También es habitual que la gente que se va de Colombia para el extranjero a meter el culo sin asco en los trabajos a los que la clase media del primer mundo le hacen el feo se regrese pronto. Aunque sí sucede y conozco a un par que volvieron.
Una muchacha se fue para México a trabajar en un salón de belleza y duro dos meses, un amigo se fue a prestar plata gota gota en Brasil y duró tres meses, aunque ese se devolvió porque lo iba a picar unos malandros, parece que una característica del colombiano es creer que en otros países no hay bandidos ni criminales ni bandas que detesten a los vivarachos que quieran operar en su zona.
Yo creía que esos que se tenían que regresar se sentían de algún modo el peso de la derrota y experimentaban la vergüenza con su círculo más íntimo y descubrí que no, que la gente regresa aburrida, pero lista para volver a empezar y que no sienten vergüenza porque su gente les reconoce fueron valientes y se arriesgaron y lo intentaron.
Otro amigo, uno al que deportaron de Estados Unidos, está buscando la manera de volverse a meter por el hueco, que lo sacaran de allá a las malas no le genera ningún malestar y el hecho de que quiera intentar irse de nuevo también lo convierte en un valiente.
Irse y fracasar y volver y reclamar los cupos para los niños en el mismo colegio del que ya se despidieron y pedir trabajo en el lugar al que ya renunciaron y comprar colchones baratos para tirarlos al piso mientras hay conque comprar camas es mucho más noble y más honorable que escribir novelas, ser novelista no tiene presentación y en la familia es mejor tener un familiar deportado seis veces que un novelista autopublicado.