aligerar la vida, estas palabras no son la vida", y recurro a sus palabras porque le vienen bien a este proyecto de diario y porque le vienen bien a las jornadas de trabajo docente que se realizan periódicamente y en las que existe una obsesión extraña por las actas y lo que quedé en ellas registrado, las palabras ahí apuntadas, como si fuera estimulante de algún modo el proceso burocrático y las decenas de formatos asesinos de la creatividad para dejar que sean ellos los constructores de la memoria colectiva de un montón de lelos con sueños e ilusiones que cuentas las horas para que el día de reunión llegue a su fin y regresar de nuevo a casa, lejos del lenguaje técnico, lejos de la palabra muerta. Rodríguez Tosca también dice en su poema, "estas palabras no son para leer, sino para olvidar, así que no se alarmen si hasta ahora no les han dicho nada, estas palabras no dicen nada, son para olvidar", como las palabras de esas actas que tampoco son para leer y que también son para olvidar y que en últimas no dice nada. El cuento es que para finalizar la mierda escrita correspondiente a este día también dice el poeta, y no lo voy a poner en comillas, que, estamos condenados a decir, pero más bien deberíamos estar condenados solamente a escuchar, y sí, seguro así, bajo esa condena, yo no aumentaría mi huella de carbono escribiendo un diario que no importa y que no hace falta.

Diario de campo para un segundo periodo -22 de abril del 2024

Profe, es que todos los días se inventan una mierda para celebrar o cómo es qué hacen, pues, me dijo un estudiante a media mañana. Cómo así, papi, qué están celebrando hoy, le pregunté como si no estuviera enterado. Que es 22 de abril, profe, día de la tierra y que tenemos que hacer una cartelera y una sopa de letras y otras cosas ahí, pero yo no sé para qué celebrar un día de la tierra, si eso no sirve de nada, nadie quiere cuidar nada. Entonces yo pará dármelas de interesante, le dije que justo para eso se celebraba ese día, y el del agua y el del árbol y de la bicicleta y bueno, todas las fechas que tuvieran que ver con la necesidad de tomar conciencia sobre la crisis climática y el calentamiento global y lo necesario que es comprometerse y cuidar lo que tenemos. Sabe qué profesor, yo no me voy a comprometer con nada, acá dice que tengo que escribir que prometo o me comprometo a cuidar el medio ambiente y la chimba, que cuiden los otros, los que no cuidan, pero yo no, yo ya suficiente le aporto al planeta viviendo entre las montañas. El pelao estaba fastidiado y yo estaba agradecido porque por lo menos ese argumento me resultaba más convincente que el de cualquiera de mis conocidos marihuanos que no toman Coca Cola y se cepilla con cepillos de bambú de cerdas suaves y repiten que la culpa de todos la tienen los gringos y los chinos, pero pegan mara Miami cada que pueden y comprar cuanta maricada made in china puedan. Le dije al estudiante que no se enredara con eso, que escribiera procurar, que él iba a procurar por el cuidado del planeta y listo, fin del asunto. Cómo así y es que eso se puede, me preguntó. Claro que se puede pana, ponga eso y listo, esta lengua ofrece muchas posibilidades, le dije, por eso es que mañana celebramos el día del idioma. Otra marica celebración, si pilla profe, lo que yo le digo. Me reí y le dije que igual no iba a haber clase, y el estudiante dijo que así celebraran eso, a él no lo iba a poner a escribir poemas ni a leer. Luego pasaron más cosas, pero me parece que hasta acá está bueno. 

 

lunes, 22 de abril de 2024

Diario de campo para un segundo periodo -19 de abril del 2024

Nunca en la vida he llevado un diario, desconozco los por menores de dicho ejercicio, por eso no sé si debería escribirlo a mano durante la jornada laboral, es decir, ir tomando pequeñas notas durante los espacios de tiempo que se puedan ir presentando durante las clases o si, por el contrario, debería esperar hasta que sea de noche para elaborar el texto que registra el recuerdo del día transcurrido directamente en el computador. Supongo también que el diario podría ser secreto y solo para mí, pero en ese caso qué motivación tendría, acá en un blog público y abierto, por lo menos puede ser leído y comportarse más como un texto vivo, o no sé, eso creo. Aunque el problema de un texto vivo sería que se puede morir en cualquier momento, tendría necesidades y habría que alimentarlo y cuidarlo, un texto vivo en la práctica vendría a ser lo mismo que el animalito del tamagochi, animalito al que varias veces deje morir. Ojalá esto fuera una reflexión que explora el dilema moderno del deseo de introspección y privacidad versus la necesidad de conexión y reconocimiento y no una mera habladera de mierda que sirve para disimular la ausencia del poco estímulo que me produjo darle clases a uno pelaos que no quieren estar dentro de un salón de colegio. 

jueves, 18 de abril de 2024

Diario de campo para un segundo periodo -18 de abril del 2024

Entonces trabajar de profesor en la zona rural implica en algunos casos tener que quedarse a vivir en la vereda durante cinco días de la semana, porque la ciudad está muy lejos para viajar todos los días, a veces la situación solo implica a un profesor flojo que prefiere gastar esa hora y media o dos que se puede gastar viajando de la ciudad a la vereda en tiempo de sueño o lectura, digamos que no voy a decir cuál es mi caso porque lo que diré a continuación es que anoche en la vereda se fue la energía y pasamos la noche a oscuras y sentados al rededor de un radio de pilas oyendo a un tipo que hablaba mierda con un gusto notable. Uno oye a esos tipos y asume de inmediato que ese es un trabajo deseable sin considerar que tal vez esos tipos mientras cierran el micrófono después de mandar a la pauta publicitaría desean en su interior ser profesores rurales, (pausa para reír a carcajadas), está bien, no, nunca un tipo de esos va a tener un deseo tan marica. 

