Julio hacía montones de cucarachas muertas que empujaba con los pies descalzos mientras
las contaba. Ninguno montón tenía más de diez o menos de nueve. Todas las
mañanas hacía lo mismo, se levantaba temprano a contar cucarachas como haciendo inventario. Había aprendido a contar de uno a diez con las cucarachas y una
mañana hizo tres veces diez montones de cucarachas. Por las noches su madre regaba veneno en los
zócalos de las paredes, era un líquido del color de la avena y lo traía un señor
alto y flaco que cargaba una maleta verde que parecía un baúl viejo. En su
primer día de escuela Julio dijo que se había aprendido los números contando
cucarachas y otro niño le dijo que a él le gustaba como sonaban las cucarachas
cuando las aplastaba con el pie. Julio creía que las cucarachas se morían
porque su madre les ponía veneno sin saber que mientras él dormía las
cucarachas sostenían una guerra a muerte por el control de esa casa que para
los diferentes bandos de cucarachas era el lugar más importante del pueblo. Julio
contaba muertos en combate sin saber que vivía en el punto exacto en el que la
cucaracha ya no pudo caminar porque le faltó una pata para caminar. Controlar ese
lugar era esencial para el fortalecimiento del mito fundacional y el proyecto
político de los bandos en disputa. Julio caminaba todos los días por un campo
de batalla que ignoraba.
viernes, 28 de julio de 2017
jueves, 20 de julio de 2017
La vegana
La
vegana quiere al gemelo pero el gemelo no es vegano. No tendría que decir más
porque con eso el cuento ya está echado pero igual la vegana y el gemelo se
ennoviaron. El gemelo es vecino de mi amigo Edward, vive justo en la casa del lado.
Además de ser el vecino es un ejemplo a seguir, el hijo que la mamá de Edward
deseó tener. Mi mamá me comparó toda la vida con mi primo que era el mejor
estudiante del colegio, tocaba el trombón, era bombero voluntario y era un
excelente mediocampista con todas las posibilidades de ser futbolista
profesional y como si con eso no bastara era guapo tenía novia y le quedaba
tiempo para ser sacristán. Yo por mi parte estaba gordo, aburrido, me cansaba
cepillándome los dientes, era mal estudiante y me sabía completa las
veinticuatro horas de programación de seis canales de televisión aunque esa
capacidad no llenaba de orgullo a mi mamá. Edward era así como yo pero él se
sabía la programación completa no de seis sino de ocho canales y también jugaba
Nintendo y jugaba con una perra que siempre parecía enferma y se estaba
muriendo desde que la conocí, dizque había nacido vieja así como Benjamin Button.
A
falta de primos para hacer la comparación la mamá de Edward le decía que mirara
a los gemelos, ellos eran juiciosos, ganaban concursos de matemáticas, ortografía
y natación, además tenían pensado estudiar medicina y no andaban escuchando
música horrible. Nosotros escuchábamos Iron Maiden y Slayer, fumábamos
marihuana una que otra vez y nos burlábamos de las camisas planchadas de los
gemelos. Edward los saludaba y a veces cruzaba un par de palabras con ellos, yo
no, no eran ni mis vecinos ni mis amigos.
Pero
volviendo al cuento, los gemelos que eran el paradigma de la excelencia se
separaron cuando se terminó el colegio, uno se fue a estudiar medicina a Bogotá
y el otro se fue hacer derecho en Cali.
Era la primera vez que se separaba y parece que eso los afecto hondo y mucho
más de lo que esperaban. La vida de los gemelos se fue un poco al caño o sea
cerca de donde estaba la de Edward y la mía. Yo le dije a Edward que mientras
su mamá se la pasaba deseando que él fuera más como los gemelos ellos se la
pasaban deseando poder ser más como él. El pendejo se reía, que ni bobos que
fueran los gemelos.
El
gemelo conoció a la vegana afuera de la universidad, ella repartía volantes
contra las cabalgatas de la feria de Cali. El gemelo recibió el volante y ni lo
miró, lo dobló y lo guardó en el bolsillo de atrás del pantalón indiferente
porque su atención fue toda para la vegana que lo dejó encantado con su cara de
limón. Ese mismo día el gemelo le pidió a un compañero que le presentara a la
vegana y por primera vez el gemelo fue a una protesta animalista pero no por
amor a los animales o más bien sólo por amor a esa animal.
