Hay
un tipo cayéndose en una calle del centro. El tipo viene caminando apresurado
como todos los peatones de por ahí, mira solo al frente y antes de llegar al semáforo
se cae, lo hace así toda la tarde tres veces por hora. El tipo siempre se
levanta se limpia las rodillas y las manos algo repeladas, lo hace rápido antes
de que alguien le brinde ayuda. El tipo que se cae sabe por qué se cae pero no sabe
hasta cuándo se va caer. El tipo sabe que yo lo observo y sabe por qué lo
observo pero no sabe hasta cuándo lo voy a observar. Eso hacemos, de momento.
domingo, 13 de agosto de 2017
viernes, 11 de agosto de 2017
Botón
-aprendí
a pegar botones pero me cuesta enhebrar agujas me tiemblas las manos y no veo
el ojal
-yo
no sé ni pegar botones ni enhebrar aguas
-en
la casa decían que era algo que había que saber
-eso
mismo me dijeron a mí cuando me enseñaron a despescuezar una gallina
-parece
más útil eso que pegar botones
-ni
tanto a mí nunca me han buscado para matar una gallina y como en la casa todos
sabemos lo que menos importa es quien la despescuece
-yo
una vez le pegué dos botones a una media para que la media tuviera ojos
-así
como cuando un tipo que pega botones se convierte en un oculista de medias
-lo bueno es que las medias son muy agradecidas
viernes, 4 de agosto de 2017
Dos rayitas
Llevaba
mucho tiempo sin levantarme temprano un domingo hasta hoy que me invitaron a un
bautizo a las nueve de la mañana. Hace unos años no había domingo que no
estuviera en pie antes de las siete de la mañana porque en radio nacional pasaban
un programa que no me perdía. Me sentaba frente a la grabadora que mamá tiene en
la mesa de la cocina con una libreta de papel amarillo y un lápiz de punta
gruesa a tomar notas, también tomaba tinto caliente recién colado y comía
pandebonos uno tras otros mientras la señora del programa radial le hacía
preguntas divertidas a sus invitados y se reía gustosa de sus apuntes y de la
reacción de ellos. No hacía falta que los invitados tuvieran algo de gracia
ella encontraba de que reírse y yo me reía como si no fuera una voz saliendo de
una grabadora sino una charla en una cafetería con una amiga de siempre.
Es
normal que Luisa me invite al cine o a tomar cerveza a veces a comer y otras a
visitar a su mamá pero nunca me había invitado a un bautizo. Una vez me pidió
que la acompañara a un matrimonio pero no pude ir porque ese mismo fin de
semana se murió una vecina de mis papás que era como la abuela de toda la
cuadra y mamá me había pedido que estuviera en el velorio siquiera que no fuera
ingrato.
Luisa
tampoco va a muchos bautizos pero este es importante para ella porque va a ser la
madrina. Qué será lo que hace una madrina me preguntó Luisa la noche que su
amiga le habló del tema. Yo le dije que las madrinas y los padrinos tenía que
ser supuestamente buenos cristianos pero que los más importante era que cada
año se manifestara con un buen regalo aunque si era más seguido mucho mejor.
Los padrinos de bautismo de Luisa fueron sus abuelos pero su doble condición de
cercanía no se reflejó nunca en regalos. Mis padrinos eran unos amigos de mis
papás y me dieron regalo hasta que tuve trece años, eran una pareja sin hijos
que hasta me llevaba de vacaciones, Azucena y Jesús, ambos muy inteligentes me
enseñaron muchas cosas, aún los visito de vez en cuando aunque no vivimos en la
misma ciudad. El último regalo que me hicieron fue el mejor y aún lo tengo, El
nervio de volcán del Caifanes. Con el gusto musical de mis papás hubiera sido
muy difícil que me regalaran algo parecido, ellos seguro me hubieran comprado
algo de Diomedes Díaz o de Camilo Sexto.
Luisa
me dijo que entonces mis padrinos no solo me habían dado regalos sino que
además había sido una buena influencia, ella también quería ser un buen ejemplo
para ese bebé, lo decía emocionada y hasta conmovida. Yo le dije que tampoco
era para tanto, con que este pendiente de los regalos es suficiente, eso de
todos modos es más un requisito que otra cosa y eso del buen ejemplo es
pendejada y Luisa ignorando parte de lo que le había dicho dijo que todos tenían
derecho a tener madrinas como la mía.