Lo importante es que pasarla sin energía eléctrica no se torna tan cansón cuando uno está bien acompañado, incluso no disponer de dicho servicio puede ayudar a afianzar los lazos y a construir recuerdos fraternos. 

Sin perder de vista que hablo desde la óptica del tipo que cumple con el rol de profesor, creí que sería complejo dar clase sin tener como conectar y encender el computador, justo cuando las actividades para el día estaban diseñadas en torno a unos cuantos videos. A improvisar con los periódicos, pensé, aunque no fue necesario porque el servicio se restableció antes de las ocho de la mañana. 

Un estudiante me dijo que una noche sin energía no era nada, que a veces se demoraban hasta una semana en arreglar los daños. Le creí, claro, que lo hice, porque de niño en la finca en la que crecí lo experimenté en repetidas ocasiones. 

Me pregunto si la falta de motivación de los estudiantes y la mía es solo un obstáculo temporal o un desafío más persistente, similar a un prolongado corte de energía. 

 

Diario de campo para un segundo periodo -17 de abril del 2024

Un estudiante me dice a primera hora de la mañana que perdió el Barcelona. El tufo de burla en su voz es imposible de disimular. Todavía siento que no he despertado. No sé qué hago metido en un colegio en medio de las montañas, escuchando los partidos de fútbol por radio porque no hay a mi disposición un centro comercial con cincuenta bares dotados de pantallas gigantes que los transmitan. Me quedo en silencio un momento. Me imagino como alguien que, desesperado, pide a gritos un flotador en medio de un lago de agua fría. Le digo que la falta de Araujo no era para roja, articulo las palabras en tono de defensa, como si necesitara justificar alguna acción. El estudiante se ríe y me dice que igual el Barcelona perdió. Sé que no hay nada que discutir y continuo mi camino por ese pasillo; ya voy tarde. En el salón, los estudiantes deben estar relajados, deseando que me desaparezca y nunca llegue a dar la clase. Me acuerdo de que también perdió el Once Caldas.

Tantos años transcurridos y tan invisible el cambio. De estudiante en el colegio, haciéndole fuerza a los equipos que perdían, y décadas después, ahora de profesor, haciendo fuerza a los equipos que pierden.
Lo raro de esto es el título. El hecho de que sea un diario de campo de un profesor puede darle falsas ideas a los lectores. Podrían creer que se van a encontrar con información detallada relacionada con la pedagogía, la didáctica o el comportamiento de los estudiantes; sin embargo, se topan con las palabras vacías de un tipo que pone más energía en redactar cuatro palabras sobre un equipo de fútbol extranjero que perdió un partido que en motivar a sus estudiantes a aprender la ubicación en el mapa de una ciudad española.
El día se va haciendo largo y aburrido, aunque apenas es miércoles. Los estudiantes, por su parte, quisieran estar en otra parte. Pegados de sus celulares, buscan cómo piratear redes de internet, tejiendo chismes, viviendo sus emociones desbordadas. Yo también quisiera estar en otra parte... por ejemplo, durmiendo. A ese desánimo generalizado se le suma el malestar de algún compañero y la perla del día: no hay agua y se demora en volver porque el fontanero no está. Si no hay agua, nos vamos; nadie puede estar en clase si los baños están inservibles y no hay cómo calmar la sed. Pero no hay ningún cambio y permanecemos en el colegio durante toda la jornada.
Y así nos aguantamos el día y ponemos en práctica con los estudiantes la autoevaluación. Repartimos formatos y ellos se asignan notas generosas, aunque falten la mitad de la semana y no hagan nada cuando asisten.
Qué nota me pondría yo en mi evaluación, qué criterio me beneficiaría más. Tal vez uno de mártir, uno que pueda valorar la angustia que genera ser hincha de un equipo que no gana o querer construir algún conocimiento con un muchacho que no quiere aprender. No sé, tal vez me rajo.

martes, 16 de abril de 2024

Diario de campo para un segundo periodo -16 de abril del 2024

Le dije en la mañana a los estudiantes de grado séptimo que iba a escribir un diario durante el segundo periodo escolar que comenzó justo hoy. Tenía en la mano un marañón cuando lo dije, en ese momento, a eso de las ocho de la mañana, esa fruta era un marañón y lo que yo iba a escribir era un diario, a esta hora ese marañón ya no lo es porque uno de los profesores me dijo que es otra fruta y me dio el nombre y lo olvidé, ahora tampoco sé sí esto pueda ser un diario, ya veremos si cumplo con el compromiso y consigo escribir un día tras otro, si lo consigo,  supongo que no importarán los temas comentados, y esto por puro ejercicio de repetición será un diario, así como con el marañón que aunque no sea un marañón sigue siendo un regalo, una fruta que me regaló un estudiante, y la intención sigue ahí, un estudiante que comparte lo que tiene y le gusta con un tonto que sostiene un marcador y busca acercarlo a uno que otro conocimiento, un aparecido que es su profesor. 



Fragmentos 2

La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...