En
la relación del gemelo y la vegana pronto se supo quién mandaba. Mandaba la
vegana y el gemelo hacía lo que ella dijera. La opinión del gemelo no importaba
porque el puro hecho de que no fuera vegano lo convertía en una persona muy
mala, que siempre habla sin saber y sin sentir. El gemelo aspirante a medico
nos dijo a Edward a mí una tarde de vacaciones que el hermano no habla de otra
cosa que no fuera la vegana, que a él le daba risa verlo así de aguevado pero
que la mamá estaba que paraba en loca, todo lo que cocinaba estaba mal o
atentaba contra algo y se ponía roja de la ira como un pisco cuando el gemelo
empezaba andar detrás de ella en la cocina diciéndole que comprara verdura
orgánicas, que sembraran cilantro y albahaca en el patio, que cambiaran la leche
de vaca por leche de soya, y que tranquila mami que yo le voy a dejar unos
podcast en el celular con recetas vegetarianas y mi novia me va prestar un
libro también que es muy bueno sobre los efectos negativos de los plaguicidas y
los fertilizantes químicos en las verduras. Mamá le dijo que con aguantarlo a
él era suficiente y que no quería que trajera a esa muchachita a la casa pero
como la vegana también vivía en Tuluá a la mamá de los gemelos le tocó verla en
la sala una que otra tarde y pasaba por el lado de ella sin saludarla.
Cuando
Edward vio a la vegana me dijo: ve a chino para que yo deje de comer carne y me
vuelva vegano y me deje mandar de una vieja esa vieja tiene que ser mínimo
mínimo igualitica a Eva Green aunque si es Eva Green pues mejor. Yo le dije que
la vegana de Eva Green no tenía sino el green en la cara y aunque el chiste era
chimbo nos reímos.
Decía
que los gemelos se fueron al caño como nosotros porque en tercer semestre de
medicina el gemelo volvió de Bogotá y dijo que esa carrera no era para él, se
había tirado la mitad de las materias y fumaba mucha mariguana. La mamá le dijo
que de vago tampoco se iba a quedar y lo metió a estudiar en el Sena. Edward y
yo sabíamos lo que era pasar parciales arrastrados y como nunca habíamos
destacado en nada tampoco era que tuviéramos muchas expectativas que cumplir.
Nadie esperaba de nosotros lo que esperaban de los gemelos. Mal que bien íbamos
en cuarto semestre yo había perdido dos materias y Edward una.
El
gemelo y la vegana había durado más de los esperado, primero se había acabado
la esperanza de tener un médico en la familia que esa relación. Pero el gemelo
seguía sin ser vegano. La relación se acabó un fin de semana de diciembre, el
gemelo y la vegana estaban de paseo en Ladrilleros y el gemelo se levantó
temprano y fue a desayunar solo, tomó huevos con café y no alcanzo a terminar
antes de que llegara la vegana.
Esa
navidad por primera vez los gemelos Edward y yo nos emborrachamos juntos los
cuatro en el antejardín de la casa de Edward. Un gemelo dijo que estudiar en
el Sena era una mierda y que si la mamá lo dejaba él volvía a iniciar medicina.
El otro gemelo lloraba mucho y habla de la vegana, nos dijo que la vegana lo
había dejado y nosotros ya sabíamos pero él repetía que la vegana lo había
dejado. La vegana dejó veterinaria porque no era lo que ella se imaginaba, la
veterinaria maltrataba a los animales en lugar de salvarlos, les hacía daño y comercializaba
con ellos. La vegana había comenzado filosofía. La vegana decía que de niña
tuvo un perro que recogió en la calle y lo llamó Uno porque ella quería adoptar
a todos los perros del mundo y darles un número por nombre, pero la mamá de la
vegana le decía que no podían tener más que a Uno porque en la casa no había
espacio para más animales, siempre le dijo que la casa no era una finca y el
sueño de la vegana desde niña es tener una finca grande donde pueda tener todos
los perros y gatos del mundo. La vegana le había enseñado a cuidarse a pensar
en su salud y ser consciente de su lugar en el universo y el respeto y el amor
que le debía a la naturaleza. La vegana lo había dejado porque él seguía
desayunando huevos. Edward interrumpió el monólogo lacrimógeno del gemelo con
una carcajada feroz, por lo menos lo hubiera dejado por comer chicharon,
salchichón aunque fuera pero por comer huevos, es que a este marica lo dejaron
porque le hacían mucha falta los huevos. En ese momento el único que no se rio fue el
gemelo despechado.
