viernes, 2 de septiembre de 2016

Laura



Laura dejó el talonario en la mesa del comedor y fue a la concina a tomarse un vaso de agua. En la sala Miguel miraba un partido de Fútbol. El Atlético de Madrid le ganaba 1-0 al Real Madrid y cada que la posibilidad de empate se veía cerca Miguel gritaba emocionado.

Con el vaso en la mano Laura se sentó en el sofá al lado de Miguel y le dio un beso. Lo miró con una pequeña sonrisa que se borró cuando le dijo que sólo había vendido una boleta en toda la tarde.

Además de hacer rifas Laura también salía a vender arroz con leche y tamales los fines de semana, desde que su esposo se había lastimado la rodilla derecha jugando un torneo en la cancha de la 73 a Laura no le había quedado de otra, con Miguel en la casa sin poder trabajar el sueldo de ella no alcanzaba.

La pierna de Miguel estaba puesta sobre la mesa de centro con el pie apoyado en un almohadón, el médico le había dicho que si quería que la operación fuera exitosa y esa rodilla le quedara sirviendo para algo tenía que permanecer en la casa sin trabajar mínimo cuatro meses.

No era la primera vez que Miguel se golpeaba jugando pero sí la primera vez que requería de cirugía y además se quedaba tanto tiempo sin poder trabajar. Hasta el día de la lesión Miguel llevaba tres años jugando de medio campista con el mismo equipo, la mayoría de los jugadores al igual que él se dedican a la construcción.

Por esos días Laura terminaba su turno en la farmacia y llegaba a la casa a cambiarse para salir a tocar puertas y a buscar amigos y conocidos que le colaboraran, se sentía cansada. Miguel decía que lo mejor era conseguir un préstamo que se pudiera ir pagando con despacio cuando él empezara de nuevo a trabajar, así ella se evitaba la molestia pero Laura decía que no porque los prestamos igual había que pagarlos y justamente era plata lo que no tenían.

En respuesta a lo dicho por Laura sobre la venta de las boletas Miguel dijo que era el colmo que el Real no fuera capaz de ganarle al Atlético. Laura se levantó del sofá y se fue al cuarto de la niña a ver cómo iba con la tarea. Estaba muy cansada y no era por tener que salir a vender boletas o comida, estaba cansada de Miguel, estaba cansada del fútbol.

Mientras más lo pensaba menos entendía y eso la enfadaba, quería decirle a Miguel lo que sentía pero no podía, le faltaba decisión. Cuando lo veía intentando bañarse sin ayuda gimiendo de dolor Laura se arrepentía, lo que ella quería decir no iba ayudar en nada.

El día que la rifa jugó Laura tenía en el talonario veinte boletas sin vender y confiaba en que una de esas saliera ganadora, pero no fue así y tuvieron que pagar el premio, las ganancias no fueron las imaginadas. Algo es algo dijo Miguel.

Laura siguió vendiendo postres y almuerzos los fines de semana y siguió respondiendo las preguntas de los clientes y conocidos que preguntaban por el estado de Miguel, ella les decía que iba bien, lento pero bien. Sin importar el esfuerzo de Laura las deudas fueron apareciendo y eso la entristecía.

Miguel guardaba reposo, asistía a las terapias y en la tarde veía futbol, los partidos de la copa libertadores, la chanpions, la liga águila, la premier league y en últimas cualquier partido que fuera televisado.

El partido entre el Barcelona y el Bayern de Múnich iba empatado 1-1 y Miguel no despegaba los ojos de la pantalla. Laura llegó del trabajo y se sentó en el sofá, lo saludó sin acercarse. Se quedó mirándole la rodilla y le preguntó: “¿Miguel qué de bueno nos ha dado el fútbol?” Miguel miró extrañado a su esposa y entreabrió los labios para decir algo cuando el narrador de acento argentino gritó gol y Miguel dijo: “Eso Bayerm hijuepta gol gol gol”.

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