Se enteraron de que Ramón había matado a un perro. Los encargados de la vigilancia dieron con un video que lo ponía en evidencia. Hubo revuelo en el colectivo. Pidieron su salida. Querían su cabeza. Ramón metió al perro dentro de un costal grande que amarró y cargó hasta el puente de la calle 43 para dejarlo caer al río. Matar a un perro es algo que no se puede explicar y Ramón no lo explicó. El colectivo buscó respuestas. Queremos entender. Eso decían. Queremos entender. Ramón no habló. Se marchó esa misma tarde. Sacó tres libros y un pocillo que tenía en la oficina y en un par de maletas lo que tenía en el apartamento. Entregó las llaves a los encargados de la vigilancia porque esos eran los únicos a la vista en el edificio. Los únicos que no podían esconderse para evitar al apestado. Dejó por escrito detalladas instrucciones sobre el avance del proyecto a su cargo. Por fuera de algún colectivo sería muy difícil sobrevivir. Afirmó alguno. No iba a encontrar un solo colectivo que lo aceptara después de saber que había matado a un perro. Comentó otro. Ramón dejó la ciudad. No buscó espacio ningún otro colectivo. Salió por la carretera 33 en un bus y se metió al monte. Entre los colectivos decían que los expulsados sobrevivan como salvajes en el monte. Otros decían que los encargados de la vigilancia se encargaban de ellos. Ramón se instaló en una pequeña meseta cerca a un riachuelo. Ramón sabía qué había más expulsados allí y que sería cuestión de tiempo para empezar a toparse con ellos y también sabía que muy pronto iban a ser mucho más los expulsados que empezarían a llegar.
miércoles, 6 de diciembre de 2023
viernes, 1 de diciembre de 2023
Fragmento #2
Lo más importante ahora es que se calle de una vez. Serenidad. Usted es capaz. Serenidad. Ese rosario no sirve para un culo. Ojalá sirviera. Pero no importa. Recé bajito y déjeme pensar que ya con el ruido de afuera es suficiente.
Yo seguí rezando porque cualquiera sabe que un rosario nunca sobra. Pero uno entiende cuando reza el rosario que si el milagro no sucede uno igual se tranquiliza un poquito repitiendo avemarías.
No sé de dónde le viene a Martín ese problema con el rosario. Parece que él no fuese un creyente de la virgen. En la casa mamá no enseñó a todos a querer a la virgen. Esa fue la herencia que ella nos dejó a todos los hijos. Martín dice que las herencias de los pobres no sirven para una puta mierda. Todos los días está peor.
En algún momento vamos a tener que salir. De esa realidad no nos va a librar el rosario. Acá nos fuimos al carajo. Si salimos de una vez nos evitamos esta angustia. Aceptar las cosas como vengan y plantarles cara. Se acuerda de eso. También fue una enseñanza de mamá.
Martín me observó un momento como pidiendo una respuesta. No hablé. Seguí con el cuarto misterio porque si íbamos a tener que salir no me iba a ir con un rosario a medias. "Jesús con la cruz a cuestas camino al calvario".
Martín empezó a quitar los muebles que había amontonado contra la puerta. Estaba resuelto. Íbamos a salir. Eso quería demostrarme. Pero los gritos eran agudos y parecían tan dolorosos que lo hacían temblar. Quería ordenar la sala y dejarla como la había encontrado. Como si en ese momento tuviera sentido el orden. Entre los gritos se filtraba ese zumbido que empezó cuando llegaron y que ya nunca más había cesado.
Eso es un crepitar. Cada vez están más cerca. Se acabó. Este pueblo en una hora será un rescoldo. Qué pasó con ese señor que anunciaba el fin de los tiempos. Esto es muy diferente a los que nos prometió.
Yo no conozco el sonido generado por una edificación cuando se viene abajo. Nunca estuve cerca de una demolición controlada o de una tragedia. Esta es mi primera vez. Ese sonido parece identificable. Uno lo entiende cuando llega.
