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Manuel
sacó el celular del bolsillo y lo apagó. Dijo que mientras me ponía al tanto de
la situación y me explicaba lo que me tenía que explicar no quería ninguna
interrupción. Hablaba animado, pero no festivo. Lo de celular me había gustado,
era un gesto nuevo, tenía que haberlo aprendido después de la campaña porque yo
no lo conocía. Parecía acertado. Apagar el celular implicaba primero que el
otro lo viera, que notara la marca y con rapidez identificara la innegable
diferencia con el suyo, en ese caso el mío, que al lado del celular del alcalde
era un reloj de bolsillo. Lo segundo, que el otro, o sea yo, se creyera
bastante importante, tanto como para que el alcalde de un pueblo le dedicara
por un momento todo su tiempo.
Lo que
dijo después de guardar el celular me confirmó lo que hasta ese momento era
solo una sospecha, que esa acción estaba estudiada y era puro fingimiento. Cualquiera
no hace esto que acabo de hacer yo y yo no lo haría con cualquiera. Es que ni un
alcalde, ni un gobernador, ni un congresista, ni un economista tampoco, ninguno
de esos apagaría el celular. Porque hay profesiones y trabajos que no lo
permiten. Imagínese, sucede una emergencia, algo que requiera atención
inmediata y los funcionarios incomunicados con la primera autoridad del
municipio dizque porque a él le gusta apagar el celular. Esto es 24/7 hermano,
esto nunca para. Así es la vida de un alcalde. Pero como lo respeto y lo que
vamos a conversar es importante prefiero apagarlo.
El
tono usado por Manuel para decir todo eso en serio conseguía que uno se
sintiera importante, las pausas y la entonación de algunas palabras lograban el
efecto que él esperaba. Había que reconocerlo, el alcalde sabía cómo llegarle a
la gente. Sabía cómo ubicarse en la cabeza de la jerarquía dejando con sutiliza
a su interlocutor arrastrado. Lo entendí y no entré en el juego, no me sentí
especial en la vulnerabilidad que Manuel sugería.
Pero
señor alcalde para que se pone usted con esas molestias. No hace falta que
apague su celular, no hace falta que ponga en peligro el bienestar del pueblo
mientras hace sus negocios. Usted lo ha dicho, si sucede una emergencia cómo lo
van a localizar. Dígame mejor de una vez para que me llamó, hable alcalde,
exprésese y dejemos el preámbulo, vea que si esto fuera un programa de
televisión los televidentes ya hubieran cambiado el canal. Hablé sin moverme de
la silla, sin descuidar ni por un segundo el café que me tomaba deleitado al
comprobar que ese era diferente del que estaba afuera. El que traían a la
oficina del alcalde era mejor, un de placer para mimar el paladar.
Pero
usted si no cambia nada, hombre, dizque televidentes. Muy chistoso. La gente como usted es muy
chistosa, me dijo Manuel. Cómo así que la gente como yo, acaso cómo soy yo
pues, le pregunté. La gente como usted, que le gusta estar yendo a cine y se la
pasan viendo televisión y leen revistas especializadas, a esos me refiero. ¡Cinéfilos!
dije, apresurándome a completar lo dicho por Manuel. Eso, sí, lo que sea, es que
ahora si se inventan palabras para todo. Pero bueno, le doy la razón vamos de
una a lo que nos convoca, además tiene que ver justamente con palabras,
palabritas, palabrejas. Necesito que usted me escriba una novela.
Me
tomé el café que me quedaba en el pocillo de un solo trago y le dije que sacara
ese aguardiente que mantenía ahí encaletado y me sirviera uno. El alcalde
sonriente abrió una gaveta del escritorio esculcó levemente entre carpetas y
sacó la botella. Ahora sí parece que nos vamos a ir entendiendo, hermano,
porque los negocios buenos se hacen es con esto y no con tinto, expresó
mientras abría la botella. Usted necesita uno grande para que se afloje porque
llegó como muy crispado, hermano, muy a la defensiva, como si no fuéramos
amigos. Hablaba sin dejar de servir el aguardiente en unas copas hondas y nada
sutiles, parecían sacadas de una fonda de arriería.
