miércoles, 26 de abril de 2023

Ocurrencia #63 - de 100

Primero muerto y podrido en un hueco que tomarme un tinto de estos baratos sin azúcar. 

Lo anterior dicho con más volumen del que hacía falta y las miradas en la funeraria no fueron ya más solidarias o empáticas. 

Mi abuela se hubiera reído de la situación, pero en los velorios la familia que llora al muerto no está en disposición de considerar el sentido del humor como herencia. 

De lo que le resultaba gracioso o no a mi abuela no se iba a hablar en su velorio. 

Tal vez la herencia de la abuela iba a terminar siendo la predisposición genética a desarrollar un cáncer que nos matara a todos como la terminó matando a ella. 

De eso se hubiera reído mi abuela. 

Un chiste habría sacado de ahí, uno sobre lo mucho que los pobres tiene para dar, o algo así. 

Me quedé afuera para no molestar más a la familia hablando de la muerte en vano, así calificó el comentario inicial uno de mis tíos, y claro, de eso también se hubiera reído mi abuela. 









 

martes, 25 de abril de 2023

Ocurrencia #62 - de 100

Había una vez en los baños de un centro comercial un hombre verga acechante. Su lugar de operación eran los orinales. Habitaba el lugar dueño de su tiempo, sin prisa y sin tedio. Cuando un hombre se acercaba al orinal y se bajaba el cierre de su pantalón el hombre verga atacaba. Ocupaba el orinal contiguo y se hacía notar con su chorro potente y constante. Al final, antes de que el hombre guardara la suya de nuevo en el pantalón el hombre verga se sacudía la de él, su tocaya, lo hacía con firmeza agitándola contra el orinal y después el sonido, ese sonido del que todos los hombres que se habían encontrado con el hombre verga se acordaban, ese sonido que tantos comentaban. Un sonido que es más fácil reproducir que describir. Basta que cualquier inquieto o curioso tome una manguera larga de unas ocho pulgadas y la golpee contra un orinal, ahí está, ese es el sonido que se queda haciendo eco en el interior de todos los que ya no creen en lo que tienen, de todos los inseguros que nunca más se quieren volver a topar con el hombre verga en ese baño de centro comercial. 









lunes, 24 de abril de 2023

Ocurrencia #61 - de 100

Hola, Virgen María, soy yo, el gordo aquel de Patio Bonito, el frentón de gafas grandes, no le digo mi nombre porque usted ya se lo sabe, para eso es santa y madre del salvador. 

Debe parecerle extraño que le hable después de tanto tiempo, pero tengo una duda y a veces las dudas se toman sus años en aparecer casi agobiantes. 

Usted se tiene que acordar porque usted tiene una memoria celestial, yo lo sé.

Cuando yo era muchacho fui hasta un cerro que tenía su nombre y arrodillado recé un rosario frente a una imagen de bulto de esas que celebra su existencia, antes de encorar ese rosario yo le pedí que me ayudara con una muchacha que me gustaba, yo sé que usted se acuerda. 

Una mona de letra bonita que olía a romero, la que se sabía completo ese bambuco de las cuatro preguntas que cantaban Espinoza y Bedoya, yo sé que usted sabe de quien le habló, no usaba faldas, yo no la vi con una, iba en pantalones y no le gustaba peinarse. 

Yo me sentía enamorado de ella por esa época y por eso le pedí ayuda a usted. 

Me imaginaba besándome con esa muchacha y comiendo patacones con chocolate en una casa con jardín. 

Eran otros tiempo, yo lo entiendo, eso fue mucho antes de agarrarle el gusto a chupar cucas y tomar aguardiente. 

Me disculpa por terminar hablando de eso, pero igual para usted no hay secreto, entonces no tiene sentido disimular en donde he terminando poniendo la boca, madre santa. 

Yo recé con harta fe ese rosario y luego le hablé a la muchacha varias veces esperando que pasara algo y nada pasó. Me siguió gustando y le seguí buscando el lado hasta que me fui a vivir a otra parte y seguro alguna otra me gustó, ya ni me acuerdo. 

