miércoles, 6 de septiembre de 2023

Irse, quedando 65

También es habitual que la gente que se va de Colombia para el extranjero a meter el culo sin asco en los trabajos a los que la clase media del primer mundo le hacen el feo se regrese pronto. Aunque sí sucede y conozco a un par que volvieron. 

Una muchacha se fue para México a trabajar en un salón de belleza y duro dos meses, un amigo se fue a prestar plata gota gota en Brasil y duró tres meses, aunque ese se devolvió porque lo iba a picar unos malandros, parece que una característica del colombiano es creer que en otros países no hay bandidos ni criminales ni bandas que detesten a los vivarachos que quieran operar en su zona. 

Yo creía que esos que se tenían que regresar se sentían de algún modo el peso de la derrota y experimentaban la vergüenza con su círculo más íntimo y descubrí que no, que la gente regresa aburrida, pero lista para volver a empezar y que no sienten vergüenza porque su gente les reconoce fueron valientes y se arriesgaron y lo intentaron. 

Otro amigo, uno al que deportaron de Estados Unidos, está buscando la manera de volverse a meter por el hueco, que lo sacaran de allá a las malas no le genera ningún malestar y el hecho de que quiera intentar irse de nuevo también lo convierte en un valiente.

Irse y fracasar y volver y reclamar los cupos para los niños en el mismo colegio del que ya se despidieron y pedir trabajo en el lugar al que ya renunciaron y comprar colchones baratos para tirarlos al piso mientras hay conque comprar camas es mucho más noble y más honorable que escribir novelas, ser novelista no tiene presentación y en la familia es mejor tener un familiar deportado seis veces que un novelista autopublicado. 


Irse, quedando -64

Entre tanta gente comentando que iba a sacar el pasaporte o que ya lo había sacado porque la meta era irse para el extranjero, me dio por hacer comentario chimbos por el mero gusto de ser chocante.

Entonces usted se va para Australia y no le da miedo que se enferme su mamá, ella que anda tan achacosa, imagínese una venida suya desde por allá de afán si se llega a presentar una emergencia con ella. 

Si vio que las naciones unidas en un comunicado ya dijeron que el colapso climático ha comenzado, o sea que no importa si se queda acá o se va para Estados Unidos, igual esto ya se acabó, no hay ningún futuro y nos va a matar el calor, y ya pa que matarse trabajando si no vamos a poder comprar camioneta porque eso no se va a poder tener. 

Y a usted si le comentaron que allá la salud es muy cara, eso cualquier sacada de cordales vale un platal, usted ya fue y se hizo un chequeo general, no se vaya a ir a enfermarse por allá.

Al amigo de un amigo de una amiga lo devolvieron de Madrid, pana, pilas ahí, él dizque iba a bien y llevaba todo en orden y dijo como dicen todos que iba a de paseo, no más, pero se puso nervioso y yo no sé qué fue lo que dijo, pero de allá lo devolvieron. 

La gente responde molesta, esos comentarios no les resultan nada amigables, pero yo he descubierto ahí una fuente de placer que no voy a desperdiciar, además creo que puedo mejorar la técnica y conseguir comentarios más afilados. 

  

martes, 5 de septiembre de 2023

Irse, quedando -63

Por las tardes salgo a trotar, esperando que esa actividad me ayude a escribir. Haruki Murakami escribió un ensayo que se llama De lo que hablo cuando hablo de correr, reflexiona sobre eso, sobre correr y escribir, lo que siente cuando corre y como correr le ayuda a escribir esas novelas de cientos de páginas que escribe. No quiero escribir como Murakami, no me interesa eso, lo que busco es que mi escritura mejore y si trotar me ayuda entonces me pongo a prueba.

 Una tarde, cuando ya volvía de correr, despeinado y transpirado, me encontré con un viejo profesor del colegio que me saludó afectuoso y quiso saber que era de mi vida. Asumió por lo que mi apariencia le dijo que la estaba pasando mal, según él debía cortarme el pelo y usar ropa limpia. Le expliqué que estaba trotando, pero no pareció importarle eso, él insistía en la apariencia y el corte de pelo. Se puso peor cuando le dije que seguía viviendo en la casa de mis papás, pero si usted se veía como pilo en el colegio, como fue que no ha hecho nada con la vida, dijo el señor como decepcionado.

Le comenté que había publicado un libro, con una editorial independiente, omití esa parte de la coedición y de que yo había pagado los riesgos y que era como autoeditarse, pero con el respaldo de una editorial que es más una imprenta. Creí que con eso iba a salvar el encuentro, pero no, el profesor quiso saber de qué iba el libro y le dije que eran cuentos breves, eso para qué, los cuentos no venden, le dije que iba a publicar una novela, pero no logré convencerlo, me preguntó que había estudiado y le dije que licenciatura en ciencias social y que estaba trabajando en un colegio privado. 

