martes, 9 de mayo de 2017

Sobar


Ya se van a llevar el carro, mire.
Don Fabio va llorar, que pesar de él, pero por qué lo vendió, será que va comprar otro.
Otro no, lo vendieron porque van dizque a montar un negocio, no ve que la mujer se quedó sin trabajo.
Que pesar, don Fabio como quiere de harto ese carro.
Lo quiere es poquito, es que él pasaba más tiempo acariciándolo que manejándolo, a veces lo sacaba del garaje no más para lavarlo y para sobarlo toda la tarde con un trapo y volverlo a guardar.
Entonces a que va hacer ahora don Fabio, qué va sobar.
Le tocara sobarse las pelotas.
Mejor y me soba a mí, no espere, que me acaricie mejor que así suena más bonito. 

lunes, 8 de mayo de 2017

Equipo

Cada que estamos juntos protagonizamos la misma escena y sale impecable como si la hubiéramos ensayado, como si estuviéramos consientes de la representación. Es una pena que por estar metidos en ella no la podamos ver cuando ocurre. Entran abejas al salón, pero no juntas, sino de a una y a cada tanto. La abeja rodea a algunos que se ponen de pie y se desplazan a otro lugar del salón expresando un temor infantil. Otros los que aseguramos no tener miedo decimos que no es para tanto, que dejen la bulla y para rematar la misma historia, que las abejas están en peligro de desaparecer. Entonces esperamos a que la abeja se vaya y la normalidad vuelva y cuando otra abeja aparece volvemos hacer lo mismo. 

viernes, 5 de mayo de 2017

Pepa de aguacate

En una esquina al fondo del local hay una pila de pepas de aguacate, y en la entrada del mismo local un señor usa cuchillos y limas de diferentes tamaños para tallar las pepas. Cada cierto tiempo suelta el cuchillo y se seca el sudor. Le pregunto por su trabajó y me dice que lleva diez años dedicado a eso que le encanta y le da para vivir. Me explica que hay que darles tiempo a las pepas para que se sequen y se pongan duras y siento que me explica antes de que le pregunte porque me ve muy sorprendido tocando las pepas con la delicadeza con la que se toca un aguacate maduro.

Le pregunto por las figuras que talla y me dice que se las dicta la pepa, que él la mira y la toca un rato y empieza a tallar y hay va saliendo la figura, según él la mayoría de las pepas quieren ser una lechuza o una cara de duende o de bruja, muchas pepas quieren ser una A o una M y que casi ninguna quiere ser una Z. Me dice que los llaveros de iniciales se venden muy bien. Le pregunto que si alguna pepa ha querido ser Darth Vader y me dice que una vez le encargaron uno pero que no le salió bien.


Me habla de los tipos de lijas que usa y también de las lacas y pinturas, lo que más le cuesta es justamente pintarlas. Guardo la grabadora y la libreta en la mochila y le agradezco al señor por su tiempo y me dice que cómo así qué ya me voy a ir y que si no le voy a preguntar cómo perdió la pierna derecha. Le digo que no le pregunté por la pierna porque lo que importa es su habilidad, su talento para tallar y el señor me dice que está tallando una pierna para él. No sé qué decir, me siento muy pendejo, sacó la grabadora otra vez y él me habla de la pierna perdida sin dejar de tallar. 

jueves, 4 de mayo de 2017

Arepas



Otra vez la misma cosa con la señora de las arepas, tampoco trabajó hoy ¿ahora qué voy a comer? La dieta que me mandó el medico dice que a las siete de la noche debo comerme una arepa delgada de maíz blanco y una tajada de queso cuajada de no pese más de 80 gramos y una taza de café con leche, leche descremada o baja en grasa. La semana pasada que tampoco trabajó remplacé la arepa con unas galletas integrales pero me quedé con la misma hambre. El tendero le dice que la señora de las arepas está en la clínica con la suegra que está muy delicada porque tuvo un infarto o algo así y que por eso no sacó arepas. Eso se pone uno sin saber qué comer. El tendero le dice que vaya al asadero de la otra esquina. No por allá yo no voy, no ve que esa señora no me vende, me dice que no hay y yo viendo las arepas ahí, como le deje de comprar a ella y le seguí comprando a la de la cuadra de acá seguro le da rabia. El tendero le dice que entonces cuantas galletas le vende. Véndame un paquete a ver, que más voy hacer, será aguantar hambre. 

miércoles, 3 de mayo de 2017

La caja


Tras dos semanas de investigación las autoridades no han podido determinar cómo llegó la caja fuerte al separador vial de la autopista norte ni quién la dejó allí. Fue necesaria una grúa para levantarla y trasladarla a la bodega del ejército y un grupo de antimotines para controlar a la multitud que se oponía al retiro de la caja.