Mi
papá dice que el padrino de él se llamaba Elías un señor gordo de cachetes
colorados que era el dueño de una finca en la que su papá había sido el
administrador. Don Elías tenía como tres o cuatro fincas y en navidad les
regalaba medio marrano y un bulto de panela, gracias a ese señor en la casa de
él que era la mata de la pobreza por lo menos no se les embolataba la nochebuena, papá recuerda al señor con cariño. Le pregunté a papá si había vuelto a
ver a don Elías y me dice que no, que demás que ya murió, que ellos se fueron
de Pensilvania a trabajar una finca en Marquetalia y que él no volvió a saber
del señor. Le cuento eso a Luisa como para seguir hablando de padrinos,
madrinas y bautizos. Ella me ofrece café pero me niego porque tengo una acidez
endemoniada que no me deja tranquilo desde la hora del almuerzo. Ella sabe que
solo hay una razón para que me niegue a un café y es esa, entonces se levanta
del sofá y me dice que tomemos aromática.
Luisa
me abre la puerta de su apartamento y cuando la veo lo primero que se me ocurre
es que ella se levantó antes de las cinco de la mañana. Está peinada,
maquillada, tiene un vestido azul que parece japonés, de esos de cuello alto y
manga sisa ceñido al cuerpo. No sé qué pensó luisa cuando me vio pero seguro
que se molestó, vea la hora y usted no está listo, vamos a llegar tarde, me
dijo Luisa. Cómo que no estoy listo le
digo, si es que yo voy a ir así y Luisa me dice que solo a mí se me ocurre ir a
un bautizo con una camiseta de fútbol. Pero es que el Once juega hoy, le digo,
usted se pone a sí porque va a ser la madrina. Luisa no responde nada y camina
apresurada yo la sigo por el pasillo y le digo que ella tenía que haberme dicho
que había que ir elegante ella me dice que elegante no pero que tampoco así
como voy y además no tiene por qué explicarme cosas que son obvias y me pide
las llaves. Vamos directo a mi cuarto y luisa saca del closet una camisa blanca
de manga larga y la extiende sobre la cama para plancharla, tiene las uñas
pintadas a la perfección agarra la plancha como si tuviera miedo de
arruinarlas. Yo no sé para que tiene usted una plancha me dice luisa y yo le
digo que me la regaló mi mamá. Me entrega la camisa caliente y me dice que me la
ponga y que me cambie los zapatos, como si levantarse temprano un domingo no
fuera suficiente ahora también hay que renunciar a los tenis.
Ni
que yo fuera a ser el padrino le digo a Luisa mientras volvemos a su
apartamento y me mira como si le hubiera dado el número que completa la tabla del bingo. No joda Luisa yo
no voy a ser padrino de nadie y menos de la hija de una vieja que ni sabe cómo
usar una prueba de embarazo. Saco un pocillo de la alacena y me sirvo un tinto,
al lado de la cafetera hay un paquete negro de café que dice “café ron” y le
pregunto a Luisa sí es bueno y me dice que no la ha probado que se lo regaló el
papá de su futura ahijada, me dice que lo ponen en las barricas donde han
añejado ron y lo dejan ahí por tres meses y que luego lo sacan y lo empacan. Si
ese tipo le regala un café así a la madrina yo me le mido a ser padrino le digo
a Luisa, me voy a poner saco y corbata. Luisa me dice con sus ojos que soy un
tonto, no se haga ilusiones que el padrino va ser un amigo del papá y salga
pues que vamos tarde.
En
el taxi le pregunto a Luisa si le va contar a su ahijada cuando sea grande que
su mamá no entendía cómo funcionaban las pruebas de embarazo. Hasta cuándo va a
joder con eso, me dice Luisa con una sonrisa grande, no hace falta que yo le
cuente nada, eso se lo va contar la mamá que vive feliz con esa anécdota.
Fue
Luisa la que se dio cuenta de que su amiga estaba embarazada. Un jueves por la
tarde mientras hacían un trabajo para la universidad Luisa se acercó al
peinador de su amiga buscando un gancho para el pelo. En el peinador había una
chalina que Luisa quiso medirse porque le gustó el color y cuando la levantó
vio que debajo había una prueba de embarazo, la miró curiosa y cuando vio que
era positiva corrió al comedor donde estaba su amiga escribiendo en el
computador y le mostró la prueba que tenía en la mano, le preguntó por qué no
le había dicho nada. La amiga de Luisa le dijo que había sido una falsa alarma
y Luisa miró la prueba otra vez y le dijo que falsa alarma cuándo si ahí
estaban las dos rayitas. La amiga de Luisa le arrebató la prueba y apenas la miró
se puso pálida y corrió al baño a vomitar. Luisa me dijo que su amiga se había
hecho la prueba tres semanas antes y que estaba segura de que había salido
negativa. Yo no sabía que las viejas dejaban las pruebas de embarazo por ahí de
bonitas le dije a Luisa, así como la chalina, le queda bonita y Luisa se mandó
la mano al cuello y me dijo que no se acordaba que la tenía.
