lunes, 17 de diciembre de 2018

Llantas



Vamos a plantearnos la síguete situación, ustedes van por la calle y se encuentra tirada una llanta vieja de bicicleta, la gente le pasa por encima y no la nota, pero ustedes la miran, se fijan en ella como si tuviera algún valor, como si la vinieran necesitando desde hacía días o semanas. El tipo dejó de hablar y se tomó el último trago de agua que quedaba en la botella, la puso sobre la mesa y empezó a destapar otra mientras miraba al grupo con una sonrisa bobalicona dibujada en su rostro. Y este pendejo desde cuándo anda dedicado a esto, le pregunté a Luis que a falta de algo mejor qué hacer terminó metido en la reunión esa. Con expresión de molestia me hizo un gesto con el dedo como el que le hago yo a mi sobrino para que se calle. Me senté y me puse a jugar con el celular. Se suponía que iba a recoger a Luis pero el pendejo no sabía cómo salir sin que los demás asistentes y su primo lo vieran irse en mitad de la reunión.

Regresemos a la situación que les había planteado, dijo el primo de Luis. Lo que ustedes hacen entonces es entrar en contacto con la llanta, se acercan a ella y la levantan y la ponen a rodar como si fueran niños y la empujan con una de sus manos y salen corriendo tras ella, no importa el día, no importa la hora, ustedes siguen empujando la llanta, disfrutan verla rodar, la persiguen, quieren que vaya más rápido para que no se caiga. Ustedes, me crean o no, van a sonreír mientras lo hacen, se van a sentir libres y seguros y simples en este mundo complejo. Cuando ustedes eligen ver la llanta, no ignorarla como los demás, ustedes están renunciando a las preocupaciones que los afectan en ese momento, ustedes correaran tras la llanta sin importar el trabajo, sin importar el tráfico, sin importar los zapatos que lleven puestos, porque en el fondo de lo que se trata esto es de perseguir la llanta, de lo que se trata la vida estable es de perseguir la llanta, de conseguir el equilibrio de la llanta en movimiento. 

Oiga, este marica da espacio para hacer preguntas o eso tiene un costo distinto, le pregunté a Luis. Me dijo qué cuál costo si nosotros no habíamos pagado la entrada. La verdad es que nadie la había pagado porque las boletas las regaló una de esas cajas de compensación que de vez en cuando cree que a sus afiliados les viene bien una charla de ese tipo. Luego dijo Luis que a veces sí dejaba que la gente preguntara pero que la mayoría gastaba el tiempo para las preguntas diciéndole al primo que estaban muy contentos de haberlo escuchado y que lo que decía era de mucha utilidad, que muy bueno que le estuviera yendo bien en otras partes pero que no se olvidará tanto de Tuluá, que viniera más seguido. 

Luis quería saber qué le iba a preguntar, y yo le dije que nada, que no más quería saber si se podían hacer preguntas. No le dije nada porque sabía que me iba a interrumpir para callarme cuando las señoras que teníamos sentadas cerca empezarán a mirarnos mal por bullosos.

Lo que le quería preguntar tenía que ver con la relación que llevaba él como conferencista o cuentero con los colectivos ambientalistas, quería saber si él era un agente secreto de uno de esos colectivos que buscaba infiltrarse en la prospera clase media de Tuluá con el único objetivo de llevar a todo ciudadano de bien a recoger llantas de las calles para dejarlas limpias sin que supieran que estaban limpiando. Si no tenía nada que ver con los colectivos ambientalistas entonces yo quería saber qué pensaban ellos de qué él invitara a la gente a utilizar basura para ser feliz pero sin reciclarla ni reutilizarla. Quería saber qué hacia uno después de usar la llanta. Yo tenía varias dudas y eso que no estuve tan atento como otros de los que estaban en el salón.

Pero no pregunté nada para que luego Luis no dijera que yo lo avergonzaba y tampoco pregunté porque de seguro mis dudas iban a poner en aprietos al primo, que antes de ser eso que era ahora, nos había invitado a tomar cerveza varias veces y una vez hasta me había prestado plata.  Luis estaba entretenido, si tenía ganas de irse cuando me pidió que lo recogiera se le habían quitado. Le pregunté que si tenían planeado hacer una pausa para repartir el refrigerio, y me dijo que refrigerio no daban y que la pausa ya la había hecho, que sí yo no me hubiera demorando tanto en llegar nos hubiéramos podido ir antes de que el primo volviera hablar. Quise explicarle que tenía muy perdida la boleta esa para entrar y que el vigilante me había jodido, pero Luis de nuevo me hizo callar. Me guardé el celular en el bolsillo y me fui porque a mí no me importaba que me vieran entrar y salir, porque yo no tenía que disimular mi aburrimiento y no entendía porque Luis sí.