Voy a abrir. Tenemos que correr. Estamos a kilómetro y medio del refugio. Intentarlo. Intentarlo es lo que corresponde.
Martín sabe tan bien como yo que no tenemos ninguna posibilidad y que los que ya están en ese refugio tampoco la tienen. Se esfuerza por parecer seguro. Yo sé que tiene miedo tanto o más que yo.
Vamos. Martín. Vamos. Le agarré la mano y le entregué la camándula. Corrí y él corrió detrás de mí.
lunes, 27 de noviembre de 2023
Fragmento #1
Seguían apareciendo ranas hechas de papel de colores dos meses después de que se hubieran llevado a Juan de la casa.
Estaban en el fondo de la lavadora y en la nevera. Entre los libros y debajo de los muebles. En la casetera del equipo de sonido viejo de la sala y en el cajón de las medias. Aparecían en la caja de herramientas y en las matas de sábila del mirador.
Juan vio un video en YouTube unas tres o cuatro veces y aprendió a doblar la hoja cuadriculada de un cuaderno hasta convertirla en una rana que además podía saltar.
Con esa nueva habilidad incorporada a la cotidianidad de sus tardes Juan tuvo la responsabilidad de surtir al mundo de ranas de origami.
Para mí fue una responsabilidad comprar el papel adecuado para que Juan continuara con su actividad a sus anchas.
A las primeras dos ranas que Juan me entregó no les presté mucha atención. Creo que incluso las bote adrede.
Haber hecho eso me metió en un apuro con Andrea. Si el niño hacía esas ranas para mí lo que debía hacer era conservarlas. Yo le estaba dando un mal mensaje a Juan desechándolas. El niño debe confiar en usted y sentir que lo trata bien.
Después del llamado de atención de Andrea empecé a conservar las ranas y también a compartirlas. Regalé ranas en el trabajo. Dejé ranas en restaurantes y cafés. Llevé ranas a parques llenos de niños y mariguaneros y a todos les di su rana.
Una cosa era deshacerse de las ranas y otra muy diferente compartirlas con los otros y Andrea aceptó el argumento.
Cuando me preguntaban de dónde las había sacado decía que yo las hacía. Hubiera tenido que explicar por qué las hacía si alguien me hubiera preguntado. Nadie preguntó.
Mientras Juan hacía las ranas y yo las guardaba o regalaba no fui consciente de que podían ser tantas. No las conté y ahora que van apareciendo en los lugares menos esperando me doy cuenta de que fueron muchas.
Un día Juan dejó de hacer ranas. Pasó de ellas y se dedicó a los aviones y los barcos y algunas otras figuras más complejas. Creí que iba a obsesionarse con algún otro animal. No sé si habrá sido así.
Andrea dijo que todo estaba listo y que el niño se iba. Están en camino y lo recogen esta noche. No me gusta ver esa parte. Agarré un papel y me acerqué a Juan y le pedí que me enseñara a hacer una rana.
Arruiné un par de hojas y cuando por fin salió una rana de condición aceptable le dije a Juan que esa era para él. La puso en el suelo y la hizo saltar.
Al volver a la casa horas más tarde Juan ya no estaba.
Sigo encontrando ranas por todas partes y Andrea dice que no son ranas que el niño hubiera dejado hechas. Es usted el que las sigue haciendo. Yo no creo.