Hablamos,
tomamos y caminamos por el barrio fumando mariguana y riéndonos de
nosotros de esos desastres nuestros que al final no se parecían a los de los
gemelos que la estaban pasando peor. Y eso que estos eran los de mostrar, dijo
Edward, y yo me acorde de mi primo que si seguía siendo el de mostrar y era
pastor de una iglesia cristiana que según él le iba a poner los votos
necesarios para ser concejal. Comimos en la casa de los gemelos pasada la media
noche y nos dimos cuenta que en la casa de ellos la única feliz era la mamá de
los gemelos, para ella era otra vez una navidad sin preparaciones veganas, una
celebración familiar sin la vegana, una navidad con tejidos, nervios, sangre,
una navidad de carne y hueso.
miércoles, 19 de julio de 2017
Vestido
Cansado
de decirlo todo de la gente sin decir nada de él se fue antes de que una mujer
entrará al almacén queriendo comprarlo y
arrugarlo en el probador y luego dejarlo por no resaltar la figura, por
no quedar bien. El vestido sabe que es lindo sabe que puede robarse miles de
miradas en las fiestas y reuniones yendo solo y vacío. Antes de salir del
almacén el vestido se quitó el gancho del que estaba colgado y lo dejó, no
quería oír a la gente decir: mira ese gancho que buen gusto tiene. Ese vestido
le queda divino a ese gancho. El gancho no es la gran cosa pero con ese vestido
mejora mucho. El vestido levitaba por los pasillos del centro comercial lento y
distraído con las vitrinas, no llevaba zapatos para que no le dijeran que los
zapatos estaban hermosos, el vestido es ancho de la mitad hacía abajo y la tela
ligera se agitada con el viento igual que en la famosa imagen de Marilyn Monroe
donde ella evita con ambas manos que se levante del todo. El vestido no sabía
que era una imitación exacta de ese vestido usado por Marilyn Monroe, no sabía
que la gente al verlo iba a decir: mira el vestido de Marilyn, el vestido se
quedó esperando que alguien dijera: que vestido despampanante, que vestido
fabuloso. El vestido siguió recorriendo el centro comercial y en una de las
plazoletas de comidas un tipo tuiteó “el fantasma de Marilyn Monroe se pasea
por el centro comercial Nogales” acompañado de una foto del vestido que se hizo
viral y nadie habló del vestido y todos hablaron de Marilyn Monroe.
viernes, 14 de julio de 2017
Domingo
Oscar
pesca todos los domingos. Hoy se fue con Pedro y con Lucho dos vecinos de la
cuadra. Nunca hay pescados grandes en el río y sale más barato comprar filete
de bagre de mar en la pesquera pero a Oscar le gusta la pesca, le gusta el río,
el monte y más que todo no quedarse en la casa.
El
camino para bajar al río es estrecho pedregoso y de sombrío escaso. Aunque
Oscar lo conoce de memoria hoy el que se cae es él y no Pedro y no Lucho que
van por primera vez y caminan inseguros enclenques como si no hubieran puesto
nunca los pies fuera del pavimento. Oscar no se levanta, está inconsciente, la sangre
baja lenta por el rostro y le mancha la camiseta, tiene la frente abierta. Pedro
y Lucho están asustados. Lucho saca del morral una botella con agua y le moja
la cara al desmayado herido.
Oscar
abre los ojos se toca la frente y dice que se dio duro, está tranquilo como si
no le doliera. Pedro tiene el celular en la mano y le dice que intentó llamar a
la casa pero que nadie contestó y Oscar le dice que en la casa no hay nadie. No
hay a quién llamar. Carmen está con los niños en la finca de la hermana en
Barragán y Catalina salió anoche de fiesta y ahora está en una cantina de la
galería peleando con un par de hijueputas que acabaron con el poquito de perico
que le quedaba.
No
hace falta avisarle a nadie tampoco, es un rasguño no más, dice Oscar. Pedro mira
la herida y no le parece tan pequeña. Ahí le cogen por ahí ocho puntos, dice
Pedro, yo creo que es mejor irnos para un hospital. Lucho asiente con la
cabeza. Oscar está de pie y dice que no que bendito que él está bien y sostiene
en su mano un pañuelo que era blanco y ya no puede absorber una gota más de
sangre.
En
el hospital está Catalina, tiene fracturado un brazo y raspones en las piernas
y el hombro derecho, se cayó de una moto yendo para la casa. Cuando Pedro la
vio le dijo a lucho que con razón no contestaba. Oscar se volvió a desmayar
metros más abajo de donde se cayó. Lucho y Pedro lo cargaron entre los dos
hasta la carretera donde habían dejado el carro. El médico les dice que no se
tienen que preocupar porque aparte de la herida en la frente Oscar está bien,
los desmayos no tenían que ver con el golpe sino con los triglicéridos.
El
hospital es pequeño y Oscar y Catalina están esperando a que les den salida en
el mismo cuarto blanco amplio lleno de camillas separadas por cortinas azules. Oscar
quiere saber si Catalina ya le avisó a su mamá, Catalina le dice que no, que no
contesta. Oscar le dice que es mejor así, no hace falta dañarle el puente ni a
ella ni a los niños, ellos no tienen la culpa de la mamá que les tocó. Catalina
sabe que su papá no va a decir nada más, no va a preguntar qué pasó, sabe que
con esas palabras le dijo todo, sabe que no importa que esté fracturada y
aporreada, podría estar en coma y su papá la va a seguir mirando como la mamá
joven y soltera de dos niños pequeños, como la borracha que es y no como la
niña con la que pescaba años antes. Catalina baja la cabeza y se mira las
sandalias, tienen las correas reventadas.