Por
esa prueba de embarazo que se demoró tres semanas en dar positivo es que ahora
vamos para un bautizo donde Luisa será la madrina. La mujer que agarra el ramo
en el matrimonio es la próxima en casarse y la mujer que encuentra la prueba
positiva del embarazo de la futura madre será la madrina de bautismo. Le dije a
Luisa que ella estaba inaugurando un nuevo mito y me dijo que el acompañante de
la madrina siempre iba a terminar siendo padrino, se bajó primero del taxi y me
dijo que pagará.
En
la iglesia me senté donde Luisa me indicó, me entregó el celular para que
tomará fotos y como si fuera necesario decírmelo me pidió que no me fuera a
quedar dormido. Llevaba más de dos años sin entrar a una iglesia, desde que mi
hermana se casó. Me acuerdo de ese día porque en mitad de la homilía el cura guardó
silencio y se quedó mirando directamente a donde estaba yo y cuando me di
cuenta no solo me miraba el cura sino el resto de la gente, yo estaba muy
entretenido hablando de Star Wars con un amigo, hasta quedamos en el video
todos colorados de la pena. A mi lado en la banca hay un niño y dudo que con él
vaya a terminar hablando de películas así que Luisa puede estar tranquila por
mí.
La
niña se va llamar Andrea está calva y tiene una balaca blanca con un moño,
Luisa la sostiene en sus brazos emocionada. Intento hacer buenas fotos pero hay
tantos familiares y amigos en las mismas que va ser difícil conseguir alguna
que le guste a Luisa. Afuera de la iglesia le compro un helado de coco a un
señor que tiene puesto un sombrero de ala ancha con que adorna su cabeza así como el de la
canción y espero a Luisa para irnos.
Aparece con la niña y quiere que la cargue le digo que no que muy bonita
y que tan risueña pero que no que además estoy todo emperillado y le muestro el
helado. Luisa sabe que me gustan los bebés pero de lejos, la divierte mi
reacción, me dice que nos vamos para la casa de su amiga a almorzar, la miro
con desgano y le pregunto que si es necesario y me dice que sí que no la voy a
dejar sola, que sea serio que de todos modos ya madrugue un domingo. Le digo
sin ánimo que bueno que vamos y la sigo y me acuerdo del programa de radio y de
la voz de la señora y me siento bobo extrañando un programa de radio en medio
de una gente contenta por un bautismo.
viernes, 28 de julio de 2017
Cucarachas
Julio hacía montones de cucarachas muertas que empujaba con los pies descalzos mientras
las contaba. Ninguno montón tenía más de diez o menos de nueve. Todas las
mañanas hacía lo mismo, se levantaba temprano a contar cucarachas como haciendo inventario. Había aprendido a contar de uno a diez con las cucarachas y una
mañana hizo tres veces diez montones de cucarachas. Por las noches su madre regaba veneno en los
zócalos de las paredes, era un líquido del color de la avena y lo traía un señor
alto y flaco que cargaba una maleta verde que parecía un baúl viejo. En su
primer día de escuela Julio dijo que se había aprendido los números contando
cucarachas y otro niño le dijo que a él le gustaba como sonaban las cucarachas
cuando las aplastaba con el pie. Julio creía que las cucarachas se morían
porque su madre les ponía veneno sin saber que mientras él dormía las
cucarachas sostenían una guerra a muerte por el control de esa casa que para
los diferentes bandos de cucarachas era el lugar más importante del pueblo. Julio
contaba muertos en combate sin saber que vivía en el punto exacto en el que la
cucaracha ya no pudo caminar porque le faltó una pata para caminar. Controlar ese
lugar era esencial para el fortalecimiento del mito fundacional y el proyecto
político de los bandos en disputa. Julio caminaba todos los días por un campo
de batalla que ignoraba.
jueves, 20 de julio de 2017
La vegana
La
vegana quiere al gemelo pero el gemelo no es vegano. No tendría que decir más
porque con eso el cuento ya está echado pero igual la vegana y el gemelo se
ennoviaron. El gemelo es vecino de mi amigo Edward, vive justo en la casa del lado.