Recostado en el taxi le pregunté al vigilante del auditorio qué si sabía cuánto faltaba para que se acabara la reunión y me dijo que por ahí cuarenta minutos. Volví a sacar el celular para escribirle a Luis que yo no me podía perder la noche ahí esperando, que yo tenía que poner a rodar esas llantas para ganarme la vida mientras él aprendía a perseguir llantas para estar tranquilo. Me subí y prendí el carro y en esas salió una señora que necesitaba un servicio y me fui con ella, necesitaba que la llevará a Bosques de Maracaibo y estábamos en el centro, calculé que en media hora iba y volvía y alcanzaba a recoger a Luis.

La señora me dijo que la reunión estaba muy buena pero que le había tocado irse porque de la casa la habían llamado, dizque el niño se había caído jugando y tenía la cabeza rajada. Es que si yo fuera conferencista le pediría a la gente que apegué el celular. La señora me dijo que uno con niños pequeños no podía hacer eso, no se podía desconectar ni un minuto. Yo me acorde de los empresarios que he llevado a veces en el taxi que me han dicho que ellos con negocios no se pueden desconectar ni un minuto, con razón mi vecino me dice que tener hijos es mal negocio.

Bueno y sí uno se cae persiguiendo la llanta esa de la que habla el primo de Luis entonces qué hace, le pregunté a la señora. Levantarse y seguir porque la vida es así, está llena de caídas, me dijo la señora. Y las heridas, le dije y ella agregó que esas no se podían evitar. No le dije más a la señora porque ya había comprobado que el trabajo del primo era efectivo. 

Volviendo pal centro a recoger a Luis vi una llanta tirada en una esquina y ahí mismo paré el carro y me bajé a recogerla, el primo debería pagarme unos pesos para que por la noche yo le surta de llantas la calle, imagínese la cantidad de gente que uno puede ayudar con eso, le comenté a Luis entregándole la llanta que el pendejo ese me despreció dizque porque así no se valía, él tenía que encontrarla solo. 



lunes, 22 de octubre de 2018

Marcos


A veces durante los comerciales de la telenovela de la noche Marcos lee el blog que escribe un tipo que vive por su cuadra y maneja una camioneta en la que hace viajes y lleva trasteos. En ese blog el tipo escribe sobre los chismes que le cuentan en el barrio.

A veces se aprovecha de que los vecinos no leen blogs, o ese cree Marcos, para escribir chismes en los que ni siquiera les cambia el nombre a los protagonistas. Marcos lee siempre esperando que alguna de las entradas hable de él o de su mamá, pero siguen sin encontrar ninguna.

La semana pasada Marcos se encontró en la tienda con el tipo del blog y le preguntó por qué no había escrito nada sobre él. Vea hermano que yo soy amigo del alcalde, de los concejales, y de otro montón de gente y además me la paso haciendo maricadas para ayudar a otra gente, mejor dicho yo utilizo a mis amigos para solucionar los problemas de otros porque menos mal que yo problemas casi no tengo, bueno y leo su blog y a mí sí me gustaría mucho que usted me metiera ahí, escriba algo sobre mí. Vea le cuento, la semana pasada invite a una muchacha amiga mía a tomar cerveza y me dijo dizque que no que ella cerveza no tomaba y le pregunté yo que por qué, y me dice, porque me da muchas ganas de orinar y a mí no me gusta ir a orinar en baños públicos y yo pues me reí y ella me dice que la mayoría dicen que no les gusta por amarga pero a mí no me gusta es porque me da ganas de orinar.

Bueno y espere le cuento otra, allá en una cafetería a la que yo voy hace días que dañaron los pasteles y yo creo que fue que cambiaron a la señora que los hacía, pa dónde la habrán mandado hermano, yo iría a buscarla en el trabajo nuevo así ya no haga pasteles. Vea y yo le aseguro que si la gente que yo conozco leyera su blog también le gustaría salir ahí, pero no les cambie el nombre ni nada que lo bueno es que tenga el nombre. Una amiga mía que se llama Ana María en estos día le tuvo que escribir por WhatsApp al hijo de la señora que vive arriba de la casa de ella que abajo se escuchaba todo lo que hablaban de ella, casi que le recomendó que chismosiara pero pasito, y claro como Ana María peleó con el marido porque la chucha esa no quiere cuidar al perro entonces allá arriba no hacían sino hablar de eso y hasta dialogo le inventaron al perro. Imagínese usted escribiendo eso, a ella le encantaría leerlo.