martes, 17 de octubre de 2023
Irse, quedando -100
viernes, 13 de octubre de 2023
Irse, quedando -99
miércoles, 11 de octubre de 2023
Irse, quedando -98
Ve, papi, por qué no te quedas vos con Mateo y Rambo, viendo que ahora no vivís ya con tus papás, lo que necesitas es compañía, eso me dijo Emilio, un amigo del barrio que ya tiene los tiquetes comprados para irse a vivir a Portugal. Yo es que no se los quiero dejar a cualquiera, mejor dicho, papi, es que yo no los quiero dejar, pero, pues toca, porque la vuelta esa así, yo no tengo como pagarle pasajes a esos animales por ahora, y tampoco sería prudente uno pegar por allá a aventurear encartado con dos perros, eso sería poner a los animalitos a sufrir. Ojalá yo tuviera familia, papi, pero vos sabes que yo soy solo, no somos sino mi mujer y yo y como la familia de ella no vive acá, no hay quien se quede con los perritos, y el tema es que yo tampoco se los voy a dejar a cualquiera, luego resultan bien pailas con los animalitos y los ponen es a pasar hambre y los tiran por ahí en una terraza al sol y al agua, o los encierran y no los vuelven a sacar a correr en el parque. Le dije a Emilio que yo nunca había tenido perros y que tampoco me quedaba tiempo para cuidarlos y que para encerrarlos en la casa, todo el día solos, tiempo sobraba. Qué cagada, papi, qué cagada a lo bien, porque vos sos bien, papi, yo creo que los animalitos quedarían bien con vos, pero ni modo, si es verdad que no tenés tiempo, pues te doy la razón. Lo que no le dije a Emilio es que en últimas los perros son una responsabilidad enorme y que justamente había decidido no tener hijos para evitar ese tipo de responsabilidad y que no me iba a meter a cuidar a un perro al que toca comprarle comida y al que toca sacar y al que toca bañar y llevar al veterinario, menos iba a cuidar a dos animales que juntos deben pesar casi los 100 kilos y que deben comerse más de lo que me puedo gastar yo al mes en mercado. Es raro eso, pero muchos de mis amigos que prefieren no tener hijos por los gastos y porque dizque quieren conservar la libertad terminan teniendo un perro al que le pagan guardería y le celebran el cumpleaños con fiesta e invitados. Raro. Por no decir que más de uno aplaza o cancela vacaciones porque no consiguen con quién dejar al animal. Lo que supe tiempo después fue que Emilio termino dejando a Mateo y a Rambo con un señor de una finca en Tres Esquinas y que cada mes le manda plata para qué les compré la comida mientras reúne lo que necesita para volver por ellos y llevárselos.
martes, 10 de octubre de 2023
Irse, quedando -97
Algo que yo reconozco y admiro de Nacho es que su decisión de aislarse, le otorgó una característica en la que se podría fundar la paz del mundo, una cosa simple, Nacho no necesito más de un favor, no necesito más que alguien le sirviera, en contraposición tampoco le sirvió más a nadie, aunque eso podría debatirse, a la luz de un par de adagios populares, el primero dice: "el que no vive para servir no sirve para vivir" y el segundo: "mucho ayuda el que poco estorba", el juicio depende del adagio al que decida darle prioridad. Siguiendo lo que dice el segundo, Nacho no le estorbó y no le estorba más a nadie. No pide una herramienta prestada para luego no devolverla, no pide plata prestada, no pide fiado en la tienda, no pide regalada una matica pa un remedio, no necesita que le cuiden el lugar en la fila, ni pide boleticas regaladas, no la caga y luego se excusa diciendo que la intención era buena. No sé si el tipo un día dijo, yo no sirvo para servirle a nadie y se hizo a un lado, como quien dice, si no voy a servir, tampoco voy a esperar que me sirvan y me abro de aquí y vivo entre el cafetal sin demandar el favor de nadie. Ese debe ser el triunfo de la independencia, el de no necesitar un favor, el de no esperar la vuelta. Nada de esto tiene por propósito poner en cuestión eso que dice el poema de John Donne: "Ningún hombre es una isla entera por sí mismo. Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo." Pero lo cierto es que ser una parte del todo sin necesitar de los otros debe ser un triunfo, no sé de qué, pero de algo seguro lo es.
Fragmentos 2
La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...
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—¡Podemos ser otros aquí! —gritó el hombre, mientras se despegaba de la baranda en la que había estado recostado. Dejó caer su prótesis de...
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Un día por completo perdido, podría decirse, en el encuentro de hoy, al que no sé si llamar asamblea y que fue en la calle, bloqueando el pa...