Ya le
vi la cara de sorpresa que puso. Todo se imaginaba menos que le iba a salir con
esto. Pero sí, esa es la propuesta, ese es el negocio. Necesito que me escriba
una novela. Corta. Sencilla y clara. Si se puede buena mucho mejor. Esos
pucheros que hace, así le quería ver esa jeta. No, no, no, no diga nada todavía,
espere y vera se la pinto y luego me la colorea. Lo que quiero es que usted se
siente bien juicioso en su casa o en donde sea que trabaje bien y me escriba
una novela que hable de mí o mejor dicho no de mí, cambie el nombre si quiere, pero
que se note que soy yo, que la gente pueda hacer la asociación, eso tiene que
quedar muy claro porque como es de atembada la gente de pronto resulta creyendo
que el alcalde de la novela es el de otra parte y no el de acá. Entonces listo,
eso, agarre y veras este lapicero y esta hojita y va tomando apuntes para que
no se nos olvide luego y para que no me ponga a explicar de nuevo. La novela va
de un alcalde que fue elegido por muchos votos, un tipo que contó con el
espaldarazo decidido de la gran mayoría de ciudadanos de su pueblo. Un alcalde
que encontró el pueblo hecho un mierdero y que con autoridad, trabajo duro,
diciplina, transparencia y ante todo responsabilidad con su cargo y con el
bienestar de la gente consiguió mejorar notablemente la situación y conseguir
que su pueblo sea un ejemplo de transformación y progreso a nivel
internacional. Yo quiero que usted diga que cuando las cosas se quieren hacer
se pueden hacer, todo es cuestión de voluntad y de tener ganas de trabajar. El
personaje de la novela tiene que trabajar mucho, usted tiene que estar
reiterando todo el tiempo que el alcalde es incansable. Tiene que decir que
cuando hay capacidad de gestión en un gobierno el pueblo lo nota. ¿Apuntó eso?
¿no? Se lo voy a repetir. Cuando hay capacidad de gestión en un gobierno se
nota. No, espere hombre, espere le sigo contando, no me haga perder el hilo,
ahora habla. Entonces la novela va de eso, el alcalde pone en orden el pueblo,
lo transforma, le devuelve con sus acciones y con las obras públicas el sentido
de pertenencia y de amor por su terruño a los ciudadanos, sentimiento que se
había perdido por la pírrica gestión de las administraciones pasadas. Y para
que la novela no le quede así como tan de logros y más logros como si conseguir
todo lo que le hubiera dicho fuera fácil usted tiene que describir al detalle
los obstáculo, la oposición y sus falsedades y acusaciones temerarias. El
gobierno nacional que no ayuda porque todo es pa las ciudades grandes y pa los
pueblos nada. Los empresarios de la ciudad que son tacaños y chichipatos. Tiene
que hablar de lo difícil que es socializar obras que aunque van a cambiar la
ciudad generan cierres viales prolongados y de más. Bueno y más cosas así,
usted vera como maneja eso, usted es el que va a escribir. El punto es que no
parezca fácil, que no sea como que llegó hizo y listo. Usted tiene que armar
algo así como esos partidos sufridos en los que se ganan en el minuto de
adición, algo así, que cuesta ganar, pero igual es ganar. Entonces ese alcalde
de la novela debe estar inspirado en mí, pero que no sea yo exactamente, si me entiende.
Está confundido, no me diga eso. Lo veo como con cara de perdido. No se pierda
hombre que es fácil, pa eso está tomando apuntes. Usted va a escribir una
novela de un alcalde que cambia un pueblo a pesar de los obstáculos y se va a
inspirar en mí y en la alcaldía mía. Eso en resumidas cuentas es lo que quiero.