El tipo que no había abierto la boca mientras Marcos hablaba porque tampoco le había dado la oportunidad ni de hablar ni de responder a la pregunta le dijo que con el trabajo casi no le quedaba tiempo de actualizar el blog pero que él lo iba a tener en cuenta.

Marcos sigue abriendo el blog esperando que el tipo haya escrito sobre él o sobre la mamá o sobre Ana María pero nada, debe ser que hay mucha gente que se trastea.










miércoles, 17 de octubre de 2018

Marcos


Esas tablas chimbas que usted ve allá las pintamos, las cambiamos y las pintamos la semana pasada; les dio a los malparidos esos por miarse ahí cada que se les da la gana, hermano y que cosa tan berraca, parece que las tablas que huelen a berrinche son las mejores para grafitiar porque eso estaba lleno de consignas chimbas, nombres raros y dibujos de vergas, pero bueno esas últimas por lo menos tienen que ver con el berrinche.

Las tablas viejas, la que quitamos, se las llevó una señora dizque para meterlas al fogón. Marcos le dijo que a él no lo invitará a comer nada de lo que cocinara con esa leña y la señora seguro se lo tomó personal o le pareció muy zalamero Marcos por decirle eso, el caso es que la señora lo miró como un culo. Marcos me dijo que los hijos de esa señora eran de esos malparidos a los que les gustaba rayar las tablas y miarse en cualquier parte.

Pues hermano es que desde que me tocó empezar a cercar ese lote he cambiado esas tablas como tres veces, es una alcahuetería y una gastadera de plata que uno no se justifica, por eso lo estoy vendiendo. Claro usted es el tercer cliente que me manda Marcos y le digo lo mismo que a los otros, el precio es el mismo y no se negocia por lo mismo que le estoy diciendo, porque ese cerco está nuevo.

viernes, 5 de octubre de 2018

Marcos


Marcos dice, a veces sostiene y sabe cambiar de opinión, pero al final de sus afirmaciones nunca sale de su boca el “póngale la firma” y no es desconfianza ni falta de compromiso; es un deseo de sospecha. Los concejales amigos de Marcos le ponen la firma a todo. Que yo le hago ese favor hermano, póngale la firma. Claro cuente con ese trabajo para su hija mi señora, póngale la firma. Tenemos votos para estar aquí tres o cuatro periodos más, póngale la firma. En ese noticiero siempre lo quiere poner a uno a hablar mal del alcalde, pero yo no me dejo, yo no caigo, póngale la firma. No pero si ese es un pendejo que no sale con nada, yo que le digo, póngale la firma. Hasta las tías de Marcos ponen firmas, ellas están convencidas de que Marcos no va a conseguir un trabajo serio nunca, póngale la firma mi querida, ese muchacho que usted levantó no sirvió pa nada. Marcos deja que aseguren lo que quieran porque la gente segura es mejor, o eso dicen ellos. 

sábado, 22 de septiembre de 2018

Marcos


La señora uno dice que su hija es un juicio de mujer, en vez parrandera le resultó deportista y madruga todos los días a entrenar, es estricta con las rutinas, disciplinada como ninguna. La señora dos dice que su hijo en cambio es parrandero y bebedor pero también va al gimnasio todos los días. La señora uno dice que el novio de la hija también es deportista y la señora dos le responde que debe ser así, para que en una pareja se entiendan tienen que compartir gustos, en ese caso preciso, poder entrenar juntos. La señora uno dice que ella nunca fue buena para ningún deporte y que nunca le gusto hacer ejercicio y que cuando estaba con Mauricio siempre lo acompañaba a entrenar. La señora dos muestra interés y quiere que su interlocutora le explique mejor. La señora uno le dice que Mauricio salía todas las noches a hacer calistenia en el parque y ella se ponía sudadera y tenis y se iba con él a sentarse en una piedra grande a verlo entrenar. Bueno y usted no se aburría mucho, pregunta la señora dos. La señora uno dice que sí que a veces, pero era que tenía una vecina una muchachita brincona que se la pasaba detrás de Mauricio y mantenía pendiente de él y cada que lo veía salir al parque salía también dizque a entrenar, entonces yo me atravesaba allá pa dañarle el plan la pelada. La señora dos se ríe y ahí una muestra de complicidad en su expresión. Marcos que ha estado sentado ahí desde el principio oyente la conversación de las señoras aunque no haga parte de ella, no se aguanta y le pregunta a la señora uno por Mauricio. La señora uno que conoce Marcos porque lo ha visto varias veces en la tienda lo mira con cierta molestia pero no duda en responder que no sabe nada de él, que prefiere evitarlo, mi hija si mantiene en contacto con él. Marcos se queda mirándola como si esperara algo más pero la señora uno no dice nada más y sale de la tienda, la señora dos hace lo mismo. Usted qué cree vecino, será que el Mauricio dejó a esta señora por la brincona del parque. El tendero le dice que no sabe cómo si no le interesara el tema y Marcos se va para la casa lamentándose por la falta que hace tener con quien hablar.  