Profesor y novelista, no hermano, por lo menos córtese el pelo y cómprese una camiseta nueva, por lo menos cuidé la imagen porque ya no le queda mucho más que cuidar. Pero usted es profesor, profe, cómo me dice eso, le dije. Pues por eso se lo dijo mijo, la cagó, pero todavía está a tiempo, haga otra cosa, móntese un negocio, cómprese una finca y siembra aguacate, olvídese de eso, olvídese de escribir, si hubiéramos hecho las cosas bien con usted de pronto no me estaría contando esto, profesor y novelista, métase de ayudante de construcción, mejor, eso sí sería algo honesto. Para hacerle el quite al momento ridículo en el que me había metido ese profesor que en el colegio ni me agradaba, acudí a la vida de los otros y le dije al profesor que yo igual estaba, que me iba, que salía para España en un mes y ahí me felicitó el profesor, eso era lo que había que hacer, volarse de este platanal, que ahí me veía bien. Ahora estoy trotando, por otra parte, no quisiera volvérmelo a encontrar. 

Irse, quedando - 62

No es habitual para mí asistir hoy a babyshowers, pero hubo un mes hace unos años en el que asistí tal vez a seis, uno tras otro. Mi entorno se llenaba de nuevos papás y mamás. Mi hermana, un primo, un par de amigos, un par de amigas, todos felices midiendo barrigas y explicando como había elegido el nombre. 

Tengo buenos recuerdos de esos días porque el sueño de ser escritor todavía tenía sentido y yo podía decir que cuando escribiera y publicara mi primer libro iba a sentirme también como un padre y mis amigos se reían y me decían que no fuera idiota y yo me reía también porque era una idiotez que no estaba confirmada aunque diez años después no me quede ninguna duda de ella. 

No hablábamos de salir del país en esos babyshowers, supongo que la alegría de saber que todos esos bebés iba a llegar nos impedía hablar de otra cosa. Por esos días yo iba a esas reuniones con una novia que se emocionaba mucho cuando empezaban a abrir los regalos, suspiraba y decía que tan lindo y que tan hermoso, una y otra vez, como si se emocionara más que las mamás. Yo, que no había entendido que eso era una señal, me sorprendí cuando me dijo que ella quería ser mamá y que nosotros ya deberíamos irnos a vivir juntos. 

Dije que no podíamos hacer eso, que teníamos que conseguir los dos trabajos que nos permitieran hacer eso, trabajos en los que nos pagaran bien, como si eso fuera posible, dije también que yo no quería ser papá y esa parte resultó menos comprensible que lo del trabajo, ella dijo que no podía estar con alguien que no quisiera tener hijos porque ella quería una familia. 

No se nos acabó el noviazgo ahí mismo, la vaina siguió unos meses más, supongo que ella creía que yo podía cambiar de opinión y no sé como lo hizo, tal vez sea verdad que el que quiere puede, porque ella sí se salió de la empresa en que trabajaba y se encargó de la contaduría de una cadena de ferrerías en donde le pagaban el doble mientras que yo seguía en lo mismo ganándome lo mismo. Y como me hice el loco con lo de dejar mi casa para irme a vivir con ella y como seguí asegurando que no quería ser papá y pedí cita para una vasectomía, ese noviazgo se acabó. 

Un par de años después y no sé con qué propósito, esa muchacha me hizo llegar invitación a su matrimonio. No fui, a qué iba a ir. Ahora sé que ella tiene dos hijos y que parece muy feliz con su marido, que es odontólogo, cosa que confirma que yo siempre he sabido meterme con mujeres mucho más inteligentes que yo, mucho más hábiles y más talentosas. Una mujer que cambia a un bobo que quiere ser escritor por un odontólogo es una mujer brillante. Ahora, mientras ella es feliz con sus dos hijos, yo tengo dos libros que los que me avergüenzo y buscó publicar un tercero. 

lunes, 4 de septiembre de 2023

Irse, quedando -61

Catalina, una amiga mía graduada de una licenciatura en lenguas extranjeras, me dijo ayer que también se va, conoció a un tipo de Suecia con el que lleva varios meses hablando y se va con él, se lo topó en el trabajo y le gustó. 

Yo quise saber si un extranjero que se la pasaba metido en Onlyfans le generaba confianza y me preguntó que si yo le tenía confianza a ella y le dije que sí y quiso saber por qué, si ella se la pasaba metida en Onlyfans. Le dije que no era lo mismo y que no cabía la comparación, que ella estaba trabajando. 

Para Catalina era lo mismo, ella vendía contenido y al sueco eso no parecía molestarle y que él lo compraba y ella no le veía nada de raro. Que habían hablado mucho y parecía que las cosas entre ellos parecían funcionar. 