Espere, espere que todavía no he terminado, ahora habla usted, espere. Ya le
hablé de obras y de parques y de transformación, ahora viene lo otro, porque
usted no puede pintar al personaje como a un alcalde así como Peñalosa que todo
el tiempo habla de obras y de construir y construir sin importarle acabar con
reservas naturales o patrimonios culturales, usted tiene que equilibrar el
personaje, porque el alcalde de la novela también tiene que ser popular, tiene
que conectar con la gente, untarse de pueblo, hablar de inversión social y de
priorizar a los menos favorecidos y tiene que ponerlo a repetir que lo más
importante es reconstruir el tejido social porque como le digo el personaje de
la novela va a ser un alcalde que soy yo pero al mismo tiempo no porque como es
ficción usted puede jugar con eso porque lo esencial no es que la gente cuando
lea diga ese es el alcalde sino que piense, ese se parece al alcalde, ese debe
ser él. Por ejemplo, usted puede hablar de la recuperación del parque Boyacá y
del orgullo para la ciudad que eso representa, hablar del compromiso emprendido
en esta administración, o sea en la del alcalde de la novela para sacar del
parque a esa cantidad de ladrones y de indigentes y de putas que pululaban ahí,
como le digo, ya usted vera como maneja todo eso. Pero no, no, espere hombre, espere
que todavía me falta. Ahora habla, ahora habla. Entonces lo que yo quiero es
que usted escriba esa novela pero además que se encargue de lo otro, de la
edición, de la impresión, mejor dicho la va a escribir y la va a publicar. Yo
ya estoy pensando en la portada, por ahí tengo ideas, pero igual el que la va a
escribir es usted entonces estoy abierto a propuestas. Ojo pues, yo quiero un libro
bonito, nada de papel delgadito que parece periódico ni nada de esas portadas
que son como una cartulina, yo quiero un libro bonito, serio, pero eso sí, nada
de edición de lujo tampoco, no señor. Apunte ahí, que luego no me vaya a salir
con presupuestos volados. También espero que me ayude en la parte de la distribución,
aunque por eso no se tiene que angustiar porque la idea es que regalemos el
libro, yo he pensado que primera armamos un lanzamiento para invitar a mucha
gente, a la prensa y los medios para que hagan bulla y luego nos tiramos a las
calles y lo regalamos, ponemos a todo el pueblo a leer, o por lo menos les
ofrecemos la posibilidad de que lo hagan y hablamos de eso de la importancia de
la lectura y de todos esos bochinches con los que gastan papel en los
suplementos dominicales de los periódicos. No va a faltar el hijueputa que nos
critique, pero no importa, hermano, no importa, igual lo hacemos. Yo había pensado
en meterle dibujitos también al libro porque a la gente le gusta ver muñequitos
y maricadas de esas en las páginas, pero pues eso sí ya depende de usted, de lo
que vaya a escribir. Pero sepa que si a usted le parece buena idea no es sino
que me diga y nos conseguimos un ilustrador o un diseñador, lo que usted me
diga. Bueno y más o menos es eso, por eso fue que lo hice venir, eso es lo que
yo quería proponerle. Podemos negociar el sueldo y el tiempo que va a
necesitar, aunque tiene que hacerse en menos de cinco o seis meses. A mí me
parece que es una muy buena oportunidad para usted, se puede ganar unos buenos
pesos, porque eso sí, sepa que yo le voy a valorar su trabajo. Usted es bueno,
yo más o menos ya le di la idea, o sea que no se tiene que sentar a esperar que
la inspiración le pegue en la cabeza ni nada de esas chimbadas de poetas, no se
tiene que dedicar a mirar la luna esperando que le susurre las palabras. Si de
pronto usted quiere escribir borracho como esos escritores que le gustan pues
me dicen también y yo le consigo unos litros de amarillito para que se casque
con ganas el hígado. Lo mejor de todo, con esta proposición que le estoy
haciendo prácticamente lo estoy sacando de un atolladero porque con lo que
usted se puede ganar trabajando conmigo estos mesecitos pueden terminar de
pagar esa casa. Yo sé que usted anda pagando ese rancho todavía, usted anda
embalado con eso y vea yo le estoy casi que entregando la posibilidad de
salirse de boroló de una vez. Ya queda es escuchar su decisión a ver cómo la
ve. Cómo se siente para empezar a camellar. La idea es que nos estemos viendo seguido,
siquiera una vez a la semana para que me lea lo que lleva y así yo le pueda
aportar o cambiar cosas porque pues la idea es que la novela quede muy cercana
a lo que yo quiero. Es que mejor dicho hermano, ojalá yo supiera escribir, pero
como usted sabe que eso no es lo mío por eso busco a los que saben. Listo era
eso no más, ahora sí, hable, diga todo lo que tenga que decir, porque que
berraco, casi que no me deja hablar con esas ganas que tenía de meter la
cucharada.