Decían que estaba llena de esmeraldas y otros que de lingotes de oro, otros decían que estaba llena de escrituras de fincas ganaderas en el llano. Alguien dijo que adentro estaba la formula química de un nuevo combustible y otro para no quedarse atrás y hacerse el interesante dijo que dentro de la caja había algo así como un hoyo negro y otro que un gato que no estaba ni vivo ni muerto.

Antes de que el ejército se llevara la caja cientos de personas se habían acercado para mirarla, tocarla o intentar abrirla. Decían que él que consiguiera abrirla sería el dueño de su contenido y como el contenido era incierto nadie se arriesgaba abrirla a las malas, era mejor evitar posibles daños. Un fotógrafo dijo que estaba seguro de que esa caja fuerte era una pieza de arte moderno y le hizo fotografías a todo el que se acercara a contemplarla.

Aún sin saber que había adentro la multitud decía que el ejército se iba a quedar con todo y que no era justo que siempre pasara lo mismo. La operación de traslado de la caja apareció en todos los noticieros y periódicos. El general dijo que la caja estaba segura pero que los expertos consideraban que no era recomendable intentar abrirla porque era posible que adentro hubiera una bomba.

La caja fuerte de la autopista norte es la historia que cuentan todos desde hace más de veinte años en Tuluá, gente viene de otras partes a ver la caja y hasta la nasa la ha estudiado o eso dicen los boletines oficiales del ejército y la caja sigue cerrada.


martes, 2 de mayo de 2017

La vaca del tío Arturo


El tío Arturo dejó de dormir y hasta de comer. Las deudas me van a matar, decía el tío tomando bebida de manzanilla en leche caliente. Él tenía una vaca lechera muy buena, 24 puchas de leche diarias si la ordeñaba él y un poco menos cuando estaba aburrida según contaba el tío. Los hijos le dijeron que podía vender la vaca y con la plata que le dieran pagaba en el banco. El tío Arturo no sabía que si vendía la vaca y pagaba en el banco quedaba en paz. Cuando el tío pagó lo que debía siguió sin dormir y sin comer y tomando bebida de manzanilla en agua caliente, les decía a sus hijos que él había hecho un negocio muy malo, vendí la vaca y quedé en paz con el banco pero quedé sin vaca.


domingo, 30 de abril de 2017

Joyero

Me quedé en la acera al lado de la moto con el casco en la mano, Ana cruzó la calle y esperó su turno para usar el cajero. Mire las camisas exhibidas en la vitrina del almacén que estaba al lado de la moto mientras esperaba. Un poco más atrás un señor también esperaba en su moto a un muchacho que usaría el cajero después de Ana, tenía el casco puesto y no se bajaba de la moto.A su lado había un local de puertas blancas cerradas en las que se leía grande “joyería Jaramillo” arriba de la puerta un letrero de los que alumbra decía lo mismo. 

El señor tenía la vista puesta en su celular cuando se le arrimó un tipo flaco y bigotudo que le preguntó si esperaba al joyero, por la calle pasaban pocos carros en ese momento, el señor miró a quién le hablaba y antes de responder guardó el celular. Le dijo que no, que estaba esperando a su hijo. Es que el joyero no abrió hoy porque se mató, cómo le parece eso, y estaba joven, dizque tomó cianuro, cómo es de bravo eso que le destroza a uno todo por dentro. El señor en la moto le dijo que sí que muy horrible en un tono cortante, no le interesaba la noticia o ya la conocía. El flaco le dijo que lo estaban velando en San Agustín y luego siguió caminando. 

Ana me preguntó si se había demorado y le dije que no, se montó en la moto y la encendió, me puse el casco y me monté, las piernas me quedaban cortas. Ana me dijo que a todo el mundo le causaba dificultad montarse y yo le dije que no todos éramos grandes como ella. pensé en contarle lo del joyero pero se me pasó. 







Fragmentos 2

La futilidad de las risas en ciertos espacios particulares, tan difíciles de clasificar y casi siempre imposibles de aprehender. ¿Quién pod...