lunes, 9 de octubre de 2023

Irse, quedando -96

No sé si las personas que se van para el extranjero rezan, lo que me consta es que los que se quedan rezan a diario por los que se fueron.

Las madres prenden velas y velones de esos que trajeron benditos de la iglesia. 

Lo que se busca es que Dios proteja a los que están fuera. 

Ahora, no sé si los que se quedan rezaban por los que se fueron antes de que se fuera, o sea, si rezaban por ellos, cuando esos ellos estaban aquí y los veían y olían y sentía cerca. 

Eso no lo sé. Ahí no me consta nada. 

Supongo que cuando esos ellos que se fueron estaban tan cerca el rezó a Dios era por un nosotros, Qué se dice, Dios, cómo va todo, buena esa, así se habla, bien y mejorando, sí señor, nosotros ahí vamos, con la ayuda suya, claro está y bueno para molestarlo otra vez, para encomendarnos en sus manos, para que nos tenga siempre presentes a todos nosotros, Dios bendito. 

El problema es que cuando se van unos y se quedan otros, ese nosotros se rompe, se divide y queda el nosotros de los que estamos acá y el nosotros de los que están allá, que para nosotros acá es el ellos, como para ellos allá nosotros somos el ellos de acá, entonces si ellos, los que se fueron, rezan piden por ellos, los que se quedaron, nosotros. 

Es raro pasar de un nosotros a un ellos, rezar por mí y luego por ellos y preguntarse por ese nosotros, porque de pronto uno ya no sabe donde queda el nosotros. En dónde ubica el nosotros mi mamá cuando reza, en dónde lo ubica mi papá, en dónde lo ubica mi hermana o mis sobrinos, en dónde lo ubico yo. 

Tal vez si fuéramos ateos, no sería necesario gastarle palabras a esto, sería un tema menos para pensar, un asunto menos que considerar. También creo que cuando uno reza lo hace por muchas más personas de las que cree, por un nosotros que ni ve.  


viernes, 6 de octubre de 2023

Irse, quedando -95

Oiga, mijo, usted se acuerda del escritorio que teníamos en la sala, me pregunta mi mamá, sí señora, le digo, qué pasa con eso. Es que me dio por ponerme a organizarlo y encontré ahí unos papeles suyos y quiero saber si eso se puede botar o si se los guardo para que se los lleve en estos días que venga. Le digo que lo puede botar todo, que si en tanto tiempo no he necesitado nada de ese escritorio debe ser que nada de lo que tengo ahí me importa. Que hay una carpeta muy bonita, de Batman, y que ahí un montón de papeles que dicen proyecto de vida, me dice mi madre, como si estuviera buscando que me antojé de ver esos papeles de nuevo, como si no los quisiera botar, le voy a mandar una foto para que la vea, dice mamá. Le digo que no, que no hace falta, que yo sé de lo que me está hablando y que puede botar todo eso, puros papeles y maricadas de cuando estaba en el colegio. Según mi mamá que ella no sabía que yo venía con esa bobada de ser novelista desde que estaba en el colegio. Le preguntó por qué lo dice y me cuenta que estuvo mirando los papeles de la carpeta y que en una de esas actividades escribí que quería ser un novelista. Le digo que eso es viejo, que ya no importa, que bote todo lo que tenga que botar con toda tranquilidad, que no hace falta que revise. También me cuenta que hay una nota bonita de esa muchacha que me gustaba, de Milena, y le digo que la boté también. Que si todavía es lo que quiero, me pregunta mamá y le digo que no, que con Milena llevo años sin hablar, ya es un mero nombre; me dice que no, que bobo, que ponga cuidado, que si todavía quiero ser novelista. No le respondo y le digo que bote todo y que tengo que colgar y que hablamos luego que tengo muchas tareas por corregir.

Irse, quedando -94

No tengo hijos y no los voy a tener, tampoco los tienen muchos de mis amigos y a muchas de mis conocidas parece que eso las incomoda, no los tienen todavía, pero podría decirse que desean tenerlos, desean ser madres, y dudan porque la idea de albergar en sus vientres a niños de tipos como yo debe espantar y acongojar a miles. 

En la fila para la vasectomía, una propuesta podría cambiar la dedición. 

Si alguien pudiera dar alguna garantía, por ejemplo, a mí me dicen que si decido formar un hogar y ser padre, mi hijo será Messi, obvio Messi ya nació, ya tiene un padre, pero bueno, ese es el ejemplo de la lógica que tendría la garantía. 

Mire, si usted decide ser padre, sin ninguna sombra de duda su hijo será, digamos, tan importante por lo que hará, como lo es Zuckerberg, Mourinho, Shakira, Nadal, Bezos, Ronaldo, King y decenas más de personajes de eso de los que usted se sabe el apellido o el nombre si siquiera querer, esos que son grandes e inspiran. 

Nunca, de ninguna manera, su hijo será un tipo como usted, nunca su hija será una mujer como usted, nunca usted como padre sentirá la vergüenza o la pena que justo usted le ha hecho sentir a su padre. 