Manuel
se quedó esperando mi respuesta y yo seguía con la mirada clavada en el papel
en el que había estado tomando algunas notas. No me creía todo eso que el
alcalde acababa de decir o mejor no lograba separarlo porque había sido mucho.
Al ver que mi opinión se tardaba el anfitrión volvió a llenar las copas.
Descargó con fuerza sobre el escritorio la que me tocaba a mí. Supongo que la
brusquedad buscaba despertarme, sacudirme. Este si es raro, muchas ganas de
meter la cucharada cuando yo estaba hablando y ahorita si no dice nada. Lo
escuché decir eso mientras me tomaba el aguardiente que a diferencia del
primero me había quemado la garganta.
Pues
muy interesante todo ese plan suyo, no le voy a negar que me tiene sorprendido,
abismado, alcalde, no tenía la menor idea de que a usted le pudiera interesar
la creación y los asuntos editoriales, cualquier cosa pensé que me iba a
proponer menos eso, para que le voy a decir mentiras, yo creí que venía a
sacarlo de algún embale por ahí, que me necesitaba para regalarle la firma por
ahí en un contrato chimbo o alguna cosa de esas. Pilas con eso, mucho ojo con
lo que dice, no sea bocón que después lo mete a uno en problema, aprenda de la
prudencia que hace verdaderos sabios, me regañó Manuel, cerrándome el pico con
otro aguardiente. No le presté atención a su interrupción, no le quise decir
que no estaba diciendo nada que no fuera cierto y me concentré en lo que me
había dicho. Dígame una cosa Manuel, después de dejarme tirado, de hacerse el
marica conmigo, a qué viene ahora usted con todo esto ¿por qué le va a
interesar a usted publicarme un libro, un libro que además va a regalar? Le
agarró el remordimiento o qué pasó.
¡Remordimiento!
éste si es bobo, no mijo, cuál remordimiento, usted aquí no me venga a salir
con dramas chimbos de abandono y traición ni nada, eso guárdeselo para la
novela que ahí funciona bien. Esto es política papi, esto es la democracia y
así funciona en una campaña electoral. Así como usted pudo haber otros cien
pendejos o más trabajando duro con la esperanza de un trabajo y a la hora de la
verdad no se pudo. Todos trabajan con el mismo interés, el objetivo siempre es
un puesto o plata. Cumplirle a todos es el problema, eso es lo más difícil.
Quedar bien con todos es imposible. Ya con el poder en la mano uno tiene que
moverse y moverse para delante, tener los ojos en la espalda no es opción. El
que se quedó se quedó. Usted mejor que nadie sabe que los compromisos por
cumplir son muchos, hasta el último día de gobierno está uno en esas. Aunque
igual eso ya es cosa del pasado. Anoche antes de llamarlo ni siquiera consideré
que usted todavía estuviera viviendo en el resentimiento. No pudimos meterlo en
la administración. Mala cosa. Había gente más preparada para lo que se necesita.
Ahora le estoy ofreciendo algo, le estoy dando la oportunidad por la que trabajó.
Todo a su tiempo, hermano. Y ahora aclarado eso volvamos a lo otro, lo que
importa, el futuro. Me parece que se me olvidó decirle algo que puede ser
importante, yo sí soy elevado a veces, es que usted viera, hermano, eso de la
novela me tiene tan entusiasmado que se me vienen a la cabeza las ideas y los
planes como cascadas y no alcanzo como a asimilar todo. Yo quiero que usted
escriba la novela, que haga pues todo lo que ya le dije, pero usted no va a ser
el autor, si me hago entender, usted va a ser así como un escritor fantasma, si
es así que les dicen, cierto. Le respondí que sí con la cabeza. Entonces eso
es, usted la va a escribir, pero en el papel el autor será otro. Es que ese es
el problema suyo hermano, es muy ingenuo, muy iluso, debe ser la imaginación. Claro
que para escribir eso sirve mucho, para vivir en cambio no, genera problemas.
En serio usted creyó que le estaba dando una mano para publicar sus novelas. No
hermano, para qué vamos a publicar eso sí acá la gente no lee. Publicar lo suyo
no es negocio.