Qué pasó, Virgen Santa, acaso era muy difícil esa petición, de pronto usted que todo lo ve vio que no tenía sentido que no había futuro o algo así. 

Tengo la duda porque la escuché en estos día en radio, a esa mona, Virgen mía, estaba pintando una silla cuando la oí, y otra vez, Virgen bendita, sentí el olor a romero, el taller no me olió más a madera y a pintura, no señora, olió a romero y ella, la mona despeinada hablaba del aumento en la actividad de un volcán, una funcionaria del servicio geológico, le decían doctora. Dejé de trabajar y me quedé ahí quieto oyéndola. 

Ni para qué le cuento más, Virgen adorada, usted ya sabe todo, sabe lo que siento y lo que pasa en todas partes. La duda me vino entonces y por eso quiero saber, qué era lo que pedía la monita de letra bonita cuando le rezaba. 

Yo no dudo de su grandeza y su poder, madre santa, yo sé que usted lo puede todo, lo que creo es que yo pedí mal, no pedí lo que era, por eso quiero saber qué pidió ella, qué pedía ella, porque los dos rezamos en el mismo cerro, los dos nos arrodillamos. 

Respóndame madre, explíqueme que pidió ella, cómo lo pidió, tal vez todavía este yo a tiempo de pedir algo más, algo distinto o lo mismo de otro modo.  








sábado, 22 de abril de 2023

Ocurrencia #60 - de 100

Había una vez en un hospital público de un barrio ruidoso una enfermera que le envidiaba el culo a la otra enfermera. Era un culo redondo y firme que nunca sería considerado por el MI6 para las tareas de espionaje, un indiscreto culo que jamás podría ser colega del 007.

La enfermera que envidiaba el culo de la otra enfermera se fijaba en las miradas que ese culo recibía. Los ojos de hombres y mujeres se iban tras ese culo en cirugía y en cuidados intensivos y en oncología y en pediatría y farmacia y hasta en urgencias había quien babeara cuando ese danzante culo pasaba. 

Quién tuviera un santo amigo para pedirle de milagro ese culo, no un culo como ese, no, ese culo, ese culo, se repetía la enfermera envidiosa que iba por los pasillos de ese hospital sin creer en ningún avance científico moderno porque ninguno había conseguido todavía asegurarle culos perfectos a todos. 

Si el papa soñaba con mujeres seguro veía a una mujer con ese culo, no necesariamente enfermera, pero una mujer con ese culo que se veía igual de bien envuelto en uniforme blanco, vestido negro o al natural, eso creía la enfermera  viendo ese culo de otra que no era suyo siendo mirado de formas en las que ninguno podía mirar el que tenía ella. 

Una tarde la enfermera que envidiaba el culo de la otra enfermera vio como el hombre que la recogía en una moto en el parqueadero ponía una mano en la cintura de la enfermera y la deslizaba lentamente hasta llegar a ese culo único, la enfermera vio como esa mano iba estrujando ese culo, lo miraba como si fuera todo lo que cupiera en el cuadro y no pudo más. 

La enfermera dio medía vuelta y buscó a su jefe y solicitó un traslado, dijo que por causas familiares para no hablar de el culo de su compañera ese culo que quería y sabía no iba a tener y la enfermera se fue con su culo corriente a otra parte donde intenta ser feliz y pensar en otra cosa que no esa ese culo impresionante de otra enfermera. 










Ocurrencia #59 - de 100

Había una vez un osito de antejos muy orgulloso de su álbum de fotografías. 

El osito de anteojos se lo enseñaba a todas sus visitas. 

En el paramo muchos de sus vecinos lo conocían. 

Llevaba muchos años sin salir de casa, pero había salido siendo muy joven. 

Se trató de un paseo por el pacífico. Estuvo en Buenaventura, Juanchaco, Ladrilleros y La barra.  