Marcos


Póngase a pensar en el señor de los cocos, estacionado en esa esquina todos los días a esta hora aparándose ese solazo tan hijueputa; a qué temperatura será que hierven las neuronas. Parece más por una creencia en algo superior, el dogma de una secta subterránea, que viene y se acomoda ahí, como cumpliendo un rol, porque yo no veo a nadie comprando.

La amiga de Marcos sigue hablando y Marcos putea el tinto que tiene en la mano, no le gusta tan dulce, no le gusta tan tibio; lo prefiere caliente aunque tenga que soplar y quemarse los dedos con los que sostiene el vaso. Uno no sabe si frita el coco conociendo la técnica que uso el primer fritador de cocos del mundo o sí improvisa sobre la marcha a partir de la instrucción simple de un fritador de cocos con experiencia. Marcos dice que no le gusta el coco frito y que los vendedores de coco lo tienen sin cuidado.  

Además la discusión no es sobre la técnica que usan para fritar el coco sino de la estrategia de comercialización del coco frito que aplican, hasta que no veamos a un tipo en una película de Hollywood comiendo coco frito con la misma gracia con la que se mete un pericazo no nos van a dar ganas de coco frito.

Marcos mira al tipo que acaba de decir eso, es amigo de su amiga y él no sabe cuánto tiempo lleva ahí sentado con ellos porque no lo vio llegar. Hollywood aguanta como argumento para cualquier cosa, dice Marcos. La amiga de Marcos sabe que viene, conoce las palabras que vendrán después de ese comentario y prefiere hablar de otra cosa para evitar la discusión pasivo agresiva que están a punto de protagonizar Marcos y su amigo.

La amiga de Marcos dice que el tinto en esa cafetería es el mismo desde que la abrieron y lleva abierta como diez años, yo no entiendo por qué siguen comprando tinto acá si le paree maluco. En algún momento tendrá que quedarles distinto, dice Marcos. El amigo de la amiga de Marcos vuelve con una bolsita de coco frito en la mano, Marcos lo mira y no entiende cómo es que el tipo se mueve y por qué él no lo nota. El amigo de la amiga de Marcos come coco y lo comparte con ellos, la amiga de Marcos come con gusto, Marcos no, Marcos les dice que hasta que él no vea a una estrella de Hollywood comer coco frito y él prefiere no hacerlo.


viernes, 21 de septiembre de 2018

Marcos

Mejor no le cuento, eso que se lo cuente su mamá mejor, le dijo Marcos a su hermana. No pues es que no. Según ella toda la herramienta de la casa se ha perdido porque yo se la ando prestando a cualquiera, y me mandó dizque a reclamarle un destornillador de estría a doña Carmen. Debe ser la primera vez que usted reclama alguna herramienta en lo que lleva de vida, dijo la herma de Marcos. Reclamar, óiganla a usted; qué iba ir yo por allá a reclamar nada, menos ahora que la hija de doña Carmen volvió de Londres, no la quiero ni ver. Le da vergüenza que lo vea detenido en la misma vagancia en la que estaba cuando ella se fue. Claro y que me pregunte que yo para qué herramientas si no hago nada. Pues claro que no es por eso, es porque, es por otros temas, por cosas que nos dijimos antes de que se fuera. Bueno el caso es que yo no fui a reclamar nada y lo que hice fue comprar un juego nuevo de herramientas y listo mamá la vio, se enojó y casi me pega. Yo no sé por qué a ella no le gustan mis soluciones. Entonces por eso se vino para acá, para no pelear con ella, preguntó la hermana de Marcos. No, por eso no, es que mamá después de ver la caja de herramientas y cuando se le paso la ira invitó a la hija de doña Carmen a comer y llego y entro a la casa cuando la veo ahí en la sala, saludé y dije que se me había olvidado algo que ya regresaba y listo me vine para acá. Raro que se ponga usted en tantas vueltas solo para no encontrarse a alguien, dijo la hermana de Marcos. Rara se va poner su mamá buscando la manera de mantener a esa mujer cerca solo para impedir que yo la evite.

Fragmentos 2

La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...