En ese
momento yo ya no entendía de qué iba la conversación en esa oficina. Los
aguardientes me tenían más relajado, el licor siempre cumple con su tarea, en
la vida esa es una certeza y toca valorarla porque son tan pocas que cuando se
encuentra hay que aferrarse a ella con fuerza. A esas alturas los zapatos ya no
me apretaban, pero me seguían tallando las palabras del alcalde. Explíquese
mejor, Manuel, porque yo no le entiendo un culo, que la gente no lee pero que
quiere un libro, sirve un libro escrito por encargo para usted y firmado por
alguien que no sea el escritor y no sirve un libro que yo quiera escribir a mi
gusto diciendo lo que a mí me provoca. Manuel esperó a que terminara de hablar
y sin dejar de mirarme me sirvió otro aguardiente. Lo que pasa hermano es que
usted no quiere entender, no escucha o escucha lo que quiere. Yo lo dije
claramente, publicar un libro suyo no es negocio, estoy hablando es de
negocios, eso es lo que a mí me interesa, lo que le estoy proponiendo. Lo llamé
fue para hablar de negocios. Para hablar de literatura y estética y estilo y
forma y contenido y calidad y metáforas y estructura y todas esas cosas que les
gusta decir a los que escriben cuando los escucho por ahí en entrevistas usted tiene
a sus amigos en la universidad. Bueno también están los de la biblioteca y los
de esos bares donde los poetas se emborrachan y sueñan con las téticas duras de
las muchachas que los calientan y canalean cerveza sin la menor intención de
mostrárselas. Acá el tema es la plata, el poder, lo que importa en la vida,
para que vea, y de eso si puede hablar conmigo, por qué de cuál plata va a
hablar usted con un poeta, será de la de otros, porque como siempre los está
mortificando lo que consiguen los que trabajan. Se lo digo para que no se
confunda, esta novela es un negocio, dijo eso con malicia y sirvió otro
aguardiente.
Tomar
aguardiente sin desayunar es un problema, uno se puede estar emborrachando muy
fácil, eso sentí cuando me terminé de tomar ese trago que ya ni sabía si era el
tercero o el quinto. En ese instante yo también estaba dispuesto a dejar que la
situación se desarrollara de la manera más práctica, así como le gustaba a
Manuel. El libro no iba a ser mío me estaban ofreciendo un trabajo y no la
posibilidad de parir mi opera prima. Entonces hablé de lo que le gusta al
alcalde, de lo que importa. Listo Manuel, ya entendí lo que usted necesita, me
quedó claro, negocios, eso es lo que importa. Hablemos entonces de los
escritores fantasmas ahora que usted los mencionó, busque ahí en Google cuánto
cobra un escritor fantasma para que nos vayamos poniendo de acuerdo de una vez.
Aunque supongo que usted eso ya lo debe haber presupuestado. Igual no importa,
hágale dele una buscada.
Manuel
abrió el computador portátil que tenía sobre el escritorio y escribió con
torpeza cuánto cobraba un escritor fantasma, se acercó un poco a la pantalla
como si no hubiera visto bien. Antes de que dijera algo me adelante y no lo
deje pronunciar palabra. Sí señor, entre 10 y 50 dólares por hoja, eso cobra un
escritor fantasma, ahí está en internet y lo acaba de ver para que después no
me salga con el cuento de que no vale todo eso. Pero cambié esa cara alcalde
que fue usted y no yo el que trajo a colación la figura de escritor fantasma.
No se angustié por eso que yo estoy acá para negociar, como soy serio no me voy
a poner agalludo con usted entonces me voy a ubicar en la mitad de esas cifras,
le voy a cobrar 25 dólares por página, ya usted me dirá cuántas páginas más o
menos quiere. Cuando tengamos la novela finalizada y la impresión esté aprobada
me pone un par de salarios mínimos para encargarme de lo que falta, supongo que
tampoco hace falta dejar muy claro que yo solo estoy cobrando por escribirle la
novela, ahí no se incluye lo que vale convertirla en un libro. Yo le cobraría
menos en otras circunstancias, pero teniendo en cuenta que usted es el alcalde
de este pueblo y que todo esto es negocio me parece un muy buen precio, mejor dicho,
si fuera para otro el trabajo se haría por menos pero como es usted antes
debería hacerse por más. Acuérdese que acá usted no está pagando solo por el
trabajo sino por la confidencialidad, me va a pagar para que escriba una novela
y no le cuente a nadie que la escribí porque a ojos de todo el mundo el autor
será otro, de más que usted. Ahí se la dejo pues, se la pongo sobre la mesa,
usted me dirá si le sirve o no.