Si la garantía fuera esa, yo seguro sería un padre, abandonaría esta tontería de escribir novelas y seguro como tantos correría lejos de este país y buscaría como migrante que ese niño pueda convertirse en eso que la garantía prometió. Pero no existe tal garantía y yo no puedo ser padre porque no tengo ni un cuarto del coraje y la valentía y la entereza y la fuerza que tiene mi papá, yo no podría soportar que un hijo me diga que quiere ser novelista.

jueves, 5 de octubre de 2023

Irse, quedando -93

Cuando uno de mis conocidos o amigos ya calvos me preguntan por lo que he hecho y lo que he conseguido en la vida, respondo siempre lo mismo. A diferencia de ellos, no tengo ni el carro, ni la finca, ni la casa, ni la maestría, ni la esposa, ni los hijos, ni las fotografías de los viajes al extranjero, entonces lo que les digo es que me he dedicado a conserva el pelo bien pegado a la cabeza. Cuando hablamos de pelo puedo yo presumir de abundancia como ninguno, eso he hecho yo, tener mucho pelo. Es una bobada, pero de algún modo con eso se acaba ese deseo de esos conocidos por realizar sus veedurías de lo mío. Podría hablarles de mis libros, pero para qué le habla uno de libros a gente que no lee, también, para qué va a leer un tipo que tiene plata. 

Irse, quedando -92

En la casa paterna, la casa materna, en caso de que esa casa exista, permanecen las fotografías de los hijos colgadas en las salas, las caras de esos que limpian el culo de una viejita a las seis de la mañana de un martes en Valladolid haciendo arcadas, pero con sus expresiones del pasado, esas tiernas e ingenuas de la infancia. No importa que ya estén viejos esos hijos, ni a donde vayan, no importa que estén de cobradores en Rondonía, de tenderos en Guayaquil, de cuidadoras en Turín, de putas en Madrid o Roma, de jíbaros en Londres o París, de ayudantes de construcción en Nueva York o Barcelona, no importa nada de eso, las fotografías siguen ahí acumulando polvo. En algunas casas, además de las fotografías, están también a la vista de cualquiera que llegue, los diplomas enmarcados de esos hijos, bachilleratos, técnicos del Sena o de institutos de garaje, cartones de licenciatura en idiomas, sicología, artes plásticas o enfermería, porque esos hijos que acomodan cajas de dientes de viejitos malolientes en Europa o cargan hierro en grandes obras en Estados Unidos, esos también estudiaron aunque no ejerzan y se dediquen a otras labores. Esas fotografías son en esas casas la celebración de la vida, una vida que nadie sabe cómo debe vivirse hoy y que nadie creía iba a ser vivida de esa forma cuando las hicieron. 

miércoles, 4 de octubre de 2023

Irse, quedando -91

La semana pasada compré tres rifas de un reloj de pared, las están vendiendo a cinco mil pesos cada una, la vecina que las vende y su familia están por todas partes con esos talonarios, necesitan plata para repatriar el cuerpo de un muchacho de 23 años que fue asesinado en México. Otra vecina me dijo mientras esperábamos a que nos despacharan en la panadería, sin que yo se lo estuviera preguntando, que al muchacho lo mataron por gota gota, se había ido de cobrador hacía seis meses. Yo no sé quién es el muchacho, o no me acuerdo de haberlo visto, le conté a mi papá y él supo de inmediato de quién le estaba hablando y que él había comprado seis boletas. Supuse que algo estaba sugiriendo al decirme con tanta claridad que él había comprado el doble de las boletas que había comprado yo, pero no quise decir nada. Según él, con eso de las transferencias y todas esas aplicaciones que se han inventado, lo de vender rifas ya era una operación de alcance nacional. Luego me dijo que fuera al entierro, le dije que yo no tenía tiempo y me dijo que no dijera bobadas y fuera al entierro.

  

Irse, quedando -90

Abrí el correo electrónico para revisar asuntos del trabajo y me topé con un mensaje curioso, por no decir otra cosa, por pereza de buscar la palabra adecuada, podría decir uno de esos tantos editores que me han dicho que lo mío no se puede publicar, pero que siga intentando, y sobre todo y con urgencia, que aprenda a poner comas, eso es lo primero, antes de creer que tengo una historia o de confiar en las anécdotas o de sentir que al mundo le urge conocer mi relato, lo que vale es aprender a poner las comas, mi novela puede ser una copia del capítulo de una serie o la descripción de 30 fotografías robadas de un periódico, eso no importa, lo que importa son las comas. Y no, el correo no es sobre comas, ni tiene las comas mal puestas, porque además es un correo muy corto y muy simple, lo firma Emilio García, me dice que se encontró en un café un libro de cuentos y que en la primera página estaba escrito mi correo, decía que le habían gustado dos cuentos, el del romance entre el cazador de animales de monte y la enfermera de la vereda que se había perdido por el camino cuando regresa al puesto de salud después de terminar una jornada de vacunación infantil y el del señor que era un viejo muerto que se había ido a vivir solo lejos de la carrera y que todos podían ver sin saber que ya no estaba vivo. Ya ni me acordaba yo de la persona a la que le había dado una copia de ese primer libro mío para que la dejara por ahí abandonada en cualquier parte de México. De los varios libros regados por ahí, por fin tenía noticias de uno, una de esas copias había encontrado un lector. Respondí el correo dando las gracias por leer los cuentos y por tomarse el tiempo de escribirme. Ojalá que con la alegría que me dio leer ese correo hubiera podido pagar los recibos, pensé luego, cuando el hecho perdió su novedad.


Fragmentos 2

La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...