Además de ser el vecino es un ejemplo a seguir, el hijo que la mamá de Edward
deseó tener. Mi mamá me comparó toda la vida con mi primo que era el mejor
estudiante del colegio, tocaba el trombón, era bombero voluntario y era un
excelente mediocampista con todas las posibilidades de ser futbolista
profesional y como si con eso no bastara era guapo tenía novia y le quedaba
tiempo para ser sacristán. Yo por mi parte estaba gordo, aburrido, me cansaba
cepillándome los dientes, era mal estudiante y me sabía completa las
veinticuatro horas de programación de seis canales de televisión aunque esa
capacidad no llenaba de orgullo a mi mamá. Edward era así como yo pero él se
sabía la programación completa no de seis sino de ocho canales y también jugaba
Nintendo y jugaba con una perra que siempre parecía enferma y se estaba
muriendo desde que la conocí, dizque había nacido vieja así como Benjamin Button.
A
falta de primos para hacer la comparación la mamá de Edward le decía que mirara
a los gemelos, ellos eran juiciosos, ganaban concursos de matemáticas, ortografía
y natación, además tenían pensado estudiar medicina y no andaban escuchando
música horrible. Nosotros escuchábamos Iron Maiden y Slayer, fumábamos
marihuana una que otra vez y nos burlábamos de las camisas planchadas de los
gemelos. Edward los saludaba y a veces cruzaba un par de palabras con ellos, yo
no, no eran ni mis vecinos ni mis amigos.
Pero
volviendo al cuento, los gemelos que eran el paradigma de la excelencia se
separaron cuando se terminó el colegio, uno se fue a estudiar medicina a Bogotá
y el otro se fue hacer derecho en Cali.
Era la primera vez que se separaba y parece que eso los afecto hondo y mucho
más de lo que esperaban. La vida de los gemelos se fue un poco al caño o sea
cerca de donde estaba la de Edward y la mía. Yo le dije a Edward que mientras
su mamá se la pasaba deseando que él fuera más como los gemelos ellos se la
pasaban deseando poder ser más como él. El pendejo se reía, que ni bobos que
fueran los gemelos.
El
gemelo conoció a la vegana afuera de la universidad, ella repartía volantes
contra las cabalgatas de la feria de Cali. El gemelo recibió el volante y ni lo
miró, lo dobló y lo guardó en el bolsillo de atrás del pantalón indiferente
porque su atención fue toda para la vegana que lo dejó encantado con su cara de
limón. Ese mismo día el gemelo le pidió a un compañero que le presentara a la
vegana y por primera vez el gemelo fue a una protesta animalista pero no por
amor a los animales o más bien sólo por amor a esa animal.
En
la relación del gemelo y la vegana pronto se supo quién mandaba. Mandaba la
vegana y el gemelo hacía lo que ella dijera. La opinión del gemelo no importaba
porque el puro hecho de que no fuera vegano lo convertía en una persona muy
mala, que siempre habla sin saber y sin sentir. El gemelo aspirante a medico
nos dijo a Edward a mí una tarde de vacaciones que el hermano no habla de otra
cosa que no fuera la vegana, que a él le daba risa verlo así de aguevado pero
que la mamá estaba que paraba en loca, todo lo que cocinaba estaba mal o
atentaba contra algo y se ponía roja de la ira como un pisco cuando el gemelo
empezaba andar detrás de ella en la cocina diciéndole que comprara verdura
orgánicas, que sembraran cilantro y albahaca en el patio, que cambiaran la leche
de vaca por leche de soya, y que tranquila mami que yo le voy a dejar unos
podcast en el celular con recetas vegetarianas y mi novia me va prestar un
libro también que es muy bueno sobre los efectos negativos de los plaguicidas y
los fertilizantes químicos en las verduras. Mamá le dijo que con aguantarlo a
él era suficiente y que no quería que trajera a esa muchachita a la casa pero
como la vegana también vivía en Tuluá a la mamá de los gemelos le tocó verla en
la sala una que otra tarde y pasaba por el lado de ella sin saludarla.