Catalina intentó como yo trabajar en colegios privados y se aburrió de los malos pagos. Un día como por joder le dio por abrir Onlyfans y empezó a vender contenido y para sorpresa de ella, que no para mí o para otra centena de hombres, le empezó a ir muy bien y a ganarse el doble y triple de lo que le pagaban por estar en un salón de clase. 

Me voy a vivir con él, no nos hemos visto nunca en persona, pero a mí me gusta. Me instaló en esa ciudad y si la situación se da me quedó por allá, yo acá no tengo a qué volver, ni quisiera volver. En caso de que no me vaya bien, de que todo sea una ilusión que desmorona en una semana me regreso, igual no voy a cerrar la cuenta y voy a seguir con el contenido, me dijo Catalina. 

Yo no sé cómo le irá a ir a Catalina, si las cosas van a salir bien o mal, lo que sí sé es que ella ya empezó a aligerar sus pertenencias y me regaló una docena de cedés de pop y rock que no se puede llevar porque el que se va piensa siempre en función del peso de la maleta. 

Irse, quedando -60

Que las tragedias del mundo y los sufrimientos de los ciudadanos que viven en las democracias liberales no nacieron conmigo ni se están inaugurando en mí o en mis contemporáneos, es algo que siempre me explican mis papás, mis abuelos, mis tíos y hasta los vecinos. 

Antes tocaba sufrir de verdad, antes uno trabajaba desde los 14 años y no podía terminar de estudiar. Antes la jornada laboral era de más de 12 horas. Antes de verdad había miseria. Me dicen, como aclarando, que estas quejas nuevas, las nuestras, son un berrinche de flojos. 

Antes uno se iba a de la casa sin haber cumplido la mayoría de edad y hacía su familia lejos de los papás y ahora los agarran los 35 años sin independizarse, me dice mi abuelo. A la edad que usted tiene ahora yo tenía a los hijos mayores criados, su mamá ya se quería volar con su papá y sus tíos ya trabajaban y yo ya tenía una finca mía y un caballo muy bueno, me dijo también mi abuelo, y yo dizque mostrándole que ya tenía un segundo libro publicado como si eso pudiera significar algún triunfo, si mi abuelo hubiera estado atento al mundo editorial, seguro me hubiera dicho libro autopublicado, que era todavía peor. 

Un tío me decía que lo normal para una persona de mi edad, o los jóvenes, porque yo ya me había envejecido, era acabar muchos pares de zapatos antes de conseguir un trabajo, pero que para él y para sus hermanos, entre ellos mi papá, lo normal había sido conseguir un trabajo para poder comprarse su primer par de zapatos. 

Por eso que en algún cuento me quejara de los trabajos con jornadas laborales de más de diez horas, o del salario mínimo, o ser profesor en un colegio privado de un grado segundo, y ganar un millón doscientos mil pesos al mes, y tener que ir los sábados a ayudar con el aseo de los salones, para cualquiera de ellos era una pataleta de flojos y por eso estaba claro que yo a diferencia de tantos otros no me iba del país, porque no me gustaba trabajar, porque no estaba dispuesto a meter el culo como otros. 

Y tenían la razón, claro que la tienen todavía y la van a seguir teniendo, ninguna de esas afugias de mis padres o mis abuelos son las mías, o las nuestras y, sin embargo, no estamos mejor y el futuro para nosotros y los que vienen pinta peor y tenemos a nuestra disposición decenas de conceptos nuevos para explicar lo que nos pasa y lo que sentimos y emergencia climática también, aunque a ellos y nosotros la frustración nos pueda seguir uniendo. 


viernes, 1 de septiembre de 2023

Irse, quedando -59

Nacho no supo, cuando decidió adoptar esa vida de asceta que sus vecinos atestiguamos, que con el paso de los años se iba a encontrar tan a tono con la agenda política y cultural del momento. 

Todavía no lo sabe porque Nacho, más viejo, y seguro, más perdido en sí mismo, no habla con la gente ni ve noticias, camina al pueblo y compra sal y aceite con la plata que saca por vender unas cuantas libras de café. Nacho no sabe que pasó de ser el hombre señalado de loco al ciudadano ideal, al sujeto soñado por los líderes mundiales que abogan por el cuidado del planeta y la lucha contra la crisis climática para salvar a la humanidad que se va a extinguir si no disminuye el consumo desbordado. 

Autosostenible, vegetariano, orgánico, sin carro, sin moto, sin vacaciones en el extranjero, sin latifundios, sin celular, sin internet, sin baño, sin nevera, ni Coca Cola fría, ni cerveza, sin detergentes, sin combustibles fósiles, sin energía eléctrica, sin plásticos de un solo uso, sin esposa, sin hijos, sin mascotas, sin boletas para festivales musicales de tres días, sin mirar a ninguna mujer de cerca o siquiera hablarle, sin dólares en caletas y sin una huella de carbono descontrolada, Nacho sí podría presumir superioridad moral, pero él está en otra cosa. 

Fragmentos 2

La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...