Lucho
y Pedro le preguntan a Oscar que si van a esperar a Catalina y Oscar dice que
no que ella llega sola y sale del hospital pisando firme como si no le
hubieran cogido diez puntos en la frente y no tuviera una herida abierta en el interior.
lunes, 3 de julio de 2017
Co media
En
la época de la cerveza fría en tienda esquinera y los grupos de hombres buenos
empujando carros varados nació una exquisita forma de humor que fue olvidada y
sepultada entre tanta novedad y sonrisa sincera en fotografía de celular. La comedia Bernardista tiene como principal y se podría decir que único exponente
al humilde, trabajador y muy coqueto ebanista Bernardo DiCaprio cuyo apellido
real es Ramírez. Esa adopción de apellido ajeno de actor famoso y el abismo
existente entre su porte, figura, además de presencia y la del actor es una
característica fundamentales de su propuesta original e ingenua de hacer humor.
No
fue masiva la difusión del talento de Bernardo y sin embargo entre el gremio de
ebanistas tulueños es común oír algunos de sus más repetidos cuentos chimbos,
pero más importante que oír como los repiten es saber que los citan como si
estuvieran en la academia y se vieran obligados a cumplir con una bibliografía
rigurosa de investigación científica. También es frecuente ver cómo algunos son
desenmascarados en público (por lo regular personas ajenas a la ebanistería)
cuando comparten entre sus conocidos y amigos algunas palabras pertenecientes
al imaginario Bernardista como si fuera fruto del paupérrimo ingenio de ellos y
no una creación del maestro.
Además
de los chistes, comentarios sueltos y originales piropos el talento de Bernardo
se evidenciaba en toda su dimensión gracias a la capacidad que tenía para
identificar en las personas el humor y la gracia natural, la comedia más orgánica
según Bernardo que con ojo atento conseguía señalar con seguridad a las
personas que encarnaban la comedia. Hace falta que alguien viva sólo para ser
un chiste y ese alguien en la vida de Bernardo fue Willy el pintor de muebles
con el que trabajaba. La cotidianidad de Willy transcurría entre la tragedia,
el hambre y el cinismo extremo, características que devienen en carcajada
gracias a las observaciones de Bernardo.
Las
meteduras de pata de Willy enriquecían los apuntes de Bernardo, él sabía
sacarles provecho pero la ausencia de ellas no lo empobrecía y eso lo hacía aún
más grande, era capaz de convertir a un compañero de trabajo en el elemento principal
de sus chistes sin recurrir a la burla fofa o grosera y también prescindir de
él en cualquier momento como si pudiera asesinar a la encarnación de la comedía
sin que el mundo perdiera nada, convencido de que no dejaría de reír.
La
universidad de Tuluá después de 10 años de la muerte de Bernardo publica una
completa investigación dedicada a la tradicional comedia de ebanistas espacio
en el que se conserva viva y saludable el legado de la comedia Bernardista. En el
libro se puede encontrar una entrevista de largo aliento con Willy. También una
selección de sus mejores cuentos chimbos a cargo del escritor David Senna que
después de varios años dedicado a liderar el movimiento mundial contra la
morcilla regresa a la academia deseoso de conseguir algunos pesos.
Bernardo
contaba que una vez había comprado una tilapia de más de medio metro que le recordó
a una exnovia de uno de sus hermanos que le caía bien se encariño con ella y la conservó como mascota, la enseñó a andar por toda la casa, por la sala, la
cocina, por los cuartos y hasta al taller iba, él la acostumbro moverse por
toda la casa y un día una hermana que vino a visitarlo vio a la tilapia que se
llamaba Dalila viendo televisión en la casa se asustó y la echó al tanque del
lavadero y la tilapia Dalila se ahogó, es que yo le enseñe a andar por la casa
pero nunca le enseñe a nadar yo creí que ya sabía, decía Bernardo. En la
presentación de la selección realizada por David Senna él asegura que las historias
de animales con nombres bíblicos son las mejores de Bernardo.
Para
ser consecuentes con la comedia Bernardista o así lo han interpretado los
ebanistas la universidad de Tuluá decidió publicar la investigación en un
pequeño evento al que ningún ebanista fue invitado, además ninguno recibió el
libro porque el libro no se consigue en ninguna biblioteca y menos en la
universidad. En los talleres todos imaginan los chistes que hubiera hecho
Bernardo sobre un libro dedicado a él que no existe.
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