Cuando
Edward vio a la vegana me dijo: ve a chino para que yo deje de comer carne y me
vuelva vegano y me deje mandar de una vieja esa vieja tiene que ser mínimo
mínimo igualitica a Eva Green aunque si es Eva Green pues mejor. Yo le dije que
la vegana de Eva Green no tenía sino el green en la cara y aunque el chiste era
chimbo nos reímos.
Decía
que los gemelos se fueron al caño como nosotros porque en tercer semestre de
medicina el gemelo volvió de Bogotá y dijo que esa carrera no era para él, se
había tirado la mitad de las materias y fumaba mucha mariguana. La mamá le dijo
que de vago tampoco se iba a quedar y lo metió a estudiar en el Sena. Edward y
yo sabíamos lo que era pasar parciales arrastrados y como nunca habíamos
destacado en nada tampoco era que tuviéramos muchas expectativas que cumplir.
Nadie esperaba de nosotros lo que esperaban de los gemelos. Mal que bien íbamos
en cuarto semestre yo había perdido dos materias y Edward una.
El
gemelo y la vegana había durado más de los esperado, primero se había acabado
la esperanza de tener un médico en la familia que esa relación. Pero el gemelo
seguía sin ser vegano. La relación se acabó un fin de semana de diciembre, el
gemelo y la vegana estaban de paseo en Ladrilleros y el gemelo se levantó
temprano y fue a desayunar solo, tomó huevos con café y no alcanzo a terminar
antes de que llegara la vegana.
Esa
navidad por primera vez los gemelos Edward y yo nos emborrachamos juntos los
cuatro en el antejardín de la casa de Edward. Un gemelo dijo que estudiar en
el Sena era una mierda y que si la mamá lo dejaba él volvía a iniciar medicina.
El otro gemelo lloraba mucho y habla de la vegana, nos dijo que la vegana lo
había dejado y nosotros ya sabíamos pero él repetía que la vegana lo había
dejado. La vegana dejó veterinaria porque no era lo que ella se imaginaba, la
veterinaria maltrataba a los animales en lugar de salvarlos, les hacía daño y comercializaba
con ellos. La vegana había comenzado filosofía. La vegana decía que de niña
tuvo un perro que recogió en la calle y lo llamó Uno porque ella quería adoptar
a todos los perros del mundo y darles un número por nombre, pero la mamá de la
vegana le decía que no podían tener más que a Uno porque en la casa no había
espacio para más animales, siempre le dijo que la casa no era una finca y el
sueño de la vegana desde niña es tener una finca grande donde pueda tener todos
los perros y gatos del mundo. La vegana le había enseñado a cuidarse a pensar
en su salud y ser consciente de su lugar en el universo y el respeto y el amor
que le debía a la naturaleza. La vegana lo había dejado porque él seguía
desayunando huevos. Edward interrumpió el monólogo lacrimógeno del gemelo con
una carcajada feroz, por lo menos lo hubiera dejado por comer chicharon,
salchichón aunque fuera pero por comer huevos, es que a este marica lo dejaron
porque le hacían mucha falta los huevos. En ese momento el único que no se rio fue el
gemelo despechado.
Hablamos,
tomamos y caminamos por el barrio fumando mariguana y riéndonos de
nosotros de esos desastres nuestros que al final no se parecían a los de los
gemelos que la estaban pasando peor. Y eso que estos eran los de mostrar, dijo
Edward, y yo me acorde de mi primo que si seguía siendo el de mostrar y era
pastor de una iglesia cristiana que según él le iba a poner los votos
necesarios para ser concejal. Comimos en la casa de los gemelos pasada la media
noche y nos dimos cuenta que en la casa de ellos la única feliz era la mamá de
los gemelos, para ella era otra vez una navidad sin preparaciones veganas, una
celebración familiar sin la vegana, una navidad con tejidos, nervios, sangre,
una navidad de carne y hueso.