En las fotografías se veía al osito de anteojos en la playa enterrado en la arena. Comiendo pescado con patacón. Sentado al pie de una fogata. Dormido en una cabaña. Conversando con los lugareños que pelaban cocos. 

Algunos vecinos no quería ver más ese álbum de fotografías pero el osito de anteojos se los seguía enseñando. Le gustaba hablarles de esos días, de ese viaje. 

Uno de esos vecinos le preguntó una vez al osito de anteojos quién había sacado las fotografías y el osito no respondió. El vecino curioso quiso saber si el osito conservaba la cámara y el osito dijo que no y tomó su álbum y lo guardó y cambió de tema de conversación. 

El vecino le contó lo sucedido a su esposa y su esposa a una amiga y esa amiga a su mamá y su mamá a un hijo y ese hijo a un primo y de pronto en el paramo cada que el osito de anteojos quería mostrar su álbum de fotografías le hacían la mismas preguntas. 

Quién había hecho las fotografías, dónde está la cámara. Una tras otra las mismas preguntas una y otra vez y el osito de anteojos no respondía y guardaba su álbum y hablaba de otra cosa. 

Un día el osito de anteojos no enseñó ni habló más de su álbum de fotografías. Habló de las matas que sembraba y de las noticias en la radio, algo retraído, menos simpático. 







viernes, 21 de abril de 2023

Ocurrencia #58 - de 100

Talanquera. Qué era eso atravesado. Talanquera. Era sí, si era. Peras de almuerzo no pegan y luego lo otro. Un obstáculo. Claro que paso. Días así largos, a la semana varios. Dijo otro editor: ni por el putas publicación, no pudimos pasar de la tercera pagina, primero tiene que aprender a usar los puntos y las comas. Sumas de rechazos que se multiplican. Anchos me tendrían que quedar los pantalones y nada en la fila la señora le dice al señor que le diga a la señora que le pregunte al gordo que él sabe y le respondí que no sabía para que se coma su mierda. Otro no, tanto esperarlo de pie a ese no que llega fresco y me agarra rancio, cuántos más, tanta traba pa cobrar un peso. Tanto no que podría ser un sí bien pueda. Talanquera. otra. Paso, voy. Dicen eso: adelante siempre adelante. Yo voy para allá, al tal adelante, arrumando lo que se aparezca. 









jueves, 20 de abril de 2023

Ocurrencia 57 - de 100

No conozco a nadie ajeno a la ocurrencia. 

La ocurrencia no es selectiva ni jerárquica ni tirana. 

La ocurrencia está para todos y todos están expuestos a ella.

Cualquiera en cualquier parte y en cualquier idioma tiene una ocurrencia y otra y otra, es difícil que se agoten.  

la ocurrencia existe antes de Twitter y antes de Facebook y antes de Instagram y antes de Chat GPT. 

La ocurrencia es un mamut pintado en una cueva o la manzana golpeando la cabeza de Newton, no la manzana, la historia de su caída. 

Una ocurrencia es este texto que nunca será literatura porque la literatura requiere trabajo y para que la ocurrencia sea literatura se debe pulir hasta que se convierta en una obra de arte o una cosa perfecta y vacía como un pisapapeles. 

Las ocurrencias están en todas partes, la presente ocurrencia está en este sitio web y luego estará impresa en unas páginas de un libro autopublicado y vergonzoso. 

Además de la huella de carbono y la plata que me gaste y pierda y la molestia de uno que otro lector al confirmar que la idiotez se imprime y la tristeza de un escritor o un editor al sentir que los tiempos de Joyce eran mejores, esta ocurrencia es inofensiva.  

También hay ocurrencias que amenazan, ocurrencias que arriesgan o desgracian, que alteran o corrompen o descuadran, una ocurrencia convertida en decreto o proyecto de ley es cuanto menos peligrosa. 

Una ocurrencia transformada en voto define el futuro de muchos. La ocurrencia no tiene futuro, está en el presente siempre en el presente. 

Una ocurrencia nos encuentra, ojalá nos encuentre. 







Fragmentos 2

La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...