Manuel
volvió a cerrar el computador, sirvió otro par de tragos y empezó a reír a
carcajadas mientras yo le recibía la copa. El sonido de ese desborde de emoción
que interpreté como diversión hacía que la oficina se sintiera pequeña y
hostil. Después de la risa Manuel quiso saber si yo me había fijado en el ruido
de la calle. Cuál ruido, le pregunté, yo no escucho nada. Por eso le digo, no
hay, no hay ruido, usted no se ha fijado en el ruido porque no hay. ¿Es que
usted no se acuerda como era esto acá? Uno parecía estar hablando en un parque,
el pito de los carros parecía salir de debajo del escritorio y esos gritos de
esos vendedores ahí repitiéndose en el oído, era como una plaza. Vea ahora,
nada, silencio total, ni una mosca. Solo su voz y mi voz en el aire. No salió barato,
pero valió la pena, me dejaron la oficina completamente insonorizada, una
belleza. Hasta me gusta más trabajar acá que en el despacho de la alcaldía.
Manuel tenía razón, hasta ese momento la ausencia de ruido me había sido
indiferente, solo cuando él lo señaló fui consciente de ello. Se lo digo para
que me entienda, usted está pidiendo mucha plata y tampoco es que sea tan
bueno, igual como le comento, a mí no me da pereza ni miedo pagar caro lo que
es bueno, lo que no sé es si usted lo sea tanto, o bueno no usted, la novela
que pueda escribir, igual como le digo la calidad tampoco es tan importante,
acá no estamos buscando ganarnos un premio ni la aprobación de sus amiguitos
poetas, acá lo que queremos es otra cosa. Déjeme yo me reúno con el grupo y los pongo al
tanto, a ver si están dispuesto a pagar, a ver si se meten, me explicó Manuel.
También
podemos hacer algo, pues si le parece, si quiere le armo un listado bien
completo de las personas que en este pueblo le pueden hacer ese trabajo, deme
una noche, hay más de un poeta, o un periodista, hasta novelistas ahí que le
podrían hacer eso por menos. Ahí está por ejemplo Ruíz el que es profesor en la
facultad de derecho, ese tiene una revista de literatura y es poeta. También
está ese David Trujillo, por ahí escribió un libro como de veterinaria, dizque
de mascotas. Hasta donde yo sé el tipo no es ni veterinario ni nada parecido,
pero si escribió un libro de animales también puede escribir una novela de un
alcalde. Es más, el David ese hasta vive con los papás, mejor dicho, ese es el
suyo, ese le escribe esa novela por nada. Buen escritor no debe ser, igual
usted tampoco está necesitando a un experto, aunque bueno si lo que necesita es
un experto ahí tiene a don Gustavo Álvarez, pero yo no creo que ese señor le
pare bolas, con lo ocupado que mantiene, aunque bueno la plata es eso,
desocuparse de una cosa para ocuparse en otra, siempre ocuparse en donde haya
más. Usted me dirá si le armó el listado, hasta mujeres le puedo incluir,
fresco que no le cobro si eso es lo que está pensando.
Después
de decir eso y tomarme otro aguardiente quise saber quién iba a ser el autor
del libro, a quién se lo iban a acomodar. Según Manuel ese no era un dato
necesario para empezar a escribir, de eso me iba a enterar en su debido
momento. Me tomé el último aguardiente y salí de la oficina prendido y pelado.
El alcalde me despidió diciendo que me llamaba de nuevo cuando tuviera una
respuesta. Aprobó el listado que le propuse, según él la secretaria ya le había
hecho uno y el mío le podía servir para cotejar. Pensé en las capacidades de la
secretaria para armar ese tipo de listados y más o menos entendí porque estaba
saliendo de esa oficina, con lo limitada que era la buenona, en su listado solo
había un nombre, el mío.
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