Laura dejó el talonario
en la mesa del comedor y fue a la concina a tomarse un vaso de agua. En la sala
Miguel miraba un partido de Fútbol. El Atlético de Madrid le ganaba 1-0 al Real
Madrid y cada que la posibilidad de empate se veía cerca Miguel gritaba
emocionado.
Con el vaso en la mano
Laura se sentó en el sofá al lado de Miguel y le dio un beso. Lo miró con una
pequeña sonrisa que se borró cuando le dijo que sólo había vendido una boleta
en toda la tarde.
Además de hacer rifas
Laura también salía a vender arroz con leche y tamales los fines de semana,
desde que su esposo se había lastimado la rodilla derecha jugando un torneo en
la cancha de la 73 a Laura no le había quedado de otra, con Miguel en la casa
sin poder trabajar el sueldo de ella no alcanzaba.
La pierna de Miguel
estaba puesta sobre la mesa de centro con el pie apoyado en un almohadón, el
médico le había dicho que si quería que la operación fuera exitosa y esa
rodilla le quedara sirviendo para algo tenía que permanecer en la casa sin trabajar
mínimo cuatro meses.
No era la primera vez
que Miguel se golpeaba jugando pero sí la primera vez que requería de cirugía y
además se quedaba tanto tiempo sin poder trabajar. Hasta el día de la lesión
Miguel llevaba tres años jugando de medio campista con el mismo equipo, la
mayoría de los jugadores al igual que él se dedican a la construcción.
Por esos días Laura
terminaba su turno en la farmacia y llegaba a la casa a cambiarse para salir a
tocar puertas y a buscar amigos y conocidos que le colaboraran, se sentía
cansada. Miguel decía que lo mejor era conseguir un préstamo que se pudiera ir
pagando con despacio cuando él empezara de nuevo a trabajar, así ella se
evitaba la molestia pero Laura decía que no porque los prestamos igual había
que pagarlos y justamente era plata lo que no tenían.
En respuesta a lo dicho
por Laura sobre la venta de las boletas Miguel dijo que era el colmo que el Real
no fuera capaz de ganarle al Atlético. Laura se levantó del sofá y se fue al cuarto
de la niña a ver cómo iba con la tarea. Estaba muy cansada y no era por tener
que salir a vender boletas o comida, estaba cansada de Miguel, estaba cansada
del fútbol.
Mientras más lo pensaba
menos entendía y eso la enfadaba, quería decirle a Miguel lo que sentía pero no
podía, le faltaba decisión. Cuando lo veía intentando bañarse sin ayuda
gimiendo de dolor Laura se arrepentía, lo que ella quería decir no
iba ayudar en nada.
El día que la rifa jugó
Laura tenía en el talonario veinte boletas sin vender y confiaba en que una de
esas saliera ganadora, pero no fue así y tuvieron que pagar el premio, las
ganancias no fueron las imaginadas. Algo es algo dijo Miguel.
Laura siguió vendiendo
postres y almuerzos los fines de semana y siguió respondiendo las preguntas de
los clientes y conocidos que preguntaban por el estado de Miguel, ella les
decía que iba bien, lento pero bien. Sin importar el esfuerzo de Laura las
deudas fueron apareciendo y eso la entristecía.
Miguel guardaba reposo,
asistía a las terapias y en la tarde veía futbol, los partidos de la copa
libertadores, la chanpions, la liga águila, la premier league y en últimas
cualquier partido que fuera televisado.
El partido entre el
Barcelona y el Bayern de Múnich iba empatado 1-1 y Miguel no despegaba los ojos
de la pantalla. Laura llegó del trabajo y se sentó en el sofá, lo saludó sin
acercarse. Se quedó mirándole la rodilla y le preguntó: “¿Miguel qué de bueno nos ha dado
el fútbol?” Miguel miró extrañado a su esposa y entreabrió los labios para
decir algo cuando el narrador de acento argentino gritó gol y Miguel dijo: “Eso
Bayerm hijuepta gol gol gol”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario