Ya
se van a llevar el carro, mire.
Don
Fabio va llorar, que pesar de él, pero por qué lo vendió, será que va comprar
otro.
Otro
no, lo vendieron porque van dizque a montar un negocio, no ve que la mujer se
quedó sin trabajo.
Que
pesar, don Fabio como quiere de harto ese carro.
Lo
quiere es poquito, es que él pasaba más tiempo acariciándolo que manejándolo, a
veces lo sacaba del garaje no más para lavarlo y para sobarlo toda la tarde con
un trapo y volverlo a guardar.
Entonces
a que va hacer ahora don Fabio, qué va sobar.
Le
tocara sobarse las pelotas.
Mejor y me soba a mí, no espere, que me acaricie mejor que así suena más bonito.