miércoles, 19 de julio de 2017
Vestido
Cansado
de decirlo todo de la gente sin decir nada de él se fue antes de que una mujer
entrará al almacén queriendo comprarlo y
arrugarlo en el probador y luego dejarlo por no resaltar la figura, por
no quedar bien. El vestido sabe que es lindo sabe que puede robarse miles de
miradas en las fiestas y reuniones yendo solo y vacío. Antes de salir del
almacén el vestido se quitó el gancho del que estaba colgado y lo dejó, no
quería oír a la gente decir: mira ese gancho que buen gusto tiene. Ese vestido
le queda divino a ese gancho. El gancho no es la gran cosa pero con ese vestido
mejora mucho. El vestido levitaba por los pasillos del centro comercial lento y
distraído con las vitrinas, no llevaba zapatos para que no le dijeran que los
zapatos estaban hermosos, el vestido es ancho de la mitad hacía abajo y la tela
ligera se agitada con el viento igual que en la famosa imagen de Marilyn Monroe
donde ella evita con ambas manos que se levante del todo. El vestido no sabía
que era una imitación exacta de ese vestido usado por Marilyn Monroe, no sabía
que la gente al verlo iba a decir: mira el vestido de Marilyn, el vestido se
quedó esperando que alguien dijera: que vestido despampanante, que vestido
fabuloso. El vestido siguió recorriendo el centro comercial y en una de las
plazoletas de comidas un tipo tuiteó “el fantasma de Marilyn Monroe se pasea
por el centro comercial Nogales” acompañado de una foto del vestido que se hizo
viral y nadie habló del vestido y todos hablaron de Marilyn Monroe.
viernes, 14 de julio de 2017
Domingo
Oscar
pesca todos los domingos. Hoy se fue con Pedro y con Lucho dos vecinos de la
cuadra. Nunca hay pescados grandes en el río y sale más barato comprar filete
de bagre de mar en la pesquera pero a Oscar le gusta la pesca, le gusta el río,
el monte y más que todo no quedarse en la casa.
El
camino para bajar al río es estrecho pedregoso y de sombrío escaso. Aunque
Oscar lo conoce de memoria hoy el que se cae es él y no Pedro y no Lucho que
van por primera vez y caminan inseguros enclenques como si no hubieran puesto
nunca los pies fuera del pavimento. Oscar no se levanta, está inconsciente, la sangre
baja lenta por el rostro y le mancha la camiseta, tiene la frente abierta. Pedro
y Lucho están asustados. Lucho saca del morral una botella con agua y le moja
la cara al desmayado herido.
Oscar
abre los ojos se toca la frente y dice que se dio duro, está tranquilo como si
no le doliera. Pedro tiene el celular en la mano y le dice que intentó llamar a
la casa pero que nadie contestó y Oscar le dice que en la casa no hay nadie. No
hay a quién llamar. Carmen está con los niños en la finca de la hermana en
Barragán y Catalina salió anoche de fiesta y ahora está en una cantina de la
galería peleando con un par de hijueputas que acabaron con el poquito de perico
que le quedaba.
No
hace falta avisarle a nadie tampoco, es un rasguño no más, dice Oscar. Pedro mira
la herida y no le parece tan pequeña. Ahí le cogen por ahí ocho puntos, dice
Pedro, yo creo que es mejor irnos para un hospital. Lucho asiente con la
cabeza. Oscar está de pie y dice que no que bendito que él está bien y sostiene
en su mano un pañuelo que era blanco y ya no puede absorber una gota más de
sangre.
En
el hospital está Catalina, tiene fracturado un brazo y raspones en las piernas
y el hombro derecho, se cayó de una moto yendo para la casa. Cuando Pedro la
vio le dijo a lucho que con razón no contestaba. Oscar se volvió a desmayar
metros más abajo de donde se cayó. Lucho y Pedro lo cargaron entre los dos
hasta la carretera donde habían dejado el carro. El médico les dice que no se
tienen que preocupar porque aparte de la herida en la frente Oscar está bien,
los desmayos no tenían que ver con el golpe sino con los triglicéridos.
El
hospital es pequeño y Oscar y Catalina están esperando a que les den salida en
el mismo cuarto blanco amplio lleno de camillas separadas por cortinas azules. Oscar
quiere saber si Catalina ya le avisó a su mamá, Catalina le dice que no, que no
contesta. Oscar le dice que es mejor así, no hace falta dañarle el puente ni a
ella ni a los niños, ellos no tienen la culpa de la mamá que les tocó. Catalina
sabe que su papá no va a decir nada más, no va a preguntar qué pasó, sabe que
con esas palabras le dijo todo, sabe que no importa que esté fracturada y
aporreada, podría estar en coma y su papá la va a seguir mirando como la mamá
joven y soltera de dos niños pequeños, como la borracha que es y no como la
niña con la que pescaba años antes. Catalina baja la cabeza y se mira las
sandalias, tienen las correas reventadas.
Lucho
y Pedro le preguntan a Oscar que si van a esperar a Catalina y Oscar dice que
no que ella llega sola y sale del hospital pisando firme como si no le
hubieran cogido diez puntos en la frente y no tuviera una herida abierta en el interior.
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